/ sábado 15 de mayo de 2021

Barrio de Analco, la historia del sitio que se estableció a orillas del río San Francisco | Los tiempos idos

Los primeros pobladores fueron indígenas que trabajaron en la edificación de la ciudad y, por siglos, movieron la economía de la misma

Analco fue el primer asentamiento de Puebla que se estableció a orillas del río San Francisco, este no solo proveía agua, también ayudaba a los pobladores a orientarse y por eso el barrio recibió ese nombre, que quiere decir: “Al otro lado del río”.

Los primeros pobladores de Analco fueron indígenas que trabajaron en la edificación de la ciudad y sentaron las bases de una comunidad que movió la economía de la ciudad y hoy es un lugar típico.

LA VIDA EN ANALCO

“Nací en la 5 oriente 1403 hace 71 años (1949), soy el menor de cuatro hermanos y recuerdo una infancia feliz, jugando al trompo, las canicas, la matatena e incluso, me tocó ´empujar el aro´, era una rueda de bici que, con un palito y una curvita que poníamos abajo, íbamos empujando, nos las teníamos que ingeniar con lo que había, no como ahora que todo es digital”, expone José Mario Cutberto Bartolomé Corona, quien a la fecha sigue viviendo en la misma casa.

Refiere que era seguro jugar en la calle porque casi no pasaban coches, todo era terracería, incluso en el atrio de la iglesia no había pavimento. Recuerda el cauce del río San Francisco y el puente de Ovando que era por donde se cruzaba para el otro lado y estaba al final de “la barranca” (3 oriente). Dice que junto al puente, sobre lo que hoy es el bulevar 5 de mayo, había una caballeriza, y por lo mismo, había personas haciendo sillas para montar.

El puente de Ovando era la vía de acceso de oriente a poniente y viceversa, incluso para el transporte, año 1950 | Foto: cortesía Gabriel Vegas

“En la barranca había un mercadito que le decíamos “la placita”, se ponía entre 10 y 12 sur, y entre la 12 y la 14 sur, había puestos de la gente que venía de pueblos a vender. Ahí llegaban carpas con proyectores de las compañías refresqueras, de la Lulú y el refresco Superior, decíamos ´va a haber cinito´, ¡era emocionante!, eran puras películas mudas y caricaturas”, detalla.

Señala que Analco era de los barrios más populares y todo era vecindades, “en la que yo vivía (hoy su casa) éramos como ocho familias, en dos o tres piezas cada una. El agua nunca faltó, el problema es que nada más había un baño para todos los vecinos, ¡imagínese!”.

ACTIVIDAD ECONÓMICA DEL BARRIO

Panorámica de la ciudad desde el jardín de Analco, década de los cuarenta, siglo XX | Foto: cortesía Mi México Antiguo

En Analco se establecieron los hornos de pan que dieron vida a la típica “cemita poblana”, Mario dice que había muchos y olía muy sabroso, recuerda uno de la señora Irenita y los Tatachu, en la 7 oriente.

“Los domingos íbamos a misa a las 8 de la mañana y a esas horas ya estaba una señora en la esquina con su bote de tamalitos y su bracero, pasábamos a comprarle uno de dulce, la cemita y café para el desayuno”, recuerda con nostalgia.

Dice que había mucha gente que venía de fuera a comprar pan para llevar y venderlo en sus poblaciones, sobre todo en épocas como Todos Santos o Semana Santa “los hornos, además de la cemita se ponían a hacer hojaldras, tlacotonales, rizos y rosquetes, la gente se llevaba los cestos llenos de pan”.

Portada del templo de Analco varios años atrás | Foto: cortesía El expediente de Puebla

Asimismo asegura que Analco estaba lleno de mesones, que era donde pernoctaba la gente que venía a comprar y/o a vender sus productos, e incluso animales, porque tenían espacios para guardarlos.

El Rastro Municipal que ahora es la Inspección de Policía en la 9 oriente, abastecía de carne a la ciudad. Mario comenta que para bajar a los animales del camión era un relajo porque los iban arreando y a veces se les salían varios que se ponían a correr por las calles.

“Mi papá trabajó en el rastro y los arrieros (los que metían al sacrificio a cerdos, borregos o reses) empezaban a trabajar a media noche. Cuentan que espantaban y se les aparecía un hombre sin cabeza montado a caballo. No puedo decir que es cierto o solo era para espantar a los niños y que no nos fuéramos a meter a lugares que no debíamos”, subraya.

Aspecto de “La barranca” (3 oriente), justo antes de los trabajos de la Junta de Mejoramiento de Puebla, agosto de 1967 | Foto: Archivo El Sol de Puebla

Mario dice con asombro que, “en tres calles de Analco había pulquerías como iglesias, estaba Baba dry, El amor perdido, Te hecho el tiro y La morena; cantinas como El negrito, La luchita y La preferida”.

TODA UNA VIDA EN EL BARRIO

Mario se casó con Gloria, una vecina del barrio de La Luz, y tuvieron 3 hijos varones. Se hicieron de la casa donde viven porque la dueña les dio facilidades “bajo palabra”, así se comprometieron a pagarla y hoy cuentan con un patrimonio.

“La dueña de la vecindad que se llamaba María de Jesús, un día nos dijo que sus hermanas querían vender la casa. Ella nos dijo: ´ayúdenme, denme una lanita para dársela a mis hermanas y cuando ustedes puedan, me pagan´, y así lo hicimos, todo de palabra´. ¡Imagínese! quién nos iba a dar esa facilidad”, señala.

La avenida 3 oriente después de los trabajos de embellecimiento del barrio de Analco, noviembre 1968 | Foto: Archivo El Sol de Puebla

Además del rastro, otra casa histórica de Analco era “La casa del carbonero” que se transformó en el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (CENCH) y Mario fue de los alumnos fundadores que entró a estudiar en 1957, cuando tenía 8 años, la edad requerida para iniciar los estudios.

Cuando terminó la prepa, Mario estudió un semestre de ingeniería química pero lo suyo era el rock & roll, entonces formó la organización Chaval´s, un grupo de músicos que, con trompetas, una bocina e instrumentos acústicos, llevaron música y alegría a las casas del vecindario, o a donde los contrataran. Ahora su agrupación es conocida como: “Mario y sus Chaval´s”, tocan música versátil, principalmente tropical.

Paralelamente, Mario se dedicó a curtir pieles, oficio propio del barrio, pero también tuvo una granja, en la que llegó a tener 300 marranos.

“Me decían: tu curtes con las uñas, porque casi todo era manual. El tipo de piel que hacía era para cinturones bordados o sillas de montar que antes se vendían mucho. Pero me gano la tecnología ¡imagínese!, para tejer un cinturón dilataba yo ´un día´ y en una máquina tejedora se hacen 200 o 300 cinturones al día”, asegura.

“A mí me platicaban que Puebla terminaba en la 16 sur y de ahí, hacia los campos de aviación ya pertenecía a Tecali. A pesar de que estábamos en la orilla no faltaba nada, teníamos petrolerías, carbonería, hornos de pan y el mercadito, no había necesidad de ir a ningún lado. Con lo que me daban de domingo, me iba a unos puestos que se ponían en la 14 sur y me compraba un montoncito de durazno criollo, eran como seis por 20 centavos, bien sabrosas, me daba unas atascadas que ahí se acababa mi pesito”, advierte.

Imagen cotidiana en la avenida 3 oriente y bulevar 5 de mayo, se aprecia el puente de Ovando y torres de Catedral. Nótese la cabina telefónica (1984-1987) | Foto: Archivo General Municipal de Puebla

TRAVESURAS Y LEYENDAS

“Yo nací en la 11 oriente 1409, a espaldas del rastro municipal que era parte esencial de la vida económica del barrio de Analco. Había muchos vendedores y muchos negocios como cantinas, cervecerías y pulquerías”, recuerda Jaime González Rojas.

Jaime dice que de niño tenía una banda de 40 amigos, todos de la 11 oriente, que hacían muchas travesuras. Relata que se iban a la 16 sur donde estacionaban los camiones de redilas que traían a las reses para descargarlos, “eran vehículos muy viejos, nos juntábamos unos 8 niños para menear los camiones con fuerza, entonces las reses se exitaban tanto que rompían las redilas y se escapaban. Lo hacíamos con el único fin de que vinieran los jinetes de la Plaza del Charro, que estaba ubicada en donde hoy es Finanzas, porque era todo un espectáculo ver cómo lazaban a los toros”.

Asimismo dice que la “la leyenda del callejón del muerto” le está tirando a la verdad, porque el padre que absolvió al muerto era de la iglesia de Analco. De hecho, la cruz que se levantó en su memoria aún existe sobre la 12 sur, entre 3 y la 5 oriente.

Advierte que la leyenda decía que el día que dejaran de venerar la cruz se volvería a aparecer el muerto. Y asgura que ya la están dejando abandonada porque ya no la visten, antes le ponían adornos de papel china y flores naturales, e inclusive la pintaban.

“La central de abastos provisional se estableció sobre la 3 oriente a finales de los sesenta, ocupaba todo el camellón, desde el puente de Ovando hasta la 16 sur, estaban instalados permanentemente y la mayoría de las vecindades funcionaban como bodegas”, detalla.

Panorámica actual de la ciudad desde la Plazuela de Analco, al fondo se aprecia la Catedral y al centro a la derecha, la iglesia dela Compañía. Foto: Iván Venegas | El Sol de Puebla

EMBELLECIMIENTO DEL BARRIO

En 1968 se terminaron los trabajos de dignificación del barrio, tal y como se lee en la publicación de El Sol de Puebla del 16 de marzo:

“(...) Analco será declarado en fecha próxima como zona típica de Puebla por el Gobierno del Estado (…) las obras de restauración, alumbrado, embanquetado, etcétera, han sido suficientes para proporcionar el decoroso aspecto del colonial barrio (…) los habitantes del lugar se organizan en comisiones deportivas, de festejos, artesanales y de acción social (…)”.

Los trabajos fueron realizados por la Junta de Mejoramiento de Puebla y de esta manera la plazuela se remozó y la 3 oriente se embelleció con pavimentación, bancas, árboles y alumbrado.

En 1999 el jardín de Analco se convirtió en centro expositor de artesanía de todo el estado de Puebla, cada domingo, los artesanos venden objetos de cerámica, de madera, cristales, figuras de jade, de ónix, dulces de Santa Clara, loza de talavera y otros.

Analco fue el primer asentamiento de Puebla que se estableció a orillas del río San Francisco, este no solo proveía agua, también ayudaba a los pobladores a orientarse y por eso el barrio recibió ese nombre, que quiere decir: “Al otro lado del río”.

Los primeros pobladores de Analco fueron indígenas que trabajaron en la edificación de la ciudad y sentaron las bases de una comunidad que movió la economía de la ciudad y hoy es un lugar típico.

LA VIDA EN ANALCO

“Nací en la 5 oriente 1403 hace 71 años (1949), soy el menor de cuatro hermanos y recuerdo una infancia feliz, jugando al trompo, las canicas, la matatena e incluso, me tocó ´empujar el aro´, era una rueda de bici que, con un palito y una curvita que poníamos abajo, íbamos empujando, nos las teníamos que ingeniar con lo que había, no como ahora que todo es digital”, expone José Mario Cutberto Bartolomé Corona, quien a la fecha sigue viviendo en la misma casa.

Refiere que era seguro jugar en la calle porque casi no pasaban coches, todo era terracería, incluso en el atrio de la iglesia no había pavimento. Recuerda el cauce del río San Francisco y el puente de Ovando que era por donde se cruzaba para el otro lado y estaba al final de “la barranca” (3 oriente). Dice que junto al puente, sobre lo que hoy es el bulevar 5 de mayo, había una caballeriza, y por lo mismo, había personas haciendo sillas para montar.

El puente de Ovando era la vía de acceso de oriente a poniente y viceversa, incluso para el transporte, año 1950 | Foto: cortesía Gabriel Vegas

“En la barranca había un mercadito que le decíamos “la placita”, se ponía entre 10 y 12 sur, y entre la 12 y la 14 sur, había puestos de la gente que venía de pueblos a vender. Ahí llegaban carpas con proyectores de las compañías refresqueras, de la Lulú y el refresco Superior, decíamos ´va a haber cinito´, ¡era emocionante!, eran puras películas mudas y caricaturas”, detalla.

Señala que Analco era de los barrios más populares y todo era vecindades, “en la que yo vivía (hoy su casa) éramos como ocho familias, en dos o tres piezas cada una. El agua nunca faltó, el problema es que nada más había un baño para todos los vecinos, ¡imagínese!”.

ACTIVIDAD ECONÓMICA DEL BARRIO

Panorámica de la ciudad desde el jardín de Analco, década de los cuarenta, siglo XX | Foto: cortesía Mi México Antiguo

En Analco se establecieron los hornos de pan que dieron vida a la típica “cemita poblana”, Mario dice que había muchos y olía muy sabroso, recuerda uno de la señora Irenita y los Tatachu, en la 7 oriente.

“Los domingos íbamos a misa a las 8 de la mañana y a esas horas ya estaba una señora en la esquina con su bote de tamalitos y su bracero, pasábamos a comprarle uno de dulce, la cemita y café para el desayuno”, recuerda con nostalgia.

Dice que había mucha gente que venía de fuera a comprar pan para llevar y venderlo en sus poblaciones, sobre todo en épocas como Todos Santos o Semana Santa “los hornos, además de la cemita se ponían a hacer hojaldras, tlacotonales, rizos y rosquetes, la gente se llevaba los cestos llenos de pan”.

Portada del templo de Analco varios años atrás | Foto: cortesía El expediente de Puebla

Asimismo asegura que Analco estaba lleno de mesones, que era donde pernoctaba la gente que venía a comprar y/o a vender sus productos, e incluso animales, porque tenían espacios para guardarlos.

El Rastro Municipal que ahora es la Inspección de Policía en la 9 oriente, abastecía de carne a la ciudad. Mario comenta que para bajar a los animales del camión era un relajo porque los iban arreando y a veces se les salían varios que se ponían a correr por las calles.

“Mi papá trabajó en el rastro y los arrieros (los que metían al sacrificio a cerdos, borregos o reses) empezaban a trabajar a media noche. Cuentan que espantaban y se les aparecía un hombre sin cabeza montado a caballo. No puedo decir que es cierto o solo era para espantar a los niños y que no nos fuéramos a meter a lugares que no debíamos”, subraya.

Aspecto de “La barranca” (3 oriente), justo antes de los trabajos de la Junta de Mejoramiento de Puebla, agosto de 1967 | Foto: Archivo El Sol de Puebla

Mario dice con asombro que, “en tres calles de Analco había pulquerías como iglesias, estaba Baba dry, El amor perdido, Te hecho el tiro y La morena; cantinas como El negrito, La luchita y La preferida”.

TODA UNA VIDA EN EL BARRIO

Mario se casó con Gloria, una vecina del barrio de La Luz, y tuvieron 3 hijos varones. Se hicieron de la casa donde viven porque la dueña les dio facilidades “bajo palabra”, así se comprometieron a pagarla y hoy cuentan con un patrimonio.

“La dueña de la vecindad que se llamaba María de Jesús, un día nos dijo que sus hermanas querían vender la casa. Ella nos dijo: ´ayúdenme, denme una lanita para dársela a mis hermanas y cuando ustedes puedan, me pagan´, y así lo hicimos, todo de palabra´. ¡Imagínese! quién nos iba a dar esa facilidad”, señala.

La avenida 3 oriente después de los trabajos de embellecimiento del barrio de Analco, noviembre 1968 | Foto: Archivo El Sol de Puebla

Además del rastro, otra casa histórica de Analco era “La casa del carbonero” que se transformó en el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec (CENCH) y Mario fue de los alumnos fundadores que entró a estudiar en 1957, cuando tenía 8 años, la edad requerida para iniciar los estudios.

Cuando terminó la prepa, Mario estudió un semestre de ingeniería química pero lo suyo era el rock & roll, entonces formó la organización Chaval´s, un grupo de músicos que, con trompetas, una bocina e instrumentos acústicos, llevaron música y alegría a las casas del vecindario, o a donde los contrataran. Ahora su agrupación es conocida como: “Mario y sus Chaval´s”, tocan música versátil, principalmente tropical.

Paralelamente, Mario se dedicó a curtir pieles, oficio propio del barrio, pero también tuvo una granja, en la que llegó a tener 300 marranos.

“Me decían: tu curtes con las uñas, porque casi todo era manual. El tipo de piel que hacía era para cinturones bordados o sillas de montar que antes se vendían mucho. Pero me gano la tecnología ¡imagínese!, para tejer un cinturón dilataba yo ´un día´ y en una máquina tejedora se hacen 200 o 300 cinturones al día”, asegura.

“A mí me platicaban que Puebla terminaba en la 16 sur y de ahí, hacia los campos de aviación ya pertenecía a Tecali. A pesar de que estábamos en la orilla no faltaba nada, teníamos petrolerías, carbonería, hornos de pan y el mercadito, no había necesidad de ir a ningún lado. Con lo que me daban de domingo, me iba a unos puestos que se ponían en la 14 sur y me compraba un montoncito de durazno criollo, eran como seis por 20 centavos, bien sabrosas, me daba unas atascadas que ahí se acababa mi pesito”, advierte.

Imagen cotidiana en la avenida 3 oriente y bulevar 5 de mayo, se aprecia el puente de Ovando y torres de Catedral. Nótese la cabina telefónica (1984-1987) | Foto: Archivo General Municipal de Puebla

TRAVESURAS Y LEYENDAS

“Yo nací en la 11 oriente 1409, a espaldas del rastro municipal que era parte esencial de la vida económica del barrio de Analco. Había muchos vendedores y muchos negocios como cantinas, cervecerías y pulquerías”, recuerda Jaime González Rojas.

Jaime dice que de niño tenía una banda de 40 amigos, todos de la 11 oriente, que hacían muchas travesuras. Relata que se iban a la 16 sur donde estacionaban los camiones de redilas que traían a las reses para descargarlos, “eran vehículos muy viejos, nos juntábamos unos 8 niños para menear los camiones con fuerza, entonces las reses se exitaban tanto que rompían las redilas y se escapaban. Lo hacíamos con el único fin de que vinieran los jinetes de la Plaza del Charro, que estaba ubicada en donde hoy es Finanzas, porque era todo un espectáculo ver cómo lazaban a los toros”.

Asimismo dice que la “la leyenda del callejón del muerto” le está tirando a la verdad, porque el padre que absolvió al muerto era de la iglesia de Analco. De hecho, la cruz que se levantó en su memoria aún existe sobre la 12 sur, entre 3 y la 5 oriente.

Advierte que la leyenda decía que el día que dejaran de venerar la cruz se volvería a aparecer el muerto. Y asgura que ya la están dejando abandonada porque ya no la visten, antes le ponían adornos de papel china y flores naturales, e inclusive la pintaban.

“La central de abastos provisional se estableció sobre la 3 oriente a finales de los sesenta, ocupaba todo el camellón, desde el puente de Ovando hasta la 16 sur, estaban instalados permanentemente y la mayoría de las vecindades funcionaban como bodegas”, detalla.

Panorámica actual de la ciudad desde la Plazuela de Analco, al fondo se aprecia la Catedral y al centro a la derecha, la iglesia dela Compañía. Foto: Iván Venegas | El Sol de Puebla

EMBELLECIMIENTO DEL BARRIO

En 1968 se terminaron los trabajos de dignificación del barrio, tal y como se lee en la publicación de El Sol de Puebla del 16 de marzo:

“(...) Analco será declarado en fecha próxima como zona típica de Puebla por el Gobierno del Estado (…) las obras de restauración, alumbrado, embanquetado, etcétera, han sido suficientes para proporcionar el decoroso aspecto del colonial barrio (…) los habitantes del lugar se organizan en comisiones deportivas, de festejos, artesanales y de acción social (…)”.

Los trabajos fueron realizados por la Junta de Mejoramiento de Puebla y de esta manera la plazuela se remozó y la 3 oriente se embelleció con pavimentación, bancas, árboles y alumbrado.

En 1999 el jardín de Analco se convirtió en centro expositor de artesanía de todo el estado de Puebla, cada domingo, los artesanos venden objetos de cerámica, de madera, cristales, figuras de jade, de ónix, dulces de Santa Clara, loza de talavera y otros.

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