/ sábado 25 de septiembre de 2021

120 años de una historia sobre ruedas en Puebla | Los tiempos idos

Los automóviles eran muy costosos y representaban estatus, pero no eran considerados necesarios porque la ciudad se podía recorrer a pie

Hace más de cien años llegó a Puebla el primer automóvil y lejos de ser codiciado, paso desapercibido por la mayoría al ser considerado innecesario, además de costoso. Las personas se trasladaban en tranvía y si era necesario ir más lejos utilizaban el ferrocarril.

Los poblanos no tenían idea de que esas máquinas que veían tan raro y que no eran confiables, no solo se convertirían en uno de los mayores descubrimientos del siglo XX, con el paso de los años, les darían libertad y les facilitarían la vida y, además, harían de la Angelópolis una de las más importantes ciudades del mundo en la fabricación de automóviles.

UNA NUEVA FORMA DE DESPLAZARSE

“En 1902 llegan los dos primeros automóviles a Puebla, uno era de Andrés Matienzo y otro de Francisco de Velasco, que era el Presidente Municipal, el de este último era marca Lincoln (una marca que quebró y después Ford la hizo propia para nombrar a su línea de lujo en 1921); tres de los primeros cinco autos que llegaron a la ciudad, fueron del edil”, expone el investigador Pedro Sardá.

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Uno de los primeros automóviles en Puebla fue el del Sr. Presno. En esta foto vemos un auto de la segunda década del siglo XX en la calle 3 oriente cuando era doble sentido, al fondo se aprecia el edificio del hotel Italia, hoy El Sol de Puebla | Foto: Museo del Automóvil Puebla

En esa época los autos eran para mostrar un estatus o para ir a un lugar cercano en donde no había tranvía (que llegó a Puebla en 1881) o no llegaba el ferrocarril.

“En Puebla no era necesario tener auto, a nadie le interesaba tener uno, porque la ciudad se podía recorrer perfectamente a pie; lo tenían los ociosos y las personas a las que se les consideraba como muy viejitas o poco saludables, porque ya tenían como 50 años o más”, expone.

“Los primeros 10 años del siglo XX los autos no se veían, la gente no los comprendía y tampoco eran confiables, para empezar porque muchos ni siquiera tenían frenos, había que detenerlos mecánicamente y al final aplicar un freno rústico”, detalla.

Refiere que por lo mismo, las descomposturas eran muy comunes y como eran vehículos muy raros que nadie conocía, había que desarmarlos para saber cuál era el problema y reproducir la pieza dañada.

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Auto en la sierra norte de Puebla | Foto: Colección Pedro Sardá

Para ir a las haciendas había que tener valor, nadie quería quedarse tirado en medio de la nada, sobre todo a partir de la Revolución, se volvió muy peligroso. De hecho, las licencias de manejo para choferes o hacendados llevaban un apartado donde se especificaba el permiso para la portación de armas, a ellos sí se le permitía portar armas porque seguía habiendo asalta caminos, y de esta manera podían defenderse”, señala.

Enfatiza que los automóviles que se usaban para ir a las haciendas, eran los de las marcas más reconocidas o de los más lujosos porque eran los más confiables. Dice que incluso había autos con caja fuerte porque había quien llevaba la raya en el coche y sabía que los iban a estar cazando, por eso necesitaban un coche que no fallara y también armas para defenderse.

DE TORNEROS A MECÁNICOS ESPECIALIZADOS

Mecánicos poblanos orgullosos en un Bugatti, año 1927 | Foto: Colección Pedro Sardá

El investigador refiere que cuando llegan los primeros automóviles a Puebla, se necesitaron mecánicos y los primeros mecánicos fueron una adaptación de los torneros que ya existían para la industria textil, y que fabricaban piezas, generalmente engranes, que es quizá la pieza más complicada de la mecánica automotriz.

Ni en Ciudad de México ni en Puebla había refaccionarias para ir a comprar un engrane y las primeras marcas de automóviles no tenían venta de refacciones, asegura Sardá quien dice que, si a uno se le echaba a perder un engrane había que mandarlo hacer con el tornero, y así fue como se fueron especializando como mecánicos automotriz y terminaron dedicándose a esto.

Te gustaría esto: Barrio de La Luz, el sitio de Puebla que vio nacer la tradición alfarera | Los tiempos idos

“A pesar de que el taller de Domingo Taboada, es el primero reconocido en Puebla, yo tengo localizado otro lugar como el primer taller que duro abierto a lo mejor 10 años, estaba en el 9 poniente 703”, advierte.

Recuerda que Taboada estaba asociado con un mecánico especializado y ambos le trabajaban a un señor inglés de la ciudad de México con quien se asociaron y pusieron el negocio: The Anglo Mexican Motors, en donde fue la agencia DINA de Avenida Reforma 2111.

EL NEGOCIO AUTOMOTRIZ

La calle de las agencias era la Avenida de la Reforma. Para 1908-1909, se empiezan a importar unidades con dinero del cliente, de una en una, y de distintas marcas, que se pedían por correo.

Lee esto: Barrio de El Alto, el sitio que fue testigo de la fundación de Puebla | Los tiempos idos

Foto: Museo del Automóvil Puebla

“Había varios mecánicos que le sabían ya a los automóviles y uno de ellos era Rómulo O´Farril, quien hablaba inglés y contactaba con los posibles proveedores americanos. Así comenzó a hacer importaciones individuales y trajo varias marcas, pero los traía uno por uno”, comenta.

Dice que los automóviles llegaban por ferrocarril a la estación de la 11 norte y de ahí se los llevaban a la agencia en donde tenían sus oficinas, ventas, talleres de reparación y ensamble, etcétera.

Sardá asegura que en ese entonces la ciudad tenía cuando menos 83 mil habitantes y los comerciantes, que era la gente progresista de la ciudad, eran cuando mucho 200 personas, ellos se conocían entre todos.

Automóvil Packard del piloto poblano Douglas Ehlinger | Foto: Museo del Automóvil Puebla

Por ello Rómulo O´Farril y Domingo Taboada se conocían, este último era de Cholula, y llegó a Puebla en los años más difíciles de la Revolución en busca de un mejor futuro, fue cuando conoció a su socio y se involucró en el negocio automotriz.

“Rómulo O´Farril y un conocido financiero se asocian y es cuando montan Automotriz O´Farril en la Avenida Juárez 1917 y empiezan a importar marcas como autos Packard, camiones MAC, Federal y otros; asimismo empiezan a ensamblar los primeros Volkswagen Sedán y Combi en México”, concluye.

DE LAS VITRINAS A LAS CARRERAS DE AUTOS

Rómulo O´Farril con el auto que participó en la carrera Puebla-Nautla | Foto: Museo del Automóvil Puebla

Don Domingo Taboada Roldán tenía un taller especializado en Chrysler, también distribuyó camiones Steward, Fargo e International. De esta actividad nació su pasión por los autos y para mostrar la calidad de los automóviles participó en la carrera México-Puebla, para eso pinto de forma especial su auto y así lo dejó, lo podías ver en su agencia”, expone Fernando García Limón, fundador del Museo del Automóvil Puebla.

Recuerda que un día él le dijo a Taboada que don Rómulo O´Farril quería que llevará ese auto a una exposición, entonces lo que hizo fue despintarlo, para no llevarlo y le dijo: “él es rico y yo soy pobre, de mi depende muchas familias, yo no voy a dejar de atender mi negocio para ir a esas cosas que son jueguitos de él”.

Muy interesante: Volkswagen, motor económico de Puebla desde hace 57 años | Los tiempos idos

Automóvil Chrysler que corrió Domingo Taboada en la carrera México-Puebla | Foto: Museo del Automóvil Puebla

Taboada participó en las carreras de México-Puebla y O´Farril participó en varias, una muy sonada fue la Puebla-Nautla, en la que se le rompió el chasis al coche y le tuvo que meter un tronco y empujarlo para llegar a la meta.

En esa época existieron dos pilotos poblanos profesionales que participaron en las Carreras Panamericanas que se realizaron entre 1950-1954: uno fue Douglas Ehlinger Arrioja, quien participó en diferentes ocasiones con un Jaguar y un Packard; el otro fue Fernando Razo Maciel, quien corrió las primeras cinco ediciones de la carrera en un Buick Century Special.

Yo vivía en el centro y me iba en mi bicicleta hasta la Avenida Juárez y 21 sur, en la esquina donde estaba la armadora de don Rómulo, me llamaba mucho la atención ver cómo estaban ensamblando o cuáles autos ya estaban listos: la lámina se recibía en bruto y ahí la acaban de pulir, pintaban, ensamblaban y les montaban su motor a los coches, y ya salían los Packard”, dice.

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Relata que la agencia estaba en la esquina y que esta hacia como una escuadra y ahí había una cortina metálica. En la inauguración levantaron la cortina y pusieron una mampara de cartón en la que decía Packard.

“A mí me contaron que ´don chimino´, que era como le decían al Gobernador de ese entonces, Maximino Ávila Camacho, salió con su Packard rompiendo la mampara y así la inauguró”, detalla.

“Yo nací con inquietud por los autos, me gustaban los cochecitos a escala y tenía una colección, si salían otras colecciones como la de coca cola o la de los camioncitos de pan Bimbo, me la compraba. Cuando tenía novia soñé con tener un convertible, ahora ya puedo tenerlo y mi novia, ahora es mi esposa”, sentencia.

Hace 53 años, Fernando García Limón fundó el Club Mexicano del Automóvil Antiguo, con un acervo de 200 autos de colección y para 1995, establece el Museo del Automóvil Puebla, que alberga alrededor de 120 unidades, algunos con más de 100 años de historia, y son propiedad de diversos coleccionistas de Puebla y México, que comparten con el público su pasión por los autos.


Hace más de cien años llegó a Puebla el primer automóvil y lejos de ser codiciado, paso desapercibido por la mayoría al ser considerado innecesario, además de costoso. Las personas se trasladaban en tranvía y si era necesario ir más lejos utilizaban el ferrocarril.

Los poblanos no tenían idea de que esas máquinas que veían tan raro y que no eran confiables, no solo se convertirían en uno de los mayores descubrimientos del siglo XX, con el paso de los años, les darían libertad y les facilitarían la vida y, además, harían de la Angelópolis una de las más importantes ciudades del mundo en la fabricación de automóviles.

UNA NUEVA FORMA DE DESPLAZARSE

“En 1902 llegan los dos primeros automóviles a Puebla, uno era de Andrés Matienzo y otro de Francisco de Velasco, que era el Presidente Municipal, el de este último era marca Lincoln (una marca que quebró y después Ford la hizo propia para nombrar a su línea de lujo en 1921); tres de los primeros cinco autos que llegaron a la ciudad, fueron del edil”, expone el investigador Pedro Sardá.

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Uno de los primeros automóviles en Puebla fue el del Sr. Presno. En esta foto vemos un auto de la segunda década del siglo XX en la calle 3 oriente cuando era doble sentido, al fondo se aprecia el edificio del hotel Italia, hoy El Sol de Puebla | Foto: Museo del Automóvil Puebla

En esa época los autos eran para mostrar un estatus o para ir a un lugar cercano en donde no había tranvía (que llegó a Puebla en 1881) o no llegaba el ferrocarril.

“En Puebla no era necesario tener auto, a nadie le interesaba tener uno, porque la ciudad se podía recorrer perfectamente a pie; lo tenían los ociosos y las personas a las que se les consideraba como muy viejitas o poco saludables, porque ya tenían como 50 años o más”, expone.

“Los primeros 10 años del siglo XX los autos no se veían, la gente no los comprendía y tampoco eran confiables, para empezar porque muchos ni siquiera tenían frenos, había que detenerlos mecánicamente y al final aplicar un freno rústico”, detalla.

Refiere que por lo mismo, las descomposturas eran muy comunes y como eran vehículos muy raros que nadie conocía, había que desarmarlos para saber cuál era el problema y reproducir la pieza dañada.

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Auto en la sierra norte de Puebla | Foto: Colección Pedro Sardá

Para ir a las haciendas había que tener valor, nadie quería quedarse tirado en medio de la nada, sobre todo a partir de la Revolución, se volvió muy peligroso. De hecho, las licencias de manejo para choferes o hacendados llevaban un apartado donde se especificaba el permiso para la portación de armas, a ellos sí se le permitía portar armas porque seguía habiendo asalta caminos, y de esta manera podían defenderse”, señala.

Enfatiza que los automóviles que se usaban para ir a las haciendas, eran los de las marcas más reconocidas o de los más lujosos porque eran los más confiables. Dice que incluso había autos con caja fuerte porque había quien llevaba la raya en el coche y sabía que los iban a estar cazando, por eso necesitaban un coche que no fallara y también armas para defenderse.

DE TORNEROS A MECÁNICOS ESPECIALIZADOS

Mecánicos poblanos orgullosos en un Bugatti, año 1927 | Foto: Colección Pedro Sardá

El investigador refiere que cuando llegan los primeros automóviles a Puebla, se necesitaron mecánicos y los primeros mecánicos fueron una adaptación de los torneros que ya existían para la industria textil, y que fabricaban piezas, generalmente engranes, que es quizá la pieza más complicada de la mecánica automotriz.

Ni en Ciudad de México ni en Puebla había refaccionarias para ir a comprar un engrane y las primeras marcas de automóviles no tenían venta de refacciones, asegura Sardá quien dice que, si a uno se le echaba a perder un engrane había que mandarlo hacer con el tornero, y así fue como se fueron especializando como mecánicos automotriz y terminaron dedicándose a esto.

Te gustaría esto: Barrio de La Luz, el sitio de Puebla que vio nacer la tradición alfarera | Los tiempos idos

“A pesar de que el taller de Domingo Taboada, es el primero reconocido en Puebla, yo tengo localizado otro lugar como el primer taller que duro abierto a lo mejor 10 años, estaba en el 9 poniente 703”, advierte.

Recuerda que Taboada estaba asociado con un mecánico especializado y ambos le trabajaban a un señor inglés de la ciudad de México con quien se asociaron y pusieron el negocio: The Anglo Mexican Motors, en donde fue la agencia DINA de Avenida Reforma 2111.

EL NEGOCIO AUTOMOTRIZ

La calle de las agencias era la Avenida de la Reforma. Para 1908-1909, se empiezan a importar unidades con dinero del cliente, de una en una, y de distintas marcas, que se pedían por correo.

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Foto: Museo del Automóvil Puebla

“Había varios mecánicos que le sabían ya a los automóviles y uno de ellos era Rómulo O´Farril, quien hablaba inglés y contactaba con los posibles proveedores americanos. Así comenzó a hacer importaciones individuales y trajo varias marcas, pero los traía uno por uno”, comenta.

Dice que los automóviles llegaban por ferrocarril a la estación de la 11 norte y de ahí se los llevaban a la agencia en donde tenían sus oficinas, ventas, talleres de reparación y ensamble, etcétera.

Sardá asegura que en ese entonces la ciudad tenía cuando menos 83 mil habitantes y los comerciantes, que era la gente progresista de la ciudad, eran cuando mucho 200 personas, ellos se conocían entre todos.

Automóvil Packard del piloto poblano Douglas Ehlinger | Foto: Museo del Automóvil Puebla

Por ello Rómulo O´Farril y Domingo Taboada se conocían, este último era de Cholula, y llegó a Puebla en los años más difíciles de la Revolución en busca de un mejor futuro, fue cuando conoció a su socio y se involucró en el negocio automotriz.

“Rómulo O´Farril y un conocido financiero se asocian y es cuando montan Automotriz O´Farril en la Avenida Juárez 1917 y empiezan a importar marcas como autos Packard, camiones MAC, Federal y otros; asimismo empiezan a ensamblar los primeros Volkswagen Sedán y Combi en México”, concluye.

DE LAS VITRINAS A LAS CARRERAS DE AUTOS

Rómulo O´Farril con el auto que participó en la carrera Puebla-Nautla | Foto: Museo del Automóvil Puebla

Don Domingo Taboada Roldán tenía un taller especializado en Chrysler, también distribuyó camiones Steward, Fargo e International. De esta actividad nació su pasión por los autos y para mostrar la calidad de los automóviles participó en la carrera México-Puebla, para eso pinto de forma especial su auto y así lo dejó, lo podías ver en su agencia”, expone Fernando García Limón, fundador del Museo del Automóvil Puebla.

Recuerda que un día él le dijo a Taboada que don Rómulo O´Farril quería que llevará ese auto a una exposición, entonces lo que hizo fue despintarlo, para no llevarlo y le dijo: “él es rico y yo soy pobre, de mi depende muchas familias, yo no voy a dejar de atender mi negocio para ir a esas cosas que son jueguitos de él”.

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Automóvil Chrysler que corrió Domingo Taboada en la carrera México-Puebla | Foto: Museo del Automóvil Puebla

Taboada participó en las carreras de México-Puebla y O´Farril participó en varias, una muy sonada fue la Puebla-Nautla, en la que se le rompió el chasis al coche y le tuvo que meter un tronco y empujarlo para llegar a la meta.

En esa época existieron dos pilotos poblanos profesionales que participaron en las Carreras Panamericanas que se realizaron entre 1950-1954: uno fue Douglas Ehlinger Arrioja, quien participó en diferentes ocasiones con un Jaguar y un Packard; el otro fue Fernando Razo Maciel, quien corrió las primeras cinco ediciones de la carrera en un Buick Century Special.

Yo vivía en el centro y me iba en mi bicicleta hasta la Avenida Juárez y 21 sur, en la esquina donde estaba la armadora de don Rómulo, me llamaba mucho la atención ver cómo estaban ensamblando o cuáles autos ya estaban listos: la lámina se recibía en bruto y ahí la acaban de pulir, pintaban, ensamblaban y les montaban su motor a los coches, y ya salían los Packard”, dice.

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Relata que la agencia estaba en la esquina y que esta hacia como una escuadra y ahí había una cortina metálica. En la inauguración levantaron la cortina y pusieron una mampara de cartón en la que decía Packard.

“A mí me contaron que ´don chimino´, que era como le decían al Gobernador de ese entonces, Maximino Ávila Camacho, salió con su Packard rompiendo la mampara y así la inauguró”, detalla.

“Yo nací con inquietud por los autos, me gustaban los cochecitos a escala y tenía una colección, si salían otras colecciones como la de coca cola o la de los camioncitos de pan Bimbo, me la compraba. Cuando tenía novia soñé con tener un convertible, ahora ya puedo tenerlo y mi novia, ahora es mi esposa”, sentencia.

Hace 53 años, Fernando García Limón fundó el Club Mexicano del Automóvil Antiguo, con un acervo de 200 autos de colección y para 1995, establece el Museo del Automóvil Puebla, que alberga alrededor de 120 unidades, algunos con más de 100 años de historia, y son propiedad de diversos coleccionistas de Puebla y México, que comparten con el público su pasión por los autos.


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