/ miércoles 10 de marzo de 2021

Adiós a los negocios de toda una vida, los efectos colaterales de la pandemia

Personas como Daniel Hernández, empresario restaurantero con 45 años de experiencia en el gremio, debieron de desprenderse de sus fuentes de ingreso por causa de la Covid-19

Las pérdidas en el último año por la pandemia no se limitan a las muertes de familiares o amigos, pues también hay quien está de duelo por haberse desprendido de un trabajo o un negocio como Daniel Hernández, cerrando éste en noviembre del 2020 el restaurante Los Farolitos, un negocio familiar con 45 años de historia que formaba parte ya del decorado y folclor del Centro Histórico.

El mesón nacido en 1975 había superado tres mudanzas y una pandemia, la de la Influenza H1N1 del 2009, pero la del COVID-19 en 2020 no.

“Vimos la transformación del Centro Histórico de Puebla, crecimos en ese restaurante que mi tía y mamá pusieron en marcha y del cual me enamoré de pequeño. Nos quedamos a siete meses de cumplir 45 años de vida y el cerrar nos tiene tristes a todos en la familia”, expresa Hernández.

El cierre de negocios como El Farolito, uno de los 470 establecimientos pertenecientes al ramo gastronómico ya con la cortina abajo en la ciudad desde la declaratoria de pandemia tras dejar de atender a sus clientes en primera instancia de forma temporal con el fin de evitar la propagación del SARS-Cov2, si bien resultó doloroso, también fue a decir de Daniel necesario, ya que de marzo a abril de 2020 sólo en materia de arrendamiento debía en un abrir y cerrar de ojos 50 mil pesos.

Todo esto cuando hasta antes de la llegada del COVID-19 vendía en un día “regular” cinco mil pesos y en uno muy bueno 10 mil. Es decir, las cuentas salían como para pensar en ser operativos por un año más y seguir empleando a seis personas en el local, nada mal para un restaurante con 13 mesas.

“Te pasan muchas cosas por la cabeza como vender el coche, la casa para seguir o simplemente para pagarles a los muchachos que trabajan contigo. Al final, la situación económica es primordial y no sólo es pagar la nómina, la renta del lugar, también es comprar insumos o pagar servicios como la luz, el agua y otras cosas que vienen incluidas en un negocio”, explica.

Al final, Daniel optó por cerrar las puertas y hacer “una venta de garaje” para hacerle frente a las cuentas pendientes, incluidas los pagos de sus otrora empleados, a quienes además de “hacerles fuerte” con una compensación económica, les “completó” la liquidación dándoles parte del mobiliario del local.

“Al cerrar lo primero que hice para salir más o menos con los gastos pendientes fue el llevar a cabo una venta de garaje. A nuestros empleados les dijimos la verdad, que no teníamos como para liquidarles bien tras realizar varios pagos, pero les proponíamos la computadora, la pantalla o la estufa del restaurante más tres mil pesos y aceptaron”, revela.

Sobre cómo hizo para despedir a sus trabajadores, gente bien calificada y sobre todo de confianza, simplemente les dijo lleno de impotencia la verdad.

“Hubo y aún hay una sensación de impotencia porque debes de deshacerte de las cosas, pero también de gente muy valiosa, la cual ya no encuentras fácilmente. Sin embargo, la realidad es que ya no puedes mantenerles y es difícil cuando algunos te dicen que se quedan contigo, aunque sea a mitad de sueldo”, comparte.

Foto: Iván Venegas | El Sol de Puebla

LA VIDA DESPUÉS DEL RESTAURANTE

Daniel, como tantos otros con pérdidas en el último año, trata de sobrellevar el duelo ocupándose en pequeños trabajos de cerrajería, plomería o pintura porque “de alguna manera debes de ocupar la mente y alejarte de los malos pensamientos”, expresa. “Al final te es difícil el hacerte a la idea de que ya no volverás a hacer lo que hiciste por mucho tiempo, pero también te das cuenta de que sigues comiendo y es ahí cuando agradeces el saber ciertos oficios”, agrega.

Todo esto cuando de vez en vez atiende pedidos específicos de clientes solicitándole desde los tradicionales Chiles en Nogada hasta cualquier otra de sus delicias culinarias.

Pero las labores generales le han dado para salir y también para mostrar que aún es útil e indispensable, luego de recibir varios portazos por el tema de la edad tras aplicar a distintos trabajos dentro del gremio restaurantero, donde se ha desestimado o pasado por alto su experiencia y sazón incluido.

“Cuando tienes 50 años, el tema de la edad es una desventaja, todo queda en un ‘nosotros te hablamos’ cuando buscas empleo; pero como te decía, gracias a Dios sé cómo utilizar la herramienta y sin más vamos saliendo, diciéndole a los conocidos que requieren de tus servicios, ‘no sé cuánto cobrarte, pero tú sabes cómo está mi situación’. Y al final aquí estamos, no nos hemos muerto de hambre y creyendo hoy más que nunca que Dios proveerá”, remata.

  • Durante el último un año, los restaurantes en Puebla sólo han podido ofrecer servicio de mesas por cuatro meses, con un aforo reducido del 30 por ciento

Nuestra pérdida si bien no es una vida, sí se trata de una cuando hablas de 45 años de historia. Entonces ya no es sólo un negocio, es tu pasión y termina por ser igual a cuando te despides de tu padre o madre

Daniel Hernández, exrestaurantero

Las pérdidas en el último año por la pandemia no se limitan a las muertes de familiares o amigos, pues también hay quien está de duelo por haberse desprendido de un trabajo o un negocio como Daniel Hernández, cerrando éste en noviembre del 2020 el restaurante Los Farolitos, un negocio familiar con 45 años de historia que formaba parte ya del decorado y folclor del Centro Histórico.

El mesón nacido en 1975 había superado tres mudanzas y una pandemia, la de la Influenza H1N1 del 2009, pero la del COVID-19 en 2020 no.

“Vimos la transformación del Centro Histórico de Puebla, crecimos en ese restaurante que mi tía y mamá pusieron en marcha y del cual me enamoré de pequeño. Nos quedamos a siete meses de cumplir 45 años de vida y el cerrar nos tiene tristes a todos en la familia”, expresa Hernández.

El cierre de negocios como El Farolito, uno de los 470 establecimientos pertenecientes al ramo gastronómico ya con la cortina abajo en la ciudad desde la declaratoria de pandemia tras dejar de atender a sus clientes en primera instancia de forma temporal con el fin de evitar la propagación del SARS-Cov2, si bien resultó doloroso, también fue a decir de Daniel necesario, ya que de marzo a abril de 2020 sólo en materia de arrendamiento debía en un abrir y cerrar de ojos 50 mil pesos.

Todo esto cuando hasta antes de la llegada del COVID-19 vendía en un día “regular” cinco mil pesos y en uno muy bueno 10 mil. Es decir, las cuentas salían como para pensar en ser operativos por un año más y seguir empleando a seis personas en el local, nada mal para un restaurante con 13 mesas.

“Te pasan muchas cosas por la cabeza como vender el coche, la casa para seguir o simplemente para pagarles a los muchachos que trabajan contigo. Al final, la situación económica es primordial y no sólo es pagar la nómina, la renta del lugar, también es comprar insumos o pagar servicios como la luz, el agua y otras cosas que vienen incluidas en un negocio”, explica.

Al final, Daniel optó por cerrar las puertas y hacer “una venta de garaje” para hacerle frente a las cuentas pendientes, incluidas los pagos de sus otrora empleados, a quienes además de “hacerles fuerte” con una compensación económica, les “completó” la liquidación dándoles parte del mobiliario del local.

“Al cerrar lo primero que hice para salir más o menos con los gastos pendientes fue el llevar a cabo una venta de garaje. A nuestros empleados les dijimos la verdad, que no teníamos como para liquidarles bien tras realizar varios pagos, pero les proponíamos la computadora, la pantalla o la estufa del restaurante más tres mil pesos y aceptaron”, revela.

Sobre cómo hizo para despedir a sus trabajadores, gente bien calificada y sobre todo de confianza, simplemente les dijo lleno de impotencia la verdad.

“Hubo y aún hay una sensación de impotencia porque debes de deshacerte de las cosas, pero también de gente muy valiosa, la cual ya no encuentras fácilmente. Sin embargo, la realidad es que ya no puedes mantenerles y es difícil cuando algunos te dicen que se quedan contigo, aunque sea a mitad de sueldo”, comparte.

Foto: Iván Venegas | El Sol de Puebla

LA VIDA DESPUÉS DEL RESTAURANTE

Daniel, como tantos otros con pérdidas en el último año, trata de sobrellevar el duelo ocupándose en pequeños trabajos de cerrajería, plomería o pintura porque “de alguna manera debes de ocupar la mente y alejarte de los malos pensamientos”, expresa. “Al final te es difícil el hacerte a la idea de que ya no volverás a hacer lo que hiciste por mucho tiempo, pero también te das cuenta de que sigues comiendo y es ahí cuando agradeces el saber ciertos oficios”, agrega.

Todo esto cuando de vez en vez atiende pedidos específicos de clientes solicitándole desde los tradicionales Chiles en Nogada hasta cualquier otra de sus delicias culinarias.

Pero las labores generales le han dado para salir y también para mostrar que aún es útil e indispensable, luego de recibir varios portazos por el tema de la edad tras aplicar a distintos trabajos dentro del gremio restaurantero, donde se ha desestimado o pasado por alto su experiencia y sazón incluido.

“Cuando tienes 50 años, el tema de la edad es una desventaja, todo queda en un ‘nosotros te hablamos’ cuando buscas empleo; pero como te decía, gracias a Dios sé cómo utilizar la herramienta y sin más vamos saliendo, diciéndole a los conocidos que requieren de tus servicios, ‘no sé cuánto cobrarte, pero tú sabes cómo está mi situación’. Y al final aquí estamos, no nos hemos muerto de hambre y creyendo hoy más que nunca que Dios proveerá”, remata.

  • Durante el último un año, los restaurantes en Puebla sólo han podido ofrecer servicio de mesas por cuatro meses, con un aforo reducido del 30 por ciento

Nuestra pérdida si bien no es una vida, sí se trata de una cuando hablas de 45 años de historia. Entonces ya no es sólo un negocio, es tu pasión y termina por ser igual a cuando te despides de tu padre o madre

Daniel Hernández, exrestaurantero

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