/ miércoles 20 de mayo de 2020

Dirigir al Puebla y hacerlo campeón, el sueño de Aravena

El ariete chileno rememora el campeonato de la temporada 89-90 y señala que sería injusto que la ciudad se quedara sin futbol de Liga MX

Jorge “Mortero” Aravena tiene a Puebla y al Puebla siempre en su memoria. “Es una ciudad linda y es el club donde conseguí logros importantes, al que anhelo dirigir algún día en la Liga MX y hacerlo campeón”, señala el chileno durante la entrevista exclusiva con El Sol de Puebla desde su departamento en Puerto Montt, Chile, donde dirige a un equipo de la Liga de Ascenso.

Pero ante la ola de rumores sobre la posible marcha del equipo también dispara: “Sería injusto que Puebla se quedara sin equipo de Liga MX, una falta de respeto para el hincha poblano y más con ese estadio que tienen, es imposible”.

El exjugador, clave en el último título del equipo en la Liga rememora aquellos ayeres. “Fueron tres años maravillosos en Puebla. Yo debí a quedarme a vivir allá, pero me salió una oferta de Brasil, quería jugar en ese país y me fui al finalizar la campaña 90-91”, recuerda Jorge quien anotó 67 goles en 112 encuentros como jugador del cuadro de La Franja en los tres torneos –de 38 fechas- que permaneció en el equipo.

“El Mortero” llegó al cuadro de la Franja para jugar la temporada 88-89 cuando se puso al mando de su paisano Pedro García y brindaron un torneo extraordinario.

“Dominamos la liga, hicimos 53 puntos para quedar como líderes; entre Poblete y yo hicimos como 50 goles, pero en la liguilla no dimos el tono y nos eliminaron”.

El Mortero Aravena con Emilio Maurer durante los festejos del 75 aniversario del club Puebla. Foto: Sandro Franco | El Sol de Puebla

GRAN REVANCHA

La espina se quedó clavada en la memoria de Jorge Aravena. Sabía que tenía que sacarla, y para la temporada 89-90 el Puebla hizo ajustes, regresando de nueva cuenta al timón a Manolo Lapuente, a pesar de la gran campaña que tuvo al frente Pedro García.

“Esa campaña fue fantástica. Terminamos tercero, pero jugamos muy bien hasta ganar el campeonato. Fue el último en la historia del equipo en la Liga y ya se van a cumplir 30 años. De ahí para acá puras penurias, dos descensos y cantidad de sinsabores”, dice entre alegría y tristeza.

Pero Aravena se concentró en ese logro donde el Puebla, de la mano otra vez de Lapuente, tal como lo hizo en la campaña 81-82, se levantó con el título de liga.

“Ese año ganamos todo. Ganamos la Copa a Tigres que tenía en el timón a mi paisano Carlos Reynoso y después la liga contra la U. de G., qué bien jugaba ese equipo de Guerra, pero nosotros lo hicimos mejor. Somos el último campeonísimo del futbol mexicano. Ese año nos llevamos todo”, recuerda con orgullo.

Y Aravena con una mente fotográfica revivió esos inolvidables momentos, donde no tuvo fue fácil, ya que tuvo que superar una lesión en los dedos del pie izquierdo que, para el médico que lo operó, tomaría 8 meses de recuperación, y él con su tesón volvió en dos.

“En la campaña del campeonato llegué una semana antes del inicio del torneo. Estaba jugando las eliminatorias para el Mundial de Italia 90’ y venía bien físicamente. Recuerdo que debutamos contra Veracruz y lo goleamos con tres tantos míos.

“Al poco tiempo me salió un quiste entre el segundo y tercer dedo del pie izquierdo. Era en el bueno, comencé a perder sensibilidad y don Emilio (Maurer) me mandó a Houston para que me operaran. Estuve allá 10 días, y cuando regresé a Puebla me increpa don Emilio, oye para que te operaste ya me dijo el Dr. Fullford (el médico que lo operó) que estará listo para jugar en ocho meses, yo le dije no se preocupe que volveré en dos.

“Seguí yendo a Houston a las revisiones, y el doctor se admiró de la evolución, no me tiré a la hamaca, yo seguía trabajando en lo que podía y a los dos meses regresé. Me dolía un poco, pero me fui acostumbrando al dolor, hasta que lo superé”.

EL CAMINO AL TÍTULO

Y recuerda esa campaña inolvidable de 89-90. “Hicimos buen torneo, terminamos terceros con 46 puntos, pero llegamos motivadísimos a la liguilla y logramos el sueño de don Emilio y todo Puebla, ser campeones”.

Aravena hace una pausa y recuerda esa escalofriante liguilla donde tuvieron que levantarse de la lona tras la derrota en el primer partido contra Correcaminos y después en casa, un gol del joven Arturo Cañas, a minutos del final los metió a semifinales.

“El primer rival fue Correcaminos. Lo visitamos en su cancha y nunca nos encontramos. La verdad era una cancha malísima para nuestro juego de toque, nos ganaron 3-1 y teníamos que regresar al Cuauhtémoc por la hazaña.

“Fue dramático, necesitábamos un marcador igual para avanzar por la mejor posición en la tabla. Íbamos arriba 2-1 y se agotaba el tiempo, cuando Cañas se mete al área, dribla a dos rivales y mete el zapatazo para clavar el 3-1. Así seguimos con vida. Después nadie nos paró.

“En semifinales contra Pumas empatamos 4-4 en el Cuauhtémoc y otra vez nos daban por muertos, porque Pumas traía un equipazo y terminó en segundo en ese torneo. Fuimos a la vuelta a CU y al minuto de juego, Poblete nos puso arriba y de ahí para el real, terminamos goleando 4-2 para avanzar a la final.

“Nos tocó Leones Negros del profesor Alberto Guerra. La verdad jugaba muy bien, con una camada de jóvenes como Guzmán, Mora, Romerito, Dávalos, Vázquez. En el primer duelo, a media semana, le ganamos 2-1 en el Jalisco Allí, aunque no lo crean, hice un gol de cabeza. Fue un partidazo.

“Se vino la vuelta en el Cuauhtémoc, ese 26 de mayo de 1990 fue sábado. Desde las 5 de la tarde, el estadio estaba lleno, imagínate tres horas antes del juego no cabía ya un alfiler.

“La U. de G. salió con todo y nos estaban ganando 2-0, pero reaccionamos, un zurdazo del “Chícharo” (Javier Hernández papá) nos volvió a la vida, y después el mismo “Chícharo” mete el centro desde la derecha a ras de piso y picó al primer palo para rematar y clavar el 2-2 ya casi al final del primer tiempo.

“Ya te imaginarás el estadio. La afición, aquello rugía.

“Para el segundo tiempo robo el balón a Martín Vázquez en los linderos del área, me meto por la derecha y cruzó el disparo con mi pierna derecha para clavar el 3-2.

“Fue de los pocos goles que hice con la derecha”, bromea Aravena, un zurdo natural que calzaba del siete y le pegaba con rencor al balón.

“La puntilla se la dio Poblete, a quien le metí un pase larguísimo, le ganó la espalda a Romero y tocó sobre la salida de Aguado, para el 4-2. Al final, el “Vikingo” (Dávalos) hizo un golazo para el 4-3, pero ya todo estaba decidido”.

Esa noche, Puebla levantó su segundo título con una global de 6-4, con tres goles del ariete zurdo, y otra vez frente a un representante tapatío.

“Y de eso ya se cumplirán 30 años”, dice Aravena, cuya potencia de disparo con su pierna zurda era similar a la de su paisano Osvaldo Castro “Pata Bendita”.

“Le pegaba durísimo. Me tocó compartir con él un par de meses en 1978 en la Universidad Católica de Chile, y a pesar de que calzaba del cinco, le daba con un tubo”, agrega al hacer una pausa en su recuerdo.

Aravena habló en exclusiva. Foto: Archivo El Sol de Puebla

DIRIGIR Y SER CAMPEÓN

El exmediocampista zurdo chileno no quita el dedo del renglón, sabe que el Puebla la ha pasado mal después de ese título y mantiene vivo su sueño de siempre: dirigirlo en Liga MX y hacerlo campeón.

“Solo penurias, con dos descensos, es muy lamentable”, se resigna Aravena al recordar lo que ha vivido el Puebla desde 1990 a la fecha.

“Es mi gran deseo dirigirlo en la Liga y sacarlo campeón como entrenador. Ya verás que en cualquier momento se da la oportunidad, cuando termine el Covid”, dice lleno de confianza.

“La verdad no se han dado los tiempos. Ya me tocó dirigir al Puebla en el Ascenso, en el 2005 lo llevamos hasta el campeonato, solo que yo dejé al equipo en cuartos final, porque tuve una diferencia con don Emilio y prefería hacerme a un lado que terminar mal con él.

“Fue una gran experiencia”.

Al poco tiempo -2007- regresó con Lobos BUAP para meterlos por primera vez a la liguilla, y volvió a su país en 2008 para continuar su carrera como entrenador.

Es el “Mortero” que recuerda sus grandes goles en el futbol mexicano contra América, Irapuato y otro que le hizo al Monterrey desde media cancha.

“Hice buenos goles, pero el que hice en la final en el Cuauhtémoc para el 3-2 no lo cambio por nada, por todo lo que representó.

“Puebla representa mucho en mi vida personal o particular, pude quedarme a vivir allá, pero cuando me hablaron para volver a México, con Correcaminos, no acepté porque ya tenía mi prestigio y no tenía caso arriesgarse por ganar un poco de plata.

“Esa decisión evitó, quizá, que me quedara a vivir en Puebla”, agrega Aravena que recuerda con cariño a todos sus amigos y cada vez que puede se da su escapada para visitar la ciudad.

“Si Dios quiere por allá estaremos para festejar los 30 años, cuando pase todo”, dice a manera de promesa.

  • 67 GOLES metió Aravena en su paso por el Puebla
  • 4 TÍTULOS ganó, incluyendo un torneo de Concacaf
  • Aravena se encuentra totalmente recuperado después que el año pasado le descubrieron un quiste en el páncreas, que resultó negativo
  • 112 PARTIDOS defendió el chileno la casa del cuadro poblano
  • 3 GOLES metió Aravena en los dos partidos de la final contra U. de G.

Jorge “Mortero” Aravena tiene a Puebla y al Puebla siempre en su memoria. “Es una ciudad linda y es el club donde conseguí logros importantes, al que anhelo dirigir algún día en la Liga MX y hacerlo campeón”, señala el chileno durante la entrevista exclusiva con El Sol de Puebla desde su departamento en Puerto Montt, Chile, donde dirige a un equipo de la Liga de Ascenso.

Pero ante la ola de rumores sobre la posible marcha del equipo también dispara: “Sería injusto que Puebla se quedara sin equipo de Liga MX, una falta de respeto para el hincha poblano y más con ese estadio que tienen, es imposible”.

El exjugador, clave en el último título del equipo en la Liga rememora aquellos ayeres. “Fueron tres años maravillosos en Puebla. Yo debí a quedarme a vivir allá, pero me salió una oferta de Brasil, quería jugar en ese país y me fui al finalizar la campaña 90-91”, recuerda Jorge quien anotó 67 goles en 112 encuentros como jugador del cuadro de La Franja en los tres torneos –de 38 fechas- que permaneció en el equipo.

“El Mortero” llegó al cuadro de la Franja para jugar la temporada 88-89 cuando se puso al mando de su paisano Pedro García y brindaron un torneo extraordinario.

“Dominamos la liga, hicimos 53 puntos para quedar como líderes; entre Poblete y yo hicimos como 50 goles, pero en la liguilla no dimos el tono y nos eliminaron”.

El Mortero Aravena con Emilio Maurer durante los festejos del 75 aniversario del club Puebla. Foto: Sandro Franco | El Sol de Puebla

GRAN REVANCHA

La espina se quedó clavada en la memoria de Jorge Aravena. Sabía que tenía que sacarla, y para la temporada 89-90 el Puebla hizo ajustes, regresando de nueva cuenta al timón a Manolo Lapuente, a pesar de la gran campaña que tuvo al frente Pedro García.

“Esa campaña fue fantástica. Terminamos tercero, pero jugamos muy bien hasta ganar el campeonato. Fue el último en la historia del equipo en la Liga y ya se van a cumplir 30 años. De ahí para acá puras penurias, dos descensos y cantidad de sinsabores”, dice entre alegría y tristeza.

Pero Aravena se concentró en ese logro donde el Puebla, de la mano otra vez de Lapuente, tal como lo hizo en la campaña 81-82, se levantó con el título de liga.

“Ese año ganamos todo. Ganamos la Copa a Tigres que tenía en el timón a mi paisano Carlos Reynoso y después la liga contra la U. de G., qué bien jugaba ese equipo de Guerra, pero nosotros lo hicimos mejor. Somos el último campeonísimo del futbol mexicano. Ese año nos llevamos todo”, recuerda con orgullo.

Y Aravena con una mente fotográfica revivió esos inolvidables momentos, donde no tuvo fue fácil, ya que tuvo que superar una lesión en los dedos del pie izquierdo que, para el médico que lo operó, tomaría 8 meses de recuperación, y él con su tesón volvió en dos.

“En la campaña del campeonato llegué una semana antes del inicio del torneo. Estaba jugando las eliminatorias para el Mundial de Italia 90’ y venía bien físicamente. Recuerdo que debutamos contra Veracruz y lo goleamos con tres tantos míos.

“Al poco tiempo me salió un quiste entre el segundo y tercer dedo del pie izquierdo. Era en el bueno, comencé a perder sensibilidad y don Emilio (Maurer) me mandó a Houston para que me operaran. Estuve allá 10 días, y cuando regresé a Puebla me increpa don Emilio, oye para que te operaste ya me dijo el Dr. Fullford (el médico que lo operó) que estará listo para jugar en ocho meses, yo le dije no se preocupe que volveré en dos.

“Seguí yendo a Houston a las revisiones, y el doctor se admiró de la evolución, no me tiré a la hamaca, yo seguía trabajando en lo que podía y a los dos meses regresé. Me dolía un poco, pero me fui acostumbrando al dolor, hasta que lo superé”.

EL CAMINO AL TÍTULO

Y recuerda esa campaña inolvidable de 89-90. “Hicimos buen torneo, terminamos terceros con 46 puntos, pero llegamos motivadísimos a la liguilla y logramos el sueño de don Emilio y todo Puebla, ser campeones”.

Aravena hace una pausa y recuerda esa escalofriante liguilla donde tuvieron que levantarse de la lona tras la derrota en el primer partido contra Correcaminos y después en casa, un gol del joven Arturo Cañas, a minutos del final los metió a semifinales.

“El primer rival fue Correcaminos. Lo visitamos en su cancha y nunca nos encontramos. La verdad era una cancha malísima para nuestro juego de toque, nos ganaron 3-1 y teníamos que regresar al Cuauhtémoc por la hazaña.

“Fue dramático, necesitábamos un marcador igual para avanzar por la mejor posición en la tabla. Íbamos arriba 2-1 y se agotaba el tiempo, cuando Cañas se mete al área, dribla a dos rivales y mete el zapatazo para clavar el 3-1. Así seguimos con vida. Después nadie nos paró.

“En semifinales contra Pumas empatamos 4-4 en el Cuauhtémoc y otra vez nos daban por muertos, porque Pumas traía un equipazo y terminó en segundo en ese torneo. Fuimos a la vuelta a CU y al minuto de juego, Poblete nos puso arriba y de ahí para el real, terminamos goleando 4-2 para avanzar a la final.

“Nos tocó Leones Negros del profesor Alberto Guerra. La verdad jugaba muy bien, con una camada de jóvenes como Guzmán, Mora, Romerito, Dávalos, Vázquez. En el primer duelo, a media semana, le ganamos 2-1 en el Jalisco Allí, aunque no lo crean, hice un gol de cabeza. Fue un partidazo.

“Se vino la vuelta en el Cuauhtémoc, ese 26 de mayo de 1990 fue sábado. Desde las 5 de la tarde, el estadio estaba lleno, imagínate tres horas antes del juego no cabía ya un alfiler.

“La U. de G. salió con todo y nos estaban ganando 2-0, pero reaccionamos, un zurdazo del “Chícharo” (Javier Hernández papá) nos volvió a la vida, y después el mismo “Chícharo” mete el centro desde la derecha a ras de piso y picó al primer palo para rematar y clavar el 2-2 ya casi al final del primer tiempo.

“Ya te imaginarás el estadio. La afición, aquello rugía.

“Para el segundo tiempo robo el balón a Martín Vázquez en los linderos del área, me meto por la derecha y cruzó el disparo con mi pierna derecha para clavar el 3-2.

“Fue de los pocos goles que hice con la derecha”, bromea Aravena, un zurdo natural que calzaba del siete y le pegaba con rencor al balón.

“La puntilla se la dio Poblete, a quien le metí un pase larguísimo, le ganó la espalda a Romero y tocó sobre la salida de Aguado, para el 4-2. Al final, el “Vikingo” (Dávalos) hizo un golazo para el 4-3, pero ya todo estaba decidido”.

Esa noche, Puebla levantó su segundo título con una global de 6-4, con tres goles del ariete zurdo, y otra vez frente a un representante tapatío.

“Y de eso ya se cumplirán 30 años”, dice Aravena, cuya potencia de disparo con su pierna zurda era similar a la de su paisano Osvaldo Castro “Pata Bendita”.

“Le pegaba durísimo. Me tocó compartir con él un par de meses en 1978 en la Universidad Católica de Chile, y a pesar de que calzaba del cinco, le daba con un tubo”, agrega al hacer una pausa en su recuerdo.

Aravena habló en exclusiva. Foto: Archivo El Sol de Puebla

DIRIGIR Y SER CAMPEÓN

El exmediocampista zurdo chileno no quita el dedo del renglón, sabe que el Puebla la ha pasado mal después de ese título y mantiene vivo su sueño de siempre: dirigirlo en Liga MX y hacerlo campeón.

“Solo penurias, con dos descensos, es muy lamentable”, se resigna Aravena al recordar lo que ha vivido el Puebla desde 1990 a la fecha.

“Es mi gran deseo dirigirlo en la Liga y sacarlo campeón como entrenador. Ya verás que en cualquier momento se da la oportunidad, cuando termine el Covid”, dice lleno de confianza.

“La verdad no se han dado los tiempos. Ya me tocó dirigir al Puebla en el Ascenso, en el 2005 lo llevamos hasta el campeonato, solo que yo dejé al equipo en cuartos final, porque tuve una diferencia con don Emilio y prefería hacerme a un lado que terminar mal con él.

“Fue una gran experiencia”.

Al poco tiempo -2007- regresó con Lobos BUAP para meterlos por primera vez a la liguilla, y volvió a su país en 2008 para continuar su carrera como entrenador.

Es el “Mortero” que recuerda sus grandes goles en el futbol mexicano contra América, Irapuato y otro que le hizo al Monterrey desde media cancha.

“Hice buenos goles, pero el que hice en la final en el Cuauhtémoc para el 3-2 no lo cambio por nada, por todo lo que representó.

“Puebla representa mucho en mi vida personal o particular, pude quedarme a vivir allá, pero cuando me hablaron para volver a México, con Correcaminos, no acepté porque ya tenía mi prestigio y no tenía caso arriesgarse por ganar un poco de plata.

“Esa decisión evitó, quizá, que me quedara a vivir en Puebla”, agrega Aravena que recuerda con cariño a todos sus amigos y cada vez que puede se da su escapada para visitar la ciudad.

“Si Dios quiere por allá estaremos para festejar los 30 años, cuando pase todo”, dice a manera de promesa.

  • 67 GOLES metió Aravena en su paso por el Puebla
  • 4 TÍTULOS ganó, incluyendo un torneo de Concacaf
  • Aravena se encuentra totalmente recuperado después que el año pasado le descubrieron un quiste en el páncreas, que resultó negativo
  • 112 PARTIDOS defendió el chileno la casa del cuadro poblano
  • 3 GOLES metió Aravena en los dos partidos de la final contra U. de G.

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