/ domingo 28 de julio de 2019

Hilda baña, talla y masajea en baños de vapor | Oficios que perduran

"Las rodillas se me desgastaron lavando baños de temazcal"

"Las rodillas se me desgastaron lavando baños de temazcal: hincada, a cepillo, con jabón y cloro; esa era la manera en la que antes, uno se ganaba el permiso para ser bañera", así es como recuerda la señora María Hilda Pérez Méndez sus inicios en el ramo de los baños de vapor, actividad a la que desde hace 50 años se ha dedicado y, de la cual, se dice muy orgullosa de desempeñar.

Desde pequeña fue muy apegada a su abuela, de quien comenta, fue fundadora de los baños San José y quien además le enseñó todas las técnicas para convertirse en una buena bañera-masajista y, de esta manera sanar a las mujeres, principalmente, a aquellas que requerían del baño post-parto, o también conocido como "baño de enferma".

Con una sonrisa, doña Hilda siempre recibe a las clientas que llegan al vapor, a las que, más allá de consentirlas con la simple ducha, las hace sentir en un espacio de intimidad en el que se liberan del estrés, del día a día y principalmente de sus dolencias.

Además de su buen humor, a doña Hilda no le pueden faltar sus inseparables herramientas: el tallador, su manta para apretar, el jabón y el shampoo; pero sobre todo su don en las manos con las que masajea el adolorido cuerpo de las clientas que, tras recibir su buena friega, "salen derechitas y sin dolor alguno".

El agua, dice, no solo limpia las impurezas del cuerpo, pues asegura que la combinación del vapor y las hierbas aromáticas que hay en los cuartos ayudan "a limpiar el ser, tu alma y liberar la energía que uno acumula; es como purificarte".

A la fecha, comenta, ya hay muy pocas bañeras, y a pesar de que los años le han dejado algunas secuelas en sus rodillas, ella sigue ofreciendo sus servicios con gran esmero, pues este oficio ha sido toda su vida, porque, además de ser una "herencia" que le dejó su abuela, con este trabajo, logró sacar adelante a sus hijos y su hogar.

"Mi abuela fue la fundadora de los baños de San José; ahí fue bañera y fue partera. Recuerdo que yo la acompañaba desde chiquitita, yo tendría como cinco años. Para llegar, teníamos que atravesar el rio de San Francisco. Me gustaba acompañarla y ver todo lo que hacía. Aunque ella me decía que aprendiera todo, lo único que nunca me gustó fue ser partera, eso sí me daba muchos nervios", recuerda entre risas.

Aunque en su infancia solo iba por acompañar a su abuela, después, la vida la sorprendería convirtiendo ese lugar en su primer trabajo como bañera luego de vivir un difícil episodio.

"A los 19 años yo ya tenía a mis cuatro hijos y a los 28 me quedé viuda; fue así que me tuve que meter de lleno a los baños de vapor. Igual que mi abuela, empecé a trabajar en los baños de San José y después me fui a Loma Bella a los Baños Caribe, ahí todos era de temazcal. Desde entonces me dediqué a eso y a la fecha es algo que hago con mucho cariño".

Su especialidad, dice, es dar baños post-parto, pero reconoce que actualmente muchas chicas ya no quieren tomar el baño, pues consideran que no es necesario.

"El baño es muy importante porque hay que sacar el frío de su cuerpo, hay que cerrarles la cintura, recogerles la bilis, sacarle el calostro para que den más leche, para que nos fueran de dolores de la espalda y sacar el frío".

Aunque su cuerpo ha sufrido los estragos de bañar, tallar y masajear durante todos estos años a infinidad de personas, ella no para, porque dice, es un Dios que dios le dio, y el cual dejará de hacer hasta que él lo decida.

"Yo le agradezco a Dios por darme este don en mis manos, agradezco a las clientas y a mis patrones que me dan la oportunidad de trabajar en este lugar como bañera. Para, mí es un orgullo decir: soy bañera-masajista y cualquier dolor que tengan, yo se los puedo curar así que, si quieren un buen masaje con baño de vapor las espero en baños Tlalpan, en calle Mixtecas 903 colonia Los Pinos", finaliza con su sonrisa.

"Las rodillas se me desgastaron lavando baños de temazcal: hincada, a cepillo, con jabón y cloro; esa era la manera en la que antes, uno se ganaba el permiso para ser bañera", así es como recuerda la señora María Hilda Pérez Méndez sus inicios en el ramo de los baños de vapor, actividad a la que desde hace 50 años se ha dedicado y, de la cual, se dice muy orgullosa de desempeñar.

Desde pequeña fue muy apegada a su abuela, de quien comenta, fue fundadora de los baños San José y quien además le enseñó todas las técnicas para convertirse en una buena bañera-masajista y, de esta manera sanar a las mujeres, principalmente, a aquellas que requerían del baño post-parto, o también conocido como "baño de enferma".

Con una sonrisa, doña Hilda siempre recibe a las clientas que llegan al vapor, a las que, más allá de consentirlas con la simple ducha, las hace sentir en un espacio de intimidad en el que se liberan del estrés, del día a día y principalmente de sus dolencias.

Además de su buen humor, a doña Hilda no le pueden faltar sus inseparables herramientas: el tallador, su manta para apretar, el jabón y el shampoo; pero sobre todo su don en las manos con las que masajea el adolorido cuerpo de las clientas que, tras recibir su buena friega, "salen derechitas y sin dolor alguno".

El agua, dice, no solo limpia las impurezas del cuerpo, pues asegura que la combinación del vapor y las hierbas aromáticas que hay en los cuartos ayudan "a limpiar el ser, tu alma y liberar la energía que uno acumula; es como purificarte".

A la fecha, comenta, ya hay muy pocas bañeras, y a pesar de que los años le han dejado algunas secuelas en sus rodillas, ella sigue ofreciendo sus servicios con gran esmero, pues este oficio ha sido toda su vida, porque, además de ser una "herencia" que le dejó su abuela, con este trabajo, logró sacar adelante a sus hijos y su hogar.

"Mi abuela fue la fundadora de los baños de San José; ahí fue bañera y fue partera. Recuerdo que yo la acompañaba desde chiquitita, yo tendría como cinco años. Para llegar, teníamos que atravesar el rio de San Francisco. Me gustaba acompañarla y ver todo lo que hacía. Aunque ella me decía que aprendiera todo, lo único que nunca me gustó fue ser partera, eso sí me daba muchos nervios", recuerda entre risas.

Aunque en su infancia solo iba por acompañar a su abuela, después, la vida la sorprendería convirtiendo ese lugar en su primer trabajo como bañera luego de vivir un difícil episodio.

"A los 19 años yo ya tenía a mis cuatro hijos y a los 28 me quedé viuda; fue así que me tuve que meter de lleno a los baños de vapor. Igual que mi abuela, empecé a trabajar en los baños de San José y después me fui a Loma Bella a los Baños Caribe, ahí todos era de temazcal. Desde entonces me dediqué a eso y a la fecha es algo que hago con mucho cariño".

Su especialidad, dice, es dar baños post-parto, pero reconoce que actualmente muchas chicas ya no quieren tomar el baño, pues consideran que no es necesario.

"El baño es muy importante porque hay que sacar el frío de su cuerpo, hay que cerrarles la cintura, recogerles la bilis, sacarle el calostro para que den más leche, para que nos fueran de dolores de la espalda y sacar el frío".

Aunque su cuerpo ha sufrido los estragos de bañar, tallar y masajear durante todos estos años a infinidad de personas, ella no para, porque dice, es un Dios que dios le dio, y el cual dejará de hacer hasta que él lo decida.

"Yo le agradezco a Dios por darme este don en mis manos, agradezco a las clientas y a mis patrones que me dan la oportunidad de trabajar en este lugar como bañera. Para, mí es un orgullo decir: soy bañera-masajista y cualquier dolor que tengan, yo se los puedo curar así que, si quieren un buen masaje con baño de vapor las espero en baños Tlalpan, en calle Mixtecas 903 colonia Los Pinos", finaliza con su sonrisa.

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