/ sábado 16 de abril de 2022

Un lugar para españoles: así fue planeada la ciudad de Puebla hace 491 años

La primera repartición de solares se hizo para 33 jefes de familia hombres y una viuda

A solicitud de la corona española, la segunda real audiencia de México encomendó al licenciado Juan de Salmerón la búsqueda de un lugar adecuado para fundar una ciudad en la que se asentarían los españoles que vagaban por la Nueva España después de La Conquista.

El sitio debería contar con abundancia de agua, para que fuera salubre y sirviera como fuente de energía; también requeriría abundantes materiales para la construcción y la suficiente mano de obra indígena cercana para edificarla.

Los primeros cien años de la fundación de la ciudad de Puebla fueron complicados, pero se empezó a organizar de tal forma que llegó a ser un núcleo social pujante y la urbe más importante de la Nueva España, que ante la Corona española compitió en jerarquía con la Ciudad de México.

LA NUEVA CIUDAD DE ESPAÑOLES

“Salmerón encontró adecuado el valle de Cuetlaxcoapan, que era frontero entre varios señoríos. Estaba entre Cholula, Totimehuacan, Tepeaca y Tlaxcala. Eran tierras de nadie destinadas para las guerras floridas. En el lugar había abundancia de agua porque era atravesado por tres ríos (Atoyac, Alseseca y San Francisco), tenía canteras cercanas para los materiales de construcción, una gran cantidad de bosques y como estaba en medio de muchos señoríos, había mano de obra indígena de sobra”, señala el historiador y analista del Archivo General Municipal de Puebla y miembro del consejo de la crónica de la ciudad, Arturo Córdova Durana.

Dice que una vez seleccionado el lugar donde se asentó la nueva ciudad, se repartieron los solares a las personas que habitaron la ciudad y se realizó la misa fundacional por fray Toribio de Benavente, conocido como “Motolinía”, el 16 de abril de 1531, en el sitio donde hoy está la capilla de Santa Elena, actual barrio de El Alto.


Foja del reparto de tierras a los primeros colonos de Puebla. Foto: Hemeroteca de El Sol de Puebla

Durante la bendición se consagraron dos cruces, la de los españoles, que se colocó en ese lugar, y la de los indígenas, que vinieron a edificar la ciudad y quienes construyeron una pequeña ermita a espaldas del convento de San Francisco para colocarla donde hoy está la iglesia del señor ecce homo.

LA POBLACIÓN SE TRASLADA

Las primeras aguas torrenciales se llevaron las casas que se habían construido en este sitio en el que ya se había empezado a establecer la ciudad, así que hubo que cambiarse al lado poniente, a un lugar más alto y protegido.

El Cabildo resolvió trasladar la ciudad al otro lado del río pensando en que el cerro de San Cristóbal (Loreto y Guadalupe) la protegería de los vientos del norte; también para aprovechar que el terreno tenía una pequeña elevación que evitaría inundaciones y permitiría, por un lado, que los desechos se fueran hacia el río, y por el otro, que todos los días, en la mañana y en la tarde, una de las dos aceras tuviera sombra.

El historiador asegura que el lugar elegido fue donde se encuentra ahora el Palacio Municipal y la Catedral: “La ciudad se trazó a partir de las cuatro esquinas del zócalo. Fue una traza rectangular dividida en calles rectas con cierta desviación y con manzanas de 200 varas por 100, cada una dividida en 8 solares”.

“Por el oriente, la ciudad estaba delimitada por el río de San Francisco, por el lado poniente, llegaba hasta la actual 7 Norte-Sur. Hacia el sur, y conforme fueron entregando los solares, se extendió hasta la 13 Oriente-Poniente, y al norte, terminaba donde empieza la iglesia de San José, 20 Oriente-Poniente”, explica.


Entonces se llevó a cabo la fundación civil de la ciudad, el 29 de septiembre de 1531, día de San Miguel Arcángel, por lo que se convirtió en el Santo Patrono. El acto lo hizo constar fray Sebastián Ramírez de Fuenleal, quien era el presidente de la real audiencia (organismo creado por el rey Carlos V para hacer cumplir sus órdenes en el país).

Como la ciudad se había trasladado y este sitio fue el lugar donde prosperó, los pobladores festejaban el 29 de septiembre como fecha de aniversario. Se celebraron el primer y segundo centenario de la fundación, el tercero no se celebró por los diferentes conflictos bélicos que surgieron en Puebla durante el siglo XIX.

Para celebrar el cuarto centenario se formó una comisión de festejos que decidió cambiar la fecha al día de la misa de fundación y así, a partir del siglo XX, el aniversario de la fundación de Puebla se celebra el 16 de abril.

LA CIUDAD DE LOS ÁNGELES

“A seis meses de la fundación civil, en marzo de 1532, la reina Isabel de Portugal le da el título de ´Ciudad de los Ángeles´ a través de una Real Cédula, reconociendo así que se había fundado el día de San Miguel Arcángel”, enfatiza.

“Cuando la reina le da el título a la ciudad, en la parte de abajo de la real cédula, se menciona que se le daba ese nombre a ´la puebla´ (por la acción de poblar) de Los Ángeles. Fue a mediados del siglo XVII que Juan de Palafox y Mendoza la empezó a llamar: Puebla de los Ángeles, y así recibió su nombre actual”, destaca.

En marzo de 1532, la reina Isabel de Portugal le da el título de "Ciudad de los Ángeles" a través de la Real Cédula. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Lo que consolidó a la Angelópolis fue el hecho de que recibió el título de “ciudad” directamente por la reina y de forma inmediata. El historiador refiere que esto es de suma importancia porque para que un territorio se volviera ciudad se pasaba por muchos procesos y años, tal vez siglos, como es el caso de Atlixco, que primero fue Villa de Carreón (1579) y hasta el siglo XIX recibió el título de ciudad.

Córdova Durana enfatiza que, para garantizar esto aún más y asegurar el éxito de la Ciudad de los Ángeles, a los siete años de la fundación, el 30 de julio de 1538, se le concede a la Angelópolis la real provisión del escudo de armas, con la que el rey Carlos V la está ennobleciendo.

“El proceso de fundación fue largo, de 1531 hasta 1534, cuando Juan de Salmerón dejó la Ciudad de los Ángeles con un cabildo bien establecido, algunas casas construidas y cuando ya era seguro que esta ciudad iba a triunfar”, asegura.

Escudo de Armas de la Puebla de Los Ángeles. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

COMIENZA UN SIGLO DE HISTORIA

“La repartición de los primeros solares se hizo para 33 jefes de familia y una viuda, Marina Muñoz viuda de Prieto. Previo a la fundación civil, ya que se había trazado la ciudad en el lado poniente, se volvieron a repartir solares para que los vecinos construyeran sus casas”, expone el investigador David Ramírez Huitrón, fundador de Puebla Antigua.

Las casas del siglo XVI eran anchas y cuadradas, de un piso y un solo patio, en el que se desarrollaba la vida familiar; se construían a los 4 vientos (viendo a todos lados). En esa época, en la parte superior del portón se esculpían los escudos familiares.

“Se crea el concepto de una plaza mayor y se reparten los solares alrededor, así queda definida la zona del zócalo. Construyeron las casas de Cabildo en los portales, ahí estaba la alhóndiga, la cárcel municipal, la sala de los regidores y el archivo. Justo enfrente estaba el poder eclesiástico, que era la casa del obispo”, relata.

Refiere que la primera iglesia estaba en el portal Juárez, muy sencilla porque la ciudad era un pueblito. El obispo tenía su sede en Tlaxcala porque los tlaxcaltecas fueron aliados de los españoles durante la conquista, pero en 1542 el obispado se trasladó a Puebla.

“Llegaron un montón de indígenas de Calpan (municipio cercano a las faldas del Iztaccíhuatl) y construyeron una iglesia de paja con techos de madera en donde hoy es el atrio de la Catedral, y hacia 1580 se ve la necesidad de derribar esa vieja iglesia para construir la que conocemos actualmente”, señala.

A un costado de los poderes se establece “la picota”, comenta, y refiere que era una columna de piedra donde se amarraban a los que se portaban mal para exponerlos públicamente; era castigada la ociosidad y la embriaguez. El pulque solo era para los adultos mayores.

Además de la picota, en la Plaza Mayor estaba la fuente de donde la gente se abastecía de agua para llevar a sus casas y alrededor de esta se establecía el mercado los martes y los jueves.

Del orden se encargaba el alcalde y había un regidor que tenía la responsabilidad de legislar. El cabildo los elegía cada año, normalmente eran personas adineradas que respaldaban su poder aportando dinero al ayuntamiento.

LOS BARRIOS Y LOS GREMIOS

El cambio de la ciudad al lado poniente generó prosperidad en la Ciudad de los Ángeles, que fue creciendo y las 32 familias se multiplicaron. La mayoría de ellas llegaban de España porque en el viejo continente se había corrido la voz de un nuevo reino muy próspero y los reyes decretaron que a todo aquel que viniera a vivir a “la puebla”, no pagarían impuestos por un período de 30 años.

Así empezaron a llegar artesanos y comerciantes: herreros, panaderos, los que trabajaban hierro forjado y vidrio, loza como talavera y así se empiezan a construir gremios, lo que contribuyó al desarrollo de la industria.

“Puebla empezó a crecer apoyada por el sistema de barrios, que se empezaron a formar en los alrededores porque los indígenas entraban y salían, no tenían permitido vivir dentro de la traza de la ciudad, solo los españoles podían. Comenzó a haber mucha actividad con esta interacción en la que los hispanos les daban trabajo a los indígenas por su mano de obra”, detalla.

“Incluso había gente acaudalada como Agustín de Ovando, que prefirió construir su casa en los barrios que se empezaron a regularizar como asentamientos hacia 1540. El primer barrio indígena que surge es El Alto, junto con Analco y Santa Anita, porque estos asentamientos se habían colocado en los caminos principales”, añade.

LAS COMUNICACIONES

El investigador relata que el camino principal de la ciudad era “el camino real a Veracruz” (14 Oriente): “Para entrar a Puebla lo hacían por ahí, cruzaban la plazuela del convento de San Francisco para entrar por la calle de ‘los mesones’ (8 Oriente) y en ‘la de mercaderes’ (2 Norte) se bajaba hacia el zócalo. Para ir a Ciudad de México, cruzaban ‘miradores’ (Reforma) que también fue ‘calle de Cholula’ porque llevaba a ese lugar”.


La ciudad había crecido mucho y había necesidad de cruzar por los puentes de forma segura. Ramírez Huitrón menciona que el primer puente que se colocó fue el de San Francisco en 1535 por la urgencia de cruzar el camino real a Veracruz.

“De origen el puente era de tablones, pero se los llevaba el río, entonces lo construyeron de cal y canto hacia 1538, dos años después le pusieron una cadena y lo ampliaron, pero la ciudad fue creciendo tanto que se saturaba, entonces construyeron el puente de Amalucan (después Bubas)”, detalla.

“Le decían así porque a un costado corría un acueducto que los Jesuitas construyeron desde su Hacienda San Juan Bautista en Amalucan, desde ahí traían su aguadulce para su convento, el edificio Carolino”, agrega.

LAS ÓRDENES RELIGIOSAS

El ayuntamiento tenía gran interés en que llegara la mayor cantidad de órdenes religiosas que además de ayudar en diferentes menesteres le daban prestigio a la ciudad.

“Los franciscanos fueron los primeros en llegar y se encargaban de evangelizar. Hacia 1540 llegaron los dominicos, que defendían la fe a través del tribunal de la inquisición; los jesuitas se encargaban de la educación, construían escuelas y universidades; los carmelitas se dedicaban a la labor social y eran agricultores; y así cada una de las órdenes religiosas que llegaron. Las religiosas femeninas comienzan a llegar hacia 1580”, asegura.

“Cuando los dominicos llegaron querían establecer su propia escuela, el Colegio Real de San Luis y lo querían convertir en universidad, pero el rey no les dio permiso porque iba a competir con la de Ciudad de México. Fue hasta 1580 que los jesuitas establecieron el Colegio del Espíritu Santo que es el antecesor directo de la Universidad de Puebla”, subraya.

En el tempo de San Francisco se conserva un lienzo con los retratos de los doce fundadores de la provincia del Santo Evangelio. Foto: Hemeroteca El Sol de Puebla

HACIA EL CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN

Hacia los cien años de la fundación de la Ciudad de los Ángeles, ésta ya se distinguía por concentrar gran parte de la riqueza económica y cultural del país.

“En 1629 la ciudad ya tenía una cantidad importante de habitantes, estamos hablando de 33 mil. La favorecía su ubicación, era cruce de caminos y a su vez tenía muchas salidas, como a Oaxaca, a Atlixco, a Tlaxcala, o a Cuautinchan. El comercio se trataba y mercaba en Puebla, todo lo que llegaba a los puertos de Veracruz, Oaxaca o Acapulco, pasaba primero por acá antes de ir a CDMX”, asegura.

“Era una ciudad muy pujante, se distinguía por sus iglesias, colegios y conventos, las casas se empezaron a construir de dos pisos, con adornos de azulejos, patios muy grandes, eran casas señoriales muy bonitas; de hecho, durante 300 años (1531-1821), toda la época de la Colonia, fue la capital más importante de la Nueva España y compitió en importancia con CDMX”, concluye.

La Ciudad de los Ángeles se convirtió no solo en una ciudad próspera, también en una de las capitales más importantes de la Nueva España, tanto que incluso se pensó en trasladar la capital del país a la Angelópolis porque la Ciudad de México estuvo inundada cinco años.

A solicitud de la corona española, la segunda real audiencia de México encomendó al licenciado Juan de Salmerón la búsqueda de un lugar adecuado para fundar una ciudad en la que se asentarían los españoles que vagaban por la Nueva España después de La Conquista.

El sitio debería contar con abundancia de agua, para que fuera salubre y sirviera como fuente de energía; también requeriría abundantes materiales para la construcción y la suficiente mano de obra indígena cercana para edificarla.

Los primeros cien años de la fundación de la ciudad de Puebla fueron complicados, pero se empezó a organizar de tal forma que llegó a ser un núcleo social pujante y la urbe más importante de la Nueva España, que ante la Corona española compitió en jerarquía con la Ciudad de México.

LA NUEVA CIUDAD DE ESPAÑOLES

“Salmerón encontró adecuado el valle de Cuetlaxcoapan, que era frontero entre varios señoríos. Estaba entre Cholula, Totimehuacan, Tepeaca y Tlaxcala. Eran tierras de nadie destinadas para las guerras floridas. En el lugar había abundancia de agua porque era atravesado por tres ríos (Atoyac, Alseseca y San Francisco), tenía canteras cercanas para los materiales de construcción, una gran cantidad de bosques y como estaba en medio de muchos señoríos, había mano de obra indígena de sobra”, señala el historiador y analista del Archivo General Municipal de Puebla y miembro del consejo de la crónica de la ciudad, Arturo Córdova Durana.

Dice que una vez seleccionado el lugar donde se asentó la nueva ciudad, se repartieron los solares a las personas que habitaron la ciudad y se realizó la misa fundacional por fray Toribio de Benavente, conocido como “Motolinía”, el 16 de abril de 1531, en el sitio donde hoy está la capilla de Santa Elena, actual barrio de El Alto.


Foja del reparto de tierras a los primeros colonos de Puebla. Foto: Hemeroteca de El Sol de Puebla

Durante la bendición se consagraron dos cruces, la de los españoles, que se colocó en ese lugar, y la de los indígenas, que vinieron a edificar la ciudad y quienes construyeron una pequeña ermita a espaldas del convento de San Francisco para colocarla donde hoy está la iglesia del señor ecce homo.

LA POBLACIÓN SE TRASLADA

Las primeras aguas torrenciales se llevaron las casas que se habían construido en este sitio en el que ya se había empezado a establecer la ciudad, así que hubo que cambiarse al lado poniente, a un lugar más alto y protegido.

El Cabildo resolvió trasladar la ciudad al otro lado del río pensando en que el cerro de San Cristóbal (Loreto y Guadalupe) la protegería de los vientos del norte; también para aprovechar que el terreno tenía una pequeña elevación que evitaría inundaciones y permitiría, por un lado, que los desechos se fueran hacia el río, y por el otro, que todos los días, en la mañana y en la tarde, una de las dos aceras tuviera sombra.

El historiador asegura que el lugar elegido fue donde se encuentra ahora el Palacio Municipal y la Catedral: “La ciudad se trazó a partir de las cuatro esquinas del zócalo. Fue una traza rectangular dividida en calles rectas con cierta desviación y con manzanas de 200 varas por 100, cada una dividida en 8 solares”.

“Por el oriente, la ciudad estaba delimitada por el río de San Francisco, por el lado poniente, llegaba hasta la actual 7 Norte-Sur. Hacia el sur, y conforme fueron entregando los solares, se extendió hasta la 13 Oriente-Poniente, y al norte, terminaba donde empieza la iglesia de San José, 20 Oriente-Poniente”, explica.


Entonces se llevó a cabo la fundación civil de la ciudad, el 29 de septiembre de 1531, día de San Miguel Arcángel, por lo que se convirtió en el Santo Patrono. El acto lo hizo constar fray Sebastián Ramírez de Fuenleal, quien era el presidente de la real audiencia (organismo creado por el rey Carlos V para hacer cumplir sus órdenes en el país).

Como la ciudad se había trasladado y este sitio fue el lugar donde prosperó, los pobladores festejaban el 29 de septiembre como fecha de aniversario. Se celebraron el primer y segundo centenario de la fundación, el tercero no se celebró por los diferentes conflictos bélicos que surgieron en Puebla durante el siglo XIX.

Para celebrar el cuarto centenario se formó una comisión de festejos que decidió cambiar la fecha al día de la misa de fundación y así, a partir del siglo XX, el aniversario de la fundación de Puebla se celebra el 16 de abril.

LA CIUDAD DE LOS ÁNGELES

“A seis meses de la fundación civil, en marzo de 1532, la reina Isabel de Portugal le da el título de ´Ciudad de los Ángeles´ a través de una Real Cédula, reconociendo así que se había fundado el día de San Miguel Arcángel”, enfatiza.

“Cuando la reina le da el título a la ciudad, en la parte de abajo de la real cédula, se menciona que se le daba ese nombre a ´la puebla´ (por la acción de poblar) de Los Ángeles. Fue a mediados del siglo XVII que Juan de Palafox y Mendoza la empezó a llamar: Puebla de los Ángeles, y así recibió su nombre actual”, destaca.

En marzo de 1532, la reina Isabel de Portugal le da el título de "Ciudad de los Ángeles" a través de la Real Cédula. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Lo que consolidó a la Angelópolis fue el hecho de que recibió el título de “ciudad” directamente por la reina y de forma inmediata. El historiador refiere que esto es de suma importancia porque para que un territorio se volviera ciudad se pasaba por muchos procesos y años, tal vez siglos, como es el caso de Atlixco, que primero fue Villa de Carreón (1579) y hasta el siglo XIX recibió el título de ciudad.

Córdova Durana enfatiza que, para garantizar esto aún más y asegurar el éxito de la Ciudad de los Ángeles, a los siete años de la fundación, el 30 de julio de 1538, se le concede a la Angelópolis la real provisión del escudo de armas, con la que el rey Carlos V la está ennobleciendo.

“El proceso de fundación fue largo, de 1531 hasta 1534, cuando Juan de Salmerón dejó la Ciudad de los Ángeles con un cabildo bien establecido, algunas casas construidas y cuando ya era seguro que esta ciudad iba a triunfar”, asegura.

Escudo de Armas de la Puebla de Los Ángeles. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

COMIENZA UN SIGLO DE HISTORIA

“La repartición de los primeros solares se hizo para 33 jefes de familia y una viuda, Marina Muñoz viuda de Prieto. Previo a la fundación civil, ya que se había trazado la ciudad en el lado poniente, se volvieron a repartir solares para que los vecinos construyeran sus casas”, expone el investigador David Ramírez Huitrón, fundador de Puebla Antigua.

Las casas del siglo XVI eran anchas y cuadradas, de un piso y un solo patio, en el que se desarrollaba la vida familiar; se construían a los 4 vientos (viendo a todos lados). En esa época, en la parte superior del portón se esculpían los escudos familiares.

“Se crea el concepto de una plaza mayor y se reparten los solares alrededor, así queda definida la zona del zócalo. Construyeron las casas de Cabildo en los portales, ahí estaba la alhóndiga, la cárcel municipal, la sala de los regidores y el archivo. Justo enfrente estaba el poder eclesiástico, que era la casa del obispo”, relata.

Refiere que la primera iglesia estaba en el portal Juárez, muy sencilla porque la ciudad era un pueblito. El obispo tenía su sede en Tlaxcala porque los tlaxcaltecas fueron aliados de los españoles durante la conquista, pero en 1542 el obispado se trasladó a Puebla.

“Llegaron un montón de indígenas de Calpan (municipio cercano a las faldas del Iztaccíhuatl) y construyeron una iglesia de paja con techos de madera en donde hoy es el atrio de la Catedral, y hacia 1580 se ve la necesidad de derribar esa vieja iglesia para construir la que conocemos actualmente”, señala.

A un costado de los poderes se establece “la picota”, comenta, y refiere que era una columna de piedra donde se amarraban a los que se portaban mal para exponerlos públicamente; era castigada la ociosidad y la embriaguez. El pulque solo era para los adultos mayores.

Además de la picota, en la Plaza Mayor estaba la fuente de donde la gente se abastecía de agua para llevar a sus casas y alrededor de esta se establecía el mercado los martes y los jueves.

Del orden se encargaba el alcalde y había un regidor que tenía la responsabilidad de legislar. El cabildo los elegía cada año, normalmente eran personas adineradas que respaldaban su poder aportando dinero al ayuntamiento.

LOS BARRIOS Y LOS GREMIOS

El cambio de la ciudad al lado poniente generó prosperidad en la Ciudad de los Ángeles, que fue creciendo y las 32 familias se multiplicaron. La mayoría de ellas llegaban de España porque en el viejo continente se había corrido la voz de un nuevo reino muy próspero y los reyes decretaron que a todo aquel que viniera a vivir a “la puebla”, no pagarían impuestos por un período de 30 años.

Así empezaron a llegar artesanos y comerciantes: herreros, panaderos, los que trabajaban hierro forjado y vidrio, loza como talavera y así se empiezan a construir gremios, lo que contribuyó al desarrollo de la industria.

“Puebla empezó a crecer apoyada por el sistema de barrios, que se empezaron a formar en los alrededores porque los indígenas entraban y salían, no tenían permitido vivir dentro de la traza de la ciudad, solo los españoles podían. Comenzó a haber mucha actividad con esta interacción en la que los hispanos les daban trabajo a los indígenas por su mano de obra”, detalla.

“Incluso había gente acaudalada como Agustín de Ovando, que prefirió construir su casa en los barrios que se empezaron a regularizar como asentamientos hacia 1540. El primer barrio indígena que surge es El Alto, junto con Analco y Santa Anita, porque estos asentamientos se habían colocado en los caminos principales”, añade.

LAS COMUNICACIONES

El investigador relata que el camino principal de la ciudad era “el camino real a Veracruz” (14 Oriente): “Para entrar a Puebla lo hacían por ahí, cruzaban la plazuela del convento de San Francisco para entrar por la calle de ‘los mesones’ (8 Oriente) y en ‘la de mercaderes’ (2 Norte) se bajaba hacia el zócalo. Para ir a Ciudad de México, cruzaban ‘miradores’ (Reforma) que también fue ‘calle de Cholula’ porque llevaba a ese lugar”.


La ciudad había crecido mucho y había necesidad de cruzar por los puentes de forma segura. Ramírez Huitrón menciona que el primer puente que se colocó fue el de San Francisco en 1535 por la urgencia de cruzar el camino real a Veracruz.

“De origen el puente era de tablones, pero se los llevaba el río, entonces lo construyeron de cal y canto hacia 1538, dos años después le pusieron una cadena y lo ampliaron, pero la ciudad fue creciendo tanto que se saturaba, entonces construyeron el puente de Amalucan (después Bubas)”, detalla.

“Le decían así porque a un costado corría un acueducto que los Jesuitas construyeron desde su Hacienda San Juan Bautista en Amalucan, desde ahí traían su aguadulce para su convento, el edificio Carolino”, agrega.

LAS ÓRDENES RELIGIOSAS

El ayuntamiento tenía gran interés en que llegara la mayor cantidad de órdenes religiosas que además de ayudar en diferentes menesteres le daban prestigio a la ciudad.

“Los franciscanos fueron los primeros en llegar y se encargaban de evangelizar. Hacia 1540 llegaron los dominicos, que defendían la fe a través del tribunal de la inquisición; los jesuitas se encargaban de la educación, construían escuelas y universidades; los carmelitas se dedicaban a la labor social y eran agricultores; y así cada una de las órdenes religiosas que llegaron. Las religiosas femeninas comienzan a llegar hacia 1580”, asegura.

“Cuando los dominicos llegaron querían establecer su propia escuela, el Colegio Real de San Luis y lo querían convertir en universidad, pero el rey no les dio permiso porque iba a competir con la de Ciudad de México. Fue hasta 1580 que los jesuitas establecieron el Colegio del Espíritu Santo que es el antecesor directo de la Universidad de Puebla”, subraya.

En el tempo de San Francisco se conserva un lienzo con los retratos de los doce fundadores de la provincia del Santo Evangelio. Foto: Hemeroteca El Sol de Puebla

HACIA EL CENTENARIO DE LA FUNDACIÓN

Hacia los cien años de la fundación de la Ciudad de los Ángeles, ésta ya se distinguía por concentrar gran parte de la riqueza económica y cultural del país.

“En 1629 la ciudad ya tenía una cantidad importante de habitantes, estamos hablando de 33 mil. La favorecía su ubicación, era cruce de caminos y a su vez tenía muchas salidas, como a Oaxaca, a Atlixco, a Tlaxcala, o a Cuautinchan. El comercio se trataba y mercaba en Puebla, todo lo que llegaba a los puertos de Veracruz, Oaxaca o Acapulco, pasaba primero por acá antes de ir a CDMX”, asegura.

“Era una ciudad muy pujante, se distinguía por sus iglesias, colegios y conventos, las casas se empezaron a construir de dos pisos, con adornos de azulejos, patios muy grandes, eran casas señoriales muy bonitas; de hecho, durante 300 años (1531-1821), toda la época de la Colonia, fue la capital más importante de la Nueva España y compitió en importancia con CDMX”, concluye.

La Ciudad de los Ángeles se convirtió no solo en una ciudad próspera, también en una de las capitales más importantes de la Nueva España, tanto que incluso se pensó en trasladar la capital del país a la Angelópolis porque la Ciudad de México estuvo inundada cinco años.

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