/ martes 23 de marzo de 2021

Vanadio, el elemento químico descubierto en México lleno de sospechas e incredulidades

Este compuesto tiene efectos anticancerígeno, antiobesidad y antifúngico

La convulsiva historia del vanadio (V), elemento químico número 23, es una trama de sospechas, incredulidades y naufragios. La historia inicia en la Nueva España y se diluye en los institutos europeos.

MADRID

El 10 de noviembre de 1764 nació en Madrid, Andrés Manuel Del Río Fernández. Estudió en la Universidad de Alcalá en donde se graduó a los 15 años. Continuó en la Escuela de Minería de Almadén y después en las academias de minas de París, Hungría, Alemania, Reino Unido y Austria. Conoció al padre de la química moderna, Antoine Lavoisier y compartió cursos con el explorador Alexander von Humboldt.

MÉXICO

En 1794, Del Río obtuvo la cátedra de mineralogía en la Nueva España (México), a donde llegó en diciembre de aquel año. En el Real Seminario de Mineralogía, fundado por Fausto de Elhuyar, uno de los descubridores del wolframio, su primera tarea fue traducir textos al español para usar en sus cursos, los que inició en abril de 1795. También, debió organizar y clasificar los minerales de las regiones de la Nueva España. Para España era muy importante conocer los minerales de las colonias.


Andrés Manuel Del Río Fernández. | Pintura: Rafael Ximeno y Planes. Palacio de Minería, México, 1825

En 1801, hace 220 años, Del Río examinó minerales de la mina La Purísima del Cardenal en Zimapán, hoy Estado de Hidalgo. De un mineral, al que llamó zimpanio y luego plomo pardo de Zimapán, obtuvo mediante análisis químicos un polvo gris blancusco desconocido, pues no encontró nada similar en el conocimiento de la época. Del Río se percató de estar ante un nuevo metal, al que llamó panchromium (pancomo), por su variedad de colores y luego erytrhonium (eritronio), por el rojo de las sales al fuego. Lo publicó en Madrid en 1802 y 1803, pero sus artículos no trascendieron a la comunidad científica.

En 1803, venido de Guayaquil, Ecuador, llegó al puerto de Acapulco, a la Nueva España, el explorador Alexander von Humboldt. En el Real Seminario de Minería, en Ciudad de México, encontró a su amigo Andrés Manuel dando clases. Una vez en el laboratorio, Del Río le mostró su descubrimiento, el eritronio. Humboldt dudó y consideró que se trataba de cromo, un elemento desconocido para Del Río, pues se había descubierto unos años antes, en 1797 de minerales siberianos. Entonces, Humboldt se ofreció a llevar muestras y descripciones de Del Río a Europa para analizarlas.

Alexander von Humboldt. | Pintura: Joseph Karl Stieler, 1843. Fundación Berlun-Brandenburg

EUROPA

Humboldt y Aimé escribieron dos cartas para enviar a Francia, con ellas envió las descripciones detalladas de Del Río y muestras del metal. Sin embargo, todo se perdió, cuando el barco que las transportaba naufragó frente a Parnambuco, Brasil.

Por fortuna, Humboldt tuvo la astucia de guardar algo de las muestras, las cuales entregó en París en 1804, a Hippolyte Victor Collet-Descotils en L’École Royale de Mines. Pero se desconoce porque no las entregó al Instituto Nacional de Francia a donde había dirigido las cartas que naufragaron.

Collet-Decotils no conoció las descripciones escritas de Del Río, en donde estaban los métodos químicos utilizados, pues se perdieron en el naufragio. Después de analizar las muestras, Collet-Decotils dijo que era cromo, como Humboldt lo sospechaba.

Del Río, al enterarse, no tuvo más que aceptar el dictamen. Los laboratorios y científicos de Francia eran importantes y él no conocía el cromo. Sin embargo, solicitó se le reconociera haber descubierto cromo en la Nueva España.

Entonces, las muestras de Del Río, una vez analizadas, se enviaron a Berlín, en donde se almacenaron.

En 1829 en un viaje a los Estados Unidos, Del Río fue elegido miembro de la American Philosophical Society, fundada por Benjamín Franklin.

SUECIA

En 1828, Friedrich Wöehler analizó en Berlín las muestras de Del Río y vio algo desconocido, lo que comentó con Jöns Jakob Berzelius.

Jöns Jakob Berzelius. | Gráfico: Trabajo en madera, año desconocido. Bibliothèque Interuniversitaire de Santé, París

En 1831, 30 años después del descubrimiento de Del Río, Nils Gabriel Sefström le comunicó a Wöehler y a Berzelius de un nuevo metal descubierto en Suecia, al que llamaron Vanadio, en honor a la diosa nórdica Vanadis, de la fertilidad y la belleza, y lo publica en Annalen der Physik.

En algún momento, Berzelius se dio cuenta que el vanadio y el eritronio eran el mismo elemento. Entonces, Wöehler se presenta en la Academia de Ciencias de Suecia y demuestra que el vanadio recién descubierto, es el eritronio, descubierto por Del Río en 1801, en la entonces Nueva España, ahora República Mexicana.

Friedrich Wöehler. | Wikimedia Commons

Se desató entonces una serie de acusaciones y reclamaciones sobre la autoría del descubrimiento. Resulta que varias publicaciones de Del Río de años anteriores, se habían hecho en España y en español, y los científicos de Francia y Alemania, no leían en español, ni documentos de España.

Del Río se entera de lo que estaba sucediendo en Europa, y comprende que sus deducciones iniciales eran correctas, había descubierto un nuevo elemento, 30 años antes. Sintió que Humboldt lo había menospreciado, pero no se enteró que el explorador se había presentado en la Academia de Ciencias de Francia, afirmando que el descubridor era Del Río y el nombre del elemento, eritronio.

En los Estados Unidos, la American Philosophical Society apoya a Del Río, quien en 1832 publica en Monthly American Journal of Geology and Natural Sciences, todo lo relacionado a su descubrimiento, y no tiene reparo en mencionar el desprecio de los científicos europeos, en especial de Humboldt.

El geólogo George W. Featherstonhaugh sugirió llamar al nuevo elemento Rionio, en honor a Del Río. Sin embargo, el nombre de vanadio se decidió en Europa y persistió. Hoy, la autoría del descubrimiento recae en Del Río y Sefström, teniendo en algunas fuentes más peso el nombre de Sefström y Suecia.

El vanadio es un metal poco abundante, es blando, dúctil y resistente a la corrosión. No existe de forma natural, sino en 65 minerales. Los principales exportadores son Sudáfrica, China y Rusia. El 85 % del vanadio se utiliza en aleaciones de acero, le da mayor dureza y lo hace menos pesado. Se utiliza en recubrimientos de vidrios y cerámicas, pues bloquea la radiación infrarroja y permite el paso de la luz visible. Las baterías de vanadio podrían servir para los autos eléctricos o para almacenar la electricidad producida por paneles solares, lo que convierten al vanadio en un elemento estratégico. Se ha sugerido que el vanadio sea una biofirma en las investigaciones de vida extraterrestre.

Nils Gabriel Sefström. | Wikimedia Commons

Existe vanadio en pequeñas cantidades en nuestra sangre. Tiene efectos anticancerígeno, antiobesidad y antifúngico. El vanadio podría sustituir a la insulina pues reduce el azúcar en la sangre. Existe vanadio en la carne bovina, huevo, pimienta, hongos y aceites vegetales. Las plantas lo utilizan para sintetizar la clorofila. La carencia de vanadio en el ser humano provoca deterioro óseo y disminución de leche materna en las mujeres lactantes.

El vanadio es uno de los pocos elementos descubiertos de forma natural en América, junto al platino en Colombia, y de minerales con platino se obtuvo: iridio, paladio, osmio y rodio.

Las muestras de Del Río llevadas a Europa por Humboldt se exhiben en el Museo de Historia Natural de Berlín. El mineral que estudió Del Río en 1801, hoy se llama vanadinita.

La historia de lo sucedido con las publicaciones de Del Río, la duda y actitud de Humboldt y los análisis en Francia, son aún tema de intenso debate histórico. Ahora se sabe que Collet-Decotils, cometió errores en sus procedimientos químicos.

El 23 de marzo de 1849, hace 172 años, Del Río dejó de existir. Hoy, la Sociedad Mexicana de Química otorga el premio Andrés Manuel Del Río.

El científico mineralogista, hispano-mexicano dejó un gran legado, Del Río descubrió el seleniuro de mercurio y la aleación natural del oro y el rodio. Inventó una bomba para extraer agua de las minas y es de los fundadores del Palacio de Minería.

Andrés Manuel Del Río Fernández pasó a la historia como el descubridor de un nuevo elemento en la Nueva España. El vanadio es para muchos, un elemento mexicano. german@astropuebla.org

La convulsiva historia del vanadio (V), elemento químico número 23, es una trama de sospechas, incredulidades y naufragios. La historia inicia en la Nueva España y se diluye en los institutos europeos.

MADRID

El 10 de noviembre de 1764 nació en Madrid, Andrés Manuel Del Río Fernández. Estudió en la Universidad de Alcalá en donde se graduó a los 15 años. Continuó en la Escuela de Minería de Almadén y después en las academias de minas de París, Hungría, Alemania, Reino Unido y Austria. Conoció al padre de la química moderna, Antoine Lavoisier y compartió cursos con el explorador Alexander von Humboldt.

MÉXICO

En 1794, Del Río obtuvo la cátedra de mineralogía en la Nueva España (México), a donde llegó en diciembre de aquel año. En el Real Seminario de Mineralogía, fundado por Fausto de Elhuyar, uno de los descubridores del wolframio, su primera tarea fue traducir textos al español para usar en sus cursos, los que inició en abril de 1795. También, debió organizar y clasificar los minerales de las regiones de la Nueva España. Para España era muy importante conocer los minerales de las colonias.


Andrés Manuel Del Río Fernández. | Pintura: Rafael Ximeno y Planes. Palacio de Minería, México, 1825

En 1801, hace 220 años, Del Río examinó minerales de la mina La Purísima del Cardenal en Zimapán, hoy Estado de Hidalgo. De un mineral, al que llamó zimpanio y luego plomo pardo de Zimapán, obtuvo mediante análisis químicos un polvo gris blancusco desconocido, pues no encontró nada similar en el conocimiento de la época. Del Río se percató de estar ante un nuevo metal, al que llamó panchromium (pancomo), por su variedad de colores y luego erytrhonium (eritronio), por el rojo de las sales al fuego. Lo publicó en Madrid en 1802 y 1803, pero sus artículos no trascendieron a la comunidad científica.

En 1803, venido de Guayaquil, Ecuador, llegó al puerto de Acapulco, a la Nueva España, el explorador Alexander von Humboldt. En el Real Seminario de Minería, en Ciudad de México, encontró a su amigo Andrés Manuel dando clases. Una vez en el laboratorio, Del Río le mostró su descubrimiento, el eritronio. Humboldt dudó y consideró que se trataba de cromo, un elemento desconocido para Del Río, pues se había descubierto unos años antes, en 1797 de minerales siberianos. Entonces, Humboldt se ofreció a llevar muestras y descripciones de Del Río a Europa para analizarlas.

Alexander von Humboldt. | Pintura: Joseph Karl Stieler, 1843. Fundación Berlun-Brandenburg

EUROPA

Humboldt y Aimé escribieron dos cartas para enviar a Francia, con ellas envió las descripciones detalladas de Del Río y muestras del metal. Sin embargo, todo se perdió, cuando el barco que las transportaba naufragó frente a Parnambuco, Brasil.

Por fortuna, Humboldt tuvo la astucia de guardar algo de las muestras, las cuales entregó en París en 1804, a Hippolyte Victor Collet-Descotils en L’École Royale de Mines. Pero se desconoce porque no las entregó al Instituto Nacional de Francia a donde había dirigido las cartas que naufragaron.

Collet-Decotils no conoció las descripciones escritas de Del Río, en donde estaban los métodos químicos utilizados, pues se perdieron en el naufragio. Después de analizar las muestras, Collet-Decotils dijo que era cromo, como Humboldt lo sospechaba.

Del Río, al enterarse, no tuvo más que aceptar el dictamen. Los laboratorios y científicos de Francia eran importantes y él no conocía el cromo. Sin embargo, solicitó se le reconociera haber descubierto cromo en la Nueva España.

Entonces, las muestras de Del Río, una vez analizadas, se enviaron a Berlín, en donde se almacenaron.

En 1829 en un viaje a los Estados Unidos, Del Río fue elegido miembro de la American Philosophical Society, fundada por Benjamín Franklin.

SUECIA

En 1828, Friedrich Wöehler analizó en Berlín las muestras de Del Río y vio algo desconocido, lo que comentó con Jöns Jakob Berzelius.

Jöns Jakob Berzelius. | Gráfico: Trabajo en madera, año desconocido. Bibliothèque Interuniversitaire de Santé, París

En 1831, 30 años después del descubrimiento de Del Río, Nils Gabriel Sefström le comunicó a Wöehler y a Berzelius de un nuevo metal descubierto en Suecia, al que llamaron Vanadio, en honor a la diosa nórdica Vanadis, de la fertilidad y la belleza, y lo publica en Annalen der Physik.

En algún momento, Berzelius se dio cuenta que el vanadio y el eritronio eran el mismo elemento. Entonces, Wöehler se presenta en la Academia de Ciencias de Suecia y demuestra que el vanadio recién descubierto, es el eritronio, descubierto por Del Río en 1801, en la entonces Nueva España, ahora República Mexicana.

Friedrich Wöehler. | Wikimedia Commons

Se desató entonces una serie de acusaciones y reclamaciones sobre la autoría del descubrimiento. Resulta que varias publicaciones de Del Río de años anteriores, se habían hecho en España y en español, y los científicos de Francia y Alemania, no leían en español, ni documentos de España.

Del Río se entera de lo que estaba sucediendo en Europa, y comprende que sus deducciones iniciales eran correctas, había descubierto un nuevo elemento, 30 años antes. Sintió que Humboldt lo había menospreciado, pero no se enteró que el explorador se había presentado en la Academia de Ciencias de Francia, afirmando que el descubridor era Del Río y el nombre del elemento, eritronio.

En los Estados Unidos, la American Philosophical Society apoya a Del Río, quien en 1832 publica en Monthly American Journal of Geology and Natural Sciences, todo lo relacionado a su descubrimiento, y no tiene reparo en mencionar el desprecio de los científicos europeos, en especial de Humboldt.

El geólogo George W. Featherstonhaugh sugirió llamar al nuevo elemento Rionio, en honor a Del Río. Sin embargo, el nombre de vanadio se decidió en Europa y persistió. Hoy, la autoría del descubrimiento recae en Del Río y Sefström, teniendo en algunas fuentes más peso el nombre de Sefström y Suecia.

El vanadio es un metal poco abundante, es blando, dúctil y resistente a la corrosión. No existe de forma natural, sino en 65 minerales. Los principales exportadores son Sudáfrica, China y Rusia. El 85 % del vanadio se utiliza en aleaciones de acero, le da mayor dureza y lo hace menos pesado. Se utiliza en recubrimientos de vidrios y cerámicas, pues bloquea la radiación infrarroja y permite el paso de la luz visible. Las baterías de vanadio podrían servir para los autos eléctricos o para almacenar la electricidad producida por paneles solares, lo que convierten al vanadio en un elemento estratégico. Se ha sugerido que el vanadio sea una biofirma en las investigaciones de vida extraterrestre.

Nils Gabriel Sefström. | Wikimedia Commons

Existe vanadio en pequeñas cantidades en nuestra sangre. Tiene efectos anticancerígeno, antiobesidad y antifúngico. El vanadio podría sustituir a la insulina pues reduce el azúcar en la sangre. Existe vanadio en la carne bovina, huevo, pimienta, hongos y aceites vegetales. Las plantas lo utilizan para sintetizar la clorofila. La carencia de vanadio en el ser humano provoca deterioro óseo y disminución de leche materna en las mujeres lactantes.

El vanadio es uno de los pocos elementos descubiertos de forma natural en América, junto al platino en Colombia, y de minerales con platino se obtuvo: iridio, paladio, osmio y rodio.

Las muestras de Del Río llevadas a Europa por Humboldt se exhiben en el Museo de Historia Natural de Berlín. El mineral que estudió Del Río en 1801, hoy se llama vanadinita.

La historia de lo sucedido con las publicaciones de Del Río, la duda y actitud de Humboldt y los análisis en Francia, son aún tema de intenso debate histórico. Ahora se sabe que Collet-Decotils, cometió errores en sus procedimientos químicos.

El 23 de marzo de 1849, hace 172 años, Del Río dejó de existir. Hoy, la Sociedad Mexicana de Química otorga el premio Andrés Manuel Del Río.

El científico mineralogista, hispano-mexicano dejó un gran legado, Del Río descubrió el seleniuro de mercurio y la aleación natural del oro y el rodio. Inventó una bomba para extraer agua de las minas y es de los fundadores del Palacio de Minería.

Andrés Manuel Del Río Fernández pasó a la historia como el descubridor de un nuevo elemento en la Nueva España. El vanadio es para muchos, un elemento mexicano. german@astropuebla.org

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