/ domingo 30 de julio de 2017

Miradas y acciones, inspiración de poemas en la Casa del Abue

Una sonrisa, un rostro, una lágrima o simplemente una palabrason suficientes para que don Heriberto Méndez Flores improviseversos, los cuales no recitará dos veces de la misma manera y lebastará con que sus interlocutores, en ese momento, lo escuchen ylo aprecien o rechacen.

Nació hace 68 años y con su mochila al hombro en la que guardauna pequeña grabadora para compartir música con sus compañeros,camina a ratos por la Casa del Abue. Está seguro que lainspiración para componer los versos es un regalo que Dios le dioa pesar de que no es un lector constante.

Es más, cursó hasta el primer año de secundaria cuandodecidió abandonar la escuela y comenzar a trabajar. Toda suinfancia la pasó en el Barrio del Alto, pues fue la zona en la quevivió, junto a Casa Aguayo, inmueble que antes se conocía comoMarranera.

Hablar con él es conocer la tranquilidad. Pero eso es lo queaparenta, pues siempre fue un hombre inquieto y con intención deconocer y aprender cosas diferentes cada día. Su primer trabajo,antes de cumplir la mayoría de edad, como se acostumbraba en eseentonces, fue como ayudante de albañil.

Hasta que cumplió los 32 años de edad se dio cuenta que en suvida necesitaba estabilidad, por lo que pasó por diferentestrabajos: ayudante de albañil, contador de relojerías, obrero enla Volkswagen, mesero, cantante y taxista fueron tan solo algunosde los rubros en los que se empleó en algún momento de suvida.

Al sentar cabeza, pues hace 48 años que se casó y tuvo cincohijos (uno de ellos difunto), se decidió permanecer en un trabajode forma estable, pues debía reunir los recursos necesarios parasostener a su familia y, años después, se jubiló.

EL ARTE LOMOTIVÓ

Don Heriberto asegura que no acostumbra a leer, es decir, no esuna persona que tome un libro entre sus manos hasta ver el final,pero de alguna manera está interesado en las letras.

La inspiración para componer los versos no sabe a cienciaexacta de dónde sale, lo único de lo que está seguro es que legusta observar todo lo que hay a su alrededor, desde un inmueblehasta la naturaleza.

Pero sin duda ver a la gente, sus expresiones y emociones quereflejan a través del rostro, miradas y movimientos, es lo que lepermiten componer un texto, el cual no tiene que escribirlo antesde recitarlo, tampoco hace pausas, ni lo piensa demasiado.

Es como si lo recitara de memoria, como si en algún momento lohubiera estudiado o por lo menos leído y releído; pero no, lasorpresa es que puede recitar una serie de versos frente a una ovarias personas, pero después no las repetirá de la mismamanera.

https://cdn.oem.com.mx/elsoldepuebla/2017/07/Don-Heriberto-poemas-Casa-del-Abue-600x400.jpg

“A lo mejor más tarde me acuerdo de la forma en la que lodije, pero, no lo voy a recitar de la misma manera. Me inspiro, nosé, en todo. Dios me ayudó con este don, porque lo único que sées que me gusta observar a toda la gente en la calle. A veces túno te das cuenta, pero en la calle la gente sola, sonríe,  llora,está seria, hace gestos o se carcajea y a mí, eso, me encanta”,resaltó.

Convivir con sus compañeros dentro de la Casa del Abue es unade las actividades que más disfruta y en cualquier momento, apetición o por iniciativa propia, puede improvisar unosversos.

Al dirigirse a las mujeres, las puede relacionar con flores ocon Dios, pero cada uno será diferente y a quienes llegue arecitar dejará sin palabras durante varios minutos. Provocará quelas personas que lo escuchan, piensen si el texto ya lo habíaestudiado don Heriberto antes, o si realmente lo improvisó.

La seriedad con la que asegura que acaba de componer el texto,dan la certeza de que así sucedió. No deja dudas de que no lovolverá a repetir de la misma manera aunque algunas veces lasletras se pueden parecer.

Pero tampoco muestra un interés por escribir los textos ydejarlos como un legado a su familia, amigos o compañeros, por elcontrario, se siente feliz recitándolos a su público yarrebatarles, de la mejor manera, una sonrisa o bien espera que ledediquen unas palabras o simplemente silencio.

“A mí no me gusta escribir, a mí me gusta decir las palabrasespontáneamente, así como las pienso, así las digo, buscando enque se escuchen bonitas e intentando reflejar lo que siento en cadaletra que pronuncio”, mencionó.

Y así fue como recitó, de la nada, el siguiente texto.

“Una mañana como hoy, al despertar le di gracias a Dios porexistir,

Y me dije Dios mío, gracias, voy a salir al jardín de lavida,

Voy a deleitarme con las flores hermosas que hay,

Y de pronto darme cuenta de lo hermoso de las flores, susaromas, sus colores,

Veo el rocío de la mañana adornándolas,

Pero, llega un viento suave, bonito, fresco,

Y el vaivén de estas flores me hizo decir, qué bonitas son lasmujeres,

Qué hermoso, porque las mujeres son unas florecitas que Diosregaló,

Para quererlas, para cuidarlas y para verlas”.

En menos de un minuto improvisó estas líneas y contento,después de recitarlas, regresó con sus compañeros, a susactividades dentro de la Casa del Abue.

Una sonrisa, un rostro, una lágrima o simplemente una palabrason suficientes para que don Heriberto Méndez Flores improviseversos, los cuales no recitará dos veces de la misma manera y lebastará con que sus interlocutores, en ese momento, lo escuchen ylo aprecien o rechacen.

Nació hace 68 años y con su mochila al hombro en la que guardauna pequeña grabadora para compartir música con sus compañeros,camina a ratos por la Casa del Abue. Está seguro que lainspiración para componer los versos es un regalo que Dios le dioa pesar de que no es un lector constante.

Es más, cursó hasta el primer año de secundaria cuandodecidió abandonar la escuela y comenzar a trabajar. Toda suinfancia la pasó en el Barrio del Alto, pues fue la zona en la quevivió, junto a Casa Aguayo, inmueble que antes se conocía comoMarranera.

Hablar con él es conocer la tranquilidad. Pero eso es lo queaparenta, pues siempre fue un hombre inquieto y con intención deconocer y aprender cosas diferentes cada día. Su primer trabajo,antes de cumplir la mayoría de edad, como se acostumbraba en eseentonces, fue como ayudante de albañil.

Hasta que cumplió los 32 años de edad se dio cuenta que en suvida necesitaba estabilidad, por lo que pasó por diferentestrabajos: ayudante de albañil, contador de relojerías, obrero enla Volkswagen, mesero, cantante y taxista fueron tan solo algunosde los rubros en los que se empleó en algún momento de suvida.

Al sentar cabeza, pues hace 48 años que se casó y tuvo cincohijos (uno de ellos difunto), se decidió permanecer en un trabajode forma estable, pues debía reunir los recursos necesarios parasostener a su familia y, años después, se jubiló.

EL ARTE LOMOTIVÓ

Don Heriberto asegura que no acostumbra a leer, es decir, no esuna persona que tome un libro entre sus manos hasta ver el final,pero de alguna manera está interesado en las letras.

La inspiración para componer los versos no sabe a cienciaexacta de dónde sale, lo único de lo que está seguro es que legusta observar todo lo que hay a su alrededor, desde un inmueblehasta la naturaleza.

Pero sin duda ver a la gente, sus expresiones y emociones quereflejan a través del rostro, miradas y movimientos, es lo que lepermiten componer un texto, el cual no tiene que escribirlo antesde recitarlo, tampoco hace pausas, ni lo piensa demasiado.

Es como si lo recitara de memoria, como si en algún momento lohubiera estudiado o por lo menos leído y releído; pero no, lasorpresa es que puede recitar una serie de versos frente a una ovarias personas, pero después no las repetirá de la mismamanera.

https://cdn.oem.com.mx/elsoldepuebla/2017/07/Don-Heriberto-poemas-Casa-del-Abue-600x400.jpg

“A lo mejor más tarde me acuerdo de la forma en la que lodije, pero, no lo voy a recitar de la misma manera. Me inspiro, nosé, en todo. Dios me ayudó con este don, porque lo único que sées que me gusta observar a toda la gente en la calle. A veces túno te das cuenta, pero en la calle la gente sola, sonríe,  llora,está seria, hace gestos o se carcajea y a mí, eso, me encanta”,resaltó.

Convivir con sus compañeros dentro de la Casa del Abue es unade las actividades que más disfruta y en cualquier momento, apetición o por iniciativa propia, puede improvisar unosversos.

Al dirigirse a las mujeres, las puede relacionar con flores ocon Dios, pero cada uno será diferente y a quienes llegue arecitar dejará sin palabras durante varios minutos. Provocará quelas personas que lo escuchan, piensen si el texto ya lo habíaestudiado don Heriberto antes, o si realmente lo improvisó.

La seriedad con la que asegura que acaba de componer el texto,dan la certeza de que así sucedió. No deja dudas de que no lovolverá a repetir de la misma manera aunque algunas veces lasletras se pueden parecer.

Pero tampoco muestra un interés por escribir los textos ydejarlos como un legado a su familia, amigos o compañeros, por elcontrario, se siente feliz recitándolos a su público yarrebatarles, de la mejor manera, una sonrisa o bien espera que ledediquen unas palabras o simplemente silencio.

“A mí no me gusta escribir, a mí me gusta decir las palabrasespontáneamente, así como las pienso, así las digo, buscando enque se escuchen bonitas e intentando reflejar lo que siento en cadaletra que pronuncio”, mencionó.

Y así fue como recitó, de la nada, el siguiente texto.

“Una mañana como hoy, al despertar le di gracias a Dios porexistir,

Y me dije Dios mío, gracias, voy a salir al jardín de lavida,

Voy a deleitarme con las flores hermosas que hay,

Y de pronto darme cuenta de lo hermoso de las flores, susaromas, sus colores,

Veo el rocío de la mañana adornándolas,

Pero, llega un viento suave, bonito, fresco,

Y el vaivén de estas flores me hizo decir, qué bonitas son lasmujeres,

Qué hermoso, porque las mujeres son unas florecitas que Diosregaló,

Para quererlas, para cuidarlas y para verlas”.

En menos de un minuto improvisó estas líneas y contento,después de recitarlas, regresó con sus compañeros, a susactividades dentro de la Casa del Abue.

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