/ sábado 28 de noviembre de 2020

¿Qué es el síndrome dismórfico y por qué las cirugías plásticas no son la solución?

De acuerdo al cirujano plástico Fernando Hasfield, un especialista debe inspirar confianza y compartir con el paciente toda la información necesaria

Está claro que hoy podemos mejorar nuestra estética e imagen corporal para parecer más jóvenes y bellos por más tiempo. Por eso las palabras colágeno, botox o lipectomia son música para los oídos de muchos. El problema es cuando un paciente se vuelve dependiente de las cirugías y se topa con un pseudo profesional, porque el resultado puede ser desastroso.

“Hay que elegir muy bien con quién operarse, ser prudentes en cuánto a qué hacerse, cuándo hacérselo, cuántas veces, así como el cuidado que hay que seguir después a la cirugía”, asegura Fernando Hasfield Arista, cirujano plástico certificado por el Consejo Mexicano de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva.

El especialista refiere que existen casos extremos en los que la persona pierde el control y siempre tiene argumentos para justificar una operación, pero esto esconde un trastorno psicológico conocido como síndrome dismórfico. Si el paciente sufre está condición, nunca va a estar contento con su fisionomía, la cirugía no lo hará sentir mejor y siempre querrá más. Por eso el médico tiene que estar atento para discernir los verdaderos motivos del paciente.

“En estos casos hay que ser claro con el paciente y rechazar la operación porque tienen expectativas de algo que no se les puede cumplir”, advierte.

Si un especialista promete resultados milagrosos, no es de fiar. Un cirujano debe inspirar confianza y compartir con el paciente toda la información necesaria acerca de la operación, así como los riesgos implícitos.

LA CIRUGÍA NO ES UNA SOLUCIÓN DEFINITIVA

El médico señala que existen otras opciones que se pueden valorar antes de hacerse una cirugía plástica, porque estás no son indicadas para todos.

Primero habría que entender que, el envejecimiento es inevitable, de ahí la importancia de tener buenos hábitos de vida para el bienestar físico y mental y, asimismo, cuidar la piel para mantener un rostro saludable.

Si consideras que en algún momento de tu vida podrías recurrir a un retoque o arreglo corporal, con mucha más razón tienes que tener buenos hábitos porque, por un lado, mientras más saludable estés menos riesgos correrás en la operación y, por el otro, te será más fácil mantener ese cuerpo o esa cara que obtuviste con la cirugía porque ¡no es magia!

De igual forma, habría que ser realistas en cuánto lo que queremos y lo que podemos obtener, porque por más libre que seas de hacer lo que quieras con tú cara y tu cuerpo, si tú fisionomía o genética no lo permite, no lo podrás obtener. En este caso, el cirujano debe ser honesto e imponerse en cuanto al qué y al cómo operarte y, si es factible.

Por ejemplo una liposucción no está indicada para adelgazar y varios pacientes con sobrepeso llegan buscando eso, asegura el cirujano, quien agrega que, el paciente primero tendría que cambiar sus hábitos de alimentación con ayuda de un nutriólogo y hacer ejercicio sin excederse; una vez que haya logrado el peso deseado y se haya mantenido así un tiempo, se puede pensar en una cirugía.

Hasfield enfatiza que toda cirugía tiene sus indicaciones y requiere mantenimiento, por eso es importante tener o cambiar hábitos, tanto alimenticios como de cultura física y del cuidado de la piel. Una rutina de belleza diaria es muy importante así como el uso del bloqueador solar para prevenir el envejecimiento prematuro o la aparición de manchas.

En cuanto a alternativas para el cuidado de la piel y postergar una cirugía, el especialista dice que existen varios tratamientos o terapias como radio frecuencia, ultrasonido, laser, electro estimulación, terapia fotodinámica y otras que, incluso, son complementarias a la cirugía. Saber cuándo es el momento ideal para hacer un cambio discreto que durará mucho tiempo, lo determinará el cirujano.

“La cirugía plástica no es una solución definitiva y permanente, nosotros podemos quitar, poner, levantar o ajustar, pero lo que no podemos hacer es comer por el paciente, hacer ejercicio por el paciente, hidratarnos la piel por el paciente o usar bloqueador solar por el paciente”, concluye.

Está claro que hoy podemos mejorar nuestra estética e imagen corporal para parecer más jóvenes y bellos por más tiempo. Por eso las palabras colágeno, botox o lipectomia son música para los oídos de muchos. El problema es cuando un paciente se vuelve dependiente de las cirugías y se topa con un pseudo profesional, porque el resultado puede ser desastroso.

“Hay que elegir muy bien con quién operarse, ser prudentes en cuánto a qué hacerse, cuándo hacérselo, cuántas veces, así como el cuidado que hay que seguir después a la cirugía”, asegura Fernando Hasfield Arista, cirujano plástico certificado por el Consejo Mexicano de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva.

El especialista refiere que existen casos extremos en los que la persona pierde el control y siempre tiene argumentos para justificar una operación, pero esto esconde un trastorno psicológico conocido como síndrome dismórfico. Si el paciente sufre está condición, nunca va a estar contento con su fisionomía, la cirugía no lo hará sentir mejor y siempre querrá más. Por eso el médico tiene que estar atento para discernir los verdaderos motivos del paciente.

“En estos casos hay que ser claro con el paciente y rechazar la operación porque tienen expectativas de algo que no se les puede cumplir”, advierte.

Si un especialista promete resultados milagrosos, no es de fiar. Un cirujano debe inspirar confianza y compartir con el paciente toda la información necesaria acerca de la operación, así como los riesgos implícitos.

LA CIRUGÍA NO ES UNA SOLUCIÓN DEFINITIVA

El médico señala que existen otras opciones que se pueden valorar antes de hacerse una cirugía plástica, porque estás no son indicadas para todos.

Primero habría que entender que, el envejecimiento es inevitable, de ahí la importancia de tener buenos hábitos de vida para el bienestar físico y mental y, asimismo, cuidar la piel para mantener un rostro saludable.

Si consideras que en algún momento de tu vida podrías recurrir a un retoque o arreglo corporal, con mucha más razón tienes que tener buenos hábitos porque, por un lado, mientras más saludable estés menos riesgos correrás en la operación y, por el otro, te será más fácil mantener ese cuerpo o esa cara que obtuviste con la cirugía porque ¡no es magia!

De igual forma, habría que ser realistas en cuánto lo que queremos y lo que podemos obtener, porque por más libre que seas de hacer lo que quieras con tú cara y tu cuerpo, si tú fisionomía o genética no lo permite, no lo podrás obtener. En este caso, el cirujano debe ser honesto e imponerse en cuanto al qué y al cómo operarte y, si es factible.

Por ejemplo una liposucción no está indicada para adelgazar y varios pacientes con sobrepeso llegan buscando eso, asegura el cirujano, quien agrega que, el paciente primero tendría que cambiar sus hábitos de alimentación con ayuda de un nutriólogo y hacer ejercicio sin excederse; una vez que haya logrado el peso deseado y se haya mantenido así un tiempo, se puede pensar en una cirugía.

Hasfield enfatiza que toda cirugía tiene sus indicaciones y requiere mantenimiento, por eso es importante tener o cambiar hábitos, tanto alimenticios como de cultura física y del cuidado de la piel. Una rutina de belleza diaria es muy importante así como el uso del bloqueador solar para prevenir el envejecimiento prematuro o la aparición de manchas.

En cuanto a alternativas para el cuidado de la piel y postergar una cirugía, el especialista dice que existen varios tratamientos o terapias como radio frecuencia, ultrasonido, laser, electro estimulación, terapia fotodinámica y otras que, incluso, son complementarias a la cirugía. Saber cuándo es el momento ideal para hacer un cambio discreto que durará mucho tiempo, lo determinará el cirujano.

“La cirugía plástica no es una solución definitiva y permanente, nosotros podemos quitar, poner, levantar o ajustar, pero lo que no podemos hacer es comer por el paciente, hacer ejercicio por el paciente, hidratarnos la piel por el paciente o usar bloqueador solar por el paciente”, concluye.

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