/ sábado 13 de febrero de 2021

“Vi cuerpos descuartizados dentro de refrigeradores”: expolicía en la Guerra contra el narcotráfico

El exuniformado cuenta que un tiempo hubo “cacería de policías”, por cada elemento daban de 20 mil hasta los 100 mil pesos

“Vi muchos muertos, refrigeradores con partes de cuerpos, dedos, orejas y manos”, narró para El Sol de Puebla José Alejandro, un exagente de la extinta Policía Federal, quien vivió en carne propia la llamada “Guerra contra el Narcotráfico”, durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón Hinojosa.

Luego de que la entonces Policía Federal Preventiva (PFP) abriera la convocatoria para el reclutamiento de nuevos elementos, José decidió probar suerte en este gremio, ya que unos años antes formó parte de las filas de la milicia.

Después de aprobar los exámenes de confianza, como psicológicos, sicométricos, poligráficos, médicos y toxicológicos, José fue requerido con 29 años de edad para iniciar la instrucción policial durante un año en la academia ubicada en el estado de San Luis Potosí.

En el 2007, José fue enviado a Reynosa, Tamaulipas, para apoyar en los operativos contra el narcotráfico.

A través de retenes el exelemento se enfrentó con todo todo tipo de situaciones, entre las que destacan el robo de vehículos, aseguramiento de “huachicol”, decomiso de camionetas de lujo, armamento y drogas, este último en grandes cantidades, que rondaban aproximadamente las 15 toneladas de marihuana y cerca de 3 toneladas de cocaína, entre otras, además de pasillos repletos de armas de grueso calibre y de uso exclusivo del Ejército Mexicano, como cuernos de chivo, granadas de fragmentación y barrett calibre 50.

“Tienen mucha imaginación”, contó José, quien agregó que muchas veces localizaban enervante en el tanque de gasolina de los vehículos, escondido entre fruta o dentro de latas de alimentos; todo con ayuda de una unidad canina.

El oficial nunca resultó herido durante un enfrentamiento, tampoco vio morir a ninguno de sus compañeros, pero sí vio a muchos delincuentes abatidos, aproximadamente 4 en cada enfrentamiento. Recuerda que los maleantes suplicaban por ayuda cuando estaban lesionados: “Ayúdame, ayúdame, me estoy muriendo”, aunque siempre se les brindaba la atención médica, dijo.

Todos los oficiales tenían prohibido contestar su teléfono en horas de servicio, no obstante, una ocasión atendió una llamada de su esposa durante una balacera: “oye se escuchan disparos (decía ella), sí, sí, (respondía él), ahorita estamos ocupados” al momento en que se escuchaba una ráfaga de balas.

Cuenta que un tiempo hubo “cacería de policías”, ya que los grupos delictivos ponían precio por cada muerte de uniformados federales, que iba de los 20 mil hasta los 100 mil pesos, dependiendo del grado de cada agente.

José incluso participó en la detención de importantes capos de la droga, aunque se reservó los nombres por seguridad.

Asimismo, rememora que los delincuentes le ofrecían fuertes cantidades de dinero a cambio de evitar su aprehensión, mismas que iniciaban en 50 mil pesos y llegaban hasta el millón de pesos, ranchos y vehículos de lujo; aunque era una oferta demasiado tentadora, nunca aceptó por salvaguardar la integridad de su familia, señaló.

En Ciudad Juárez acordonó el perímetro durante el ataque a un anexo en el que fueron asesinadas 10 personas, el 17 de noviembre de 2009. También estuvo presente durante las diligencias realizadas en la llamada "Masacre de Villas de Salvárcar", en el que 60 estudiantes del CBTIS 128, Colegio de Bachilleres plantel 9 y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, fueron rafagueados con saldo de 16 muertos.

LEE MÁS: “Ahora cambiaron los papeles... las autoridades me culpan como narca": abuela de niña asesinada en Izúcar

José atribuye la ola delictiva a la falta de oportunidades entre las nuevas generaciones, los empleos mal pagados y la situación económica en general. “Los jóvenes ven dinero fácil y es donde los grupos los empiezan a reclutar”, enfatizó.

Finalmente, el exuniformado abandonó la Policía Federal ante su inminente extinción y posterior transformación en la Guardia Nacional (GN), pues según, dijo, hubo muchas trabas durante su proceso de anexo para ser un castrense, por lo que decidió abandonar sus filas.

“Vi muchos muertos, refrigeradores con partes de cuerpos, dedos, orejas y manos”, narró para El Sol de Puebla José Alejandro, un exagente de la extinta Policía Federal, quien vivió en carne propia la llamada “Guerra contra el Narcotráfico”, durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón Hinojosa.

Luego de que la entonces Policía Federal Preventiva (PFP) abriera la convocatoria para el reclutamiento de nuevos elementos, José decidió probar suerte en este gremio, ya que unos años antes formó parte de las filas de la milicia.

Después de aprobar los exámenes de confianza, como psicológicos, sicométricos, poligráficos, médicos y toxicológicos, José fue requerido con 29 años de edad para iniciar la instrucción policial durante un año en la academia ubicada en el estado de San Luis Potosí.

En el 2007, José fue enviado a Reynosa, Tamaulipas, para apoyar en los operativos contra el narcotráfico.

A través de retenes el exelemento se enfrentó con todo todo tipo de situaciones, entre las que destacan el robo de vehículos, aseguramiento de “huachicol”, decomiso de camionetas de lujo, armamento y drogas, este último en grandes cantidades, que rondaban aproximadamente las 15 toneladas de marihuana y cerca de 3 toneladas de cocaína, entre otras, además de pasillos repletos de armas de grueso calibre y de uso exclusivo del Ejército Mexicano, como cuernos de chivo, granadas de fragmentación y barrett calibre 50.

“Tienen mucha imaginación”, contó José, quien agregó que muchas veces localizaban enervante en el tanque de gasolina de los vehículos, escondido entre fruta o dentro de latas de alimentos; todo con ayuda de una unidad canina.

El oficial nunca resultó herido durante un enfrentamiento, tampoco vio morir a ninguno de sus compañeros, pero sí vio a muchos delincuentes abatidos, aproximadamente 4 en cada enfrentamiento. Recuerda que los maleantes suplicaban por ayuda cuando estaban lesionados: “Ayúdame, ayúdame, me estoy muriendo”, aunque siempre se les brindaba la atención médica, dijo.

Todos los oficiales tenían prohibido contestar su teléfono en horas de servicio, no obstante, una ocasión atendió una llamada de su esposa durante una balacera: “oye se escuchan disparos (decía ella), sí, sí, (respondía él), ahorita estamos ocupados” al momento en que se escuchaba una ráfaga de balas.

Cuenta que un tiempo hubo “cacería de policías”, ya que los grupos delictivos ponían precio por cada muerte de uniformados federales, que iba de los 20 mil hasta los 100 mil pesos, dependiendo del grado de cada agente.

José incluso participó en la detención de importantes capos de la droga, aunque se reservó los nombres por seguridad.

Asimismo, rememora que los delincuentes le ofrecían fuertes cantidades de dinero a cambio de evitar su aprehensión, mismas que iniciaban en 50 mil pesos y llegaban hasta el millón de pesos, ranchos y vehículos de lujo; aunque era una oferta demasiado tentadora, nunca aceptó por salvaguardar la integridad de su familia, señaló.

En Ciudad Juárez acordonó el perímetro durante el ataque a un anexo en el que fueron asesinadas 10 personas, el 17 de noviembre de 2009. También estuvo presente durante las diligencias realizadas en la llamada "Masacre de Villas de Salvárcar", en el que 60 estudiantes del CBTIS 128, Colegio de Bachilleres plantel 9 y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, fueron rafagueados con saldo de 16 muertos.

LEE MÁS: “Ahora cambiaron los papeles... las autoridades me culpan como narca": abuela de niña asesinada en Izúcar

José atribuye la ola delictiva a la falta de oportunidades entre las nuevas generaciones, los empleos mal pagados y la situación económica en general. “Los jóvenes ven dinero fácil y es donde los grupos los empiezan a reclutar”, enfatizó.

Finalmente, el exuniformado abandonó la Policía Federal ante su inminente extinción y posterior transformación en la Guardia Nacional (GN), pues según, dijo, hubo muchas trabas durante su proceso de anexo para ser un castrense, por lo que decidió abandonar sus filas.

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