/ sábado 21 de noviembre de 2020

Desde tejidos hasta talavera en madera, esta es la labor de reclusos en San Miguel

Con su oficio, los internos también buscan obtener un ingreso económico que sirva para apoyar a sus familias

A pesar del encierro y de estar alejados de su familia, algunos reos y reclusas del penal de San Miguel han logrado sobrellevar la situación de diferente manera; hay quienes optan por estudiar en línea, participar en eventos deportivos, actividades de fisicoculturismo o, bien, por la elaboración de artesanías que además de ser una distracción, para muchas personas privadas de la libertad se ha convertido en una fuente de ingresos con la que incluso siguen manteniendo a su esposa, hijo o a quienes dependan de ellos y ellas.

Ese es el caso de Hilario N, quien hace 18 años y 6 meses ingresó al Centro de Reinserción Social de San Miguel. Ahí llegó sin saber nada, pero después de ver la vida de diferente manera comenzó a estudiar con el fin de superarse, a tal grado que concluyó la preparatoria en línea y después, cursó la licenciatura en ingeniería industrial, así como otras capacitaciones; llegó a ser instructor de bachillerato para ayudar a otros internos.

“Me gradué hace dos años de la licenciatura, entonces al concluirla empecé a identificar algunas oportunidades de negocio que debía aprovechar, algo donde no hubiera competencia y es cuando empiezo a practicar lo de la talavera con fondo de madera, los arbolitos navideños por ejemplo valen 200 pesos; yo no sabía nada, ni agarrar un pincel pero buscando horizontes que me llevaran a generar más ingresos, empecé en esto que hoy es mi actividad; dos años solo miré ya que debido a la escuela no podía practicar e iba haciendo algunas preguntas de cómo hacer esto con lo que he sacado para mis gastos y apoyar a mi familia”, comentó el interno de 46 años.

Sin embargo, previo a este último oficio, en 2018 el hambre de cambio y superación personal también llevó a Hilario a tomar un curso de elaboración de esferas hechas con cajas de leche forradas de cinta decorativa, siendo esto un éxito total entre los internos, familiares y visitas.

“Aquí somos como afuera, un mercado en el que la mayoría de la gente tiene una actividad o aprende una con las capacitaciones, entonces muchos se dedican a la artesanía. En promedio para sacar una docena de esferas le invierto 5 horas y en promedio la docena está en 70 pesos. Mi esposa fue una de las que me impulsó a hacer todo esto, antes estudiar yo veía la vida diferente, podía mirar algunas cosas y no veía oportunidad de negocio; solo fuimos cuatro internos de los miles que somos, los que tomamos el curso de esferas, no le tenía mucha fe pero resultó ser un ‘exitazo’, fue un boom. Una persona incluso me pidió 250 docenas de esferas”, narró Hilario desde el lugar donde se encuentra recluido.

Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Desde la posición en la que se encuentra, el hombre de 46 años de edad ha aprendido a ayudar a otros y poner su ‘granito de arena’, logrando palear más de 18 años de encierro.

“La institución da muchas condiciones para estudiar, tengo muchos reconocimientos que hasta podrían decir que son piratas porque son muchos, pero hasta hay compañeros que dominan varios idiomas y han dado cursos y ahí también estoy. Fui asesor de bachillerato, cosa que es una experiencia nueva, veo que muchos internos no se quieren quedar con la primaria o la secundaria y le ponen ese empeño que se requiere, y otros lo hacen para no aburrirse, son de las experiencias de las que uno dice, ‘no cabe duda que habemos de todo, algunos ya están en la licenciatura, otros no sé si por economía y estado anímico dejaron de estudiar, pero puse mi granito de arena para que muchos aprendieran y crecieran, y eso absorbe mucho tiempo y así es como he logrado sobrevivir y estar tranquilo los 18 años y 6 meses que llevo aquí”, reflexionó Hilario.

PERLA COMBATE EL ENCIERRO TEJIENDO

Al igual que Hilario, Perla N y José N, quienes llevan 11 y 20 años recluidos en el Cereso estatal, han buscado la manera de palear el encierro; en este caso, la mujer de entre 40 y 45 años, al llegar con conocimientos de tejido, decidió aprovechar lo que sabía y hacer prendas, peluches, bufandas y diversos artículos tejidos, para después poder venderlos por medio de sus familiares, las visitas al penal o a través del área de comercialización de la subsecretaría de la Policía Estatal.

Sin embargo, sus conocimientos también los compartió con otras reclusas que se interesaron en dicha actividad como forma de trabajo.


“Desde el tercer día que llegué al penal comencé a tejer pantuflas, gorros, bufandas y con el tiempo se ha ido innovando con la producción de calcetas, carteras, separadores, chalinas, todo lo que sea tejido. El costo varía dependiendo la calidad del material y los días que se invierten para hacer un artículo puede ser de uno a cinco días, pero los más complicados nos llevan 15 días; el tiempo a veces hasta se hace más corto y quisiéramos que el día durara más, porque tenemos pedidos y cosas que entregar y luego no da tiempo, la verdad es que 11 años ni los he sentido, es una forma de autoempleo, me he podido apoyar, soy completamente autosuficiente, y de hecho envío dinero a mi casa”, compartió Perla, la cual señaló que también ha recurrido al fisicoculturismo entre sus actividades para no pensar en la reclusión, ya que días empiezan a las 6:30 am y terminan a las 18: 30 horas, entre actividades laborales, comida y recreación.

Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

En tanto, José N, quien lleva dos décadas en prisión, invierte su tiempo no solo en jugar y practicar basquetbol, sino también en hacer cuadros de madera y repujado, principalmente de imágenes religiosas

“Efectivamente, a través de esta labor, de este trabajo sobrellevo la situación, tenemos tiempo suficiente para elaborar los cuadros, todo se hace a mano. Es una manera de ayudar a la familia y a compañeros de aquí mismo, tratamos de ayudarnos entre sí para que también otros compañeros apoyen a su familia, la cual es la que se encarga muchas veces de comercializar lo que hacemos, por ejemplo los cuadros medianos están en 250 pesos y los más grandes en 400, varía el costo”, explicó José.

Es así como todos los días, los reclusos buscan la manera de no pensar en el cierro y los años que deberán pasar recluidos después de haber sido acusados de manera justa o injusta, de algún delito, muchos incluso han aprendido y encontrado una ocupación que al salir o ya no estar detrás de las rejas, los ayudará a autoemplearse y seguir teniendo una fuente de ingreso.

Por su parte, el área de comercialización adscrita a la subsecretaría de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSP) es la que en apoyo a los internos se encarga de exhibir un catálogo de los productos o artesanías que en el penal se realizan, incluso tramitar pedidos, vender los artículos y enviar al interno el dinero de lo vendido de manera íntegra.

Aunque siempre todo era ofertado por medio de los familiares y las visitas, debido a la suspensión de visitas por la contingencia sanitaria por Covid19, ahora la gente que esté interesada en hacer un pedido o conocer los productos que los internos elaboran, se pueden comunicar al número 2222738156 o bien, al correo subcp@puebla.gob.mx.

A pesar del encierro y de estar alejados de su familia, algunos reos y reclusas del penal de San Miguel han logrado sobrellevar la situación de diferente manera; hay quienes optan por estudiar en línea, participar en eventos deportivos, actividades de fisicoculturismo o, bien, por la elaboración de artesanías que además de ser una distracción, para muchas personas privadas de la libertad se ha convertido en una fuente de ingresos con la que incluso siguen manteniendo a su esposa, hijo o a quienes dependan de ellos y ellas.

Ese es el caso de Hilario N, quien hace 18 años y 6 meses ingresó al Centro de Reinserción Social de San Miguel. Ahí llegó sin saber nada, pero después de ver la vida de diferente manera comenzó a estudiar con el fin de superarse, a tal grado que concluyó la preparatoria en línea y después, cursó la licenciatura en ingeniería industrial, así como otras capacitaciones; llegó a ser instructor de bachillerato para ayudar a otros internos.

“Me gradué hace dos años de la licenciatura, entonces al concluirla empecé a identificar algunas oportunidades de negocio que debía aprovechar, algo donde no hubiera competencia y es cuando empiezo a practicar lo de la talavera con fondo de madera, los arbolitos navideños por ejemplo valen 200 pesos; yo no sabía nada, ni agarrar un pincel pero buscando horizontes que me llevaran a generar más ingresos, empecé en esto que hoy es mi actividad; dos años solo miré ya que debido a la escuela no podía practicar e iba haciendo algunas preguntas de cómo hacer esto con lo que he sacado para mis gastos y apoyar a mi familia”, comentó el interno de 46 años.

Sin embargo, previo a este último oficio, en 2018 el hambre de cambio y superación personal también llevó a Hilario a tomar un curso de elaboración de esferas hechas con cajas de leche forradas de cinta decorativa, siendo esto un éxito total entre los internos, familiares y visitas.

“Aquí somos como afuera, un mercado en el que la mayoría de la gente tiene una actividad o aprende una con las capacitaciones, entonces muchos se dedican a la artesanía. En promedio para sacar una docena de esferas le invierto 5 horas y en promedio la docena está en 70 pesos. Mi esposa fue una de las que me impulsó a hacer todo esto, antes estudiar yo veía la vida diferente, podía mirar algunas cosas y no veía oportunidad de negocio; solo fuimos cuatro internos de los miles que somos, los que tomamos el curso de esferas, no le tenía mucha fe pero resultó ser un ‘exitazo’, fue un boom. Una persona incluso me pidió 250 docenas de esferas”, narró Hilario desde el lugar donde se encuentra recluido.

Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Desde la posición en la que se encuentra, el hombre de 46 años de edad ha aprendido a ayudar a otros y poner su ‘granito de arena’, logrando palear más de 18 años de encierro.

“La institución da muchas condiciones para estudiar, tengo muchos reconocimientos que hasta podrían decir que son piratas porque son muchos, pero hasta hay compañeros que dominan varios idiomas y han dado cursos y ahí también estoy. Fui asesor de bachillerato, cosa que es una experiencia nueva, veo que muchos internos no se quieren quedar con la primaria o la secundaria y le ponen ese empeño que se requiere, y otros lo hacen para no aburrirse, son de las experiencias de las que uno dice, ‘no cabe duda que habemos de todo, algunos ya están en la licenciatura, otros no sé si por economía y estado anímico dejaron de estudiar, pero puse mi granito de arena para que muchos aprendieran y crecieran, y eso absorbe mucho tiempo y así es como he logrado sobrevivir y estar tranquilo los 18 años y 6 meses que llevo aquí”, reflexionó Hilario.

PERLA COMBATE EL ENCIERRO TEJIENDO

Al igual que Hilario, Perla N y José N, quienes llevan 11 y 20 años recluidos en el Cereso estatal, han buscado la manera de palear el encierro; en este caso, la mujer de entre 40 y 45 años, al llegar con conocimientos de tejido, decidió aprovechar lo que sabía y hacer prendas, peluches, bufandas y diversos artículos tejidos, para después poder venderlos por medio de sus familiares, las visitas al penal o a través del área de comercialización de la subsecretaría de la Policía Estatal.

Sin embargo, sus conocimientos también los compartió con otras reclusas que se interesaron en dicha actividad como forma de trabajo.


“Desde el tercer día que llegué al penal comencé a tejer pantuflas, gorros, bufandas y con el tiempo se ha ido innovando con la producción de calcetas, carteras, separadores, chalinas, todo lo que sea tejido. El costo varía dependiendo la calidad del material y los días que se invierten para hacer un artículo puede ser de uno a cinco días, pero los más complicados nos llevan 15 días; el tiempo a veces hasta se hace más corto y quisiéramos que el día durara más, porque tenemos pedidos y cosas que entregar y luego no da tiempo, la verdad es que 11 años ni los he sentido, es una forma de autoempleo, me he podido apoyar, soy completamente autosuficiente, y de hecho envío dinero a mi casa”, compartió Perla, la cual señaló que también ha recurrido al fisicoculturismo entre sus actividades para no pensar en la reclusión, ya que días empiezan a las 6:30 am y terminan a las 18: 30 horas, entre actividades laborales, comida y recreación.

Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

En tanto, José N, quien lleva dos décadas en prisión, invierte su tiempo no solo en jugar y practicar basquetbol, sino también en hacer cuadros de madera y repujado, principalmente de imágenes religiosas

“Efectivamente, a través de esta labor, de este trabajo sobrellevo la situación, tenemos tiempo suficiente para elaborar los cuadros, todo se hace a mano. Es una manera de ayudar a la familia y a compañeros de aquí mismo, tratamos de ayudarnos entre sí para que también otros compañeros apoyen a su familia, la cual es la que se encarga muchas veces de comercializar lo que hacemos, por ejemplo los cuadros medianos están en 250 pesos y los más grandes en 400, varía el costo”, explicó José.

Es así como todos los días, los reclusos buscan la manera de no pensar en el cierro y los años que deberán pasar recluidos después de haber sido acusados de manera justa o injusta, de algún delito, muchos incluso han aprendido y encontrado una ocupación que al salir o ya no estar detrás de las rejas, los ayudará a autoemplearse y seguir teniendo una fuente de ingreso.

Por su parte, el área de comercialización adscrita a la subsecretaría de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSP) es la que en apoyo a los internos se encarga de exhibir un catálogo de los productos o artesanías que en el penal se realizan, incluso tramitar pedidos, vender los artículos y enviar al interno el dinero de lo vendido de manera íntegra.

Aunque siempre todo era ofertado por medio de los familiares y las visitas, debido a la suspensión de visitas por la contingencia sanitaria por Covid19, ahora la gente que esté interesada en hacer un pedido o conocer los productos que los internos elaboran, se pueden comunicar al número 2222738156 o bien, al correo subcp@puebla.gob.mx.

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