/ miércoles 13 de marzo de 2019

Celebran con ceremonia ancestral el año nuevo azteca en Huauchinango

Terminó el año viejo Seis Conejo e inició el año nuevo azteca denominado Siete Carrizo

Terminó el año viejo Seis Conejo e inició el año nuevo azteca denominado Siete Carrizo, y en la comunidad de Nopala, municipio de Huauchinango, es uno de los pocos lugares de México en los que aún se celebra con una ceremonia ancestral en donde se baila, se hacen limpias, se comparte la comida y se entrega de mano en mano un conjunto de carrizos a un depositario de la responsabilidad de cuidarlos hasta la llegada de otro año, “simbolizando la vida del hombre”.

A un costado de la pirámide de Nopala o también conocida como “del rey Nopaltzin”, en una plazuela custodiada por piedras, a un costado de la lo que se puede ver de la pirámide, se realiza una ceremonia en la que se da una breve explicación y se motiva a preservar la celebración.

Se motiva a que el recibimiento del nuevo año azteca se realice con el mismo ánimo en que se celebra el “año nuevo marcado por los europeos, en el que no es necesario que alguien nos diga cómo se hace, ya todos sabemos”, explicaba el maestro de ceremonia e integrante del comité organizador.

En este como en otras administraciones, las autoridades municipales solamente asistieron como invitadas, no tuvieron una participación relevante, ni en la ceremonia y tampoco en los apoyos para la organización. Sólo asistieron.

La fiesta la hizo la gente, un grupo de ciudadanos organizados que se niegan a perder la tradición convocaron a autoridades municipales a asistir, a representantes de pueblos indígenas de la región y un par de escuelas de la comunidad de Nopala.

La cita fue en la plazuela natural, dentro de un terreno particular, porque es ahí dentro donde está la pirámide prehispánica.

Mientras se dio la ceremonia, un grupo de mujeres calentaban el caldo de pollo tlalpeñoque compartieron con los asistentes y echaron tortillas al comal que se calentó con la leña del lugar.

En tanto, la estudiante de derecho y psicología, de nombre María Cruz Nolasco, recibió a manera de “estafeta” un rollo de siete carrizos atados con listones de colores, el Siete Carrizo que inicia y que, según la cosmovisión indígena, cada (carrizo) año es la viuda del hombre.

Se aspiró a que el siguiente año sí exista apoyo de las autoridades para la celebración y en el año 2023, “cuando se cumplan los 500 años de colonización” según sus propias cuentas, se celebre con una fiesta en grande por la preservación del año azteca.

Terminó el año viejo Seis Conejo e inició el año nuevo azteca denominado Siete Carrizo, y en la comunidad de Nopala, municipio de Huauchinango, es uno de los pocos lugares de México en los que aún se celebra con una ceremonia ancestral en donde se baila, se hacen limpias, se comparte la comida y se entrega de mano en mano un conjunto de carrizos a un depositario de la responsabilidad de cuidarlos hasta la llegada de otro año, “simbolizando la vida del hombre”.

A un costado de la pirámide de Nopala o también conocida como “del rey Nopaltzin”, en una plazuela custodiada por piedras, a un costado de la lo que se puede ver de la pirámide, se realiza una ceremonia en la que se da una breve explicación y se motiva a preservar la celebración.

Se motiva a que el recibimiento del nuevo año azteca se realice con el mismo ánimo en que se celebra el “año nuevo marcado por los europeos, en el que no es necesario que alguien nos diga cómo se hace, ya todos sabemos”, explicaba el maestro de ceremonia e integrante del comité organizador.

En este como en otras administraciones, las autoridades municipales solamente asistieron como invitadas, no tuvieron una participación relevante, ni en la ceremonia y tampoco en los apoyos para la organización. Sólo asistieron.

La fiesta la hizo la gente, un grupo de ciudadanos organizados que se niegan a perder la tradición convocaron a autoridades municipales a asistir, a representantes de pueblos indígenas de la región y un par de escuelas de la comunidad de Nopala.

La cita fue en la plazuela natural, dentro de un terreno particular, porque es ahí dentro donde está la pirámide prehispánica.

Mientras se dio la ceremonia, un grupo de mujeres calentaban el caldo de pollo tlalpeñoque compartieron con los asistentes y echaron tortillas al comal que se calentó con la leña del lugar.

En tanto, la estudiante de derecho y psicología, de nombre María Cruz Nolasco, recibió a manera de “estafeta” un rollo de siete carrizos atados con listones de colores, el Siete Carrizo que inicia y que, según la cosmovisión indígena, cada (carrizo) año es la viuda del hombre.

Se aspiró a que el siguiente año sí exista apoyo de las autoridades para la celebración y en el año 2023, “cuando se cumplan los 500 años de colonización” según sus propias cuentas, se celebre con una fiesta en grande por la preservación del año azteca.

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