/ viernes 31 de enero de 2020

Ultiman reconstrucción de Infonavit en Atlixco tras 19S

A más de dos años del terremoto, las familias intentan retomar su rutina, aunque la mayoría ya no regresó a vivir a la zona

Con el arranque de los trabajos para pintar el último de los edificios rehabilitados tras el sismo del pasado 19 de septiembre del 2017 por una asociación civil, también comenzó a cerrarse un “proceso social lleno de discordias, frustraciones, enojos, reconciliaciones y desde luego solidaridad, en donde estuvo en juego la capacidad de organización de los atlixquenses”, coincidieron dos integrantes de ese grupo.

Es, definieron durante una entrevista con este diario, una parte de las muchas historias generadas en la Unidad Habitacional Infonavit posterior a ese fenómeno natural el cual llevó a esa mini ciudad, del norte de la mancha urbana, a dos polos opuestos en apenas dos años y medio: “del miedo del pueblo fantasma y oscuro a los colores vivos de sus departamentos en señal de regreso a la cotidianidad perdida”.

RECUENTO DE LOS DAÑOS

En ese sitio, fundado a la mitad de la década de los setentas, existen un total de 83 edificios de ocho apartamentos cada uno. El diagnóstico horas después del movimiento telúrico era devastador: 83 dañados. Es decir, la totalidad, pero en diferentes magnitudes: 48 de ellos intervenidos por el fideicomiso Hábitat, nueve por el ayuntamiento, un par por Antorcha Campesina (AC) y el resto no hubo mano de obra para recuperarlos. Ana Lilia Castillo y Ruperta Ramírez, integrante y presidenta de la Asociación Civil Sumando Esfuerzos por la Unidad Habitacional Infonavit Xalpatlaco, respectivamente, ofrecen su versión de estos últimos 29 meses ocupados para recuperarse.

Foto: Miguel Ángel Domínguez | El Sol de Puebla

LOS OJOS

Ana Lilia es una profesora casi a punto de jubilarse y unas de las más “movidas” en el monitoreo de la reconstrucción de los edificios. “Espero estos ojos, después de observar los criterios de intervención de cada una de las casas, no miren una desgracia con otro sismo. Y no es en todos los casos: las familias responsables de aportar todo el dinero recibido, igual por el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y por Infonavit, pueden estar tranquilas por los trabajos realizados en dónde regresaron a vivir. Las viviendas tienen una faja por dentro y por fuera. Pero el resto, hablo de las personas cuya idea fue quedarse con el dinero y gastarlo en otra cosa o contratar por su cuenta albañiles para invertir menos, ojalá no logren arrepentirse de esa decisión. Pido a Dios no permita a mis ojos ver una verdadera tragedia con ellos en caso de un temblor por estar en lugares no habitables”.

A pesar de la experiencia adquirida en los últimos dos años en reparación de viviendas, en la cabeza existe aún el trauma de aquel día: “estaba en una fiesta y de repente escuché cerca el paso de un tráiler y comencé a llorar de la psicosis. Eso no desaparecerá pronto”.

Pero, dijo, los problemas no sólo son hacia adentro. “Lidiamos con casos como el de aquellos inquilinos los cuales decidieron robarse la tarjeta de 15 mil pesos de los dueños de las casas. Y éstos últimos sostenían alguien de la asociación había metido la mano para quedarse con ese recurso. Pero también conocí a personas honestas cuya intención era generar seguridad en su patrimonio y devolvió hasta el último centavo”.

Foto: Miguel Ángel Domínguez | El Sol de Puebla

COLORES

Ruperta tiene más años de edad. Estaba aquel martes con una niña de brazos en el quinto piso de su edificio frente a las canchas deportivas del Infonavit. “Cuando todo estaba en movimiento desde abajo mis vecinos pedían algo: ya no camines... ahí quédate para salvar tu vida. Bajé y aquí sigo”. Una de las ventanas ofrece una perspectiva de la unidad habitacional y desde donde miró la transformación de ese lugar.

Foto: Miguel Ángel Domínguez | El Sol de Puebla

“Aquellos días tras el temblor eran fríos tanto de clima como humano. Descubrí algo: en este edificio estoy más segura, no sólo por el reforzamiento, también por tener a lado dos más. Entre ellos se protegen y evitarán una caída. Vivimos un ánimo triste y de miedo... tal cual un pueblo fantasma. Pero las cosas cambiaron y el color de los edificios intervenidos de rosa, verde, azul y blanco ofrece otra sensación no únicamente a los moradores, también a los visitantes. Son una señal de luz y de estar de regreso. Hasta felices somos muchos”, aceptó.

Antes del 19S en el Infonavit vivían 6 mil 500 personas. Con el sismo decidieron irse al menos 4 mil. Cálculos de la asociación civil indican nada más ya volvieron 2 mil.

“80 por ciento de los habitantes del Infonavit son pensionados y de la tercera edad. Y a pesar de eso estuvimos a punto de quedar fuera de la reconstrucción por cláusulas y estatus de la unidad habitacional. De hecho, el personal de Hábitat venía a tirar casas, como en Metepec”, recuerdan ambas mujeres. Y confluyen: “En el temblor de 1985 hubo fisuras en nuestras casas. En 1999 los parcharon y en el 2017 los reconstruyeron”, ironizan.

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Con el arranque de los trabajos para pintar el último de los edificios rehabilitados tras el sismo del pasado 19 de septiembre del 2017 por una asociación civil, también comenzó a cerrarse un “proceso social lleno de discordias, frustraciones, enojos, reconciliaciones y desde luego solidaridad, en donde estuvo en juego la capacidad de organización de los atlixquenses”, coincidieron dos integrantes de ese grupo.

Es, definieron durante una entrevista con este diario, una parte de las muchas historias generadas en la Unidad Habitacional Infonavit posterior a ese fenómeno natural el cual llevó a esa mini ciudad, del norte de la mancha urbana, a dos polos opuestos en apenas dos años y medio: “del miedo del pueblo fantasma y oscuro a los colores vivos de sus departamentos en señal de regreso a la cotidianidad perdida”.

RECUENTO DE LOS DAÑOS

En ese sitio, fundado a la mitad de la década de los setentas, existen un total de 83 edificios de ocho apartamentos cada uno. El diagnóstico horas después del movimiento telúrico era devastador: 83 dañados. Es decir, la totalidad, pero en diferentes magnitudes: 48 de ellos intervenidos por el fideicomiso Hábitat, nueve por el ayuntamiento, un par por Antorcha Campesina (AC) y el resto no hubo mano de obra para recuperarlos. Ana Lilia Castillo y Ruperta Ramírez, integrante y presidenta de la Asociación Civil Sumando Esfuerzos por la Unidad Habitacional Infonavit Xalpatlaco, respectivamente, ofrecen su versión de estos últimos 29 meses ocupados para recuperarse.

Foto: Miguel Ángel Domínguez | El Sol de Puebla

LOS OJOS

Ana Lilia es una profesora casi a punto de jubilarse y unas de las más “movidas” en el monitoreo de la reconstrucción de los edificios. “Espero estos ojos, después de observar los criterios de intervención de cada una de las casas, no miren una desgracia con otro sismo. Y no es en todos los casos: las familias responsables de aportar todo el dinero recibido, igual por el Fondo de Desastres Naturales (Fonden) y por Infonavit, pueden estar tranquilas por los trabajos realizados en dónde regresaron a vivir. Las viviendas tienen una faja por dentro y por fuera. Pero el resto, hablo de las personas cuya idea fue quedarse con el dinero y gastarlo en otra cosa o contratar por su cuenta albañiles para invertir menos, ojalá no logren arrepentirse de esa decisión. Pido a Dios no permita a mis ojos ver una verdadera tragedia con ellos en caso de un temblor por estar en lugares no habitables”.

A pesar de la experiencia adquirida en los últimos dos años en reparación de viviendas, en la cabeza existe aún el trauma de aquel día: “estaba en una fiesta y de repente escuché cerca el paso de un tráiler y comencé a llorar de la psicosis. Eso no desaparecerá pronto”.

Pero, dijo, los problemas no sólo son hacia adentro. “Lidiamos con casos como el de aquellos inquilinos los cuales decidieron robarse la tarjeta de 15 mil pesos de los dueños de las casas. Y éstos últimos sostenían alguien de la asociación había metido la mano para quedarse con ese recurso. Pero también conocí a personas honestas cuya intención era generar seguridad en su patrimonio y devolvió hasta el último centavo”.

Foto: Miguel Ángel Domínguez | El Sol de Puebla

COLORES

Ruperta tiene más años de edad. Estaba aquel martes con una niña de brazos en el quinto piso de su edificio frente a las canchas deportivas del Infonavit. “Cuando todo estaba en movimiento desde abajo mis vecinos pedían algo: ya no camines... ahí quédate para salvar tu vida. Bajé y aquí sigo”. Una de las ventanas ofrece una perspectiva de la unidad habitacional y desde donde miró la transformación de ese lugar.

Foto: Miguel Ángel Domínguez | El Sol de Puebla

“Aquellos días tras el temblor eran fríos tanto de clima como humano. Descubrí algo: en este edificio estoy más segura, no sólo por el reforzamiento, también por tener a lado dos más. Entre ellos se protegen y evitarán una caída. Vivimos un ánimo triste y de miedo... tal cual un pueblo fantasma. Pero las cosas cambiaron y el color de los edificios intervenidos de rosa, verde, azul y blanco ofrece otra sensación no únicamente a los moradores, también a los visitantes. Son una señal de luz y de estar de regreso. Hasta felices somos muchos”, aceptó.

Antes del 19S en el Infonavit vivían 6 mil 500 personas. Con el sismo decidieron irse al menos 4 mil. Cálculos de la asociación civil indican nada más ya volvieron 2 mil.

“80 por ciento de los habitantes del Infonavit son pensionados y de la tercera edad. Y a pesar de eso estuvimos a punto de quedar fuera de la reconstrucción por cláusulas y estatus de la unidad habitacional. De hecho, el personal de Hábitat venía a tirar casas, como en Metepec”, recuerdan ambas mujeres. Y confluyen: “En el temblor de 1985 hubo fisuras en nuestras casas. En 1999 los parcharon y en el 2017 los reconstruyeron”, ironizan.

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