/ sábado 6 de marzo de 2021

¡De Puebla para Nueva York! Poblano conquista con el típico sabor de los camotes a la Gran Manzana

“Hasta se han puesto a llorar frente de mi porque hay muchos que dicen que tienen más de 20 o 30 años sin ir a México”, cuenta

El fuerte silbido que emite el clásico carrito de camotes –casi extinto en nuestro país- ahora comienza a ser identificado por habitantes de Nueva York, principalmente por aquellos mexicanos e hispanos que residen en la ciudad más poblana de los Estados Unidos, gracias a Hernán Arellano, un empresario poblano que, junto con su hermano Néstor, día a día conquistan más paladares con este tradicional postre mexicano.

Desde hace dos años, Hernán, su hermano y un trabajador, recorren los cinco condados de Nueva York: Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens y Staten Island, a través de tres carritos color verde con letras grandes y coloridas que le dan el nombre a este negocio ambulante como “Camotes Puebla”, para llevar a diferentes sitios el peculiar sabor tatemado de este platillo.

“Ahorita hay demasiada oferta de comida mexicana aquí, entonces a mí se me vino a la idea de que lo que faltaba era un carrito de camotes y más que nada porque no hay (…) entonces dije me voy a aventar los camotes y ahorita ya llevo como dos años vendiendo camotes y ese es mi oficio”, comentó en entrevista telefónica con El Sol de Puebla.

Hernán es un poblano de 33 años, oriundo de San Martín Texmelucan que desde hace más de una década viajó a NY en busca del sueño americano; a pesar de que en sus inicios tuvo que trabajar como lavaplatos en un restaurante y después atendiendo clientes, años después concibió la idea de vender camotes y continuar con una tradición familiar.

Y es que Arellano creció comercializándolos al lado de su papá en las calles de la Ciudad de México, pues a pesar de vivir en San Martín, el poblano compartió como todos los fines de semana y en temporadas fuertes, viajaban a la capital del país para realizar esta actividad.

“El hermano de mi papá, que se llamaba Gregorio Arellano, él le enseñó a mi papá y luego mi papá nos enseñó y nos llevaba incluso, estos los vendíamos desde que tenía 13 años, mi hermano y yo ayudábamos a mi papá cuando salíamos de la escuela. Nosotros éramos de San Martín Texmelucan, pero íbamos a vender al Estado de México”, platicó.

Camotes y plátanos maduros preparados al vapor, acompañados de forma tradicional con mermelada de fresa y leche condensada, así como con variedad de toppings como: chispas de chocolate, chispas de colores, cajeta (la original mexicana), chocolate líquido y canela en polvo, son parte de la oferta que de jueves a domingo, Hernán y Néstor ofrecen en las principales calles de NY entre las 4 de la tarde y las 9 de la noche, donde las personas se dejan guiar por el olor, el sonido y el sabor.

Incluso, muchos de sus clientes – principalmente a los mexicanos que lo prueban desde el extranjero- no pueden evitar dejar caer la lágrima de nostalgia, ya que el carrito y los camotes los remonta al calor de sus hogares y al sabor de su tierra.

“Hasta se han puesto a llorar frente de mi porque hay muchos que dicen que tienen más de 20 o 30 años sin ir a México, entonces cuando ven un carrito de camotes aquí, como que no se la creen y me dicen que se sienten en México porque eso es algo que aquí no se ve”, puntualizó.

Pero además de mexicanos, personas oriundas de Estados Unidos, China, Colombia, Brasil, República Dominicana, Perú y diversos países de Europa, han degustado de estos camotes maravillados por el sabor que les da el toque de ser preparados en leña.

EL COVID DETUVO SU VENTA POR CASI SIETE MESES

A pesar del éxito y el crecimiento económico que ha representado trabajar tres carritos en distintos puntos de Nueva York, Hernán reconoció que la llegada de la pandemia por Coronavirus les afectó, pues se vieron en la necesidad de dejar de laborar de marzo a agosto, sin embargo, aunque pudo reanudar su comercio, fue hasta noviembre cuando la venta mejoró, pues al principio solo sacaba para su inversión.

“En un día normal me llego a vender 70 o hasta 80 camotes, más aparte como unos 120 plátanos. Pero la pandemia nos vino a perjudicar y dejamos de trabajar como 7 meses y lo malo es que yo me dedicaba solo a eso y hasta cuando recientemente empecé a salir, nuevamente las ventas eran súper bajas y solo vendía lo que invertía”, añadió, luego de comentar que durante el confinamiento vivió de sus ahorros.

Asimismo, explicó que parte fundamental para darse a conocer han sido las redes sociales, principalmente Facebook e Instagram, donde anuncia la ubicación de sus puntos de venta para que los interesados puedan acudir a comprar.

Finalmente, dijo sentirse orgulloso de llevar un pedazo de México al país vecino e hizo un llamado a no olvidar de las tradiciones de nuestro país, como lo son la venta del camote.

“Me siento orgulloso al recordarle a nuestra gente mexicana esta tradición y que los carritos todavía siguen vivos; apoyemos eso porque incluso hay gente que me ha dicho que ha ido a México y ya ni en México los ven, sino que solo los encuentran allá en Nueva York. Yo le pongo el empeño y quiero que mis clientes se sientan como en México, que no tienen que viajar para probarlos porque aquí están”, concretó.

El fuerte silbido que emite el clásico carrito de camotes –casi extinto en nuestro país- ahora comienza a ser identificado por habitantes de Nueva York, principalmente por aquellos mexicanos e hispanos que residen en la ciudad más poblana de los Estados Unidos, gracias a Hernán Arellano, un empresario poblano que, junto con su hermano Néstor, día a día conquistan más paladares con este tradicional postre mexicano.

Desde hace dos años, Hernán, su hermano y un trabajador, recorren los cinco condados de Nueva York: Bronx, Brooklyn, Manhattan, Queens y Staten Island, a través de tres carritos color verde con letras grandes y coloridas que le dan el nombre a este negocio ambulante como “Camotes Puebla”, para llevar a diferentes sitios el peculiar sabor tatemado de este platillo.

“Ahorita hay demasiada oferta de comida mexicana aquí, entonces a mí se me vino a la idea de que lo que faltaba era un carrito de camotes y más que nada porque no hay (…) entonces dije me voy a aventar los camotes y ahorita ya llevo como dos años vendiendo camotes y ese es mi oficio”, comentó en entrevista telefónica con El Sol de Puebla.

Hernán es un poblano de 33 años, oriundo de San Martín Texmelucan que desde hace más de una década viajó a NY en busca del sueño americano; a pesar de que en sus inicios tuvo que trabajar como lavaplatos en un restaurante y después atendiendo clientes, años después concibió la idea de vender camotes y continuar con una tradición familiar.

Y es que Arellano creció comercializándolos al lado de su papá en las calles de la Ciudad de México, pues a pesar de vivir en San Martín, el poblano compartió como todos los fines de semana y en temporadas fuertes, viajaban a la capital del país para realizar esta actividad.

“El hermano de mi papá, que se llamaba Gregorio Arellano, él le enseñó a mi papá y luego mi papá nos enseñó y nos llevaba incluso, estos los vendíamos desde que tenía 13 años, mi hermano y yo ayudábamos a mi papá cuando salíamos de la escuela. Nosotros éramos de San Martín Texmelucan, pero íbamos a vender al Estado de México”, platicó.

Camotes y plátanos maduros preparados al vapor, acompañados de forma tradicional con mermelada de fresa y leche condensada, así como con variedad de toppings como: chispas de chocolate, chispas de colores, cajeta (la original mexicana), chocolate líquido y canela en polvo, son parte de la oferta que de jueves a domingo, Hernán y Néstor ofrecen en las principales calles de NY entre las 4 de la tarde y las 9 de la noche, donde las personas se dejan guiar por el olor, el sonido y el sabor.

Incluso, muchos de sus clientes – principalmente a los mexicanos que lo prueban desde el extranjero- no pueden evitar dejar caer la lágrima de nostalgia, ya que el carrito y los camotes los remonta al calor de sus hogares y al sabor de su tierra.

“Hasta se han puesto a llorar frente de mi porque hay muchos que dicen que tienen más de 20 o 30 años sin ir a México, entonces cuando ven un carrito de camotes aquí, como que no se la creen y me dicen que se sienten en México porque eso es algo que aquí no se ve”, puntualizó.

Pero además de mexicanos, personas oriundas de Estados Unidos, China, Colombia, Brasil, República Dominicana, Perú y diversos países de Europa, han degustado de estos camotes maravillados por el sabor que les da el toque de ser preparados en leña.

EL COVID DETUVO SU VENTA POR CASI SIETE MESES

A pesar del éxito y el crecimiento económico que ha representado trabajar tres carritos en distintos puntos de Nueva York, Hernán reconoció que la llegada de la pandemia por Coronavirus les afectó, pues se vieron en la necesidad de dejar de laborar de marzo a agosto, sin embargo, aunque pudo reanudar su comercio, fue hasta noviembre cuando la venta mejoró, pues al principio solo sacaba para su inversión.

“En un día normal me llego a vender 70 o hasta 80 camotes, más aparte como unos 120 plátanos. Pero la pandemia nos vino a perjudicar y dejamos de trabajar como 7 meses y lo malo es que yo me dedicaba solo a eso y hasta cuando recientemente empecé a salir, nuevamente las ventas eran súper bajas y solo vendía lo que invertía”, añadió, luego de comentar que durante el confinamiento vivió de sus ahorros.

Asimismo, explicó que parte fundamental para darse a conocer han sido las redes sociales, principalmente Facebook e Instagram, donde anuncia la ubicación de sus puntos de venta para que los interesados puedan acudir a comprar.

Finalmente, dijo sentirse orgulloso de llevar un pedazo de México al país vecino e hizo un llamado a no olvidar de las tradiciones de nuestro país, como lo son la venta del camote.

“Me siento orgulloso al recordarle a nuestra gente mexicana esta tradición y que los carritos todavía siguen vivos; apoyemos eso porque incluso hay gente que me ha dicho que ha ido a México y ya ni en México los ven, sino que solo los encuentran allá en Nueva York. Yo le pongo el empeño y quiero que mis clientes se sientan como en México, que no tienen que viajar para probarlos porque aquí están”, concretó.

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