/ sábado 2 de enero de 2021

Esta es la historia del Panteón Francés, un guardián de Puebla de los Ángeles

Este recinto funerario cuenta con monumentos arquitectónicos y artísticos catalogados y protegidos por el INAH, como patrimonio histórico

El Panteón Francés resguarda entre sus calzadas un gran patrimonio histórico, es prueba viviente de la identidad y el pasado de la Puebla de los Ángeles. Aquí fueron inhumados los restos de los soldados caídos en las batallas con los franceses (1862-1867), así como una serie de personajes de la vida política, social y religiosa.

“Se creó en 1896 para depositar los restos de los ex combatientes, tanto franceses como mexicanos, de toda la intervención francesa, que estaban dispersos en diferentes cementerios de la ciudad, por eso la pieza central del panteón es el monumento a La Paz y Reconciliación Franco-Mexicana”, expone Isabel Aillaud, presidenta del patronato de la Beneficencia Francesa, Suiza y Belga de Puebla, quien además, refiere que todas las familias de abolengo de principios de siglos 20, reposan aquí.

Aillaud explica que durante las batallas se crearon varios panteones, había cinco de mexicanos y seis de franceses, pero treinta años después, cuando el encargado de asuntos de Francia en México visitó la ciudad, los encontró en completo abandono. Así que, junto con miembros de la comunidad francesa, le participaron al gobierno su inquietud de crear un solo panteón para depositar ahí los restos de los soldados de ambas naciones.

Fotografía estereoscópica antigua. Vista del cementerio en los albores del siglo 20. Foto: Colección Aldo Roberto Rivero Pastor | Libro Panteón Francés de Puebla, ejemplo vivo de Historia, Arte y Arquitectura Funeraria

La administración en curso dio la autorización inmediata y donó un pedazo del Panteón Municipal, de 100 x 100 metros, para hacer un cementerio y colocar, en el centro del mismo, el monumento donde reposarían los restos de los combatientes, como símbolo de unión y fraternidad.

La entrada al cementerio Francés era por el Panteón Municipal pero, como se invitó al presidente Porfirio Díaz a venir a colocar la primera piedra del monumento, se autorizó poner el acceso sobre lo que hoy es la 11 sur. Dos años después, llegó la escultura de Francia y el presidente regreso a develarla.

El monumento a La Paz y Reconciliación Franco-Mexicana se encuentra en el cruce de las calzadas principales, a la vista hay unos pequeños nichos en los que se leen los nombres de militares de grado que estuvieron en la batalla y la cripta interior guarda los restos de cinco mil combatientes.

“La escultura tiene gran simbolismo, representa a un soldado mexicano y un zuavo francés que se dan la mano cobijados por un ángel que los une con la mano derecha y con la izquierda, sostiene un ramo de olivo en señal de triunfo por parte del ejército francés”, sentencia la entrevistada.

Avenida principal del Panteón Francés de Puebla, al fondo el monumento a la Paz Franco-Mexicana, principios del siglo 20. Foto: Colección Aldo Roberto Rivero Pastor | Libro Panteón Francés de Puebla, ejemplo vivo de Historia, Arte y Arquitectura Funeraria

FUSIÓN DE ELEMENTOS

Los cementerios tienen un significado poco agradable en nuestros recuerdos porque los asociamos con pérdida y dolor. Pero en estos sitios, el concepto de muerte va más allá del fin de la vida, son espacios dispuestos para demostrar de manera tangible los afectos, el estatus y la importancia de las personas que se han ido; además, han sido lugares de encuentro para asombrosas expresiones artísticas de las que hoy son guardianes.

“El Panteón Francés de Puebla es ejemplo vivo de historia, arte y arquitectura funeraria. Esta última está dividida en esculturas, monumentos, paramentos, criptas e iconografía elaborada en diferentes materiales, como mármol de Carrara, mármol mexicano, piedra poblana de Chaltocan, así como estilos art nouveau y art déco. Toda esta simbiosis de elementos lo hacen algo único”, expone Aldo Roberto Rivero Pastor, historiador que realizó un proyecto de documentación histórica y artística del cementerio.

El entrevistado detalla que la capilla de la familia Toussaint es de arquitectura poblana y para su construcción se utilizó Talavera, piedra y petatillo rojo. La de la familia Díaz Rubín, fue hecha con mármol de Carrara traído de Italia, en ella se observan las milicias celestiales angelicales esculpidas y divididas con una iconografía fantástica. También hay esculturas hechas por prestigiosos artistas italianos de la época que reposan sobre los sepulcros, como la Melancolía, el Llanto y la famosa Niña, de Pietro Capurro.

UN HOMENAJE A LA VIDA

“La Niña” es emblemática del panteón, la gente la considera milagrosa. Un bebé de 10 meses que falleció en 1901 y para recordarla sus padres la mandaron a esculpir tal cual era en vida, su nombre: Rosa Luisa Carranza.

Aquí, desde las capillas más suntuosas hasta los sepulcros más sencillos, honran la vida del fallecido y el pesar de su ausencia a través de iconografía fascinante: flores u hojas que representan lo efímero de la existencia; antorchas caídas o columnas rotas que simbolizan una muerte cegada; coronas de laurel que personifican el triunfo; y otros simbolismos que se utilizaron hasta principios del 20 y que después fueron sustituidos por vírgenes o cristos crucificados.

El historiador señala que esto también representa un indicio de estatus social, fácil de apreciar en este cementerio donde reposan algunas de las familias más prominentes de la época y de la actualidad.

“Este viejo caballero francés-poblano, cobija los restos de personajes indiscutibles dentro de la historia de Puebla, como milicianos, escritores, abogados, presidentes municipales y gobernadores”, asegura Rivero Pastor.

Un monumento en memoria a los franceses que vivieron en Puebla y murieron en la Primera Guerra Mundial, da la bienvenida. Muy cerca la capilla de los Sánchez Taboada, de los Ponce de León y de los Romano.

Alegra la vista el lugar donde reposan los restos de William O. Jenkins y su esposa Mary Street, un jardín que evoca romanticismo y donde la sombra de una magnolia pareciera detener el tiempo.

En su interior, el osario está repleto de nichos en los que se leen nombres como Gregorio de Gante, Familia Naude, Familia Lions, entre otras.

Destacan los obeliscos que Maximiliano de Hasburgo mandó a colocar en memoria de los ex combatientes europeos y el sepulcro de Hugo Leight Mayer, autor del libro “Las Calles de Puebla”, cuyos restos fueron traídos de Alemania para inhumarlos en el panteón.

El historiador concluye diciendo que, el Panteón Francés, cuenta con monumentos arquitectónicos y artísticos catalogados y protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, como patrimonio histórico.

El Panteón Francés resguarda entre sus calzadas un gran patrimonio histórico, es prueba viviente de la identidad y el pasado de la Puebla de los Ángeles. Aquí fueron inhumados los restos de los soldados caídos en las batallas con los franceses (1862-1867), así como una serie de personajes de la vida política, social y religiosa.

“Se creó en 1896 para depositar los restos de los ex combatientes, tanto franceses como mexicanos, de toda la intervención francesa, que estaban dispersos en diferentes cementerios de la ciudad, por eso la pieza central del panteón es el monumento a La Paz y Reconciliación Franco-Mexicana”, expone Isabel Aillaud, presidenta del patronato de la Beneficencia Francesa, Suiza y Belga de Puebla, quien además, refiere que todas las familias de abolengo de principios de siglos 20, reposan aquí.

Aillaud explica que durante las batallas se crearon varios panteones, había cinco de mexicanos y seis de franceses, pero treinta años después, cuando el encargado de asuntos de Francia en México visitó la ciudad, los encontró en completo abandono. Así que, junto con miembros de la comunidad francesa, le participaron al gobierno su inquietud de crear un solo panteón para depositar ahí los restos de los soldados de ambas naciones.

Fotografía estereoscópica antigua. Vista del cementerio en los albores del siglo 20. Foto: Colección Aldo Roberto Rivero Pastor | Libro Panteón Francés de Puebla, ejemplo vivo de Historia, Arte y Arquitectura Funeraria

La administración en curso dio la autorización inmediata y donó un pedazo del Panteón Municipal, de 100 x 100 metros, para hacer un cementerio y colocar, en el centro del mismo, el monumento donde reposarían los restos de los combatientes, como símbolo de unión y fraternidad.

La entrada al cementerio Francés era por el Panteón Municipal pero, como se invitó al presidente Porfirio Díaz a venir a colocar la primera piedra del monumento, se autorizó poner el acceso sobre lo que hoy es la 11 sur. Dos años después, llegó la escultura de Francia y el presidente regreso a develarla.

El monumento a La Paz y Reconciliación Franco-Mexicana se encuentra en el cruce de las calzadas principales, a la vista hay unos pequeños nichos en los que se leen los nombres de militares de grado que estuvieron en la batalla y la cripta interior guarda los restos de cinco mil combatientes.

“La escultura tiene gran simbolismo, representa a un soldado mexicano y un zuavo francés que se dan la mano cobijados por un ángel que los une con la mano derecha y con la izquierda, sostiene un ramo de olivo en señal de triunfo por parte del ejército francés”, sentencia la entrevistada.

Avenida principal del Panteón Francés de Puebla, al fondo el monumento a la Paz Franco-Mexicana, principios del siglo 20. Foto: Colección Aldo Roberto Rivero Pastor | Libro Panteón Francés de Puebla, ejemplo vivo de Historia, Arte y Arquitectura Funeraria

FUSIÓN DE ELEMENTOS

Los cementerios tienen un significado poco agradable en nuestros recuerdos porque los asociamos con pérdida y dolor. Pero en estos sitios, el concepto de muerte va más allá del fin de la vida, son espacios dispuestos para demostrar de manera tangible los afectos, el estatus y la importancia de las personas que se han ido; además, han sido lugares de encuentro para asombrosas expresiones artísticas de las que hoy son guardianes.

“El Panteón Francés de Puebla es ejemplo vivo de historia, arte y arquitectura funeraria. Esta última está dividida en esculturas, monumentos, paramentos, criptas e iconografía elaborada en diferentes materiales, como mármol de Carrara, mármol mexicano, piedra poblana de Chaltocan, así como estilos art nouveau y art déco. Toda esta simbiosis de elementos lo hacen algo único”, expone Aldo Roberto Rivero Pastor, historiador que realizó un proyecto de documentación histórica y artística del cementerio.

El entrevistado detalla que la capilla de la familia Toussaint es de arquitectura poblana y para su construcción se utilizó Talavera, piedra y petatillo rojo. La de la familia Díaz Rubín, fue hecha con mármol de Carrara traído de Italia, en ella se observan las milicias celestiales angelicales esculpidas y divididas con una iconografía fantástica. También hay esculturas hechas por prestigiosos artistas italianos de la época que reposan sobre los sepulcros, como la Melancolía, el Llanto y la famosa Niña, de Pietro Capurro.

UN HOMENAJE A LA VIDA

“La Niña” es emblemática del panteón, la gente la considera milagrosa. Un bebé de 10 meses que falleció en 1901 y para recordarla sus padres la mandaron a esculpir tal cual era en vida, su nombre: Rosa Luisa Carranza.

Aquí, desde las capillas más suntuosas hasta los sepulcros más sencillos, honran la vida del fallecido y el pesar de su ausencia a través de iconografía fascinante: flores u hojas que representan lo efímero de la existencia; antorchas caídas o columnas rotas que simbolizan una muerte cegada; coronas de laurel que personifican el triunfo; y otros simbolismos que se utilizaron hasta principios del 20 y que después fueron sustituidos por vírgenes o cristos crucificados.

El historiador señala que esto también representa un indicio de estatus social, fácil de apreciar en este cementerio donde reposan algunas de las familias más prominentes de la época y de la actualidad.

“Este viejo caballero francés-poblano, cobija los restos de personajes indiscutibles dentro de la historia de Puebla, como milicianos, escritores, abogados, presidentes municipales y gobernadores”, asegura Rivero Pastor.

Un monumento en memoria a los franceses que vivieron en Puebla y murieron en la Primera Guerra Mundial, da la bienvenida. Muy cerca la capilla de los Sánchez Taboada, de los Ponce de León y de los Romano.

Alegra la vista el lugar donde reposan los restos de William O. Jenkins y su esposa Mary Street, un jardín que evoca romanticismo y donde la sombra de una magnolia pareciera detener el tiempo.

En su interior, el osario está repleto de nichos en los que se leen nombres como Gregorio de Gante, Familia Naude, Familia Lions, entre otras.

Destacan los obeliscos que Maximiliano de Hasburgo mandó a colocar en memoria de los ex combatientes europeos y el sepulcro de Hugo Leight Mayer, autor del libro “Las Calles de Puebla”, cuyos restos fueron traídos de Alemania para inhumarlos en el panteón.

El historiador concluye diciendo que, el Panteón Francés, cuenta con monumentos arquitectónicos y artísticos catalogados y protegidos por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, como patrimonio histórico.

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