/ domingo 29 de marzo de 2020

La cuarentena de Newton

El gélido invierno de 1664 contuvo la expansión de la peste, que resurgió en primavera.

Artículo No. 1216

En 1543 Nicolás Copérnico en su lecho de muerte, publicó De Revolutionibus Orbiun Coelestium, en donde colocó al Sol en el centro y la Tierra pasó a ser uno más de los planetas a su alrededor, fuera del privilegio central pensado durante siglos.

Décadas después, Galileo Galilei experimentó con la gravedad, utilizó bolas que rodaban en planos con diferentes inclinaciones, incluso se dice que dejó caer algunas bolas desde la torre de Pisa. Experimento puesto en duda, tal vez por su adversario Giovanni Battista Riccioli, quien argumentó mucho contra Galileo, pero cuando Riccioli descubrió que su contemporáneo no se equivocaba, tuvo la madurez científica para reconocerlo.

Galileo murió el 8 de enero de 1642, como continuidad en los estudios de la gravedad, el 24 de diciembre del mismo año, en Whoolsthorpe, Lincolnshire, a 150 km al noreste de Londres, bajo una tormenta terrible, nació sietemesino, pequeño y débil un varón nombrado Isaac Newton. Su padre había muerto en octubre. El médico presente dijo que de sobrevivir el niño a su primera noche estaría destinado a grandes cosas. Estas palabras calaron hondo en la madre de Newton, que al verlo crecer se lo repetía. Eso explicaría el carácter de Newton, cerrado, taciturno, egoísta y buscapleitos.

En 1654 de los barcos llegados a los puertos de Países Bajos con mercancías orientales, descendieron ratas, que llevaban pulgas, que llevaban la bacteria Yersinia Pestis. Los primeros brotes infecciosos aparecieron en los puertos, entre los marinos hacinados en inexistentes condiciones de higiene.

A la enfermedad que ocasionó vómitos, dolor de cabeza, fiebre y hasta la muerte, se le llamó la peste o plague, en inglés. Diez años después (1664) la enfermedad llegó a la isla británica, los primeros muertos se dieron entre la clase más pobre y por eso no importó. No hay nada más democrático que esta enfermedad, no distingue las clases sociales, las ideologías o las religiones, la naturaleza tiene su propio existir alejado de los imaginarios místicos. Pronto la peste se extendió entre la gente que si importaba.

La Gran plaga de Londres de 1665. | Gráfico: Especial

Sucedió en agosto de 1664 un eclipse de Luna y en diciembre brilló un cometa, mientras científicos como: Giovanni Borelli, Robert Hooke, Giovanni Domenico Cassini o Christian Huygens buscaban darle explicación, la ignorancia lo hizo heraldo del desastre, todo lo malo por venir había sido anunciado.

El gélido invierno de 1664 contuvo la expansión de la peste, que resurgió en primavera. Hubo mil muertos por semana, luego dos mil y llegó hasta siete mil. El rey y su corte salieron de Londres, los comerciantes le siguieron y también los sacerdotes y otros más. Barberos andantes como médicos, intentaban curar a los enfermos con remedios inútiles, propios de la imaginación y la religiosidad y no de la observación y experimentación.

Cerraron las escuelas, universidades, templos y lugares de reunión. Se desconocía la naturaleza de la enfermedad pero sabían que la gente lo trasmitía. Los soldados tenían orden de tirar a matar allí en donde se reunieran cuatro o más personas.

En el otoño de 1665, Newton a sus 22 años, se encerró en la Universidad de Cambridge, con las ventanas tapiadas, abrazando la soledad, como muchos otros. En el confinamiento, Newton leyó, estudió pero sobretodo observó.

De día, la brillante luz del Sol discurría entre las fisuras de las ventanas como angostos haces. Newton se preguntó sobre la naturaleza de la luz. Aristóteles decía que el color era algo aparte de la luz. Newton colocó un prisma y aparecieron los colores. Siglos antes, Roger Bacon en el siglo XIII, decía que los colores se producían en el prisma, en un proceso similar al arco iris a través de las gotas de la lluvia. Entonces Newton tomó otro prisma, lo colocó inverso junto al primero y salió el rayo de luz. Había probado que los colores componen la luz blanca. Para sus deducciones, le sirvieron los nuevos métodos matemáticos que estaba desarrollando, la Teoría de Fluxiones que hoy conocemos como el Cálculo Diferencial e Integral, básico en las ciencias e ingenierías.

La Luz blanca entra al prisma y se descompone en los siete colores del arco iris. | Gráfico: Lucas V. Barbosa

Isaac Newton de 23 años, partió a la granja familiar en donde pasaría los siguientes meses. Con más libertad que en Cambridge, Newton se paseaba por la granja, leía y reflexionaba.

Cuenta la leyenda que la caída de una manzana lo llevó a preguntarse por qué si la manzana caía la Luna no lo hacía. Qué la mantenía allá arriba en aparente trayectoria en torno a la Tierra.

Sus estudios lo llevaron a descubrir la Ley de la Gravitación Universal, la cual nos dice que todos los objetos en el universo se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de las distancias que los separa. Merced de esto, se puede calcular la fuerza de gravedad entre dos estrellas, dos galaxias, el cosmonauta y su nave espacial, entre usted y la Tierra o entre dos personas. De ahí se desprende que la aceleración de la gravedad en la Tierra es de 9.8 m/s2, medición exacta pues la de Riccioli de 1644 era de 9.6 m/s2. Un gran logro para la época.

En los años de cuarentena, Newton también dedujo el teorema del binomio, sentó las bases de la mecánica clásica, en donde presentó las leyes que llevan su nombre.

1. Todo cuerpo en reposo o movimiento se mantiene así, a menos que actúe sobre él una fuerza externa.

2. La fuerza es directamente proporcional a la masa por la aceleración, y

3. A toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud pero de sentido opuesto.

Años después y tras revisiones, Newton publicó sus descubrimientos en las obras: Teoría de Fluxiones, la Óptica y Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

Edición de 1726 de Philosophiae Naturalis Principia Mathematica. | Fotografia: John Rylands

La Gran Peste de Londres de 1665 y 1666 se llevó la vida de entre 60 mil a 200 mil personas. No ha sido la única ni la más mortífera. La gravedad de la enfermedad llevó a Newton a describir la gravedad de los planetas y galaxias, la composición de la luz y el cálculo. La ciencia nunca más fue la misma, Newton marca un antes y un después en la historia de la humanidad. german@astropuebla.org



Artículo No. 1216

En 1543 Nicolás Copérnico en su lecho de muerte, publicó De Revolutionibus Orbiun Coelestium, en donde colocó al Sol en el centro y la Tierra pasó a ser uno más de los planetas a su alrededor, fuera del privilegio central pensado durante siglos.

Décadas después, Galileo Galilei experimentó con la gravedad, utilizó bolas que rodaban en planos con diferentes inclinaciones, incluso se dice que dejó caer algunas bolas desde la torre de Pisa. Experimento puesto en duda, tal vez por su adversario Giovanni Battista Riccioli, quien argumentó mucho contra Galileo, pero cuando Riccioli descubrió que su contemporáneo no se equivocaba, tuvo la madurez científica para reconocerlo.

Galileo murió el 8 de enero de 1642, como continuidad en los estudios de la gravedad, el 24 de diciembre del mismo año, en Whoolsthorpe, Lincolnshire, a 150 km al noreste de Londres, bajo una tormenta terrible, nació sietemesino, pequeño y débil un varón nombrado Isaac Newton. Su padre había muerto en octubre. El médico presente dijo que de sobrevivir el niño a su primera noche estaría destinado a grandes cosas. Estas palabras calaron hondo en la madre de Newton, que al verlo crecer se lo repetía. Eso explicaría el carácter de Newton, cerrado, taciturno, egoísta y buscapleitos.

En 1654 de los barcos llegados a los puertos de Países Bajos con mercancías orientales, descendieron ratas, que llevaban pulgas, que llevaban la bacteria Yersinia Pestis. Los primeros brotes infecciosos aparecieron en los puertos, entre los marinos hacinados en inexistentes condiciones de higiene.

A la enfermedad que ocasionó vómitos, dolor de cabeza, fiebre y hasta la muerte, se le llamó la peste o plague, en inglés. Diez años después (1664) la enfermedad llegó a la isla británica, los primeros muertos se dieron entre la clase más pobre y por eso no importó. No hay nada más democrático que esta enfermedad, no distingue las clases sociales, las ideologías o las religiones, la naturaleza tiene su propio existir alejado de los imaginarios místicos. Pronto la peste se extendió entre la gente que si importaba.

La Gran plaga de Londres de 1665. | Gráfico: Especial

Sucedió en agosto de 1664 un eclipse de Luna y en diciembre brilló un cometa, mientras científicos como: Giovanni Borelli, Robert Hooke, Giovanni Domenico Cassini o Christian Huygens buscaban darle explicación, la ignorancia lo hizo heraldo del desastre, todo lo malo por venir había sido anunciado.

El gélido invierno de 1664 contuvo la expansión de la peste, que resurgió en primavera. Hubo mil muertos por semana, luego dos mil y llegó hasta siete mil. El rey y su corte salieron de Londres, los comerciantes le siguieron y también los sacerdotes y otros más. Barberos andantes como médicos, intentaban curar a los enfermos con remedios inútiles, propios de la imaginación y la religiosidad y no de la observación y experimentación.

Cerraron las escuelas, universidades, templos y lugares de reunión. Se desconocía la naturaleza de la enfermedad pero sabían que la gente lo trasmitía. Los soldados tenían orden de tirar a matar allí en donde se reunieran cuatro o más personas.

En el otoño de 1665, Newton a sus 22 años, se encerró en la Universidad de Cambridge, con las ventanas tapiadas, abrazando la soledad, como muchos otros. En el confinamiento, Newton leyó, estudió pero sobretodo observó.

De día, la brillante luz del Sol discurría entre las fisuras de las ventanas como angostos haces. Newton se preguntó sobre la naturaleza de la luz. Aristóteles decía que el color era algo aparte de la luz. Newton colocó un prisma y aparecieron los colores. Siglos antes, Roger Bacon en el siglo XIII, decía que los colores se producían en el prisma, en un proceso similar al arco iris a través de las gotas de la lluvia. Entonces Newton tomó otro prisma, lo colocó inverso junto al primero y salió el rayo de luz. Había probado que los colores componen la luz blanca. Para sus deducciones, le sirvieron los nuevos métodos matemáticos que estaba desarrollando, la Teoría de Fluxiones que hoy conocemos como el Cálculo Diferencial e Integral, básico en las ciencias e ingenierías.

La Luz blanca entra al prisma y se descompone en los siete colores del arco iris. | Gráfico: Lucas V. Barbosa

Isaac Newton de 23 años, partió a la granja familiar en donde pasaría los siguientes meses. Con más libertad que en Cambridge, Newton se paseaba por la granja, leía y reflexionaba.

Cuenta la leyenda que la caída de una manzana lo llevó a preguntarse por qué si la manzana caía la Luna no lo hacía. Qué la mantenía allá arriba en aparente trayectoria en torno a la Tierra.

Sus estudios lo llevaron a descubrir la Ley de la Gravitación Universal, la cual nos dice que todos los objetos en el universo se atraen unos a otros con una fuerza directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente proporcional al cuadrado de las distancias que los separa. Merced de esto, se puede calcular la fuerza de gravedad entre dos estrellas, dos galaxias, el cosmonauta y su nave espacial, entre usted y la Tierra o entre dos personas. De ahí se desprende que la aceleración de la gravedad en la Tierra es de 9.8 m/s2, medición exacta pues la de Riccioli de 1644 era de 9.6 m/s2. Un gran logro para la época.

En los años de cuarentena, Newton también dedujo el teorema del binomio, sentó las bases de la mecánica clásica, en donde presentó las leyes que llevan su nombre.

1. Todo cuerpo en reposo o movimiento se mantiene así, a menos que actúe sobre él una fuerza externa.

2. La fuerza es directamente proporcional a la masa por la aceleración, y

3. A toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud pero de sentido opuesto.

Años después y tras revisiones, Newton publicó sus descubrimientos en las obras: Teoría de Fluxiones, la Óptica y Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

Edición de 1726 de Philosophiae Naturalis Principia Mathematica. | Fotografia: John Rylands

La Gran Peste de Londres de 1665 y 1666 se llevó la vida de entre 60 mil a 200 mil personas. No ha sido la única ni la más mortífera. La gravedad de la enfermedad llevó a Newton a describir la gravedad de los planetas y galaxias, la composición de la luz y el cálculo. La ciencia nunca más fue la misma, Newton marca un antes y un después en la historia de la humanidad. german@astropuebla.org



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