/ lunes 16 de abril de 2018

Puebla, tercer estado en explotación laboral infantil

“El trabajo infantil viene de la pobreza y de la desigualdad”

Los carros pasan a toda velocidad en Reforma, a la altura de la 37 Norte, una de las avenidas más concurridas de Puebla. Autobuses, combis y coches se detienen apenas un minuto ante el semáforo de una de las vialidades secundarias. Un niño aprovecha entonces para sacar unas pelotas de sus bolsillos y las hace volar sobre su cabeza. Instantes antes del regreso de la luz verde, pasea rápidamente entre los vehículos sin conseguir una sola moneda.

Se llama Carlos y dice tener 11 años, aunque no aparenta más de ocho.

- ¿De dónde eres?

- De Chiapas

- ¿Vas a la escuela?

- En Chiapas, sí, a sexto.

- ¿Y tus papás?,

- Allá, en la Diagonal.

- ¿Trabajas muchas horas?

Silencio.

Carlos abre mucho sus ojos color café con cada pregunta. Él es uno de los niños que vagan por las calles de Puebla, desempeñando una actividad que podría considerarse, según el prisma, explotación laboral. Un total de 208 mil 450 infantes de entre cinco y 17 años está ocupado en el estado, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De ellos, 103 mil 343 realizan un trabajo peligroso, la tercera cifra más elevada de todo el país.

El fenómeno no es nuevo. Casi una década atrás, el Fondo de las Naciones Unidas para la infancia, o Unicef, posicionaba a Puebla como uno de los estados con mayor índice de trabajo infantil en su informe Niños y niñas que trabajan en México: un problema persistente.

“Aproximadamente el 24 por ciento de los trabajadores entre cinco y 17 años se concentra en tres entidades: Estado de México, Jalisco y Puebla”, enumeró el estudio, hecho público en 2009. “El 23.8 por ciento de los niños y las niñas de México entre cinco y 13 años que trabajan reside en Puebla, Jalisco o Guerrero”.

No todos los niños trabajadores son explotados. La diferencia entre trabajo infantil y explotación laboral infantil radica, señaló Bárbara Galarza, coordinadora estatal de la organización Save The Children, en la peligrosidad y el tiempo dedicado a la labor.

Foto: Bibiana Díaz

“La explotación laboral infantil son las peores formas de trabajo que pueden ejercer los niños y niñas”, explicó en entrevista vía telefónica con El Sol de Puebla. “Son aquellas actividades peligrosas, por ejemplo el trabajo en minas, el trabajo en basureros… Depende mucho del número de horas que ellos pasen trabajando, a veces excede por mucho las 12 o 18 horas, nosotros eso lo tratamos como explotación laboral infantil, aunque si bien el trabajo infantil también son actividades no permitidas”.

Ana porta en una tela a un bebé de alrededor de nueve meses entre los carros que atraviesan el bulevar Norte, extendiendo su mano hacia ellos. Duda antes de decir su nombre, duda cuando explica de dónde viene –San Cristóbal de Las Casas, Chiapas- y duda, especialmente, al revelar su edad. Asegura que son 18 años, aunque no parecen más de 15. “Ella es Valentina”, presenta, finalmente, al bebé, dando la espalda a la contaminación que viene de la carretera.

La niña no se separa de Valentina, no va a la escuela y se disculpa varias veces con señas por no hablar bien el castellano. La deserción escolar es una de las peores consecuencias del trabajo, o explotación, infantil. En el estado 53 mil 962 niños y 55 mil 541 niñas –en total, casi 110 mil-, de acuerdo otra vez con información del Inegi, no recibe instrucción.

Foto: Bibiana Díaz

“El trabajo infantil viene de la pobreza y de la desigualdad que existen a nivel estatal y nacional. El trabajo infantil genera que haya deserción escolar, lo que nosotros buscábamos es que los niños disminuyeran sus actividades laborales, sobre todo, dejaran de trabajar para que pudieran tener acceso a la educación”, relató Galarza acerca de los proyectos realizados por Save The Children en el estado.

Sin educación será más difícil que puedan acceder a un trabajo formal, con prestaciones como pensión o sanidad. El 73.7 por ciento por ciento de los poblanos, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) actualizada hasta el cuarto trimestre de 2017, labora en la informalidad.

“Nosotros nos encontramos con familias que finalmente ellos trabajaban en los cruceros y nos decían que ‘¿sabes qué?, ese crucero de tal calle o de tal bulevar, es de nosotros, porque nosotros llegamos primero y yo estoy con mis hijos limpiando parabrisas (…)’”, apuntó Galarza. “Finalmente sabemos que se da esta situación porque no tienen acceso a una educación, el número de niños y niñas que las familias tienen es muy alto, obviamente también necesitan llevar alimento a casa, necesitan vestir, comprar útiles, zapatos”.

Chuy hace piruetas en el bulevar Municipio Libre para llamar la atención de los conductores. Su hermana Andrea, de 15 años, una década mayor, sujeta con fuerza las cajas de chicles que exhibe entre los automovilistas. Son también de Chiapas y aseguran, con la voz de la mayor, que sus padres están cerca. A unos metros, un joven les observa fijamente desde un camellón. Se detiene el tráfico y Andrea reanuda su tarea.

Foto: Bibiana Díaz

“HAY QUE ESTAR MUY AL PENDIENTE”: SAVE THE CHILDREN

La indiferencia de los ciudadanos perpetúa el trabajo y la explotación laboral infantil. Mirar hacia otro lado, dar unas monedas o quejarse de los papás no acabará, señaló Bárbara Galarza, coordinadora estatal de la organización Save The Children, con el problema.

“Muchas veces, como sociedad, tendemos a violentarlos, a marginarlos, que por qué sus papás no se ponen a trabajar… También hay que estar muy al pendiente, si vemos que ya no es normal, que el niño ya lleva mucho tiempo en la calle, sentado en el mismo lugar, siempre paso y lo veo… es necesario hacer una denuncia o avisar a las autoridades correspondientes para que ellos también puedan hacer una investigación”, advirtió.

Los carros pasan a toda velocidad en Reforma, a la altura de la 37 Norte, una de las avenidas más concurridas de Puebla. Autobuses, combis y coches se detienen apenas un minuto ante el semáforo de una de las vialidades secundarias. Un niño aprovecha entonces para sacar unas pelotas de sus bolsillos y las hace volar sobre su cabeza. Instantes antes del regreso de la luz verde, pasea rápidamente entre los vehículos sin conseguir una sola moneda.

Se llama Carlos y dice tener 11 años, aunque no aparenta más de ocho.

- ¿De dónde eres?

- De Chiapas

- ¿Vas a la escuela?

- En Chiapas, sí, a sexto.

- ¿Y tus papás?,

- Allá, en la Diagonal.

- ¿Trabajas muchas horas?

Silencio.

Carlos abre mucho sus ojos color café con cada pregunta. Él es uno de los niños que vagan por las calles de Puebla, desempeñando una actividad que podría considerarse, según el prisma, explotación laboral. Un total de 208 mil 450 infantes de entre cinco y 17 años está ocupado en el estado, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). De ellos, 103 mil 343 realizan un trabajo peligroso, la tercera cifra más elevada de todo el país.

El fenómeno no es nuevo. Casi una década atrás, el Fondo de las Naciones Unidas para la infancia, o Unicef, posicionaba a Puebla como uno de los estados con mayor índice de trabajo infantil en su informe Niños y niñas que trabajan en México: un problema persistente.

“Aproximadamente el 24 por ciento de los trabajadores entre cinco y 17 años se concentra en tres entidades: Estado de México, Jalisco y Puebla”, enumeró el estudio, hecho público en 2009. “El 23.8 por ciento de los niños y las niñas de México entre cinco y 13 años que trabajan reside en Puebla, Jalisco o Guerrero”.

No todos los niños trabajadores son explotados. La diferencia entre trabajo infantil y explotación laboral infantil radica, señaló Bárbara Galarza, coordinadora estatal de la organización Save The Children, en la peligrosidad y el tiempo dedicado a la labor.

Foto: Bibiana Díaz

“La explotación laboral infantil son las peores formas de trabajo que pueden ejercer los niños y niñas”, explicó en entrevista vía telefónica con El Sol de Puebla. “Son aquellas actividades peligrosas, por ejemplo el trabajo en minas, el trabajo en basureros… Depende mucho del número de horas que ellos pasen trabajando, a veces excede por mucho las 12 o 18 horas, nosotros eso lo tratamos como explotación laboral infantil, aunque si bien el trabajo infantil también son actividades no permitidas”.

Ana porta en una tela a un bebé de alrededor de nueve meses entre los carros que atraviesan el bulevar Norte, extendiendo su mano hacia ellos. Duda antes de decir su nombre, duda cuando explica de dónde viene –San Cristóbal de Las Casas, Chiapas- y duda, especialmente, al revelar su edad. Asegura que son 18 años, aunque no parecen más de 15. “Ella es Valentina”, presenta, finalmente, al bebé, dando la espalda a la contaminación que viene de la carretera.

La niña no se separa de Valentina, no va a la escuela y se disculpa varias veces con señas por no hablar bien el castellano. La deserción escolar es una de las peores consecuencias del trabajo, o explotación, infantil. En el estado 53 mil 962 niños y 55 mil 541 niñas –en total, casi 110 mil-, de acuerdo otra vez con información del Inegi, no recibe instrucción.

Foto: Bibiana Díaz

“El trabajo infantil viene de la pobreza y de la desigualdad que existen a nivel estatal y nacional. El trabajo infantil genera que haya deserción escolar, lo que nosotros buscábamos es que los niños disminuyeran sus actividades laborales, sobre todo, dejaran de trabajar para que pudieran tener acceso a la educación”, relató Galarza acerca de los proyectos realizados por Save The Children en el estado.

Sin educación será más difícil que puedan acceder a un trabajo formal, con prestaciones como pensión o sanidad. El 73.7 por ciento por ciento de los poblanos, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) actualizada hasta el cuarto trimestre de 2017, labora en la informalidad.

“Nosotros nos encontramos con familias que finalmente ellos trabajaban en los cruceros y nos decían que ‘¿sabes qué?, ese crucero de tal calle o de tal bulevar, es de nosotros, porque nosotros llegamos primero y yo estoy con mis hijos limpiando parabrisas (…)’”, apuntó Galarza. “Finalmente sabemos que se da esta situación porque no tienen acceso a una educación, el número de niños y niñas que las familias tienen es muy alto, obviamente también necesitan llevar alimento a casa, necesitan vestir, comprar útiles, zapatos”.

Chuy hace piruetas en el bulevar Municipio Libre para llamar la atención de los conductores. Su hermana Andrea, de 15 años, una década mayor, sujeta con fuerza las cajas de chicles que exhibe entre los automovilistas. Son también de Chiapas y aseguran, con la voz de la mayor, que sus padres están cerca. A unos metros, un joven les observa fijamente desde un camellón. Se detiene el tráfico y Andrea reanuda su tarea.

Foto: Bibiana Díaz

“HAY QUE ESTAR MUY AL PENDIENTE”: SAVE THE CHILDREN

La indiferencia de los ciudadanos perpetúa el trabajo y la explotación laboral infantil. Mirar hacia otro lado, dar unas monedas o quejarse de los papás no acabará, señaló Bárbara Galarza, coordinadora estatal de la organización Save The Children, con el problema.

“Muchas veces, como sociedad, tendemos a violentarlos, a marginarlos, que por qué sus papás no se ponen a trabajar… También hay que estar muy al pendiente, si vemos que ya no es normal, que el niño ya lleva mucho tiempo en la calle, sentado en el mismo lugar, siempre paso y lo veo… es necesario hacer una denuncia o avisar a las autoridades correspondientes para que ellos también puedan hacer una investigación”, advirtió.

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