/ viernes 29 de septiembre de 2017

Crisis y ansiedad, el calvario de los niños tras el terremoto

ATLIXCO, Pue.- Igual de importante y trascendente como lareconstrucción de los edificios públicos, escuelas, calles eiglesias es la reparación de la salud mental de los cientos omiles de atlixquenses, una cantidad importante de ellos niños,quienes entraron y viven actualmente en una etapa de crisis yansiedad tras los segundos de terror vividos aquel martes 19 deseptiembre, coincidieron especialistas en psicología.

Las historias están ahí: el sismo de 7.1 grados igual tomó alos pequeños en la escuela, en casa, en el auto, junto a mamá opapá o de frente a la tragedia.

Esa experiencia puede “drenarse” de la cabeza, asumierondurante entrevistas por separado, a través de preguntas:“¿Cuándo volverá a temblar, mamá?, o de dibujos con figurasdeformes plasmados en hojas blancas, o de plano jugando al temblory a la salvación”, añadieron.

LOS NIÑOS DEXOCHITEOPAN

Durante parte de la mañana del pasado domingo nublado en SanFrancisco Xochiteopan, comunidad indígena ubicada en el municipiode Atzitzihuacán y por los límites con Morelos, el pequeño Erickpasó el tiempo dibujando y dibujando.

Ante la mirada de una psicóloga de la Universidad Anáhuac, elniño recordó a través de un lápiz y pinturas cómo vivió eltemblor del pasado martes 19 de septiembre, ese siniestro capaz deacabar con su pueblo de un solo movimiento.

Muy perceptible: laiglesia doblada, los árboles tirados, su casa en el suelo y laspersonas corriendo. “Mi papá estuvo bien, pero mi mamá teníasangre en la cabeza. Una piedra pegó en sufrente". Pasado el mediodía, el chico,junto con otro grupo de cuatro amigos y vecinos, ya acumulaba dosdibujos en ese mismo tenor: la tragedia en la mente y plasmada enuna hoja. "Es normal. Tarda hastaseis meses en quitarse esa idea. Necesitan mucho trabajo paraolvidar ese trago amargo", anticipó la mujer especialista con unapaciencia interminable. Ahí, el pequeño puebloquedó destruido. Casas derribadas, un muerto y seis millones depesos listos para la ayuda.

Xochiteopan está cubierto en víveres y ayuda. Ahí donde lacomunidad judía trabaja de manera silenciosa y efectiva. Donde elpueblo está inundado de ganas de ponerse de pie. Ahí donde elpequeño platicó a todos, incluso al papel, su tragedia.“Ojalá pueda regresar en mínimoseis meses para seguir trabajando con estos pequeños. Es unaconsecuencia larga de olvidar, y pueden pasar los años sinsalirse”, admitió la mujer de piel blanca, sentada en losalrededores de los chicos indígenas. TEMBLOR

Por más de diez minutos, el pequeño Héctor no dejó de besary besar en la frente a su hermano recién nacido quien estaba enbrazos de papá.

Volteaba a mirar, en la entrada del Instituto TecnológicoSuperior de Atlixco (ITSA), a la gente de su alrededor, extrañapara este chico de apenas cinco años, quien de inmediato regresabaa la frente de su aliado menor en este panorama.

De visita por Atlixco, la vocera de la UNICEF, ese apartado dela Organización de las Naciones Unidas (ONU), estaba agachada paraescucharlo mejor. Quería rescatar bien la historia.

Desde el pasado martes 19 de septiembre, tras el sismo, el niñono deja de preguntar a su madre: “Mamá, ¿cuándo temblará otravez?”. Es la frase de todos los días.

La mujer, de nombre Pressia Arifin, contó que el trauma en losmenores de edad tras eventos como el ocurrido en México tarda enasimilarse. “Y probablemente tardan hasta seis meses o años ensuperarlos. En este caso, es normal el comportamiento del pequeñoquien busca en su madre y en su hermano un refugio”.

Efectivamente, un grupo de representantes de la UNICEF visitaroneste viernes las instalaciones del ITSA con el objetivo deverificar las condiciones en las cuales están acampando lospequeños y sus familias en ese refugio.

La familia de Héctor es originaria de la colonia Ricardo FloresMagón, al norte de la ciudad. Son pobres y tras el fenómenonatural perdieron todo. La casa está derrumbada. Y están a laespera de una, que será sin duda será larga, respuesta.

LOS GRUPOS

Para intentar resanar la herida mental, el DIF de Atlixcoconvocó a integrantes de la Asociación Mexicana para Ayuda Mentalen Crisis y del Centro Internacional de Psicotraumatología (EMDR-México).

El plan, cumplido, era reunir a la mayor cantidad de adultos yniños con algún tipo de síntoma mental generado a raíz delmovimiento telúrico. Y de los primeros llegaron casi 200, y de lossegundos una centena a una templo católico en el sur de la manchaurbana de Atlixco.

“Se trata ya de estréspostraumático en ambos casos. Y los síntomas en los pequeños sonclaros: miedo generalizado, no desean hablar de losacontecimientos, siempre están pegados con los padres e inventanjuegos repetitivos acerca del evento”, dijo uno de losconsultados quien prefirió elanonimato.

Ante una situación anormal, como un temblor, ciertossentimientos y reacciones desprenden, entre otras cosas,confusiones en la mente. “Cada uno tomará tiempo para resolversu crisis, siempre y cuando cuente con seguimientoprofesional”.

ATLIXCO, Pue.- Igual de importante y trascendente como lareconstrucción de los edificios públicos, escuelas, calles eiglesias es la reparación de la salud mental de los cientos omiles de atlixquenses, una cantidad importante de ellos niños,quienes entraron y viven actualmente en una etapa de crisis yansiedad tras los segundos de terror vividos aquel martes 19 deseptiembre, coincidieron especialistas en psicología.

Las historias están ahí: el sismo de 7.1 grados igual tomó alos pequeños en la escuela, en casa, en el auto, junto a mamá opapá o de frente a la tragedia.

Esa experiencia puede “drenarse” de la cabeza, asumierondurante entrevistas por separado, a través de preguntas:“¿Cuándo volverá a temblar, mamá?, o de dibujos con figurasdeformes plasmados en hojas blancas, o de plano jugando al temblory a la salvación”, añadieron.

LOS NIÑOS DEXOCHITEOPAN

Durante parte de la mañana del pasado domingo nublado en SanFrancisco Xochiteopan, comunidad indígena ubicada en el municipiode Atzitzihuacán y por los límites con Morelos, el pequeño Erickpasó el tiempo dibujando y dibujando.

Ante la mirada de una psicóloga de la Universidad Anáhuac, elniño recordó a través de un lápiz y pinturas cómo vivió eltemblor del pasado martes 19 de septiembre, ese siniestro capaz deacabar con su pueblo de un solo movimiento.

Muy perceptible: laiglesia doblada, los árboles tirados, su casa en el suelo y laspersonas corriendo. “Mi papá estuvo bien, pero mi mamá teníasangre en la cabeza. Una piedra pegó en sufrente". Pasado el mediodía, el chico,junto con otro grupo de cuatro amigos y vecinos, ya acumulaba dosdibujos en ese mismo tenor: la tragedia en la mente y plasmada enuna hoja. "Es normal. Tarda hastaseis meses en quitarse esa idea. Necesitan mucho trabajo paraolvidar ese trago amargo", anticipó la mujer especialista con unapaciencia interminable. Ahí, el pequeño puebloquedó destruido. Casas derribadas, un muerto y seis millones depesos listos para la ayuda.

Xochiteopan está cubierto en víveres y ayuda. Ahí donde lacomunidad judía trabaja de manera silenciosa y efectiva. Donde elpueblo está inundado de ganas de ponerse de pie. Ahí donde elpequeño platicó a todos, incluso al papel, su tragedia.“Ojalá pueda regresar en mínimoseis meses para seguir trabajando con estos pequeños. Es unaconsecuencia larga de olvidar, y pueden pasar los años sinsalirse”, admitió la mujer de piel blanca, sentada en losalrededores de los chicos indígenas. TEMBLOR

Por más de diez minutos, el pequeño Héctor no dejó de besary besar en la frente a su hermano recién nacido quien estaba enbrazos de papá.

Volteaba a mirar, en la entrada del Instituto TecnológicoSuperior de Atlixco (ITSA), a la gente de su alrededor, extrañapara este chico de apenas cinco años, quien de inmediato regresabaa la frente de su aliado menor en este panorama.

De visita por Atlixco, la vocera de la UNICEF, ese apartado dela Organización de las Naciones Unidas (ONU), estaba agachada paraescucharlo mejor. Quería rescatar bien la historia.

Desde el pasado martes 19 de septiembre, tras el sismo, el niñono deja de preguntar a su madre: “Mamá, ¿cuándo temblará otravez?”. Es la frase de todos los días.

La mujer, de nombre Pressia Arifin, contó que el trauma en losmenores de edad tras eventos como el ocurrido en México tarda enasimilarse. “Y probablemente tardan hasta seis meses o años ensuperarlos. En este caso, es normal el comportamiento del pequeñoquien busca en su madre y en su hermano un refugio”.

Efectivamente, un grupo de representantes de la UNICEF visitaroneste viernes las instalaciones del ITSA con el objetivo deverificar las condiciones en las cuales están acampando lospequeños y sus familias en ese refugio.

La familia de Héctor es originaria de la colonia Ricardo FloresMagón, al norte de la ciudad. Son pobres y tras el fenómenonatural perdieron todo. La casa está derrumbada. Y están a laespera de una, que será sin duda será larga, respuesta.

LOS GRUPOS

Para intentar resanar la herida mental, el DIF de Atlixcoconvocó a integrantes de la Asociación Mexicana para Ayuda Mentalen Crisis y del Centro Internacional de Psicotraumatología (EMDR-México).

El plan, cumplido, era reunir a la mayor cantidad de adultos yniños con algún tipo de síntoma mental generado a raíz delmovimiento telúrico. Y de los primeros llegaron casi 200, y de lossegundos una centena a una templo católico en el sur de la manchaurbana de Atlixco.

“Se trata ya de estréspostraumático en ambos casos. Y los síntomas en los pequeños sonclaros: miedo generalizado, no desean hablar de losacontecimientos, siempre están pegados con los padres e inventanjuegos repetitivos acerca del evento”, dijo uno de losconsultados quien prefirió elanonimato.

Ante una situación anormal, como un temblor, ciertossentimientos y reacciones desprenden, entre otras cosas,confusiones en la mente. “Cada uno tomará tiempo para resolversu crisis, siempre y cuando cuente con seguimientoprofesional”.

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