/ lunes 10 de mayo de 2021

Patricia, madre devastada por el asesinato de su hijo en anexo La Piedad

Homicidas pagaron 200 mil para escapar, señalan

A poco más de un mes del asesinato de Alan al interior del centro de rehabilitación La Piedad, la familia del joven sigue en espera de que se detenga a los encargados del lugar, sin embargo, temen que la Fiscalía dé carpetazo a la investigación, pues algunos de sus contactos han referido que los involucrados pagaron más de 200 mil pesos para evadir su responsabilidad.

Tres mujeres devastadas por una tragedia: madre, abuela y hermana de Alan: Patricia, Nayeli y Yolanda, abrieron las puertas de su hogar para relatar algunas de las experiencias más traumáticas que trajo consigo la muerte del joven de 21 años de edad, que a pesar de haberse registrado hace más de un mes, sigue doliendo como si hubiera sido ayer.

Alan y sus hermanas crecieron en un mundo familiar fracturado por la separación de sus padres, las agresiones físicas y los improperios. Posiblemente el desarrollarse en ese contexto le haría buscar un refugio en la marihuana, enervante al que se volvería adicto y que de manera indirecta terminaría con su vida.

Según narraron las tres mujeres, Alan previó la edad en la que moriría, pues siempre dijo que su vida acabaría cuando cumpliera los 21 años, “me voy a ir joven como los grandes”. Aseguraron que siempre aludía a la muerte de una forma apacible, pues no temía de ella.

Patricia aseveró que el sábado 3 de abril, fue cuando empezó la muerte de su hijo, pues una mujer le dijo a través de una llamada telefónica, que Alan había tenido vómito desde ese sábado, pero que le habían dado una pastilla y ya estaba bien, sin embargo, y a pesar de haber pagado una consulta médica para Alan, nunca lo atendió un doctor hasta el día en que estaba agonizando.

Tres días después de dicha llamada telefónica, es decir, el martes 6 de abril -el día de la muerte de Alan-, Patricia fue citada por la misma mujer en el anexo La Piedad, quien le señaló que Alan sería revisado por un médico, lo que causó extrañeza en la madre, debido a que sabía que los doctores sólo iban jueves y viernes. “¿Pero mi hijo está bien?”, cuestionó varias veces, “sí, él está bien, sólo tiene un poco de vómito, contestaba la mujer al otro lado de la línea, y continuaba: “Sólo quiero que lo lleves a un hospital para que lo consulten y después me lo regresas para que termine con su rehabilitación”.

Patricia reveló que las llamadas telefónicas de la mujer eran cada vez más insistentes, pues aproximadamente cada 20 minutos le volvía a marcar para preguntar: “ya estás cerca”, lo que para la madre de Alan era un signo de alerta, pues se imaginaba que el estado de salud de su hijo era grave.

Foto: Cortesía familia Alan

Para la señora Patricia hubo una “señal de Dios” que le quiso decir algo: unas ganas inmensas de ir al baño, obligaron a personal del centro de rehabilitación a permitirle la entrada cuando llegó, pese a que ya la estaban esperando en la puerta con un Alan que no podía ni mantenerse en pie. “Vi cosas horribles, vi jóvenes sometidos, jóvenes desnudos, jóvenes hincados, cuando una chica me escuchó llegar, gritó desesperada: ¡ayúdenme!... rápido entré al baño y cuando quise salir ya no me dejaron regresar por el mismo lugar por el que entré, me sacaron por otro lado y me decían apúrese señora, apúrese”, narró Patricia con la voz entrecortada.

Y continuó: “cuando llegué a la puerta me dijo Germán –encargado del anexo- tranquilice a su hija que se está poniendo bien agresiva, yo pregunté porqué y mi hija me dijo mira como te están entregando a tu hijo, te lo están entregando casi muerto… vi a Alan y fue la peor imagen que tengo de mi hijo, mi hijo no era ese… volteé a ver a German y le dije que si le llegaba a pasar algo, iba llegar hasta las últimas consecuencias”.

La mujer subió al auto acompañada de su yerno, su hija Nayeli y su hijo Alan al borde de la muerte; llegaron hasta una clínica de la colonia Joaquín Colombres, no obstante, no quisieron atenderlo, por lo que se trasladaron al Hospital de Traumatología y Ortopedia del Seguro Social, donde tampoco recibió la asistencia médica. Finalmente, se apresuraron hasta el Hospital General del Norte, Patricia descendió del auto y gritó a los médicos que ayudaran a su hijo, una doctora se acercó a Alan y le dijo: “señora su hijo ya no tiene signos vitales”.

Fueron los mismos médicos quienes les refirieron que Alan presentaba golpes en la cabeza, costillas y marcas de aparente sometimiento, incluso les indicaron que tenía un sangrado rectal, por lo que tendrían que notificar a las autoridades ministeriales.

Las mujeres señalaron que hay dos testigos que presenciaron los maltratos de los que Alan fue objeto, sin embargo, sólo una menor –que también estaba internada- quiso declarar ante las autoridades. Según dijo, el día que Alan murió, se percató del momento en que fue golpeado, incluso trató de levantar la mirada, pero Samuel, el enfermero que presuntamente vapuleó a Alan, evitó con otra agresión que observara.

“Estos días han sido muy difíciles, porque la muerte de mi hijo no puede quedar así… es mentira lo que dijo German en una entrevista de que me entregó a mi hijo caminando, a mi hijo me lo llevé cargando”.

La madre de Alan señaló que incluso a uno de los llamados “padrinos”, identificado como Salomón, le recriminó la muerte del joven: “¿Por qué le pegaron a mi hijo, por qué a él?, si yo lo traje bien”, a lo que Salomón respondió: “es que tu hijo era bien rebelde y soberbio”; “sí, pero no era para que me lo mataran”, reviró Patricia.

La conversación no terminó ahí, ya que las últimas palabras que Salomón mencionó a Patricia fueron: “Si ya sabes la verdad, Patricia, actúa como mejor te parezca, si tiene que caer German, si tengo que caer yo, tu actúa, llega hasta donde tengas que llegar”.

En alguna ocasión, el mismo Salomón le llamó a Patricia para decirle que Alan ya había subido a tribuna y que estaba hablando de lo que representaba ella en su vida, esa vez Patricia escuchó que su hijo Alan dijo: “Si yo me drogo es porque es una mala decisión que yo tomé, mi madre siempre me ha dicho que no lo haga, ella siempre me ayudó y me apoyó”, cuando el joven bajó de la tribuna la gente le aplaudió; sus familiares aseguran que esa fue la única vez que escucharon a Alan expresarse con tanta devoción por alguien. “Fue su forma de desahogarse”, dijeron.

Cabe mencionar que Alan fue despedido por amigos el día de su velorio entre improvisaciones de Rap, en una de ellas uno de sus compañeros aseguraba que a pesar de haber sido asesinado, sus verdugos pronto tendrían que caer en manos de la justicia.

EL FANTASMA DE LA FISCALÍA

Investigaciones de los propios familiares de Alan, los llevaron a saber de algunos lugares en los que podrían estar los presuntos responsables de la muerte del joven, no obstante, cuando le entregaron dicha información a la Fiscalía General del Estado (FGE), estos les refirieron que si sabían dónde estaban les avisaran para que pudieran detenerlos, pero cuando les señalaron que la búsqueda podría salir de territorio poblano, la postura cambió, pues, según dijeron, no podrían asumir los gastos de buscarlos fuera de Puebla.

Asimismo, los declarantes aseveraron que el miércoles 5 de mayo, German se presentó en el centro de rehabilitación La Piedad, donde incluso estuvo dialogando con uniformados de la Policía Municipal, a pesar de que existe una orden de aprehensión en su contra. “Se supone que lo andan buscando, ¿cómo es posible que no lo hayan detenido?”, comentó la hermana de Alan.

Los deudos del joven de 21 años de edad, temen que sea verdad una versión que uno de sus contactos les indicó, misma que refiere que presuntamente los responsables pagaron alrededor de 200 mil pesos para que el caso de Alan recibiera carpetazo. “Ya pagamos por el muertito”.

También refirieron que hubo un día en que el gobernador del estado, Miguel Barbosa Huerta, tuvo un evento en el Paseo Bravo, por lo que de inmediato se trasladaron al sitio para protestar durante la ceremonia, no obstante, un funcionario de gobernación les pidió que no hicieran nada, ya que se pondrían a trabajar lo más pronto posible.

Finalmente, los deudos afirmaron que esperarán el tiempo que sea necesario para que la muerte de Alan no quede impune.

A poco más de un mes del asesinato de Alan al interior del centro de rehabilitación La Piedad, la familia del joven sigue en espera de que se detenga a los encargados del lugar, sin embargo, temen que la Fiscalía dé carpetazo a la investigación, pues algunos de sus contactos han referido que los involucrados pagaron más de 200 mil pesos para evadir su responsabilidad.

Tres mujeres devastadas por una tragedia: madre, abuela y hermana de Alan: Patricia, Nayeli y Yolanda, abrieron las puertas de su hogar para relatar algunas de las experiencias más traumáticas que trajo consigo la muerte del joven de 21 años de edad, que a pesar de haberse registrado hace más de un mes, sigue doliendo como si hubiera sido ayer.

Alan y sus hermanas crecieron en un mundo familiar fracturado por la separación de sus padres, las agresiones físicas y los improperios. Posiblemente el desarrollarse en ese contexto le haría buscar un refugio en la marihuana, enervante al que se volvería adicto y que de manera indirecta terminaría con su vida.

Según narraron las tres mujeres, Alan previó la edad en la que moriría, pues siempre dijo que su vida acabaría cuando cumpliera los 21 años, “me voy a ir joven como los grandes”. Aseguraron que siempre aludía a la muerte de una forma apacible, pues no temía de ella.

Patricia aseveró que el sábado 3 de abril, fue cuando empezó la muerte de su hijo, pues una mujer le dijo a través de una llamada telefónica, que Alan había tenido vómito desde ese sábado, pero que le habían dado una pastilla y ya estaba bien, sin embargo, y a pesar de haber pagado una consulta médica para Alan, nunca lo atendió un doctor hasta el día en que estaba agonizando.

Tres días después de dicha llamada telefónica, es decir, el martes 6 de abril -el día de la muerte de Alan-, Patricia fue citada por la misma mujer en el anexo La Piedad, quien le señaló que Alan sería revisado por un médico, lo que causó extrañeza en la madre, debido a que sabía que los doctores sólo iban jueves y viernes. “¿Pero mi hijo está bien?”, cuestionó varias veces, “sí, él está bien, sólo tiene un poco de vómito, contestaba la mujer al otro lado de la línea, y continuaba: “Sólo quiero que lo lleves a un hospital para que lo consulten y después me lo regresas para que termine con su rehabilitación”.

Patricia reveló que las llamadas telefónicas de la mujer eran cada vez más insistentes, pues aproximadamente cada 20 minutos le volvía a marcar para preguntar: “ya estás cerca”, lo que para la madre de Alan era un signo de alerta, pues se imaginaba que el estado de salud de su hijo era grave.

Foto: Cortesía familia Alan

Para la señora Patricia hubo una “señal de Dios” que le quiso decir algo: unas ganas inmensas de ir al baño, obligaron a personal del centro de rehabilitación a permitirle la entrada cuando llegó, pese a que ya la estaban esperando en la puerta con un Alan que no podía ni mantenerse en pie. “Vi cosas horribles, vi jóvenes sometidos, jóvenes desnudos, jóvenes hincados, cuando una chica me escuchó llegar, gritó desesperada: ¡ayúdenme!... rápido entré al baño y cuando quise salir ya no me dejaron regresar por el mismo lugar por el que entré, me sacaron por otro lado y me decían apúrese señora, apúrese”, narró Patricia con la voz entrecortada.

Y continuó: “cuando llegué a la puerta me dijo Germán –encargado del anexo- tranquilice a su hija que se está poniendo bien agresiva, yo pregunté porqué y mi hija me dijo mira como te están entregando a tu hijo, te lo están entregando casi muerto… vi a Alan y fue la peor imagen que tengo de mi hijo, mi hijo no era ese… volteé a ver a German y le dije que si le llegaba a pasar algo, iba llegar hasta las últimas consecuencias”.

La mujer subió al auto acompañada de su yerno, su hija Nayeli y su hijo Alan al borde de la muerte; llegaron hasta una clínica de la colonia Joaquín Colombres, no obstante, no quisieron atenderlo, por lo que se trasladaron al Hospital de Traumatología y Ortopedia del Seguro Social, donde tampoco recibió la asistencia médica. Finalmente, se apresuraron hasta el Hospital General del Norte, Patricia descendió del auto y gritó a los médicos que ayudaran a su hijo, una doctora se acercó a Alan y le dijo: “señora su hijo ya no tiene signos vitales”.

Fueron los mismos médicos quienes les refirieron que Alan presentaba golpes en la cabeza, costillas y marcas de aparente sometimiento, incluso les indicaron que tenía un sangrado rectal, por lo que tendrían que notificar a las autoridades ministeriales.

Las mujeres señalaron que hay dos testigos que presenciaron los maltratos de los que Alan fue objeto, sin embargo, sólo una menor –que también estaba internada- quiso declarar ante las autoridades. Según dijo, el día que Alan murió, se percató del momento en que fue golpeado, incluso trató de levantar la mirada, pero Samuel, el enfermero que presuntamente vapuleó a Alan, evitó con otra agresión que observara.

“Estos días han sido muy difíciles, porque la muerte de mi hijo no puede quedar así… es mentira lo que dijo German en una entrevista de que me entregó a mi hijo caminando, a mi hijo me lo llevé cargando”.

La madre de Alan señaló que incluso a uno de los llamados “padrinos”, identificado como Salomón, le recriminó la muerte del joven: “¿Por qué le pegaron a mi hijo, por qué a él?, si yo lo traje bien”, a lo que Salomón respondió: “es que tu hijo era bien rebelde y soberbio”; “sí, pero no era para que me lo mataran”, reviró Patricia.

La conversación no terminó ahí, ya que las últimas palabras que Salomón mencionó a Patricia fueron: “Si ya sabes la verdad, Patricia, actúa como mejor te parezca, si tiene que caer German, si tengo que caer yo, tu actúa, llega hasta donde tengas que llegar”.

En alguna ocasión, el mismo Salomón le llamó a Patricia para decirle que Alan ya había subido a tribuna y que estaba hablando de lo que representaba ella en su vida, esa vez Patricia escuchó que su hijo Alan dijo: “Si yo me drogo es porque es una mala decisión que yo tomé, mi madre siempre me ha dicho que no lo haga, ella siempre me ayudó y me apoyó”, cuando el joven bajó de la tribuna la gente le aplaudió; sus familiares aseguran que esa fue la única vez que escucharon a Alan expresarse con tanta devoción por alguien. “Fue su forma de desahogarse”, dijeron.

Cabe mencionar que Alan fue despedido por amigos el día de su velorio entre improvisaciones de Rap, en una de ellas uno de sus compañeros aseguraba que a pesar de haber sido asesinado, sus verdugos pronto tendrían que caer en manos de la justicia.

EL FANTASMA DE LA FISCALÍA

Investigaciones de los propios familiares de Alan, los llevaron a saber de algunos lugares en los que podrían estar los presuntos responsables de la muerte del joven, no obstante, cuando le entregaron dicha información a la Fiscalía General del Estado (FGE), estos les refirieron que si sabían dónde estaban les avisaran para que pudieran detenerlos, pero cuando les señalaron que la búsqueda podría salir de territorio poblano, la postura cambió, pues, según dijeron, no podrían asumir los gastos de buscarlos fuera de Puebla.

Asimismo, los declarantes aseveraron que el miércoles 5 de mayo, German se presentó en el centro de rehabilitación La Piedad, donde incluso estuvo dialogando con uniformados de la Policía Municipal, a pesar de que existe una orden de aprehensión en su contra. “Se supone que lo andan buscando, ¿cómo es posible que no lo hayan detenido?”, comentó la hermana de Alan.

Los deudos del joven de 21 años de edad, temen que sea verdad una versión que uno de sus contactos les indicó, misma que refiere que presuntamente los responsables pagaron alrededor de 200 mil pesos para que el caso de Alan recibiera carpetazo. “Ya pagamos por el muertito”.

También refirieron que hubo un día en que el gobernador del estado, Miguel Barbosa Huerta, tuvo un evento en el Paseo Bravo, por lo que de inmediato se trasladaron al sitio para protestar durante la ceremonia, no obstante, un funcionario de gobernación les pidió que no hicieran nada, ya que se pondrían a trabajar lo más pronto posible.

Finalmente, los deudos afirmaron que esperarán el tiempo que sea necesario para que la muerte de Alan no quede impune.

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