/ domingo 6 de diciembre de 2020

Reos, la otra cara de la pandemia

“Vivimos con temor, incertidumbre y preocupación del riesgo que puede correr nuestro hijo; es triste no poder abrazarlo": padres de recluso

“Vivimos con temor, incertidumbre y preocupación del riesgo que puede correr nuestro hijo; es triste no poder abrazarlo, recorremos 8 horas para poder llegar a dejarle de comer y dotarlo de insumos, aunque aumentaron los gastos, hacemos todo por verlo aunque sea 3 minutos y saber que está bien”, así es como familiares de internos en el penal de San Miguel viven día a día, la distancia y restricciones originadas por la emergencia sanitaria por Covid-19.

Para Enrique, el tener a su hijo Leonardo preso y sentenciado por un delito del que no hay pruebas contundentes, ha sido una situación muy complicada, pues jamás creyeron que en algún momento de la vida estarían en esas condiciones, tener que ver a su hijo detrás de las rejas.

Seis años han transcurrido y la distancia, el no tenerlo en casa, sigue siendo un hecho con el que siguen lidiando, a pesar de las adversidades, el desgate físico, económico y emocional, Enrique y su familia no han dejado solo a su interno. El tener que recorrer ocho horas desde su lugar de origen hasta el penal de San Miguel, nunca fue un impedimento para cuidar y atender a su hijo de 30 años de edad.

A la de por sí tortuosa experiencia de tener a un familiar interno, ahora se le sumaron diversas cuestiones generadas por la contingencia sanitaria por Coronavirus, desde el tema de no poder tener contacto físico, no poder convivir y el incremento de los gastos para proveerlo de comida e insumos para su cuidado personal como cubrebocas, gel antibacterial, entre otras cosas pues a pesar de los cuidados que pudieran tener dentro del Cereso, para ellos como familiares, es importante asegurarse que tendrá los insumos para evitar que su hijo Leonardo se infecte dentro del penal.

“Desconocíamos cuáles iban a ser las tácticas y las estrategias de la Dirección de Ceresos. Al inicio de la pandemia (en marzo) continuaron las visitas, pero posteriormente cuando recrudeció la situación, se tomaron medidas precautorias y ahora también era la tristeza la que nos invadía, el hecho de saber que no podíamos ver a nuestro familiar antes, pues cada fin de semana, cada quince días que entrábamos los sábados y domingos, estábamos con él todo el día desde 9 de la mañana hasta 6 de la tarde; desayunábamos, comíamos y platicábamos con él, convivíamos, pero ahora ya no”, explicó Enrique, quien comentó que ahora solo pueden entrar un día, llevarle comida, saludarlos si acaso 3 minutos y ya.

Lo anterior, solo después de pasar por diversos filtros de seguridad y sanitarios ya que a decir del entrevistado, les exigen cubrebocas, careta, después se registran, deben lavarse las manos y usar gel antibacterial, además de que los sanitizan tres o cuatro veces, hasta llegar con su familiar interno, al cual solo pueden saludarlo, entregarle la comida y después de tres minutos deben retirarse del lugar.

Aunque el no poder convivir con su hijo es doloroso, por otra parte, Enrique también entiende que todo se debe a medidas para salvaguardar la salud e integridad de Leonardo, así como de otros internos.

“Por una parte es doloroso porque no puedes abrazarlo o darle un beso, tomarlo de la mano pero por otra, también hay que ser conscientes que es por su seguridad. Sabemos que el Covid tiene consecuencias fatales; imagínate en un Cereso cuánta gente hay y algunos se cuidan, otros no. Un contagio masivo sería fatal para todos ellos. Seguimos con la incertidumbre de saber si las autoridades sabrán o podrán actuar en caso de una emergencia interna. No lo sabemos, pero esperamos que con todos sean así de estrictos como con nosotros”, narró el entrevistado.

Para Enrique y su familia, las afectaciones emocionales, no fueron las únicas repercusiones por la pandemia, sus bolsillos también se han visto en aprietos, pues ahora deben gastar más hasta en sus traslados a la ciudad de Puebla, de manera particular, pues ante el riesgo de infectarse, no pueden usar autobús.

“Lo que te podías ahorrar antes llevándole comida cada 8 días, ahora ya no. Ahora hay que darle dinero para que coma dentro del Cereso, hay que comprarle insumos para que se proteja del Coronavirus y ahora tenemos que viajar en nuestro auto particular, lo cual sale más caro, hay pagar casetas, gasolina, muchas cosas. Estamos a 8 horas de camino de Puebla, y yo creo que mensualmente el gasto es de cerca de 10 mil pesos”, narró el entrevistado.

Finalmente, Enrique quien señaló que si bien, han tenido que hacer muchos sacrificios, todo vale la pena con tal de ver aunque sea unos minutos a su interno, verificar que se encuentra bien y conocer su estado anímico, pues aunque hay familias que desafortunadamente no pueden lidiar con los gastos y han dejado de ver a algunos reclusos, ellos hacen todo lo posible de verlo todas las semanas, ya que les da tranquilidad y paz.


“Vivimos con temor, incertidumbre y preocupación del riesgo que puede correr nuestro hijo; es triste no poder abrazarlo, recorremos 8 horas para poder llegar a dejarle de comer y dotarlo de insumos, aunque aumentaron los gastos, hacemos todo por verlo aunque sea 3 minutos y saber que está bien”, así es como familiares de internos en el penal de San Miguel viven día a día, la distancia y restricciones originadas por la emergencia sanitaria por Covid-19.

Para Enrique, el tener a su hijo Leonardo preso y sentenciado por un delito del que no hay pruebas contundentes, ha sido una situación muy complicada, pues jamás creyeron que en algún momento de la vida estarían en esas condiciones, tener que ver a su hijo detrás de las rejas.

Seis años han transcurrido y la distancia, el no tenerlo en casa, sigue siendo un hecho con el que siguen lidiando, a pesar de las adversidades, el desgate físico, económico y emocional, Enrique y su familia no han dejado solo a su interno. El tener que recorrer ocho horas desde su lugar de origen hasta el penal de San Miguel, nunca fue un impedimento para cuidar y atender a su hijo de 30 años de edad.

A la de por sí tortuosa experiencia de tener a un familiar interno, ahora se le sumaron diversas cuestiones generadas por la contingencia sanitaria por Coronavirus, desde el tema de no poder tener contacto físico, no poder convivir y el incremento de los gastos para proveerlo de comida e insumos para su cuidado personal como cubrebocas, gel antibacterial, entre otras cosas pues a pesar de los cuidados que pudieran tener dentro del Cereso, para ellos como familiares, es importante asegurarse que tendrá los insumos para evitar que su hijo Leonardo se infecte dentro del penal.

“Desconocíamos cuáles iban a ser las tácticas y las estrategias de la Dirección de Ceresos. Al inicio de la pandemia (en marzo) continuaron las visitas, pero posteriormente cuando recrudeció la situación, se tomaron medidas precautorias y ahora también era la tristeza la que nos invadía, el hecho de saber que no podíamos ver a nuestro familiar antes, pues cada fin de semana, cada quince días que entrábamos los sábados y domingos, estábamos con él todo el día desde 9 de la mañana hasta 6 de la tarde; desayunábamos, comíamos y platicábamos con él, convivíamos, pero ahora ya no”, explicó Enrique, quien comentó que ahora solo pueden entrar un día, llevarle comida, saludarlos si acaso 3 minutos y ya.

Lo anterior, solo después de pasar por diversos filtros de seguridad y sanitarios ya que a decir del entrevistado, les exigen cubrebocas, careta, después se registran, deben lavarse las manos y usar gel antibacterial, además de que los sanitizan tres o cuatro veces, hasta llegar con su familiar interno, al cual solo pueden saludarlo, entregarle la comida y después de tres minutos deben retirarse del lugar.

Aunque el no poder convivir con su hijo es doloroso, por otra parte, Enrique también entiende que todo se debe a medidas para salvaguardar la salud e integridad de Leonardo, así como de otros internos.

“Por una parte es doloroso porque no puedes abrazarlo o darle un beso, tomarlo de la mano pero por otra, también hay que ser conscientes que es por su seguridad. Sabemos que el Covid tiene consecuencias fatales; imagínate en un Cereso cuánta gente hay y algunos se cuidan, otros no. Un contagio masivo sería fatal para todos ellos. Seguimos con la incertidumbre de saber si las autoridades sabrán o podrán actuar en caso de una emergencia interna. No lo sabemos, pero esperamos que con todos sean así de estrictos como con nosotros”, narró el entrevistado.

Para Enrique y su familia, las afectaciones emocionales, no fueron las únicas repercusiones por la pandemia, sus bolsillos también se han visto en aprietos, pues ahora deben gastar más hasta en sus traslados a la ciudad de Puebla, de manera particular, pues ante el riesgo de infectarse, no pueden usar autobús.

“Lo que te podías ahorrar antes llevándole comida cada 8 días, ahora ya no. Ahora hay que darle dinero para que coma dentro del Cereso, hay que comprarle insumos para que se proteja del Coronavirus y ahora tenemos que viajar en nuestro auto particular, lo cual sale más caro, hay pagar casetas, gasolina, muchas cosas. Estamos a 8 horas de camino de Puebla, y yo creo que mensualmente el gasto es de cerca de 10 mil pesos”, narró el entrevistado.

Finalmente, Enrique quien señaló que si bien, han tenido que hacer muchos sacrificios, todo vale la pena con tal de ver aunque sea unos minutos a su interno, verificar que se encuentra bien y conocer su estado anímico, pues aunque hay familias que desafortunadamente no pueden lidiar con los gastos y han dejado de ver a algunos reclusos, ellos hacen todo lo posible de verlo todas las semanas, ya que les da tranquilidad y paz.


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