/ jueves 12 de diciembre de 2019

Tradición en riesgo, Millennials no creen en milagros de la guadalupana

Los jóvenes ya no quieren participar en largas caminatas de cinco días a la Basílica de Guadalupe, afirma católico atlixquense

Atlixco, Pue.- La caminata de este 2019 a la Villa de Guadalupe en la Ciudad de México puede ser la última, luego de tres generaciones completas, de la familia Ambrosio. Tardaron más de una semana en convencer a sus millennials para subirse al tren Guadalupano y emprender el paso durante cuatro o cinco días seguidos de ida y de regreso.

“No creen en milagros y en penitencias. Están más arraigados a la posibilidad de una fe más a distancia. Son guadalupanos... eso sí, pero digitales. Y esa modalidad parece ganar ante la idea tradicional de ir a la Villa como una forma de estar a mano con la patrona”, sentenció Vicente, el padre aparentemente resignado.

Y regresó con la memoria a tres décadas atrás. “Mis papá y abuelo jamás preguntaron a sus hijos, entre ellos yo, si queríamos ir a la Basílica. Nos apuntaban en la lista del grupo, y primero era en camión, luego a pie”, destacó.

Nacieron, contó, en el seno de una familia guadalupana atlixquense y “eso es suficiente para honrarla de esa manera cada 12 de diciembre. Es una sensación indescriptible el momento de asomarnos a la Villa. Quizá no estaría dispuesto a cambiarlo”.

Vicente lleva al menos 16 años seguidos planeando con un mes de anticipación el recorrido. “No fallo. Se suman los primos, hermanos, amigos y hasta nuevos parientes”, explicó.

Y tiene tres hijos: Paulino de 19, José de 14 y Ernesto de 12. “Y desde el año pasado tuvimos el primer aviso: no querían emprender el viaje bajo el argumento de la escuela o sus actividades laborales. Pero en el fondo no es una falta de fe. Es un contexto diferente. Quizá contagiados por otras situaciones como los amigos y el Internet”, expresó.

Uno de ellos, el mayor, fue claro: “este año vamos por respeto a las jefas: a mi mamá y a La Guadalupana. Pero será el último para nosotros. Quizá el más pequeño todavía puedan convencerlo”.

Cuestionado sobre las razones, asumió: “quizá es como dice la ciencia, podemos rezar aquí o allá y de todos modos nos escucha. O la sabiduría de los memes sobre los peregrinos puede tener fundamento en el sentido de tratarse de un esfuerzo no inútil, de ninguna manera, pero sí innecesario (sic.)”.

Atlixco, Pue.- La caminata de este 2019 a la Villa de Guadalupe en la Ciudad de México puede ser la última, luego de tres generaciones completas, de la familia Ambrosio. Tardaron más de una semana en convencer a sus millennials para subirse al tren Guadalupano y emprender el paso durante cuatro o cinco días seguidos de ida y de regreso.

“No creen en milagros y en penitencias. Están más arraigados a la posibilidad de una fe más a distancia. Son guadalupanos... eso sí, pero digitales. Y esa modalidad parece ganar ante la idea tradicional de ir a la Villa como una forma de estar a mano con la patrona”, sentenció Vicente, el padre aparentemente resignado.

Y regresó con la memoria a tres décadas atrás. “Mis papá y abuelo jamás preguntaron a sus hijos, entre ellos yo, si queríamos ir a la Basílica. Nos apuntaban en la lista del grupo, y primero era en camión, luego a pie”, destacó.

Nacieron, contó, en el seno de una familia guadalupana atlixquense y “eso es suficiente para honrarla de esa manera cada 12 de diciembre. Es una sensación indescriptible el momento de asomarnos a la Villa. Quizá no estaría dispuesto a cambiarlo”.

Vicente lleva al menos 16 años seguidos planeando con un mes de anticipación el recorrido. “No fallo. Se suman los primos, hermanos, amigos y hasta nuevos parientes”, explicó.

Y tiene tres hijos: Paulino de 19, José de 14 y Ernesto de 12. “Y desde el año pasado tuvimos el primer aviso: no querían emprender el viaje bajo el argumento de la escuela o sus actividades laborales. Pero en el fondo no es una falta de fe. Es un contexto diferente. Quizá contagiados por otras situaciones como los amigos y el Internet”, expresó.

Uno de ellos, el mayor, fue claro: “este año vamos por respeto a las jefas: a mi mamá y a La Guadalupana. Pero será el último para nosotros. Quizá el más pequeño todavía puedan convencerlo”.

Cuestionado sobre las razones, asumió: “quizá es como dice la ciencia, podemos rezar aquí o allá y de todos modos nos escucha. O la sabiduría de los memes sobre los peregrinos puede tener fundamento en el sentido de tratarse de un esfuerzo no inútil, de ninguna manera, pero sí innecesario (sic.)”.

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