/ martes 12 de mayo de 2020

Osvaldo, un atlixquense en la línea del fuego de Covid-19 en Nueva York

Sanitiza hospitales en el punto central de la pandemia

La vida para Osvaldo del Moral Luna, de 43 años, transcurría tranquila, era como la de muchos connacionales poblanos ya radicados en Nueva York, pero la pandemia promulgada en marzo cambió radicalmente su vida. La empresa donde prestaba sus servicios cerró su área de trabajo, mientras, los dólares del seguro laboral, duró apenas unos días.

Decidido emprendió la búsqueda de otra fuente de trabajo para sufragar los gastos cotidianos y encontró (en su misma empresa) oferta para la "sanitización", ahí se buscaba a personal dispuestos a combatir desde la primera línea de fuego el Covid-19 en hospitales, oficinas y otras empresas de alimentos.

Sin pensarlo tomó el empleo, sabía de lo peligroso del trabajo que rechazan los norteamericanos y afroamericanos, pero la remuneración valía la pena; además de sentirse orgullo de colaborar desde esa trinchera en el combate a la pandemia: “Es importante hacer algo por la humanidad, motivante”.

Osvaldo, oriundo de la región de Atlixco, Puebla, aún recuerda con temor aquella primera jornada de trabajo de más 10 horas. Llegó con miedo y terror, había que enfrentar al enemigo mundial número 1 que arrebataba la vida de la humanidad a pasos agigantados.

“Ya se habían reportado 15 casos de enfermos en el hospital a desinfectar (Montefiore) del condado del Bronx, epicentro del virus. Se cerró todo un pabellón de consultorios aproximadamente 5 pisos, donde se llegó a desinfectar”.

El valor, las gafas protectoras, su cubre bocas y él enfundado en dos trajes blancos, en las manos doble guante, y con cubre zapatos, son sus únicas armas para derrotar al virus que se propaga por los hospitales en Estados Unidos.

“Se colocan doble guante ya que se rompe continuamente. Solo se puede acceder de 4 en 4 personas, donde a la entrada se revisa la temperatura en cuello o la frente con un sensor para comprobar que no se tiene fiebre para descartar riesgos de contagio (…) Se sube al quinto piso y se colocan trajes herméticos que cubren todo el cuerpo”.

Se trata de una labor que empieza desde las 7 de la mañana. La cita es en el estacionamiento de la compañía, desde donde salen en camionetas entre 10 y 15 personas. Al inicio las jornadas eran de 15 a 17 horas, actualmente rondan en 8 horas.

“Al iniciar el trabajo se inicia desde el piso superior y se va bajando empezando por el desempolvado, después continúa la desinfección con cloro en cada rincón del hospital incluyendo manijas y marcos de las puertas. Todo lo que es tocado por pacientes y doctores es desinfectado. Las mesas y sillas infantiles. Después de la desinfección con cloro se entra a trapear y aspirar. Si se limpia un área donde hubieron infectados se entra con un spray desinfectante compuesto de químicos especiales con competentes combinados con cloro. Al contrario, si no se ha reportado contagios en dicha área se lleva a cabo el procedimiento normal y al último se entra con el gas desinfectante”, explica.

Osvaldo del Moral sale de su domicilio a las 6:30 de mañana, sus pasos se dirigen a su centro de trabajo, la bendición de su esposa es su alimento. Un pequeño descuido en el campo de batalla podría resultar fatal, una rasgadura en su vestimenta, alguna fisura en los cubre bocas marcarían un desenlace fatal.

“Valoro más a mi familia: mi esposa y mis hijos y doy gracias a Dios porque no nos ha alcanzado el virus y continúan saludables”, agregó.

Foto: Osvaldo del Moral

“SENTÍ MIEDO”

Algún día, Osvaldo observando los noticieros vio videos de tráileres llenos de cuerpos de gente que ha perdido la vida por Covid-19 y que se dice son los enviados a fosas comunes en parques de New York y Brooklin, para su sepultura. Él no lo creía hasta que lo presenció.

“Cuando estábamos limpiando el hospital pudimos ver cómo subían cadáveres cubiertos en bolsas naranjas (que son los que están infectados). Han sacado camillas con gente que ha fallecido envueltas en bolsas (…) Ese día vi muchos muertos estaban envueltos en bolsas naranjas, es el color con los que diferencian a los muertos por el virus y de negro para los fallecidos por otras enfermedades, sentí miedo, era mi primera experiencia, nunca antes vista”.

En lo que pudo observar, Osvaldo explica que cuatro personas con protección tomaron las camillas para trasladar los cuerpos.

“Los cuerpos los pasan de una camilla a un tráiler. Las bolsas naranjas son trasladas por cuatro personas vestidos de blanco y otro más de negro, alrededor hay una patrulla. Se vive un momento tenso cuando se van a cargar o descargar cuerpos al hospital. De lejos, las personas encargadas lo hacen con mucho cuidado, se ve que van más protegidos que nosotros”, agrega.

Un momento desagradable fue cuando una unidad de carga llegó y desprendió los olores por descomposición de algún cuerpo: “suponemos que era falla en la refrigeración, una unidad atendió el reporte y creo que fue sancionada”.

Osvaldo emprendió su largo viaje al sueño americano en el 2002. Actualmente vive en White Plains, sede del condado de Westchester, Nueva York y ahora, está muy orgulloso de su trabajo que aporta al combate del virus mundial.

“Los hispanos somos los que estamos en primera línea del Covid-19 y con que una persona se salve por mi trabajo, me doy por bien servido”.

Y concluye: “Aquí las enfermeras nos agradecen bastante y nos dan palabras de ánimo en señal de cooperación a todos los que estamos en la línea de batalla valorando lo que hacemos (…) Quiero mucho a mis paisanos, pero me avergüenza la cultura e ignorancia que tenemos en este tipo de situaciones. Debemos valorar el esfuerzo de enfermeras y doctores sin olvidar al personal de limpieza”.

La vida para Osvaldo del Moral Luna, de 43 años, transcurría tranquila, era como la de muchos connacionales poblanos ya radicados en Nueva York, pero la pandemia promulgada en marzo cambió radicalmente su vida. La empresa donde prestaba sus servicios cerró su área de trabajo, mientras, los dólares del seguro laboral, duró apenas unos días.

Decidido emprendió la búsqueda de otra fuente de trabajo para sufragar los gastos cotidianos y encontró (en su misma empresa) oferta para la "sanitización", ahí se buscaba a personal dispuestos a combatir desde la primera línea de fuego el Covid-19 en hospitales, oficinas y otras empresas de alimentos.

Sin pensarlo tomó el empleo, sabía de lo peligroso del trabajo que rechazan los norteamericanos y afroamericanos, pero la remuneración valía la pena; además de sentirse orgullo de colaborar desde esa trinchera en el combate a la pandemia: “Es importante hacer algo por la humanidad, motivante”.

Osvaldo, oriundo de la región de Atlixco, Puebla, aún recuerda con temor aquella primera jornada de trabajo de más 10 horas. Llegó con miedo y terror, había que enfrentar al enemigo mundial número 1 que arrebataba la vida de la humanidad a pasos agigantados.

“Ya se habían reportado 15 casos de enfermos en el hospital a desinfectar (Montefiore) del condado del Bronx, epicentro del virus. Se cerró todo un pabellón de consultorios aproximadamente 5 pisos, donde se llegó a desinfectar”.

El valor, las gafas protectoras, su cubre bocas y él enfundado en dos trajes blancos, en las manos doble guante, y con cubre zapatos, son sus únicas armas para derrotar al virus que se propaga por los hospitales en Estados Unidos.

“Se colocan doble guante ya que se rompe continuamente. Solo se puede acceder de 4 en 4 personas, donde a la entrada se revisa la temperatura en cuello o la frente con un sensor para comprobar que no se tiene fiebre para descartar riesgos de contagio (…) Se sube al quinto piso y se colocan trajes herméticos que cubren todo el cuerpo”.

Se trata de una labor que empieza desde las 7 de la mañana. La cita es en el estacionamiento de la compañía, desde donde salen en camionetas entre 10 y 15 personas. Al inicio las jornadas eran de 15 a 17 horas, actualmente rondan en 8 horas.

“Al iniciar el trabajo se inicia desde el piso superior y se va bajando empezando por el desempolvado, después continúa la desinfección con cloro en cada rincón del hospital incluyendo manijas y marcos de las puertas. Todo lo que es tocado por pacientes y doctores es desinfectado. Las mesas y sillas infantiles. Después de la desinfección con cloro se entra a trapear y aspirar. Si se limpia un área donde hubieron infectados se entra con un spray desinfectante compuesto de químicos especiales con competentes combinados con cloro. Al contrario, si no se ha reportado contagios en dicha área se lleva a cabo el procedimiento normal y al último se entra con el gas desinfectante”, explica.

Osvaldo del Moral sale de su domicilio a las 6:30 de mañana, sus pasos se dirigen a su centro de trabajo, la bendición de su esposa es su alimento. Un pequeño descuido en el campo de batalla podría resultar fatal, una rasgadura en su vestimenta, alguna fisura en los cubre bocas marcarían un desenlace fatal.

“Valoro más a mi familia: mi esposa y mis hijos y doy gracias a Dios porque no nos ha alcanzado el virus y continúan saludables”, agregó.

Foto: Osvaldo del Moral

“SENTÍ MIEDO”

Algún día, Osvaldo observando los noticieros vio videos de tráileres llenos de cuerpos de gente que ha perdido la vida por Covid-19 y que se dice son los enviados a fosas comunes en parques de New York y Brooklin, para su sepultura. Él no lo creía hasta que lo presenció.

“Cuando estábamos limpiando el hospital pudimos ver cómo subían cadáveres cubiertos en bolsas naranjas (que son los que están infectados). Han sacado camillas con gente que ha fallecido envueltas en bolsas (…) Ese día vi muchos muertos estaban envueltos en bolsas naranjas, es el color con los que diferencian a los muertos por el virus y de negro para los fallecidos por otras enfermedades, sentí miedo, era mi primera experiencia, nunca antes vista”.

En lo que pudo observar, Osvaldo explica que cuatro personas con protección tomaron las camillas para trasladar los cuerpos.

“Los cuerpos los pasan de una camilla a un tráiler. Las bolsas naranjas son trasladas por cuatro personas vestidos de blanco y otro más de negro, alrededor hay una patrulla. Se vive un momento tenso cuando se van a cargar o descargar cuerpos al hospital. De lejos, las personas encargadas lo hacen con mucho cuidado, se ve que van más protegidos que nosotros”, agrega.

Un momento desagradable fue cuando una unidad de carga llegó y desprendió los olores por descomposición de algún cuerpo: “suponemos que era falla en la refrigeración, una unidad atendió el reporte y creo que fue sancionada”.

Osvaldo emprendió su largo viaje al sueño americano en el 2002. Actualmente vive en White Plains, sede del condado de Westchester, Nueva York y ahora, está muy orgulloso de su trabajo que aporta al combate del virus mundial.

“Los hispanos somos los que estamos en primera línea del Covid-19 y con que una persona se salve por mi trabajo, me doy por bien servido”.

Y concluye: “Aquí las enfermeras nos agradecen bastante y nos dan palabras de ánimo en señal de cooperación a todos los que estamos en la línea de batalla valorando lo que hacemos (…) Quiero mucho a mis paisanos, pero me avergüenza la cultura e ignorancia que tenemos en este tipo de situaciones. Debemos valorar el esfuerzo de enfermeras y doctores sin olvidar al personal de limpieza”.

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