/ lunes 2 de noviembre de 2020

Madre e hijo mueren durante labor de parto

Por falta de un equipo de ultrasonido en el Hospital Integral, Marielena tuvo que acudir a una clínica particular en Guadalupe Victoria

En labor de parto y en el límite del periodo de gestación, Marielena de 31 años de edad y su bebé perdieron la vida el pasado 29 de octubre en una clínica particular del municipio de Guadalupe Victoria, al que fue ingresada luego de acudir al Hospital Integral, en donde no había equipo para hacerle un ultrasonido. Sus familiares acusan una presunta negligencia del nosocomio privado y exigen la investigación del caso.

Zenón Loaiza Bouchant relata que su hermana salió de su casa la mañana del jueves en compañía de su madre, su esposo Marco Antonio y otros familiares rumbo al hospital público, toda vez que presentaba contracciones y estaba consciente de que los días de gestación de su primer bebé llegaban a término, sin embargo, en el nosocomio indicaron que aún no era tiempo del alumbramiento, pero que necesitaban un ultrasonido obstétrico el cual no podían realizarle por carecer del equipo.

Los familiares decidieron llevarla al laboratorio más cercano a su domicilio en la calle 6 norte de la colonia La Concepción, en la misma ciudad, donde ya había sido atendida meses atrás y le habían dicho que allí no podían atender los partos. Al ser sometida al estudio, a las 10:52 horas, le fue detectado un embarazo de postérmino de 41 semanas y que el líquido amniótico se encontraba ya disminuido, mismo que había sido ingerido por el pequeño.

De acuerdo con la narración de sus allegados, la doctora encargada de la clínica particular les indicó que el bebé debía nacer y tras realizar el examen de tacto a la madre, confirmó que ya presentaba cuatro dedos de dilatación, además de que el producto estaba acomodado, ofreciéndose en esta ocasión a atender el parto sin permitir que se llevaran a la paciente, para lo cual le aplicó una inyección a fin de aumentar las contracciones.

Fueron más de seis horas de labor, durante las cuales los familiares esperaron en la antesala y escucharon los esfuerzos que realizaba Marielena para expulsar a su hijo, hasta que finalmente, alrededor de las 17:30 horas, la recepcionista salió para pedir ayuda a la abuela con la intención de reanimar al niño, quien ya no presentaba signos vitales.

Ante la emergencia, la abuela fue requerida nuevamente por el personal a cargo para volver a solicitarle su apoyo, toda vez que su hija tampoco reaccionaba.

Foto: Cortesía Familia Loaiza

«Al inicio cuando entré a ver al bebé, ella solo dijo: “necesito ver a mi bebé” y la señora, la mamá de la doctora, le dijo: “tranquila, lo están reanimando” y la doctora le dijo: “no te preocupes, estamos reanimando a tu bebé”, pero ya no la oí que tuviera fuerzas. Ya luego me dijo, ayúdeme con su hija porque su hija no responde, pero cuando la vi, ya sus ojos estaban viendo hacia arriba, ya no me hizo caso, por más que le di respiración de boca a boca».

En medio de la tragedia familiar, Zenón Loaiza encaró a la médico responsable del caso por retener a su hermana y sobrino, aun cuando anteriormente les había referido que no podía atender el parto. “Esta doctora se pone a llorar y empieza a convulsionar, aparentemente. La retiran y poco después sólo quiso hablar con mi madre”.

El hermano de Marielena señala que la doctora indicó que «haría el papeleo “para que no abran”, así literal la palabra, refiriéndose a una autopsia», incluso –dijo- les había solicitado cambiar la hora de ingreso de la paciente al laboratorio.

Foto: Cortesía Familia Loaiza

“Después de esto, cerraron completamente la clínica, farmacia y puertas. Al acudir me cercioro de que dicha clínica no cuenta con ningún lugar asignado, llámese quirófano… afuera hay sillas y aparatos de ejercicio”, relató, al mostrar fotografías del sitio donde fue atendida Marielena, en las que se puede observar utensilios y mobiliario básico, algunos con piezas oxidadas.

Tras los hechos, Zenón contactó a El Sol de Puebla para dar a conocer lo ocurrido con su hermana y su sobrino, con la intención de alertar sobre las carencias y faltas de condiciones con las que fueron atendidos, primero en el Hospital Integral, pero principalmente en el laboratorio y clínica particular de la colonia La Concepción. Además de solicitar a quienes hayan sido víctimas de casos similares, a sumarse para exigir las investigaciones.

Marielena era Licenciada en cuidado capilar y trabajaba por cuenta propia, además de contar con el apoyo de su esposo Marco Antonio. Luego de años de desear un embarazo, ambos finalmente esperaban a su primer bebé, al cual ella ya no logró ver.

Foto: Cortesía Familia Loaiza

En labor de parto y en el límite del periodo de gestación, Marielena de 31 años de edad y su bebé perdieron la vida el pasado 29 de octubre en una clínica particular del municipio de Guadalupe Victoria, al que fue ingresada luego de acudir al Hospital Integral, en donde no había equipo para hacerle un ultrasonido. Sus familiares acusan una presunta negligencia del nosocomio privado y exigen la investigación del caso.

Zenón Loaiza Bouchant relata que su hermana salió de su casa la mañana del jueves en compañía de su madre, su esposo Marco Antonio y otros familiares rumbo al hospital público, toda vez que presentaba contracciones y estaba consciente de que los días de gestación de su primer bebé llegaban a término, sin embargo, en el nosocomio indicaron que aún no era tiempo del alumbramiento, pero que necesitaban un ultrasonido obstétrico el cual no podían realizarle por carecer del equipo.

Los familiares decidieron llevarla al laboratorio más cercano a su domicilio en la calle 6 norte de la colonia La Concepción, en la misma ciudad, donde ya había sido atendida meses atrás y le habían dicho que allí no podían atender los partos. Al ser sometida al estudio, a las 10:52 horas, le fue detectado un embarazo de postérmino de 41 semanas y que el líquido amniótico se encontraba ya disminuido, mismo que había sido ingerido por el pequeño.

De acuerdo con la narración de sus allegados, la doctora encargada de la clínica particular les indicó que el bebé debía nacer y tras realizar el examen de tacto a la madre, confirmó que ya presentaba cuatro dedos de dilatación, además de que el producto estaba acomodado, ofreciéndose en esta ocasión a atender el parto sin permitir que se llevaran a la paciente, para lo cual le aplicó una inyección a fin de aumentar las contracciones.

Fueron más de seis horas de labor, durante las cuales los familiares esperaron en la antesala y escucharon los esfuerzos que realizaba Marielena para expulsar a su hijo, hasta que finalmente, alrededor de las 17:30 horas, la recepcionista salió para pedir ayuda a la abuela con la intención de reanimar al niño, quien ya no presentaba signos vitales.

Ante la emergencia, la abuela fue requerida nuevamente por el personal a cargo para volver a solicitarle su apoyo, toda vez que su hija tampoco reaccionaba.

Foto: Cortesía Familia Loaiza

«Al inicio cuando entré a ver al bebé, ella solo dijo: “necesito ver a mi bebé” y la señora, la mamá de la doctora, le dijo: “tranquila, lo están reanimando” y la doctora le dijo: “no te preocupes, estamos reanimando a tu bebé”, pero ya no la oí que tuviera fuerzas. Ya luego me dijo, ayúdeme con su hija porque su hija no responde, pero cuando la vi, ya sus ojos estaban viendo hacia arriba, ya no me hizo caso, por más que le di respiración de boca a boca».

En medio de la tragedia familiar, Zenón Loaiza encaró a la médico responsable del caso por retener a su hermana y sobrino, aun cuando anteriormente les había referido que no podía atender el parto. “Esta doctora se pone a llorar y empieza a convulsionar, aparentemente. La retiran y poco después sólo quiso hablar con mi madre”.

El hermano de Marielena señala que la doctora indicó que «haría el papeleo “para que no abran”, así literal la palabra, refiriéndose a una autopsia», incluso –dijo- les había solicitado cambiar la hora de ingreso de la paciente al laboratorio.

Foto: Cortesía Familia Loaiza

“Después de esto, cerraron completamente la clínica, farmacia y puertas. Al acudir me cercioro de que dicha clínica no cuenta con ningún lugar asignado, llámese quirófano… afuera hay sillas y aparatos de ejercicio”, relató, al mostrar fotografías del sitio donde fue atendida Marielena, en las que se puede observar utensilios y mobiliario básico, algunos con piezas oxidadas.

Tras los hechos, Zenón contactó a El Sol de Puebla para dar a conocer lo ocurrido con su hermana y su sobrino, con la intención de alertar sobre las carencias y faltas de condiciones con las que fueron atendidos, primero en el Hospital Integral, pero principalmente en el laboratorio y clínica particular de la colonia La Concepción. Además de solicitar a quienes hayan sido víctimas de casos similares, a sumarse para exigir las investigaciones.

Marielena era Licenciada en cuidado capilar y trabajaba por cuenta propia, además de contar con el apoyo de su esposo Marco Antonio. Luego de años de desear un embarazo, ambos finalmente esperaban a su primer bebé, al cual ella ya no logró ver.

Foto: Cortesía Familia Loaiza

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