/ martes 11 de agosto de 2020

"Échenme al tigre más furioso": Napoleón Gómez Urrutia

El líder minero asegura que ninguno de los tres últimos presidentes de México lograron encontrar pruebas de los delitos financieros que lo acusaron


"¡Ya después de lo que pasamos, échenme al tigre más furioso y rabioso que quieran!’’, exclama el senador y líder sindical Napoleón Gómez Urrutia, al tiempo de soltar una tronante carcajada.

Con emociones encontradas, el legislador por Morena narra sus sentimientos de satisfacción de haber ganado esta lucha, esta batalla que se le antojó eterna y regresar con la frente en alto; pero de también coraje por la injusticia y la persecución; “desgraciados, no tienen calidad moral ni méritos para haber hecho eso, querer destruir a una organización sindical. ¡Hijos de puta, la verdad, porque no se vale lo que hicieron!’’, expresa Gómez Urrutia.

Es el lado humano de un hombre perseguido, expulsado y en 12 años cargando amenazas de muerte. “Yo regresé a México el 29 de agosto de 2018 en un vuelo de Canadá a San Diego, Estados Unidos; cruce la frontera en Tijuana y de ahí volé a la Ciudad de México. Quedaban tres meses de riesgo del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y aunque ya era senador electo, sabemos cómo se maneja la justicia en nuestro país, había incertidumbre”, narra en un tono sereno y confiado.

El senador recuerda: “Cruzamos la frontera en vehículo ese domingo por la mañana; después de desayunar, me acompañaba uno de mis hijos, un amigo, y el abogado; ya del lado mexicano estaban los soldados con sus armas de alto poder y capuchas y la policía federal, y les dije: ‘Estamos entrando a territorio desconocido: espérenme tantito, voy a bajar, pisar territorio mexicano, me toman fotos y nos regresamos; ahí nos vemos, mejor esperamos a que termine el gobierno de Peña Nieto’”, cuenta a El Sol de México.

En el mundo de los líderes me llaman héroe del sindicalismo mundial

Gómez Urrutia, por primera vez desde su llegada a México abre sus sentimientos y reflexiona: “una noche antes había incertidumbre por los abusos que se cometen en México, pero seguimos directo al aeropuerto de Tijuana”.

“Esa noche cenamos y dormimos en San Diego y comentamos lo que podía pasar en México. Los riesgos, la incertidumbre, después de tantos años de conspiración enfermiza y obsesiva, pero decidimos tomar los riesgos que fueran necesarios y enfrentar las consecuencias. Ya me había despedido de mi esposa y mis hijos’’.

Su esposa Oralia Casso Valdez, por seguridad, viajó por separado.

“Mis amigos en Canadá e ingleses me pedían no arriesgar, ‘México no es un país que respete el Estado de derecho, pueden cometer lo que sea, lo hemos visto’, me decían. Tenían razón, no sabíamos que iba a pasar al aterrizar, porque saliendo del aeropuerto pueden sembrar armas y drogas, cualquier cosa’’.

Relata que en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México ya lo esperaban amigos, familiares y más de 20 líderes sindicales mundiales. “Estaban ahí porque no tenían confianza en que el gobierno de México respetara sus derechos”.

“No alcance a llorar, pero mi esposa quizás sí lo presintió, entonces me agarró, me abrazó y me dio un beso en la boca; fue muy emotivo, pero no alcance a llorar, pero ganas sí tenía porque soy humano, muchas ganas y con razones’’.

Una herencia sindical del que fue su padre, el minero Napoleón Gómez Sada, amigo de Fidel Velázquez, eterno líder cetemista hasta su muerte. “Porque no cualquiera se pelea con El Águila, con tres presidentes y con los hombres más ricos de México’’, señala Gómez Urrutia.

Gómez Urrutia volvió al país el 29 de agosto de 2018 y fue recibido por amigos y líderes sindicales / Foto: Cuartoscuro

PERSECUCIÓN DEMENCIAL

-¿Cuántos años de ausencia, senador?

-Fue una persecución política feroz -12 años y medio-, demencial, cobarde y perversa de tres de los empresarios más ricos de este país, en complicidad con los últimos tres presidentes de México –Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto-. Crearon toda una estrategia y conspiración para destruirme no sólo a mí, también a mi familia y al sindicato minero. Fue una lucha complicada, difícil. Un esfuerzo de resistencia brutal, pero al final se impusieron los principios, valores y lealtad de todos los trabajadores, de organizaciones sindicales y también la solidaridad internacional.

“Fueron años difíciles y complicados. Nunca, ni yo ni mi familia ni los dirigentes nos quebramos, nunca nos echamos para atrás, nunca pensamos en renunciar a la responsabilidad, porque siempre hemos actuado con honestidad y transparencia en el sindicato. En 12 años me reeligieron unánimemente en seis ocasiones. Los trabajadores no son tontos, son inteligentes. Nunca dudaron en brindarme su apoyo.

"No cualquiera se pelea con El Águila, ni contra los tres presidentes ni contra los tres hombres más ricos de este país, pero al final no pudieron porque nunca tuvieron ningún fundamento sus acusaciones falsas, su perversidad y su cobardía y todo lo hicieron para desacreditar y destruir al movimiento obrero democrático’’.

Entre 2006 y 2008, la Procuraduría General de la República solicitó a jueces órdenes de aprehensión contra el líder minero por un presunto delito financiero grave, es decir, disponer ilegalmente de 55 millones de dólares de un fideicomiso de los trabajadores del sindicato.

Atrás quedó el rockstar de los primeros días de su llegada a México, hoy Gómez Urrutia es un hombre que se describe como más tranquilo y sereno.

“Fue la constancia, perseverancia, valor, inteligencia y fuerza con que se defendió a la organización minera y a sus familias”, recuerda durante el encuentro en la estancia de Pasos Perdidos del Senado.

Soy una excepción, un caso único en México, por la consistencia y la cantidad de recursos con que nos atacaron para destruir

“Hay gente que se olvidó de nosotros, quizás la mayoría; gente que veíamos como nuestros amigos, pero se asustaron o no tuvieron el valor o la fuerza de hacer nada, ni siquiera para demostrar solidaridad. Es como cuando uno se cambia de casa, uno se lleva las cosas que realmente valen la pena y las otras se tiran. Las que uno guardó por muchos años creyendo que eran verdaderamente de valor, no lo son, así con las amistades. Al final se redujo mucho el círculo de amigos que hoy cuento con las manos y me sobran dedos.

“Soy un caso único en México, por la consistencia y la cantidad de recursos con que nos atacaron para destruir. En la mayoría de los países cuando son perseguidos con tal agresividad o terminan en la cárcel o terminan muertos o desaparecidos’’, sentencia el ahora legislador.

“Soy una excepción en ese sentido y me siento orgulloso que para los líderes internacionales, los principales en el mundo, me reconocen y aprecian el valor de la lucha; ¡nunca nos rajamos, nunca nos echamos para atrás!

"En el mundo de los líderes sindicales me llaman héroe del sindicalismo mundial y me siento orgulloso’’.

Con su traje café oscuro a cuadros, camisa blanca y corbata con vivos rojos, Napoléon Gómez Urrutia rememora que a lo que él llama persecución inició con el expresidente Vicente Fox Quesada, fue quien detonó y comenzó todo para proteger los intereses de Grupo México, del empresario Germán Larrea.

La estrategia siguió en el gobierno del exmandatario Felipe Calderón, dice el senador: “con todos sus secretarios al servicio de esas empresas cómplices, corruptos que pusieron como secretario del Trabajo, a Javier Lozano Alarcón, y en Gobernación, a Fernando Gómez Mont, el abogado de Larrea durante muchos años, sin ninguna experiencia política y lo ponen como vicepresidente de México. Peña Nieto siguió bajo presiones de esos empresarios y no hizo nada, conociendo que era una violación a los derechos humanos.

"Tuvimos que esperar hasta la llegada de Andrés Manuel López Obrador, un luchador social y perseguido políticamente también, en buena medida por los mismos enemigos que me atacaron a mí y otros más. Abrió la puerta para mi regreso’’.

Foto: Mauricio Huizar

DURMIENDO CON EL ENEMIGO

El 3 de marzo de 2006 salió de México bajo amenazas de arresto, el líder minero Napoléon Gómez Urrutia permaneció tres semanas en Estados Unidos, protegido y apoyado por los el sindicato acerero de ese país, conocido como United Steelworkers, pero, recuerda que el líder nacional de ese gremio, Leo Gerard, le dijo: “oye, Napoleón, no me siento a gusto que estés en Estados Unidos, porque George Bush y Vicente Fox son amigos, montan a caballo y se regalan botas vaqueras. Prefiero que te muevas a Canadá’’.

“Siempre fue Canadá -con elevado sistema de justicia-, en Vancouver, aunque viajaba mucho a Toronto, Montreal, Calgary y Halifax, a invitación para ofrecer conferencias. Un país donde se respetan las leyes, pero también me cobijó la razón y la justicia y no hubo necesidad de pedir asilo político”.

El senador morenista asegura que incluso la Interpol le dio la razón, y al final, en México, fue exonerado de todas las acusaciones. “Me dieron una carta por escrito, porque la Interpol consideró que la solicitud de México era una persecución política, lo que canceló la ficha roja y se pidió a todas las oficinas del mundo que borraran el nombre de Napoleón Gómez Urrutia de cualquier expediente en 2008. Y la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México, en agosto de 2014, me exonera de las acusaciones”.



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Con emociones encontradas, el legislador por Morena narra sus sentimientos de satisfacción de haber ganado esta lucha, esta batalla que se le antojó eterna y regresar con la frente en alto; pero de también coraje por la injusticia y la persecución; “desgraciados, no tienen calidad moral ni méritos para haber hecho eso, querer destruir a una organización sindical. ¡Hijos de puta, la verdad, porque no se vale lo que hicieron!’’, expresa Gómez Urrutia.

Es el lado humano de un hombre perseguido, expulsado y en 12 años cargando amenazas de muerte. “Yo regresé a México el 29 de agosto de 2018 en un vuelo de Canadá a San Diego, Estados Unidos; cruce la frontera en Tijuana y de ahí volé a la Ciudad de México. Quedaban tres meses de riesgo del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto y aunque ya era senador electo, sabemos cómo se maneja la justicia en nuestro país, había incertidumbre”, narra en un tono sereno y confiado.

El senador recuerda: “Cruzamos la frontera en vehículo ese domingo por la mañana; después de desayunar, me acompañaba uno de mis hijos, un amigo, y el abogado; ya del lado mexicano estaban los soldados con sus armas de alto poder y capuchas y la policía federal, y les dije: ‘Estamos entrando a territorio desconocido: espérenme tantito, voy a bajar, pisar territorio mexicano, me toman fotos y nos regresamos; ahí nos vemos, mejor esperamos a que termine el gobierno de Peña Nieto’”, cuenta a El Sol de México.

En el mundo de los líderes me llaman héroe del sindicalismo mundial

Gómez Urrutia, por primera vez desde su llegada a México abre sus sentimientos y reflexiona: “una noche antes había incertidumbre por los abusos que se cometen en México, pero seguimos directo al aeropuerto de Tijuana”.

“Esa noche cenamos y dormimos en San Diego y comentamos lo que podía pasar en México. Los riesgos, la incertidumbre, después de tantos años de conspiración enfermiza y obsesiva, pero decidimos tomar los riesgos que fueran necesarios y enfrentar las consecuencias. Ya me había despedido de mi esposa y mis hijos’’.

Su esposa Oralia Casso Valdez, por seguridad, viajó por separado.

“Mis amigos en Canadá e ingleses me pedían no arriesgar, ‘México no es un país que respete el Estado de derecho, pueden cometer lo que sea, lo hemos visto’, me decían. Tenían razón, no sabíamos que iba a pasar al aterrizar, porque saliendo del aeropuerto pueden sembrar armas y drogas, cualquier cosa’’.

Relata que en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México ya lo esperaban amigos, familiares y más de 20 líderes sindicales mundiales. “Estaban ahí porque no tenían confianza en que el gobierno de México respetara sus derechos”.

“No alcance a llorar, pero mi esposa quizás sí lo presintió, entonces me agarró, me abrazó y me dio un beso en la boca; fue muy emotivo, pero no alcance a llorar, pero ganas sí tenía porque soy humano, muchas ganas y con razones’’.

Una herencia sindical del que fue su padre, el minero Napoleón Gómez Sada, amigo de Fidel Velázquez, eterno líder cetemista hasta su muerte. “Porque no cualquiera se pelea con El Águila, con tres presidentes y con los hombres más ricos de México’’, señala Gómez Urrutia.

Gómez Urrutia volvió al país el 29 de agosto de 2018 y fue recibido por amigos y líderes sindicales / Foto: Cuartoscuro

PERSECUCIÓN DEMENCIAL

-¿Cuántos años de ausencia, senador?

-Fue una persecución política feroz -12 años y medio-, demencial, cobarde y perversa de tres de los empresarios más ricos de este país, en complicidad con los últimos tres presidentes de México –Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto-. Crearon toda una estrategia y conspiración para destruirme no sólo a mí, también a mi familia y al sindicato minero. Fue una lucha complicada, difícil. Un esfuerzo de resistencia brutal, pero al final se impusieron los principios, valores y lealtad de todos los trabajadores, de organizaciones sindicales y también la solidaridad internacional.

“Fueron años difíciles y complicados. Nunca, ni yo ni mi familia ni los dirigentes nos quebramos, nunca nos echamos para atrás, nunca pensamos en renunciar a la responsabilidad, porque siempre hemos actuado con honestidad y transparencia en el sindicato. En 12 años me reeligieron unánimemente en seis ocasiones. Los trabajadores no son tontos, son inteligentes. Nunca dudaron en brindarme su apoyo.

"No cualquiera se pelea con El Águila, ni contra los tres presidentes ni contra los tres hombres más ricos de este país, pero al final no pudieron porque nunca tuvieron ningún fundamento sus acusaciones falsas, su perversidad y su cobardía y todo lo hicieron para desacreditar y destruir al movimiento obrero democrático’’.

Entre 2006 y 2008, la Procuraduría General de la República solicitó a jueces órdenes de aprehensión contra el líder minero por un presunto delito financiero grave, es decir, disponer ilegalmente de 55 millones de dólares de un fideicomiso de los trabajadores del sindicato.

Atrás quedó el rockstar de los primeros días de su llegada a México, hoy Gómez Urrutia es un hombre que se describe como más tranquilo y sereno.

“Fue la constancia, perseverancia, valor, inteligencia y fuerza con que se defendió a la organización minera y a sus familias”, recuerda durante el encuentro en la estancia de Pasos Perdidos del Senado.

Soy una excepción, un caso único en México, por la consistencia y la cantidad de recursos con que nos atacaron para destruir

“Hay gente que se olvidó de nosotros, quizás la mayoría; gente que veíamos como nuestros amigos, pero se asustaron o no tuvieron el valor o la fuerza de hacer nada, ni siquiera para demostrar solidaridad. Es como cuando uno se cambia de casa, uno se lleva las cosas que realmente valen la pena y las otras se tiran. Las que uno guardó por muchos años creyendo que eran verdaderamente de valor, no lo son, así con las amistades. Al final se redujo mucho el círculo de amigos que hoy cuento con las manos y me sobran dedos.

“Soy un caso único en México, por la consistencia y la cantidad de recursos con que nos atacaron para destruir. En la mayoría de los países cuando son perseguidos con tal agresividad o terminan en la cárcel o terminan muertos o desaparecidos’’, sentencia el ahora legislador.

“Soy una excepción en ese sentido y me siento orgulloso que para los líderes internacionales, los principales en el mundo, me reconocen y aprecian el valor de la lucha; ¡nunca nos rajamos, nunca nos echamos para atrás!

"En el mundo de los líderes sindicales me llaman héroe del sindicalismo mundial y me siento orgulloso’’.

Con su traje café oscuro a cuadros, camisa blanca y corbata con vivos rojos, Napoléon Gómez Urrutia rememora que a lo que él llama persecución inició con el expresidente Vicente Fox Quesada, fue quien detonó y comenzó todo para proteger los intereses de Grupo México, del empresario Germán Larrea.

La estrategia siguió en el gobierno del exmandatario Felipe Calderón, dice el senador: “con todos sus secretarios al servicio de esas empresas cómplices, corruptos que pusieron como secretario del Trabajo, a Javier Lozano Alarcón, y en Gobernación, a Fernando Gómez Mont, el abogado de Larrea durante muchos años, sin ninguna experiencia política y lo ponen como vicepresidente de México. Peña Nieto siguió bajo presiones de esos empresarios y no hizo nada, conociendo que era una violación a los derechos humanos.

"Tuvimos que esperar hasta la llegada de Andrés Manuel López Obrador, un luchador social y perseguido políticamente también, en buena medida por los mismos enemigos que me atacaron a mí y otros más. Abrió la puerta para mi regreso’’.

Foto: Mauricio Huizar

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El 3 de marzo de 2006 salió de México bajo amenazas de arresto, el líder minero Napoléon Gómez Urrutia permaneció tres semanas en Estados Unidos, protegido y apoyado por los el sindicato acerero de ese país, conocido como United Steelworkers, pero, recuerda que el líder nacional de ese gremio, Leo Gerard, le dijo: “oye, Napoleón, no me siento a gusto que estés en Estados Unidos, porque George Bush y Vicente Fox son amigos, montan a caballo y se regalan botas vaqueras. Prefiero que te muevas a Canadá’’.

“Siempre fue Canadá -con elevado sistema de justicia-, en Vancouver, aunque viajaba mucho a Toronto, Montreal, Calgary y Halifax, a invitación para ofrecer conferencias. Un país donde se respetan las leyes, pero también me cobijó la razón y la justicia y no hubo necesidad de pedir asilo político”.

El senador morenista asegura que incluso la Interpol le dio la razón, y al final, en México, fue exonerado de todas las acusaciones. “Me dieron una carta por escrito, porque la Interpol consideró que la solicitud de México era una persecución política, lo que canceló la ficha roja y se pidió a todas las oficinas del mundo que borraran el nombre de Napoleón Gómez Urrutia de cualquier expediente en 2008. Y la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México, en agosto de 2014, me exonera de las acusaciones”.



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