/ sábado 9 de enero de 2021

El Carmen, la zona de fe e historia de los poblanos | Los tiempos idos

Este sitio recibe a devotos que han sido testigos de los milagros de la Virgen del Carmen

Gran parte de la historia de Puebla y de su sociedad formó vida alrededor del jardín del Carmen que, antiguamente, fue el cementerio del convento del Carmen, este último, baluarte de conflictos bélicos y guardián de invaluable obra artística. Hoy la iglesia forma parte del fervor mariano de miles de católicos que afirman haber recibido milagros de la Virgen en su advocación del Carmen y, una de las pruebas más palpables, son las miles de mujeres que hacen gala de este nombre.

Las festividades de la Virgen del Carmen se celebran por tradición el 16 de julio con una gran verbena popular que congrega a miles de personas, de dentro y fuera del estado.

“Quien no ha tenido un familiar que platicara de las históricas verbenas populares del Carmen; visita obligada por todas las familias de postín, nada era más simbólico que ver a la sociedad poblana recorrer los puestos de antojitos, los juegos mecánicos y convivir en la gran festividad en nuestra Puebla de antaño”, expone el historiador Eduardo Zamora, conocido como el Barón Rojo.

En el interior de la cúpula se aprecia el mural de la vida de Santa Teresa | Foto: Héctor Crispín González García

Por los milagros que ha hecho y sigue haciendo a quienes le rezan con fe, muchos se imponen el escapulario o pasan por debajo del manto de la Virgen este día, cuando es colocada fuera de su urna para poder extender su manto y que los fieles puedan pasar para pedir algún favor especial.

“Yo nací con el intestino tapado y mi abuelita se encomendó a la Virgen del Carmen, prometió que si me salvaba, llevaría su nombre. Cada año asistimos a las mañanitas y a las festividades para pasar por debajo de su manto como agradecimiento”, asegura Elizabeth del Carmen Luis Manzola.

“Por genética tengo multiquistosis y me tuvieron que extirpar un ovario y tres cuartas partes del otro, clínicamente era estéril, pero me encomendé a la Virgen del Carmen y tuve 3 hijas, todas llevan su nombre. Además de las tres cesáreas, llevo 19 cirugías, me he visto en el umbral de la muerte y ella me regresa. Todos los días me encomiendo a ella: ´cúbreme con tu santísimo manto y enemigo visible o, invisible, que no me pueda tocar´”, sentencia Gabriela Fernández Gómez.

Cúpula de la iglesia del Carmen, principios del siglo XX | Foto: Guillermo Kahlo | Libro Guía 4 Épocas 85 Lugares para conocer Puebla

“Mi abuela y bisabuela eran muy devotas de la Virgen del Carmen, tenían su hábito y escapulario. Ocho días antes de su muerte, mi bisabuela tuvo una manifestación. Mi abuela siempre dijo que la Virgen prometió llevarse a sus fieles el día primero de cada mes, y ella falleció un 1º de diciembre. Recuerdo que siempre me decía que me llevara mi escapulario y me encomendara a ella para que me cuidara. En junio tuve un cambio de residencia, y buscando una pilas en una maleta encontré mi escapulario que tenía tiempo extraviado; lo chistoso fue que cuando me di cuenta, era el día de la Virgen, 16 de julio”, señala Gabriela Casco Ruiz.

“Fui bautizado y confirmado en la iglesia del Carmen. Mi devoción a la Virgen del Carmen nació desde corta edad y se fundamentó en la tradición familiar, en particular, de mi madre María del Carmen. No me pierdo la fiesta de la Virgen por nada del mundo, un año antes le prometo que si me permite, regresaré para estar con ella desde las mañanitas; me quedo a la primera misa del día, luego disfruto los ricos antojitos que prepara la gente”, expone José Ignacio Valle Solana.

“Mis hermanos, mi esposo y yo siempre traemos un escapulario de la virgen por devoción y tradición, siempre me encomiendo a ella. Cuando mis hijos eran pequeños los llevaba a la iglesia del Carmen a misa para niños y era muy divertido porque el evangelio lo hacían con títeres. Mi abuela era muy devota y cada vez que la Virgen le concedió un favor se vestía con su hábito, yo creo le hacía muchos milagros porque a veces pasaba hasta seis meses con él”, comenta Martha Leticia Muñoz Mata.

LA ORDEN DEL CARMELO

“Desde la fundación del convento, una de las principales aportaciones de los carmelitas descalzos ha sido la devoción por el escapulario de la Virgen del Carmen, que es el sacramental más importante que como familia religiosa promulgamos dentro de la iglesia; también la espiritualidad carmelita y la promoción de la persona en su desarrollo humano y valores”, expone Fray Mauricio David de San José OCD, superior de los carmelitas en Puebla.

Entrada a la iglesia del Carmen por el atrio | Foto: Guillermo Kahlo | Libro Guía 4 Épocas 85 Lugares para conocer Puebla

Refiere que el escapulario tiene un significado “espiritual”, hacia la devoción y el vínculo con la Virgen como madre de dios y madre de todos los hombres; y de “pertenencia”, a la Virgen y a la familia religiosa de la orden del Carmelo. Asegura que “cuando te revistes del escapulario te unes espiritualmente a María pero también a nuestra orden de carmelitas, es como si te pusieras la camiseta”.

“Pasar por debajo del manto de la Virgen es una costumbre que tiene que ver con un signo de protección, es como aquel que se cobija en el regazo de su mamá”, sentencia.

HISTORIA Y ARTE

El convento de los carmelitas descalzos se fundó en 1586 en la antigua Ermita de los Remedios, que estaba en total abandono. Fue otorgada por el obispo Diego Romano a 12 misioneros de la orden que establecieron su noviciado y lo convirtieron en uno de los más importantes de la Ciudad de los Ángeles.

“La ciudad terminaba en la ermita y de ahí era campo abierto hasta el molino de Huexotitla. El convento abarcaba lo que es hoy la manzana de la iglesia, la del jardín y las dos de lado poniente, entre la 16 de septiembre y 3 sur, desde la 19 a la 15 poniente”, expone el Barón Rojo.

En la fachada barroca del templo se aprecia un escudo que recuerda el origen de la orden en el Monte Carmelo y las tres estrellas del escudo carmelita que representan las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

Entre sus muros resguarda obras de incalculable valor histórico y artístico de diferentes épocas como el óleo de La Santísima Trinidad y La visión del protector de la ciudad, San Juan de la Cruz.

En 1970 sufrió su última remodelación cuando el muralista poblano, Fernando Rodríguez Lago, pintó su cúpula con pasajes de la vida de Santa Teresa de Jesús, fundadora de la orden de los carmelitas descalzos. “Yo tenía 6 años cuando mi papá pintó el mural al fresco de la iglesia. A él le gustaba estar en los andamiajes, decía que eran tan altos que le parecía tocar los lienzos de los ropajes de Dios cuando pintaba”, recuerda María José Rodríguez, hija del maestro, quien de esta forma obtuvo sus primeras lecciones en el oficio.

Agrega que el equipo de trabajo de su papá, era su mamá Josefina González y asegura que, algunos de los rostros que su padre plasmó en este y otros murales, son semejantes a las personas que se cruzaron en su camino para obtener ese trabajo, esa era su manera de agradecer y alabar la vida.

EL CEMENTERIO Y LA GUERRA

Antiguamente los muertos eran sepultados en el interior de las iglesias, en gavetas adosadas a los muros, costumbre que se volvió nociva con el tiempo por lo que se prohibieron las sepulturas dentro de los templos. En 1844, los carmelitas fundan un cementerio frente al convento, en lo que es hoy el jardín del Carmen.

Durante el Sitio de Puebla (1863) y la Toma de Puebla (1867), tanto el cementerio como en el convento del Carmen, sufrieron afectaciones ya que, este último, fue utilizado por la milicia como fuerte. “Los soldados se acuartelaban en las iglesias porque eran fortalezas, sus construcciones eran muy sólidas, con muros de un metro de ancho”, expone el Barón Rojo.

En 1880 el cementerio es clausurado y diez años después, se inició su demolición y las manzanas colindantes al templo se expropiaron por las leyes de incautación, fueron fraccionadas y vendidas a particulares.

Gran parte de la historia de Puebla y de su sociedad formó vida alrededor del jardín del Carmen que, antiguamente, fue el cementerio del convento del Carmen, este último, baluarte de conflictos bélicos y guardián de invaluable obra artística. Hoy la iglesia forma parte del fervor mariano de miles de católicos que afirman haber recibido milagros de la Virgen en su advocación del Carmen y, una de las pruebas más palpables, son las miles de mujeres que hacen gala de este nombre.

Las festividades de la Virgen del Carmen se celebran por tradición el 16 de julio con una gran verbena popular que congrega a miles de personas, de dentro y fuera del estado.

“Quien no ha tenido un familiar que platicara de las históricas verbenas populares del Carmen; visita obligada por todas las familias de postín, nada era más simbólico que ver a la sociedad poblana recorrer los puestos de antojitos, los juegos mecánicos y convivir en la gran festividad en nuestra Puebla de antaño”, expone el historiador Eduardo Zamora, conocido como el Barón Rojo.

En el interior de la cúpula se aprecia el mural de la vida de Santa Teresa | Foto: Héctor Crispín González García

Por los milagros que ha hecho y sigue haciendo a quienes le rezan con fe, muchos se imponen el escapulario o pasan por debajo del manto de la Virgen este día, cuando es colocada fuera de su urna para poder extender su manto y que los fieles puedan pasar para pedir algún favor especial.

“Yo nací con el intestino tapado y mi abuelita se encomendó a la Virgen del Carmen, prometió que si me salvaba, llevaría su nombre. Cada año asistimos a las mañanitas y a las festividades para pasar por debajo de su manto como agradecimiento”, asegura Elizabeth del Carmen Luis Manzola.

“Por genética tengo multiquistosis y me tuvieron que extirpar un ovario y tres cuartas partes del otro, clínicamente era estéril, pero me encomendé a la Virgen del Carmen y tuve 3 hijas, todas llevan su nombre. Además de las tres cesáreas, llevo 19 cirugías, me he visto en el umbral de la muerte y ella me regresa. Todos los días me encomiendo a ella: ´cúbreme con tu santísimo manto y enemigo visible o, invisible, que no me pueda tocar´”, sentencia Gabriela Fernández Gómez.

Cúpula de la iglesia del Carmen, principios del siglo XX | Foto: Guillermo Kahlo | Libro Guía 4 Épocas 85 Lugares para conocer Puebla

“Mi abuela y bisabuela eran muy devotas de la Virgen del Carmen, tenían su hábito y escapulario. Ocho días antes de su muerte, mi bisabuela tuvo una manifestación. Mi abuela siempre dijo que la Virgen prometió llevarse a sus fieles el día primero de cada mes, y ella falleció un 1º de diciembre. Recuerdo que siempre me decía que me llevara mi escapulario y me encomendara a ella para que me cuidara. En junio tuve un cambio de residencia, y buscando una pilas en una maleta encontré mi escapulario que tenía tiempo extraviado; lo chistoso fue que cuando me di cuenta, era el día de la Virgen, 16 de julio”, señala Gabriela Casco Ruiz.

“Fui bautizado y confirmado en la iglesia del Carmen. Mi devoción a la Virgen del Carmen nació desde corta edad y se fundamentó en la tradición familiar, en particular, de mi madre María del Carmen. No me pierdo la fiesta de la Virgen por nada del mundo, un año antes le prometo que si me permite, regresaré para estar con ella desde las mañanitas; me quedo a la primera misa del día, luego disfruto los ricos antojitos que prepara la gente”, expone José Ignacio Valle Solana.

“Mis hermanos, mi esposo y yo siempre traemos un escapulario de la virgen por devoción y tradición, siempre me encomiendo a ella. Cuando mis hijos eran pequeños los llevaba a la iglesia del Carmen a misa para niños y era muy divertido porque el evangelio lo hacían con títeres. Mi abuela era muy devota y cada vez que la Virgen le concedió un favor se vestía con su hábito, yo creo le hacía muchos milagros porque a veces pasaba hasta seis meses con él”, comenta Martha Leticia Muñoz Mata.

LA ORDEN DEL CARMELO

“Desde la fundación del convento, una de las principales aportaciones de los carmelitas descalzos ha sido la devoción por el escapulario de la Virgen del Carmen, que es el sacramental más importante que como familia religiosa promulgamos dentro de la iglesia; también la espiritualidad carmelita y la promoción de la persona en su desarrollo humano y valores”, expone Fray Mauricio David de San José OCD, superior de los carmelitas en Puebla.

Entrada a la iglesia del Carmen por el atrio | Foto: Guillermo Kahlo | Libro Guía 4 Épocas 85 Lugares para conocer Puebla

Refiere que el escapulario tiene un significado “espiritual”, hacia la devoción y el vínculo con la Virgen como madre de dios y madre de todos los hombres; y de “pertenencia”, a la Virgen y a la familia religiosa de la orden del Carmelo. Asegura que “cuando te revistes del escapulario te unes espiritualmente a María pero también a nuestra orden de carmelitas, es como si te pusieras la camiseta”.

“Pasar por debajo del manto de la Virgen es una costumbre que tiene que ver con un signo de protección, es como aquel que se cobija en el regazo de su mamá”, sentencia.

HISTORIA Y ARTE

El convento de los carmelitas descalzos se fundó en 1586 en la antigua Ermita de los Remedios, que estaba en total abandono. Fue otorgada por el obispo Diego Romano a 12 misioneros de la orden que establecieron su noviciado y lo convirtieron en uno de los más importantes de la Ciudad de los Ángeles.

“La ciudad terminaba en la ermita y de ahí era campo abierto hasta el molino de Huexotitla. El convento abarcaba lo que es hoy la manzana de la iglesia, la del jardín y las dos de lado poniente, entre la 16 de septiembre y 3 sur, desde la 19 a la 15 poniente”, expone el Barón Rojo.

En la fachada barroca del templo se aprecia un escudo que recuerda el origen de la orden en el Monte Carmelo y las tres estrellas del escudo carmelita que representan las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

Entre sus muros resguarda obras de incalculable valor histórico y artístico de diferentes épocas como el óleo de La Santísima Trinidad y La visión del protector de la ciudad, San Juan de la Cruz.

En 1970 sufrió su última remodelación cuando el muralista poblano, Fernando Rodríguez Lago, pintó su cúpula con pasajes de la vida de Santa Teresa de Jesús, fundadora de la orden de los carmelitas descalzos. “Yo tenía 6 años cuando mi papá pintó el mural al fresco de la iglesia. A él le gustaba estar en los andamiajes, decía que eran tan altos que le parecía tocar los lienzos de los ropajes de Dios cuando pintaba”, recuerda María José Rodríguez, hija del maestro, quien de esta forma obtuvo sus primeras lecciones en el oficio.

Agrega que el equipo de trabajo de su papá, era su mamá Josefina González y asegura que, algunos de los rostros que su padre plasmó en este y otros murales, son semejantes a las personas que se cruzaron en su camino para obtener ese trabajo, esa era su manera de agradecer y alabar la vida.

EL CEMENTERIO Y LA GUERRA

Antiguamente los muertos eran sepultados en el interior de las iglesias, en gavetas adosadas a los muros, costumbre que se volvió nociva con el tiempo por lo que se prohibieron las sepulturas dentro de los templos. En 1844, los carmelitas fundan un cementerio frente al convento, en lo que es hoy el jardín del Carmen.

Durante el Sitio de Puebla (1863) y la Toma de Puebla (1867), tanto el cementerio como en el convento del Carmen, sufrieron afectaciones ya que, este último, fue utilizado por la milicia como fuerte. “Los soldados se acuartelaban en las iglesias porque eran fortalezas, sus construcciones eran muy sólidas, con muros de un metro de ancho”, expone el Barón Rojo.

En 1880 el cementerio es clausurado y diez años después, se inició su demolición y las manzanas colindantes al templo se expropiaron por las leyes de incautación, fueron fraccionadas y vendidas a particulares.

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