/ miércoles 16 de marzo de 2022

Transporte escolar espera el regreso total a clases presenciales para recuperarse

De las 2 mil unidades de transporte escolar que laboraban antes de la pandemia, ahora sólo funcionan cerca de 100 en Puebla

Conductores del transporte escolar en Puebla se encuentran en una situación crítica debido a que, pese a que se reactivaron las clases presenciales, la poca afluencia de alumnos y los efectos económicos negativos de la pandemia de coronavirus los mantiene en números rojos. Después del confinamiento, operan al cinco por ciento de las unidades amarillas que proporcionan la movilización de escolares, de acuerdo con Manuel Torres Casillas, dirigente de la asociación Transporte Escolar Unificado de Puebla.

Tras dos años atípicos, varios prestadores de este servicio decidieron retirarse de la actividad y vender sus unidades o dedicarse a otra cosa. Los que siguen en pie mantienen la esperanza de que, en el próximo ciclo escolar el retorno a clases presenciales sea obligatorio o, al menos, incremente la asistencia del alumnado en los centros escolares, para que con ello puedan tener más clientes y recuperarse económicamente.

Antes de la pandemia operaban alrededor de 2 mil unidades amarillas en el estado, principalmente en los municipios urbanos. En promedio, un trabajador de este sector brindaba el servicio de 15 a 20 alumnos por turno con cuotas de 300 hasta mil 200 pesos mensuales, dependiendo la distancia.

Ahora trabajan con un aproximado de 100 vehículos que trasladan entre uno y máximo 10 alumnos al día con costo de 700 pesos al mes.

Las camionetas amarillas para transporte escolar son un servicio mercantil, que sólo pueden dedicarse a esa función. A los permisionarios se les exige muchos requisitos por parte de la Secretaría de Movilidad y Transporte, como contar con unidades lo más nuevas posible, con menos de 10 años de antigüedad, seguro de cobertura amplia, herramienta, asientos en buen estado, operador uniformado, vehículos pintados del color reglamentario, rotulados, con rejillas en ventanillas (para que los niños no saquen las manos) y botiquín.

Aunque el representante del gremio no dio una cantidad exacta de cuánto invierten, estimó que la cifra supera los 25 mil pesos, sin contar el aumento en el precio de la gasolina, pues actualmente la regular se vende por arriba de 21 pesos el litro y la premium por encima de los 23 pesos, aproximadamente, así como tener cubrebocas, gel antibacterial y desinfectante.

Los requisitos para poder funcionar son amplios y requieren de una gran inversión. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Manuel Torres señaló que en estos seis meses de operación, a partir de agosto de 2021, con el retorno a clases semipresenciales en muchas escuelas, han trabajado en números rojos, a tal grado de tener que hacer un viaje de 30 minutos para recoger y dejar a un solo niño.

“Tenemos que hacer el viaje, aunque sea por un niño, porque ya es cliente de nosotros o es nuevo y los papás insisten; si no venimos nosotros estamos haciendo hincapié a que entren los servicios piratas, que tal vez cobren menos, pero sin ofrecer ninguna garantía. Estamos haciendo labor, ahorita lo que ganamos es para sacar la gasolina, no hay ganancia”, compartió.

EN PANDEMIA "PERDIMOS LA VIDA"

Al igual que Manuel, Gema, Patricia y Silvia son transportistas escolares desde hace más de 30 años y coincidieron que durante el tiempo que han ofrecido este servicio nunca se habían enfrentado a una situación económica tan complicada, hasta el punto de tener que vender sus unidades, terminarse sus ahorros y subsistir vendiendo comida.

Gema Díaz opera desde hace 33 años. En los primeros meses de pandemia convirtió su casa en un espacio para preparar y vender tamales, así como cualquier tipo de antojitos mexicanos, pues, dijo, fue la única forma que tuvo para poder salir adelante y cooperarle a su hija con quien vive.

“Era mantenida, no tenía cómo llevar ingresos a la casa. La única forma fue preparando tamales y cualquier tipo de antojito que se le ocurra. Mis principales clientes eran los papás de mis niños, gente que me conocía y veía como estaba nuestra situación. Fuimos el sector más afectado”, platicó la mujer de 63 años de edad.

Ante la llegada de la pandemia muchos tuvieron que encontrar un nuevo empleo para sobrevivir. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Silvia Alarcón, quien lleva 35 años acompañando a los menores, también optó por vender chiles rellenos para ‘ir al día’. Lamentó no haber sido beneficiada con algún tipo de apoyo por parte de las autoridades, pese a ser uno de los sectores más golpeados y que aún viven las secuelas de la crisis.

La mujer de 64 años platicó que, durante el tiempo sin laborar en la unidad, dos de sus hermanos enfermaron -uno de ellos permanece en el hospital-, por lo que tuvo que buscar otra forma de llevar dinero a su hogar.

“Toda la pandemia estuve encerrada con mis tres hermanos para ayudarlos. Mi hermana mayor fue la que nunca dejó de trabajar. Ella nos alivianaba, se hacía lo que se podía. En las fiestas decembrinas vendí comida, chiles rellenos y de todo. Ahora por lo menos ayudo a pagar el teléfono, el gas, lo que vamos necesitando”, añadió.

Reconoció que trabajar en el ciclo escolar vigente es simplemente por amor a los niños, pues, aunque anhelaba el regreso de los alumnos a las aulas, el transportarlos aún no es redituable.

En el mejor de los casos labora con alrededor de 20 niños a lo largo del día, cuando esa era la cuota por turno. Dijo que hay días donde traslada únicamente a cuatro menores.

A diferencia de otros negocios, los transportistas no ven un cambio tras el combate a la Covid-19. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Manuel, representante del gremio, optó por 'dobletear': por la mañana repartía garrafones de agua y en la tarde trabajaba como repartidor en una taquería.

Antes de que saliera el sol, el hombre de 60 años salía de su casa con dirección a una planta de agua para cargar garrafones y repartirlos por la capital poblana. Posteriormente, a las seis de la tarde, trabajaba como repartidor en una taquería hasta las 12 de la noche.

“Tenía que llevar dinero a mi casa, no podía no hacer nada. Metí solicitudes de empleo a varios lados, pero por mi edad ya no me contrataban, no hubo de otra más de buscar dos trabajos y vivir del apoyo de algunos familiares que nos daban despensa o algo de dinero”, narró.

Un panorama más complicado enfrentó Patricia López, quien además de quedarse sin trabajo también perdió a su esposo. Platicó que desde hace 24 años comenzó a trabajar como transportista escolar en la escuela Leona Vicario y en la escuela Héroes de la Reforma, en la ciudad de Puebla, actividad que se vio interrumpida por el coronavirus.

Fue en 2020 cuando su compañero de vida perdió la batalla contra la covid-19. Desde ese momento tuvo que buscar nuevas formas de llevar el sustento a su casa. Su primera opción: adecuar la unidad para ofrecer servicio de transporte público, por lo que invirtió más de 20 mil pesos en pintura, rotulación, papeleo para emplacamiento, cambio de seguro y otros requisitos.

“Me enfrenté a dos pérdidas: el empleo y mi marido. Tuve que buscar la manera para salir adelante en las dos situaciones. No fue fácil, aún sigue costando, pero ya regresamos para tratar de salir adelante y con la esperanza que el próximo escolar se mejore la situación”, expuso.

En su caso, la cuota es de 60 pesos por día, debido a que los menores acuden a las instituciones de manera escalonada.

“Como aún no regresan totalmente a clases, vienen los niños en diferentes días, hoy (lunes) vengo por cuatro, sigue siendo un golpe fuerte para el transporte escolar”, comentó.

Junto a las medidas que el transporte debe de cumplir también deben de contar con productos como gel antibacterial. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

RETORNO OBLIGATORIO O VACUNACIÓN, LA ESPERANZA

La incertidumbre de no saber cuándo regresarán todos los niños a clases preocupa a los conductores. Su esperanza: vacunación a todos los menores de edad o un retorno obligatorio a clases presenciales, aunque reconocen que la primera opción es poco viable.

“Esperemos que la gente pierda el miedo (a la pandemia). Solo queda seguir cuidándonos y pidiéndole a Dios que los papás ya manden a sus hijos y esto se componga para que nosotros podamos seguir trabajando con tranquilidad y llevar el sustento a la casa. Esperemos que llegue la vacuna para los niños y haya más confianza para mandarlos a clases”, expresó Manuel.

A dos años del inicio de la pandemia de Covid-19 en México, las autoridades aún no implementan una estrategia de protección integral para los menores de cinco a 14 años, como su inclusión en la estrategia nacional de vacunación.

Por su parte, Gema manifestó su ilusión de que la Secretaría de Educación Pública haga obligatorio el regreso a las clases presenciales y desaparezca el sistema de clases en línea: “No vamos a salir de esta situación hasta que las autoridades educativas dejen de permitir las clases en línea y regresen a lo presencial. Esa será la forma en que podremos recuperarnos”.

Los cuatro transportistas coincidieron en que el regreso a clases ha sido benéfico para varios sectores, como el calzado, papelerías, textil, comercio, entre otros.

Sin embargo, el transporte escolar, que es a lo que ellos se dedican, no ha visto una mejora instantánea en su economía y, por el contrario, ha tenido que operar en números rojos para poder brindar el servicio.

Conductores del transporte escolar en Puebla se encuentran en una situación crítica debido a que, pese a que se reactivaron las clases presenciales, la poca afluencia de alumnos y los efectos económicos negativos de la pandemia de coronavirus los mantiene en números rojos. Después del confinamiento, operan al cinco por ciento de las unidades amarillas que proporcionan la movilización de escolares, de acuerdo con Manuel Torres Casillas, dirigente de la asociación Transporte Escolar Unificado de Puebla.

Tras dos años atípicos, varios prestadores de este servicio decidieron retirarse de la actividad y vender sus unidades o dedicarse a otra cosa. Los que siguen en pie mantienen la esperanza de que, en el próximo ciclo escolar el retorno a clases presenciales sea obligatorio o, al menos, incremente la asistencia del alumnado en los centros escolares, para que con ello puedan tener más clientes y recuperarse económicamente.

Antes de la pandemia operaban alrededor de 2 mil unidades amarillas en el estado, principalmente en los municipios urbanos. En promedio, un trabajador de este sector brindaba el servicio de 15 a 20 alumnos por turno con cuotas de 300 hasta mil 200 pesos mensuales, dependiendo la distancia.

Ahora trabajan con un aproximado de 100 vehículos que trasladan entre uno y máximo 10 alumnos al día con costo de 700 pesos al mes.

Las camionetas amarillas para transporte escolar son un servicio mercantil, que sólo pueden dedicarse a esa función. A los permisionarios se les exige muchos requisitos por parte de la Secretaría de Movilidad y Transporte, como contar con unidades lo más nuevas posible, con menos de 10 años de antigüedad, seguro de cobertura amplia, herramienta, asientos en buen estado, operador uniformado, vehículos pintados del color reglamentario, rotulados, con rejillas en ventanillas (para que los niños no saquen las manos) y botiquín.

Aunque el representante del gremio no dio una cantidad exacta de cuánto invierten, estimó que la cifra supera los 25 mil pesos, sin contar el aumento en el precio de la gasolina, pues actualmente la regular se vende por arriba de 21 pesos el litro y la premium por encima de los 23 pesos, aproximadamente, así como tener cubrebocas, gel antibacterial y desinfectante.

Los requisitos para poder funcionar son amplios y requieren de una gran inversión. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Manuel Torres señaló que en estos seis meses de operación, a partir de agosto de 2021, con el retorno a clases semipresenciales en muchas escuelas, han trabajado en números rojos, a tal grado de tener que hacer un viaje de 30 minutos para recoger y dejar a un solo niño.

“Tenemos que hacer el viaje, aunque sea por un niño, porque ya es cliente de nosotros o es nuevo y los papás insisten; si no venimos nosotros estamos haciendo hincapié a que entren los servicios piratas, que tal vez cobren menos, pero sin ofrecer ninguna garantía. Estamos haciendo labor, ahorita lo que ganamos es para sacar la gasolina, no hay ganancia”, compartió.

EN PANDEMIA "PERDIMOS LA VIDA"

Al igual que Manuel, Gema, Patricia y Silvia son transportistas escolares desde hace más de 30 años y coincidieron que durante el tiempo que han ofrecido este servicio nunca se habían enfrentado a una situación económica tan complicada, hasta el punto de tener que vender sus unidades, terminarse sus ahorros y subsistir vendiendo comida.

Gema Díaz opera desde hace 33 años. En los primeros meses de pandemia convirtió su casa en un espacio para preparar y vender tamales, así como cualquier tipo de antojitos mexicanos, pues, dijo, fue la única forma que tuvo para poder salir adelante y cooperarle a su hija con quien vive.

“Era mantenida, no tenía cómo llevar ingresos a la casa. La única forma fue preparando tamales y cualquier tipo de antojito que se le ocurra. Mis principales clientes eran los papás de mis niños, gente que me conocía y veía como estaba nuestra situación. Fuimos el sector más afectado”, platicó la mujer de 63 años de edad.

Ante la llegada de la pandemia muchos tuvieron que encontrar un nuevo empleo para sobrevivir. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Silvia Alarcón, quien lleva 35 años acompañando a los menores, también optó por vender chiles rellenos para ‘ir al día’. Lamentó no haber sido beneficiada con algún tipo de apoyo por parte de las autoridades, pese a ser uno de los sectores más golpeados y que aún viven las secuelas de la crisis.

La mujer de 64 años platicó que, durante el tiempo sin laborar en la unidad, dos de sus hermanos enfermaron -uno de ellos permanece en el hospital-, por lo que tuvo que buscar otra forma de llevar dinero a su hogar.

“Toda la pandemia estuve encerrada con mis tres hermanos para ayudarlos. Mi hermana mayor fue la que nunca dejó de trabajar. Ella nos alivianaba, se hacía lo que se podía. En las fiestas decembrinas vendí comida, chiles rellenos y de todo. Ahora por lo menos ayudo a pagar el teléfono, el gas, lo que vamos necesitando”, añadió.

Reconoció que trabajar en el ciclo escolar vigente es simplemente por amor a los niños, pues, aunque anhelaba el regreso de los alumnos a las aulas, el transportarlos aún no es redituable.

En el mejor de los casos labora con alrededor de 20 niños a lo largo del día, cuando esa era la cuota por turno. Dijo que hay días donde traslada únicamente a cuatro menores.

A diferencia de otros negocios, los transportistas no ven un cambio tras el combate a la Covid-19. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Manuel, representante del gremio, optó por 'dobletear': por la mañana repartía garrafones de agua y en la tarde trabajaba como repartidor en una taquería.

Antes de que saliera el sol, el hombre de 60 años salía de su casa con dirección a una planta de agua para cargar garrafones y repartirlos por la capital poblana. Posteriormente, a las seis de la tarde, trabajaba como repartidor en una taquería hasta las 12 de la noche.

“Tenía que llevar dinero a mi casa, no podía no hacer nada. Metí solicitudes de empleo a varios lados, pero por mi edad ya no me contrataban, no hubo de otra más de buscar dos trabajos y vivir del apoyo de algunos familiares que nos daban despensa o algo de dinero”, narró.

Un panorama más complicado enfrentó Patricia López, quien además de quedarse sin trabajo también perdió a su esposo. Platicó que desde hace 24 años comenzó a trabajar como transportista escolar en la escuela Leona Vicario y en la escuela Héroes de la Reforma, en la ciudad de Puebla, actividad que se vio interrumpida por el coronavirus.

Fue en 2020 cuando su compañero de vida perdió la batalla contra la covid-19. Desde ese momento tuvo que buscar nuevas formas de llevar el sustento a su casa. Su primera opción: adecuar la unidad para ofrecer servicio de transporte público, por lo que invirtió más de 20 mil pesos en pintura, rotulación, papeleo para emplacamiento, cambio de seguro y otros requisitos.

“Me enfrenté a dos pérdidas: el empleo y mi marido. Tuve que buscar la manera para salir adelante en las dos situaciones. No fue fácil, aún sigue costando, pero ya regresamos para tratar de salir adelante y con la esperanza que el próximo escolar se mejore la situación”, expuso.

En su caso, la cuota es de 60 pesos por día, debido a que los menores acuden a las instituciones de manera escalonada.

“Como aún no regresan totalmente a clases, vienen los niños en diferentes días, hoy (lunes) vengo por cuatro, sigue siendo un golpe fuerte para el transporte escolar”, comentó.

Junto a las medidas que el transporte debe de cumplir también deben de contar con productos como gel antibacterial. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

RETORNO OBLIGATORIO O VACUNACIÓN, LA ESPERANZA

La incertidumbre de no saber cuándo regresarán todos los niños a clases preocupa a los conductores. Su esperanza: vacunación a todos los menores de edad o un retorno obligatorio a clases presenciales, aunque reconocen que la primera opción es poco viable.

“Esperemos que la gente pierda el miedo (a la pandemia). Solo queda seguir cuidándonos y pidiéndole a Dios que los papás ya manden a sus hijos y esto se componga para que nosotros podamos seguir trabajando con tranquilidad y llevar el sustento a la casa. Esperemos que llegue la vacuna para los niños y haya más confianza para mandarlos a clases”, expresó Manuel.

A dos años del inicio de la pandemia de Covid-19 en México, las autoridades aún no implementan una estrategia de protección integral para los menores de cinco a 14 años, como su inclusión en la estrategia nacional de vacunación.

Por su parte, Gema manifestó su ilusión de que la Secretaría de Educación Pública haga obligatorio el regreso a las clases presenciales y desaparezca el sistema de clases en línea: “No vamos a salir de esta situación hasta que las autoridades educativas dejen de permitir las clases en línea y regresen a lo presencial. Esa será la forma en que podremos recuperarnos”.

Los cuatro transportistas coincidieron en que el regreso a clases ha sido benéfico para varios sectores, como el calzado, papelerías, textil, comercio, entre otros.

Sin embargo, el transporte escolar, que es a lo que ellos se dedican, no ha visto una mejora instantánea en su economía y, por el contrario, ha tenido que operar en números rojos para poder brindar el servicio.

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