/ viernes 29 de abril de 2022

Mujeres liberadas de prisión enfrentan falta de empleo y rechazo social

Tras abandonar la prisión, las mujeres enfrentan muchos obstáculos para lograr reinsertarse a la sociedad

Salir de prisión no es fácil. Las mujeres liberadas muchas veces cargan con otra condena: las barreras sociales que dificultan una reinserción exitosa. Las más importantes tienen que ver con la falta de empleo y, por lo tanto, de ingresos, así como el juicio social y rechazo familiar.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al cierre del año 2020, 774 mujeres estaban privadas de su libertad en Puebla. Ese año egresaron 196 reclusas, quienes se vieron obligadas a buscar la manera de reintegrarse a la vida en familia y en comunidad.

Ana María Acevedo, representante de la organización Pro Niñez, que apoya a mujeres y niños en cárceles, señala que ser una minoría de la población privada de libertad (las mujeres representan el 9 por ciento del total de personas encarceladas en la entidad) se traduce en menos recursos y más limitaciones para las mujeres recluidas en el conjunto de centros penitenciarios de Puebla. Como consecuencia, faltan espacios que permitan atenderlas con los criterios que más favorezcan su reinserción social.

El Sol de Puebla entrevistó a tres exreclusas del penal de San Miguel, quienes coinciden en que, si en la cárcel hubieran tenido más talleres y herramientas de aprendizaje que pudieran emplear en su vida fuera de las rejas, las limitantes para tener una reinserción social exitosa serían menos.

Esta casa editorial buscó la opinión de algún representante de la Secretaría de Seguridad Pública, a cargo de Daniel Iván Cruz Luna, para conocer las acciones que realizan en materia de educación y reinserción social con las mujeres, sin embargo, al cierre de esta edición no se tuvo respuesta.

OMITIR PARA SOBREVIVIR

María” tiene 40 años y estuvo en el penal de San Miguel tres años y 6 meses. Salió en el año 2020 y tardó un mes en conseguir empleo, no obstante, se vio obligada a omitir sus antecedentes penales para poder acceder a este. A ello se suma que tuvo que buscar una actividad ajena a la que se desempeñaba previo a su detención, debido al castigo penal impuesto.

“No puedes decir que estuviste en la cárcel, se te cierran las puertas, nadie te quiere emplear, te señalan e incluso conozco casos donde los compañeros de trabajo les tratan de perjudicar adjudicándoles irregularidades, así hasta cansarlos y que renuncien. Muchos preferimos omitir nuestro pasado para poder sobrevivir”, expresa.

Previo a su actual trabajo, dice que tuvo que pedir a conocidos que la apoyaran económicamente para poder llevar sustento a su hogar, debido a que su madre e hijos dependen de ella.

Recuerda que dentro del penal buscó la posibilidad de formarse como asesora de estudios, acción que le fue negada sin ninguna justificación, y comenta que solo podían acceder a dos talleres: elaboración de cubrebocas o pinzas para colgar ropa, mismos que se impartían de manera esporádica.

Aunado a ello, rememora que cuando quería acceder a clases para recursar la preparatoria tenía que hacer una solicitud con una semana previa y, de ser aceptada, debía ser trasladada al área varonil, ya que en la femenil no tenían estos espacios.

“No teníamos ni aulas, ni biblioteca, ni el pequeño salón de cómputo que sí había en la zona varonil. Para poder entrar debías llenar la solicitud una semana antes, después te llevaban para allá y a las mujeres solo nos dejaban estar una hora. No nos permitían interactuar con hombres, porque los guardias creían que buscábamos otra cosa”, narra.

Lo mismo sucede con Guadalupe, una mujer de 30 años que estuvo en San Miguel por un periodo de seis meses, ya que no existieron suficientes pruebas que la involucraran con el delito señalado y pronto recuperó su libertad. No obstante, ese corto periodo de tiempo fue suficiente para que se le ‘cerraran las puertas’ laborales.

“Ahora prefiero omitir que estuve en San Miguel, pero ya no puedo trabajar en una empresa o en algún otro lado donde me piden antecedentes penales”, comenta.

Actualmente opta por trabajar en el mercado informal vendiendo bolsas que le dan familiares de mujeres que permanecen en San Miguel, para que así ambas partes tengan ingresos, aunque reconoce que es muy complicado venderlas: “Las ofrezco con conocidos, en los mercados, tianguis, tardo una semana en vender una bolsa, la gente prefiere una de marca que algo artesanal”.

Karla tiene 50 años y apenas en abril de este 2022 salió del penal de San Miguel después de permanecer tres años. Ella describe su salida como una situación “agridulce”, pues para ella es un alivio dejar de ver la vida tras las rejas y reencontraste con su familia, pero, del otro lado están el rechazo laboral y los señalamientos.

“Es muy difícil salir a buscar trabajo. Uno queda marcado, aunque no tengas culpa. Solicitas empleo, piden tus antecedentes, los ven y automáticamente te niegan el puesto, y ¿qué haces? No queda más que trabajar en lo informal o no sobrevives, así es la cosa”, platica.

Ahora, la madre de una adolescente, un joven de 19 años y abuela de tres infantes se desempeña como empleada doméstica por recomendación, aun así, no ‘se salva’ de la constante vigilancia que los dueños de las casas mantienen.

Además, cuando no sale ningún trabajo, opta por recorrer las calles y recolectar material para reciclar.

Su meta a corto plazo es tener un local para preparar y vender antojitos, pero por ahora este anhelo se mantiene en pausa ya que no cuenta con los recursos económicos suficientes para invertir.

El deseo es que las mujeres tengan más ayuda y acceso a mejores recursos. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

JUICIO SOCIAL Y RECHAZO FAMILIAR

Ser mujer y cometer un crimen no llega a ser perdonado tan fácilmente por esas personas que creías que se quedarían contigo toda la vida. Al menos eso le pasó a “María”, quien cuenta que integrantes de su familia le retiraron el habla debido a su paso por el penal.

En el caso de Karla, recuerda que de regreso a casa los vecinos aún murmuran a sus espaldas y la señalan, situación que la pone triste e incómoda, pues, dice, la gente desconoce la situación a la que se enfrentan dentro del penal.

“Nos juzgan sin saber nuestra situación. Tenemos derecho a seguir adelante y ojalá la sociedad dejara de juzgar. No somos malas, somos seres humanos y queremos salir adelante, necesitamos que nos den una mano”, manifiesta.

Incluso, Ana María Acevedo, representante de la organización Pro Niñez, señala que las mujeres son un sector olvidado por sus parejas y familia nuclear cuando ingresan a la cárcel, situación que se hace evidente en los días de visita, donde se ven largas filas de madres, hermanas o esposas en espera de visitar a varones, lo que no se replica en el área femenil.

MEJORES ESPACIOS Y ALIANZAS CON EMPRESAS PARA LA REINSERCIÓN LABORAL

Sobre el tema, Ana María señala que los centros penitenciarios en Puebla deberían de ofrecer mayor número de talleres para este sector de la población, pues solo tienen la opción de hacer cubrebocas o pinzas para colgar ropa, actividades poco probables de desempeñar fuera de la cárcel.

Con respecto al proceso de reingreso al salir de la cárcel, Acevedo quisiera que estas mujeres tuvieran más ayuda y acceso a mejores recursos, incluso abre la posibilidad de que empresas hagan convenios con centros penitenciarios o con el gobierno de Puebla, para que al salir de prisión las mujeres tengan una fuente de empleo asegurada.

“La gente, cuando sale, lo hace sin un peso en la bolsa, no tienen nada (…) Hay mujeres que cuando salen vuelven a delinquir para volver a entrar porque no tienen nada. Salen sin familia, sin empleo, sin ropa, salen con lo que llevan puesto y nada más”, finaliza.

Salir de prisión no es fácil. Las mujeres liberadas muchas veces cargan con otra condena: las barreras sociales que dificultan una reinserción exitosa. Las más importantes tienen que ver con la falta de empleo y, por lo tanto, de ingresos, así como el juicio social y rechazo familiar.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), al cierre del año 2020, 774 mujeres estaban privadas de su libertad en Puebla. Ese año egresaron 196 reclusas, quienes se vieron obligadas a buscar la manera de reintegrarse a la vida en familia y en comunidad.

Ana María Acevedo, representante de la organización Pro Niñez, que apoya a mujeres y niños en cárceles, señala que ser una minoría de la población privada de libertad (las mujeres representan el 9 por ciento del total de personas encarceladas en la entidad) se traduce en menos recursos y más limitaciones para las mujeres recluidas en el conjunto de centros penitenciarios de Puebla. Como consecuencia, faltan espacios que permitan atenderlas con los criterios que más favorezcan su reinserción social.

El Sol de Puebla entrevistó a tres exreclusas del penal de San Miguel, quienes coinciden en que, si en la cárcel hubieran tenido más talleres y herramientas de aprendizaje que pudieran emplear en su vida fuera de las rejas, las limitantes para tener una reinserción social exitosa serían menos.

Esta casa editorial buscó la opinión de algún representante de la Secretaría de Seguridad Pública, a cargo de Daniel Iván Cruz Luna, para conocer las acciones que realizan en materia de educación y reinserción social con las mujeres, sin embargo, al cierre de esta edición no se tuvo respuesta.

OMITIR PARA SOBREVIVIR

María” tiene 40 años y estuvo en el penal de San Miguel tres años y 6 meses. Salió en el año 2020 y tardó un mes en conseguir empleo, no obstante, se vio obligada a omitir sus antecedentes penales para poder acceder a este. A ello se suma que tuvo que buscar una actividad ajena a la que se desempeñaba previo a su detención, debido al castigo penal impuesto.

“No puedes decir que estuviste en la cárcel, se te cierran las puertas, nadie te quiere emplear, te señalan e incluso conozco casos donde los compañeros de trabajo les tratan de perjudicar adjudicándoles irregularidades, así hasta cansarlos y que renuncien. Muchos preferimos omitir nuestro pasado para poder sobrevivir”, expresa.

Previo a su actual trabajo, dice que tuvo que pedir a conocidos que la apoyaran económicamente para poder llevar sustento a su hogar, debido a que su madre e hijos dependen de ella.

Recuerda que dentro del penal buscó la posibilidad de formarse como asesora de estudios, acción que le fue negada sin ninguna justificación, y comenta que solo podían acceder a dos talleres: elaboración de cubrebocas o pinzas para colgar ropa, mismos que se impartían de manera esporádica.

Aunado a ello, rememora que cuando quería acceder a clases para recursar la preparatoria tenía que hacer una solicitud con una semana previa y, de ser aceptada, debía ser trasladada al área varonil, ya que en la femenil no tenían estos espacios.

“No teníamos ni aulas, ni biblioteca, ni el pequeño salón de cómputo que sí había en la zona varonil. Para poder entrar debías llenar la solicitud una semana antes, después te llevaban para allá y a las mujeres solo nos dejaban estar una hora. No nos permitían interactuar con hombres, porque los guardias creían que buscábamos otra cosa”, narra.

Lo mismo sucede con Guadalupe, una mujer de 30 años que estuvo en San Miguel por un periodo de seis meses, ya que no existieron suficientes pruebas que la involucraran con el delito señalado y pronto recuperó su libertad. No obstante, ese corto periodo de tiempo fue suficiente para que se le ‘cerraran las puertas’ laborales.

“Ahora prefiero omitir que estuve en San Miguel, pero ya no puedo trabajar en una empresa o en algún otro lado donde me piden antecedentes penales”, comenta.

Actualmente opta por trabajar en el mercado informal vendiendo bolsas que le dan familiares de mujeres que permanecen en San Miguel, para que así ambas partes tengan ingresos, aunque reconoce que es muy complicado venderlas: “Las ofrezco con conocidos, en los mercados, tianguis, tardo una semana en vender una bolsa, la gente prefiere una de marca que algo artesanal”.

Karla tiene 50 años y apenas en abril de este 2022 salió del penal de San Miguel después de permanecer tres años. Ella describe su salida como una situación “agridulce”, pues para ella es un alivio dejar de ver la vida tras las rejas y reencontraste con su familia, pero, del otro lado están el rechazo laboral y los señalamientos.

“Es muy difícil salir a buscar trabajo. Uno queda marcado, aunque no tengas culpa. Solicitas empleo, piden tus antecedentes, los ven y automáticamente te niegan el puesto, y ¿qué haces? No queda más que trabajar en lo informal o no sobrevives, así es la cosa”, platica.

Ahora, la madre de una adolescente, un joven de 19 años y abuela de tres infantes se desempeña como empleada doméstica por recomendación, aun así, no ‘se salva’ de la constante vigilancia que los dueños de las casas mantienen.

Además, cuando no sale ningún trabajo, opta por recorrer las calles y recolectar material para reciclar.

Su meta a corto plazo es tener un local para preparar y vender antojitos, pero por ahora este anhelo se mantiene en pausa ya que no cuenta con los recursos económicos suficientes para invertir.

El deseo es que las mujeres tengan más ayuda y acceso a mejores recursos. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

JUICIO SOCIAL Y RECHAZO FAMILIAR

Ser mujer y cometer un crimen no llega a ser perdonado tan fácilmente por esas personas que creías que se quedarían contigo toda la vida. Al menos eso le pasó a “María”, quien cuenta que integrantes de su familia le retiraron el habla debido a su paso por el penal.

En el caso de Karla, recuerda que de regreso a casa los vecinos aún murmuran a sus espaldas y la señalan, situación que la pone triste e incómoda, pues, dice, la gente desconoce la situación a la que se enfrentan dentro del penal.

“Nos juzgan sin saber nuestra situación. Tenemos derecho a seguir adelante y ojalá la sociedad dejara de juzgar. No somos malas, somos seres humanos y queremos salir adelante, necesitamos que nos den una mano”, manifiesta.

Incluso, Ana María Acevedo, representante de la organización Pro Niñez, señala que las mujeres son un sector olvidado por sus parejas y familia nuclear cuando ingresan a la cárcel, situación que se hace evidente en los días de visita, donde se ven largas filas de madres, hermanas o esposas en espera de visitar a varones, lo que no se replica en el área femenil.

MEJORES ESPACIOS Y ALIANZAS CON EMPRESAS PARA LA REINSERCIÓN LABORAL

Sobre el tema, Ana María señala que los centros penitenciarios en Puebla deberían de ofrecer mayor número de talleres para este sector de la población, pues solo tienen la opción de hacer cubrebocas o pinzas para colgar ropa, actividades poco probables de desempeñar fuera de la cárcel.

Con respecto al proceso de reingreso al salir de la cárcel, Acevedo quisiera que estas mujeres tuvieran más ayuda y acceso a mejores recursos, incluso abre la posibilidad de que empresas hagan convenios con centros penitenciarios o con el gobierno de Puebla, para que al salir de prisión las mujeres tengan una fuente de empleo asegurada.

“La gente, cuando sale, lo hace sin un peso en la bolsa, no tienen nada (…) Hay mujeres que cuando salen vuelven a delinquir para volver a entrar porque no tienen nada. Salen sin familia, sin empleo, sin ropa, salen con lo que llevan puesto y nada más”, finaliza.

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