/ martes 6 de julio de 2021

Luis Martínez, historia de sacrificio y esfuerzo por ser matador de toros

El joven novillero de Apizaco, triunfador en el Polifórum, distribuye pan para ayudarse mientras se abre paso en el mundo de los ruedos 

Apizaco, Tlaxcala. Cinco de la mañana lunes 5 de julio, Apizaco, Tlaxcala, 7 grados de temperatura. Dos días después de haber triunfado en Puebla, el joven novillero Luis Martínez se dispone a sus labores diarias. No se trata de salir a trotar o tomar el vehículo para empezar el entrenamiento. Martínez ayuda desde muy temprano a su señor padre en el trabajo.

Ambos se ponen sus chamarras y gorros, encienden la camioneta y se enfilan por las calles de la ciudad industrial para repartir pan: de dulce, torta o hacer entregas especiales.

El novillero que ha causado sensación en los estados de Puebla y Tlaxcala por sus triunfos contundentes en tan poco tiempo trabaja de lunes a domingo con su papá antes de ir con sus maestros: los matadores Rubén Ortega y Angelino de Arriaga.

A temprana hora de la mañana sale a vender pan. Foto: Cortesía | R. Ortega

TRES NOVILLADAS Y ES TRIUNFADOR

Puebla –en el Polifórum- fue la tercera novillada en su joven carrera, pero el hambre de salir adelante es más grande que un triunfo. Martínez sabe que la constancia es el camino. Triunfar hoy, pero mañana y pasado también a costa de lo que sea.

Primero toreó dos festivales en el Rancho La Escondida donde cortó dos orejas en cada festejo, después debutó en Huamantla donde recibió una terrible voltereta que lo mandó al hospital. Sin embargo, regresó a vestir el terno en Apizaco en la Wiliulfo González donde nuevamente corta dos orejas y finalmente Puebla para repetir número de trofeos conseguidos. Dos orejas por toro en los triunfos conseguidos.

A las 8 de la mañana termina la primera entrega de pan, cambia las charolas por el capote, muleta y las banderillas. A tomar el microbús para ir a entrenar. Consciente que el dinero es escaso, Martínez ahorra lo que puede para comprar sus avíos, no es momento de pensar en el amor ni en las copas con los amigos. “Son tiempos de sembrar y algún día se podrá cosechar”, dice para los micrófonos de este medio.

El pasado sábado cortó dos orejas en Puebla, no le importó si la novillada estaba con edad y peso o si el toro tuviera complicaciones: “es más grande el deseo de cortar las orejas. No hay otro contrato por delante, así que triunfando es como se pueden abrir las puertas”, comenta.

El novillo de Real de Saltillo que le correspondió en suerte se desplazaba, tenía transmisión y calidad, pero también exigió entrega y oficio del torero. Para su corta experiencia, no le queda más que escuchar las indicaciones de su apoderado Rubén Ortega, matador que, por cierto, tomó la alternativa en la plaza de toros El Relicario de Puebla el 7 de diciembre del 2002 de manos del maestro español José Miguel Arroyo “Joselito”.

Foto: Cortesía | R. Ortega

VOLVER A TOREAR

“Lo que más quiero es volver a torear y regresar a Puebla, con un ambiente así se entrega uno con más ganas…” dice sonriente. Por la tarde, después de los entrenamientos, el joven torero regresa a casa cansado, pero con las ilusiones renovadas, toreando imaginariamente por las calles.

Son las 8 de la noche, es hora de hacer un corte de caja, preparar las cosas para el toro día y limpiar las charolas del pan. Antes de dormir, para el café nada mejor que unos “cuernitos”.

“Por hoy, a cuidar ese dinero que cae para comprar avíos, porque en breve puede que vuelva a torear…”, remata ilusionado.

Apizaco, Tlaxcala. Cinco de la mañana lunes 5 de julio, Apizaco, Tlaxcala, 7 grados de temperatura. Dos días después de haber triunfado en Puebla, el joven novillero Luis Martínez se dispone a sus labores diarias. No se trata de salir a trotar o tomar el vehículo para empezar el entrenamiento. Martínez ayuda desde muy temprano a su señor padre en el trabajo.

Ambos se ponen sus chamarras y gorros, encienden la camioneta y se enfilan por las calles de la ciudad industrial para repartir pan: de dulce, torta o hacer entregas especiales.

El novillero que ha causado sensación en los estados de Puebla y Tlaxcala por sus triunfos contundentes en tan poco tiempo trabaja de lunes a domingo con su papá antes de ir con sus maestros: los matadores Rubén Ortega y Angelino de Arriaga.

A temprana hora de la mañana sale a vender pan. Foto: Cortesía | R. Ortega

TRES NOVILLADAS Y ES TRIUNFADOR

Puebla –en el Polifórum- fue la tercera novillada en su joven carrera, pero el hambre de salir adelante es más grande que un triunfo. Martínez sabe que la constancia es el camino. Triunfar hoy, pero mañana y pasado también a costa de lo que sea.

Primero toreó dos festivales en el Rancho La Escondida donde cortó dos orejas en cada festejo, después debutó en Huamantla donde recibió una terrible voltereta que lo mandó al hospital. Sin embargo, regresó a vestir el terno en Apizaco en la Wiliulfo González donde nuevamente corta dos orejas y finalmente Puebla para repetir número de trofeos conseguidos. Dos orejas por toro en los triunfos conseguidos.

A las 8 de la mañana termina la primera entrega de pan, cambia las charolas por el capote, muleta y las banderillas. A tomar el microbús para ir a entrenar. Consciente que el dinero es escaso, Martínez ahorra lo que puede para comprar sus avíos, no es momento de pensar en el amor ni en las copas con los amigos. “Son tiempos de sembrar y algún día se podrá cosechar”, dice para los micrófonos de este medio.

El pasado sábado cortó dos orejas en Puebla, no le importó si la novillada estaba con edad y peso o si el toro tuviera complicaciones: “es más grande el deseo de cortar las orejas. No hay otro contrato por delante, así que triunfando es como se pueden abrir las puertas”, comenta.

El novillo de Real de Saltillo que le correspondió en suerte se desplazaba, tenía transmisión y calidad, pero también exigió entrega y oficio del torero. Para su corta experiencia, no le queda más que escuchar las indicaciones de su apoderado Rubén Ortega, matador que, por cierto, tomó la alternativa en la plaza de toros El Relicario de Puebla el 7 de diciembre del 2002 de manos del maestro español José Miguel Arroyo “Joselito”.

Foto: Cortesía | R. Ortega

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