/ jueves 2 de mayo de 2019

La talavera, sello poblano | 75 Aniversario El Sol de Puebla

Los objetos más representativos de Puebla han pasado del plumeado clásico azul cobalto al desarrollo de arte contemporáneo

La artesanía denominada talavera forma parte del patrimonio histórico de los poblanos y es la que más prestigio internacional ha dado a nuestro estado.

En la actualidad tiene un sitio importante en el movimiento artístico contemporáneo gracias a la creatividad de diseñadores y artistas plásticos de todo el mundo, que la han utilizado para proyectar su sello de manera internacional.

Este movimiento vanguardista se dio cuando los talaveranos (así se denomina a los productores de esta artesanía) abrieron las puertas de sus talleres para tener una colaboración cercana con los artistas y explotar el arte en todas sus dimensiones.

De esta manera, a lo largo de 75 años, los objetos de talavera pasaron del plumeado clásico azul cobalto al desarrollo de arte contemporáneo.

Foto: Archivo | El Sol de Puebla

DE LA TRADICIÓN AL MODERNISMO

En los años 40, la talavera se desvalorizó por la introducción de nuevos materiales a la industria. “Baja la producción y prácticamente no hay exportación de la misma”, expone Armando Sánchez Merchant, director de Ansar Talavera Exclusiva.

“Los diseños siguen en la misma línea, conservadores, y en su fabricación se utilizan esmalte ´dulce´ y combinaciones de colores negro, verde cobre, colorado (tono de rojo irregular), amarillo antimonio y azul cobalto”, añade.

En cuanto al decorado de las piezas, para entonces se conservaba aún la influencia morisca y se fabricaban piezas clásicas como tibores, jarrones, platos y vajillas.

Muestra de ello es el diseño Reyna, a base de repeticiones, y con efecto agua, para lograr dos tonos del mismo color.

En los 50 llegó la peor crisis para la industria. Con el modernismo cambió la decoración de las casas en su interior y exterior, y dejó de haber espacios para las piezas de talavera.

Muchos talleres dedicados a producir la cerámica cerraron, y los que se mantuvieron siguieron con su clásica producción y decorado plumeado azul cobalto.

En esa época había un taller de talaveranos ubicado en el cerro de Loreto, Casa Padierna. “Importante no solo por su tradición sino también por su ubicación”, asevera Armando Sánchez. Se ubicaba a espaldas del cerro, de donde se extraía el barro negro que se utilizaba para la producción. Hacían trabajos elaborados en los que se tardaban años.

Pedro Padierna fue quien manufacturó las primeras piezas monumentales: diez tibores de 2.15 metros de altura. También fabricó el Jesús que está en la subida del cerro de Guadalupe y Loreto con los brazos abiertos, en la iglesia del Cristo. El azulejo de talavera con el que lo elaboraron tiene 14 milímetros de espesor. Fue hecho para perdurar.


EXPERIMENTACIÓN E INNOVACIÓN

En Casa Padierna trabajaban los hermanos Aguilar, quienes aprendieron a elaborar talavera y un día decidieron emprender su propio negocio. En los 60 fundaron Casa Aguilar, también en el cerro.

En sus inicios se dedicaron a la manufactura de talavera tradicional, pero sus objetivos de venta hicieron que experimentaran con otros materiales, procesos de producción y utilización de materia prima comercial y controlable.

Así se dio una evolución en los diseños, que se empiezan a ver saturados de florales con gran colorido y mayor definición; los materiales con los que trabajaban no permitían errores, por ello fueron muy estrictos con las líneas. El manejo de colores y sus combinaciones fue muy apreciado.

“El resultado fue un producto muy exclusivo que se desmarcó de la talavera, y aunque fue más caro, monopolizó el mercado”, subraya el director de Ansar.

INFLUENCIA CULTURAL

Entonces llegó un audaz vecino del barrio, que había estudiado en la Escuela de Artes y Oficios de San Idelfonso, en la Ciudad de México, y trabajó con ellos, Pedro Tecayehuatl.

Eran los años 70 y para cuando se dieron cuenta ya había montado su propio taller. Empezó a fabricar un derivado de lo que había aprendido con ellos, pero con su inspiración. Hizo un producto comercial que llegó a todas partes de México.

En su producto, Pedro propuso nuevas formas y diseños influenciados en nuestras raíces y así se volvió la cara de la talavera en todo el país. Aunque no lo era.

“Alcanzó mercados que la talavera no tenía porque las casas de talaveranos eran cerradas. Tú llegabas, tocabas la puerta y ahí, entre misterios, te dejaban pasar”, asegura Sánchez Merchant. Agrega que los alfareros dedicados a este oficio siempre han sido celosos de sus secretos.


DENOMINACIÓN DE ORIGEN, NUEVA EVOLUCIÓN

A fines de los 80 surge una respuesta a ese boom del producto de Tecayehuatl que no tiene las bases auténticas de la talavera.

Casa Uriarte solicita el registro “Talavera” como propio y el gobierno federal se lo niega. Paralelamente empieza a colaborar con artistas plásticos, como José Luis Cuevas y Vicente Rojo, de manera individual y en grupos, para proponer cosas nuevas.

Pero había mucho que defender, por ello se organizó con un grupo de alfareros para solicitar reglamentos estrictos.

En 1993, el gobernador Manuel Bartlett Díaz apoyó la solicitud. Restringió su producción a la “Zona de Talavera de Puebla” (Atlixco, Cholula, Puebla y Tecali), donde sería elaborada solo por alfareros poblanos, con estricto apego a los procesos tradicionales.

Así surgieron nuevos tallares de talavera, apegados a las normas que invitan a los artistas plásticos a trabajar en conjunto para conservar la tradición e innovar con su arte.

Al obtener las regulaciones (NOM) y el sello de calidad aprobado en 1998 (Denominación de Origen), la talavera poblana consiguió exclusividad en México y el mundo. Esto marcó la pauta para una nueva evolución.


ARTE CONTEMPORÁNEO

A principios del siglo 21, los talleres aportaron su técnica, conocimiento y secretos, mientras que los artistas, con su ingenio e innovación, dieron una nueva visión a la elaboración de talavera, que fusionó creatividad y el proceso tradicional.

“El objetivo ha sido retomar la técnica y proponer nuevos diseños”, dice al artista plástico pionero en estas colaboraciones, Antonio Álvarez. “Un artista puede pintar un tibor o un plato tradicional y simplemente agregar la pintura, o hacer piezas escultóricas y formas únicas”, subraya.

Esto no ha sido fácil porque la elaboración de piezas de talavera presenta un alto grado de dificultad, pero no ha importado porque el resultado es una fusión llena de efectos visuales, con procesos y conceptos que logran una visión novedosa.

“Yo utilizo técnicas propias de escultura contemporánea para trabajar con talavera. No utilizo moldes, por eso mis piezas son únicas”, aseguró Fernando Albisúa, que con la serie “Bendita Infancia”, que son niños y niñas sexuados, ha ganado reconocimiento internacional.

Algunas de sus piezas pertenecen a la “Colección Alarca”, considerada la más importante de talavera contemporánea en América Latina, integrada por el trabajo de más de 70 artistas de diferentes disciplinas.

Esta colección es propiedad de uno de los primeros talleres en producir piezas contemporáneas sin separarse de la tradición en el proceso de fabricación: Talavera de la Reyna, fundado por Angélica Moreno, quien hoy por hoy va más allá al incursionar en el interiorismo para renovar espacios de inmuebles.

Entre sus diseños destacan piezas en texturas de barro que narran cómo se ha fragmentado la tierra con el paso del hombre. La colección “De Bagdad a Puebla”, compuesta por 30 diseños que cuentan la historia gráfica de la cerámica en el mundo. “Reflejos del mar” es su reinterpretación de formas y erizos de mar. La última colección, “Aquí entre artesanos”, presenta metates con piedra volcánica, fruteros con vidrio soplado, piezas decorativas de barro bruñido, piezas decorativas como bancos con textiles tradicionales o lámparas colgantes intervenidas con hoja de oro. Todo incluye talavera.

IMAGINACIÓN Y BELLEZA

Para producir una pieza de talavera se tiene que seguir un proceso artesanal, paso a paso, y lo que puede presentar cierta dificultad es la forma y el tamaño, por eso es importante conocer la técnica. El decorado da una amplia gama de posibilidades al artista, porque puede dibujar lo que sea sobre ella y combinar los colores para resaltarlos.

“Para mí el torno es mágico, pero tiene sus límites en cuanto a formas y tamaños. Yo estoy enamorado de lo que se pude hacer con moldes”, asegura Simona Capasso, diseñadora del taller Santa Catarina, quien, junto con su mamá, Fernanda Gamboa, ha innovado con piezas que conservan los principios básicos de la artesanía.

Sus piezas tienen formas y diseños nuevos en los que el único límite es la imaginación, un sello personal que es fácil de distinguir: abstracciones geométricas, flores o bolas en realce --del que fueron pioneras--. De ellas destacan sus series “zapatos” y “cabezas con aves”, que presentan gran refinamiento de la técnica.


FUNCIONALIDAD Y DISEÑO

Esta artesanía se encuentra en un nuevo proceso de cambio gracias al diseño industrial aplicado en piezas y accesorios como sillas, bancos, azulejos y lámparas, que arquitectos e interioristas utilizan para renovar espacios.

La serie “Silla”, de Uriarte Talavera, es el mejor ejemplo de ello. En una misma pieza se manifiesta “la tradición de lo nuevo” con una belleza funcional simple, cuya inspiración surgió de la experiencia histórica, artística y destreza de sus artesanos y colaboradores.

En 75 años la producción de talavera ha evolucionado, pero no parará aquí.

La artesanía denominada talavera forma parte del patrimonio histórico de los poblanos y es la que más prestigio internacional ha dado a nuestro estado.

En la actualidad tiene un sitio importante en el movimiento artístico contemporáneo gracias a la creatividad de diseñadores y artistas plásticos de todo el mundo, que la han utilizado para proyectar su sello de manera internacional.

Este movimiento vanguardista se dio cuando los talaveranos (así se denomina a los productores de esta artesanía) abrieron las puertas de sus talleres para tener una colaboración cercana con los artistas y explotar el arte en todas sus dimensiones.

De esta manera, a lo largo de 75 años, los objetos de talavera pasaron del plumeado clásico azul cobalto al desarrollo de arte contemporáneo.

Foto: Archivo | El Sol de Puebla

DE LA TRADICIÓN AL MODERNISMO

En los años 40, la talavera se desvalorizó por la introducción de nuevos materiales a la industria. “Baja la producción y prácticamente no hay exportación de la misma”, expone Armando Sánchez Merchant, director de Ansar Talavera Exclusiva.

“Los diseños siguen en la misma línea, conservadores, y en su fabricación se utilizan esmalte ´dulce´ y combinaciones de colores negro, verde cobre, colorado (tono de rojo irregular), amarillo antimonio y azul cobalto”, añade.

En cuanto al decorado de las piezas, para entonces se conservaba aún la influencia morisca y se fabricaban piezas clásicas como tibores, jarrones, platos y vajillas.

Muestra de ello es el diseño Reyna, a base de repeticiones, y con efecto agua, para lograr dos tonos del mismo color.

En los 50 llegó la peor crisis para la industria. Con el modernismo cambió la decoración de las casas en su interior y exterior, y dejó de haber espacios para las piezas de talavera.

Muchos talleres dedicados a producir la cerámica cerraron, y los que se mantuvieron siguieron con su clásica producción y decorado plumeado azul cobalto.

En esa época había un taller de talaveranos ubicado en el cerro de Loreto, Casa Padierna. “Importante no solo por su tradición sino también por su ubicación”, asevera Armando Sánchez. Se ubicaba a espaldas del cerro, de donde se extraía el barro negro que se utilizaba para la producción. Hacían trabajos elaborados en los que se tardaban años.

Pedro Padierna fue quien manufacturó las primeras piezas monumentales: diez tibores de 2.15 metros de altura. También fabricó el Jesús que está en la subida del cerro de Guadalupe y Loreto con los brazos abiertos, en la iglesia del Cristo. El azulejo de talavera con el que lo elaboraron tiene 14 milímetros de espesor. Fue hecho para perdurar.


EXPERIMENTACIÓN E INNOVACIÓN

En Casa Padierna trabajaban los hermanos Aguilar, quienes aprendieron a elaborar talavera y un día decidieron emprender su propio negocio. En los 60 fundaron Casa Aguilar, también en el cerro.

En sus inicios se dedicaron a la manufactura de talavera tradicional, pero sus objetivos de venta hicieron que experimentaran con otros materiales, procesos de producción y utilización de materia prima comercial y controlable.

Así se dio una evolución en los diseños, que se empiezan a ver saturados de florales con gran colorido y mayor definición; los materiales con los que trabajaban no permitían errores, por ello fueron muy estrictos con las líneas. El manejo de colores y sus combinaciones fue muy apreciado.

“El resultado fue un producto muy exclusivo que se desmarcó de la talavera, y aunque fue más caro, monopolizó el mercado”, subraya el director de Ansar.

INFLUENCIA CULTURAL

Entonces llegó un audaz vecino del barrio, que había estudiado en la Escuela de Artes y Oficios de San Idelfonso, en la Ciudad de México, y trabajó con ellos, Pedro Tecayehuatl.

Eran los años 70 y para cuando se dieron cuenta ya había montado su propio taller. Empezó a fabricar un derivado de lo que había aprendido con ellos, pero con su inspiración. Hizo un producto comercial que llegó a todas partes de México.

En su producto, Pedro propuso nuevas formas y diseños influenciados en nuestras raíces y así se volvió la cara de la talavera en todo el país. Aunque no lo era.

“Alcanzó mercados que la talavera no tenía porque las casas de talaveranos eran cerradas. Tú llegabas, tocabas la puerta y ahí, entre misterios, te dejaban pasar”, asegura Sánchez Merchant. Agrega que los alfareros dedicados a este oficio siempre han sido celosos de sus secretos.


DENOMINACIÓN DE ORIGEN, NUEVA EVOLUCIÓN

A fines de los 80 surge una respuesta a ese boom del producto de Tecayehuatl que no tiene las bases auténticas de la talavera.

Casa Uriarte solicita el registro “Talavera” como propio y el gobierno federal se lo niega. Paralelamente empieza a colaborar con artistas plásticos, como José Luis Cuevas y Vicente Rojo, de manera individual y en grupos, para proponer cosas nuevas.

Pero había mucho que defender, por ello se organizó con un grupo de alfareros para solicitar reglamentos estrictos.

En 1993, el gobernador Manuel Bartlett Díaz apoyó la solicitud. Restringió su producción a la “Zona de Talavera de Puebla” (Atlixco, Cholula, Puebla y Tecali), donde sería elaborada solo por alfareros poblanos, con estricto apego a los procesos tradicionales.

Así surgieron nuevos tallares de talavera, apegados a las normas que invitan a los artistas plásticos a trabajar en conjunto para conservar la tradición e innovar con su arte.

Al obtener las regulaciones (NOM) y el sello de calidad aprobado en 1998 (Denominación de Origen), la talavera poblana consiguió exclusividad en México y el mundo. Esto marcó la pauta para una nueva evolución.


ARTE CONTEMPORÁNEO

A principios del siglo 21, los talleres aportaron su técnica, conocimiento y secretos, mientras que los artistas, con su ingenio e innovación, dieron una nueva visión a la elaboración de talavera, que fusionó creatividad y el proceso tradicional.

“El objetivo ha sido retomar la técnica y proponer nuevos diseños”, dice al artista plástico pionero en estas colaboraciones, Antonio Álvarez. “Un artista puede pintar un tibor o un plato tradicional y simplemente agregar la pintura, o hacer piezas escultóricas y formas únicas”, subraya.

Esto no ha sido fácil porque la elaboración de piezas de talavera presenta un alto grado de dificultad, pero no ha importado porque el resultado es una fusión llena de efectos visuales, con procesos y conceptos que logran una visión novedosa.

“Yo utilizo técnicas propias de escultura contemporánea para trabajar con talavera. No utilizo moldes, por eso mis piezas son únicas”, aseguró Fernando Albisúa, que con la serie “Bendita Infancia”, que son niños y niñas sexuados, ha ganado reconocimiento internacional.

Algunas de sus piezas pertenecen a la “Colección Alarca”, considerada la más importante de talavera contemporánea en América Latina, integrada por el trabajo de más de 70 artistas de diferentes disciplinas.

Esta colección es propiedad de uno de los primeros talleres en producir piezas contemporáneas sin separarse de la tradición en el proceso de fabricación: Talavera de la Reyna, fundado por Angélica Moreno, quien hoy por hoy va más allá al incursionar en el interiorismo para renovar espacios de inmuebles.

Entre sus diseños destacan piezas en texturas de barro que narran cómo se ha fragmentado la tierra con el paso del hombre. La colección “De Bagdad a Puebla”, compuesta por 30 diseños que cuentan la historia gráfica de la cerámica en el mundo. “Reflejos del mar” es su reinterpretación de formas y erizos de mar. La última colección, “Aquí entre artesanos”, presenta metates con piedra volcánica, fruteros con vidrio soplado, piezas decorativas de barro bruñido, piezas decorativas como bancos con textiles tradicionales o lámparas colgantes intervenidas con hoja de oro. Todo incluye talavera.

IMAGINACIÓN Y BELLEZA

Para producir una pieza de talavera se tiene que seguir un proceso artesanal, paso a paso, y lo que puede presentar cierta dificultad es la forma y el tamaño, por eso es importante conocer la técnica. El decorado da una amplia gama de posibilidades al artista, porque puede dibujar lo que sea sobre ella y combinar los colores para resaltarlos.

“Para mí el torno es mágico, pero tiene sus límites en cuanto a formas y tamaños. Yo estoy enamorado de lo que se pude hacer con moldes”, asegura Simona Capasso, diseñadora del taller Santa Catarina, quien, junto con su mamá, Fernanda Gamboa, ha innovado con piezas que conservan los principios básicos de la artesanía.

Sus piezas tienen formas y diseños nuevos en los que el único límite es la imaginación, un sello personal que es fácil de distinguir: abstracciones geométricas, flores o bolas en realce --del que fueron pioneras--. De ellas destacan sus series “zapatos” y “cabezas con aves”, que presentan gran refinamiento de la técnica.


FUNCIONALIDAD Y DISEÑO

Esta artesanía se encuentra en un nuevo proceso de cambio gracias al diseño industrial aplicado en piezas y accesorios como sillas, bancos, azulejos y lámparas, que arquitectos e interioristas utilizan para renovar espacios.

La serie “Silla”, de Uriarte Talavera, es el mejor ejemplo de ello. En una misma pieza se manifiesta “la tradición de lo nuevo” con una belleza funcional simple, cuya inspiración surgió de la experiencia histórica, artística y destreza de sus artesanos y colaboradores.

En 75 años la producción de talavera ha evolucionado, pero no parará aquí.

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