/ viernes 5 de febrero de 2021

"Para que una cama se desocupe... solamente es cuando fallece el paciente": médico Covid

Elda Miranda relata la dura realidad al interior de un hospital de atención a pacientes infectados de coronavirus

Con un sofocante traje de protección y una imponente mascarilla que parece salida de una película de terror, es como Elda Miranda Alvarado, médico general del Hospital General de Cholula, ha hecho frente a esta batalla llamada Covid, la cual, ha cobrado la vida de más de 7 mil poblanos en lo que va de la pandemia.

Entrar al Covitario resultaba ser todo un ritual para Alvarado: desde el proceso de ponerse el traje, aguantarlo durante más de seis horas, y quitárselo con suma cautela para no exponerse ante los fluidos con los que se tiene contacto.

Durante tres meses le tocó estar en una de las áreas más delicadas del nosocomio y, aunque ahora se encuentra en el Triage, esto no significa que el riesgo no siga latente; por el contrario, es ahí donde se tiene el primer contacto con los pacientes Covid.

“En los primeros meses, estuve en el Covitario y ahora estoy en el área de Triage, que es donde se tiene el primer contacto. Ahí, se determina si el paciente amerita hospitalizarse o si es candidato para irse a otra unidad en donde están los pacientes más estables y que no necesitan asistencia mecánica ventilatoria, es decir, la intubación”, comenta.

Ver el nivel de gravedad con el que llegan los pacientes a causa de este virus, ha sido para Elda una experiencia de sentimientos encontrados, por un lado, de tristeza, ante el sufrimiento del paciente y sus familiares, y por el otro, de enojo, al darse cuenta que a la fecha hay quienes deciden no cuidarse exponiendo a los demás.

“Desde el principio la gente no se cuidó, incluso, el año pasado había fiestas clandestinas (…) A mí me daba mucho coraje ver cómo la gente estaba en Cancún o en Los Cabos… en ese sentido, como sociedad, fuimos muy irresponsables”, indicó.

Por otro lado, ver cómo las familias se despiden de su ser querido, también ha sido muy doloroso, pero en ese momento no le queda más que ser fuerte.

“Es muy triste ver cómo se despiden los familiares de sus pacientes y, en esos, momentos uno debe ser fuerte. Me ha tocado ver cómo llegan familiares con sus pacientes en el coche, pero cuando salimos a valorarlos, ya no tienen signos vitales. Algunos llegan todos eufóricos, con la urgencia, y uno trata de calmarlos, pero por más palabras, no nos escuchan”.

Esta segunda oleada, reconoce, la contingencia vino con mayor fuerza. Las jornadas, asegura, cada vez son más pesadas debido al incremento de pacientes que llegan en menor tiempo.

“Esta segunda oleada está sobrepasando todo, los hospitales están saturados y la gente está desesperada (…) En mi caso, he visto que los pacientes ya llegan muy mal. Antes, era muy raro el paciente que se hospitalizaba, pero ahora, es muy raro el paciente que no necesita hospitalización. Cada guardia es muy estresante. Está lleno urgencias, está lleno piso y estamos esperando a que se desocupe una cama de urgencias para que el paciente tengo afuera, pueda ingresar”, comparte.

A pesar del riego que su labor representa, Miranda también valora la entrega de sus demás colegas, quienes a diario ingresan al Covitario con un único fin: salvar vidas.

“Mi labor es mínima y estoy agotada, imagínate a mis compañeros que están adentro, mis respetos para ellos, porque a pesar de ser muy cansado siguen dando todo en cada guardia. Cada guardia es como si fuera la primera para ellos”.

Ante este riesgo constante, el médico pidió a la sociedad hacer conciencia para salir de esta situación porque, de no hacerlo, el virus seguirá cobrando cada vez más vidas. “Ojalá con esto la sociedad pudieran tomar conciencia de que no hay que bajar la guardia porque esto está muy feo. Ya no hay camas, ya no hay tomas de oxígeno, ya no hay ventiladores. Para que una cama se desocupe y pueda ingresar un paciente, ahorita solamente es cuando fallecen los pacientes que están adentro. Suena muy fuerte pero esta es la realidad”, enfatizó.

Con un sofocante traje de protección y una imponente mascarilla que parece salida de una película de terror, es como Elda Miranda Alvarado, médico general del Hospital General de Cholula, ha hecho frente a esta batalla llamada Covid, la cual, ha cobrado la vida de más de 7 mil poblanos en lo que va de la pandemia.

Entrar al Covitario resultaba ser todo un ritual para Alvarado: desde el proceso de ponerse el traje, aguantarlo durante más de seis horas, y quitárselo con suma cautela para no exponerse ante los fluidos con los que se tiene contacto.

Durante tres meses le tocó estar en una de las áreas más delicadas del nosocomio y, aunque ahora se encuentra en el Triage, esto no significa que el riesgo no siga latente; por el contrario, es ahí donde se tiene el primer contacto con los pacientes Covid.

“En los primeros meses, estuve en el Covitario y ahora estoy en el área de Triage, que es donde se tiene el primer contacto. Ahí, se determina si el paciente amerita hospitalizarse o si es candidato para irse a otra unidad en donde están los pacientes más estables y que no necesitan asistencia mecánica ventilatoria, es decir, la intubación”, comenta.

Ver el nivel de gravedad con el que llegan los pacientes a causa de este virus, ha sido para Elda una experiencia de sentimientos encontrados, por un lado, de tristeza, ante el sufrimiento del paciente y sus familiares, y por el otro, de enojo, al darse cuenta que a la fecha hay quienes deciden no cuidarse exponiendo a los demás.

“Desde el principio la gente no se cuidó, incluso, el año pasado había fiestas clandestinas (…) A mí me daba mucho coraje ver cómo la gente estaba en Cancún o en Los Cabos… en ese sentido, como sociedad, fuimos muy irresponsables”, indicó.

Por otro lado, ver cómo las familias se despiden de su ser querido, también ha sido muy doloroso, pero en ese momento no le queda más que ser fuerte.

“Es muy triste ver cómo se despiden los familiares de sus pacientes y, en esos, momentos uno debe ser fuerte. Me ha tocado ver cómo llegan familiares con sus pacientes en el coche, pero cuando salimos a valorarlos, ya no tienen signos vitales. Algunos llegan todos eufóricos, con la urgencia, y uno trata de calmarlos, pero por más palabras, no nos escuchan”.

Esta segunda oleada, reconoce, la contingencia vino con mayor fuerza. Las jornadas, asegura, cada vez son más pesadas debido al incremento de pacientes que llegan en menor tiempo.

“Esta segunda oleada está sobrepasando todo, los hospitales están saturados y la gente está desesperada (…) En mi caso, he visto que los pacientes ya llegan muy mal. Antes, era muy raro el paciente que se hospitalizaba, pero ahora, es muy raro el paciente que no necesita hospitalización. Cada guardia es muy estresante. Está lleno urgencias, está lleno piso y estamos esperando a que se desocupe una cama de urgencias para que el paciente tengo afuera, pueda ingresar”, comparte.

A pesar del riego que su labor representa, Miranda también valora la entrega de sus demás colegas, quienes a diario ingresan al Covitario con un único fin: salvar vidas.

“Mi labor es mínima y estoy agotada, imagínate a mis compañeros que están adentro, mis respetos para ellos, porque a pesar de ser muy cansado siguen dando todo en cada guardia. Cada guardia es como si fuera la primera para ellos”.

Ante este riesgo constante, el médico pidió a la sociedad hacer conciencia para salir de esta situación porque, de no hacerlo, el virus seguirá cobrando cada vez más vidas. “Ojalá con esto la sociedad pudieran tomar conciencia de que no hay que bajar la guardia porque esto está muy feo. Ya no hay camas, ya no hay tomas de oxígeno, ya no hay ventiladores. Para que una cama se desocupe y pueda ingresar un paciente, ahorita solamente es cuando fallecen los pacientes que están adentro. Suena muy fuerte pero esta es la realidad”, enfatizó.

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