/ lunes 11 de octubre de 2021

Historias de éxito: potencial y talento por encima de la discapacidad

Cristóbal Carmona y Agustín Ugarte han brillado tras enfrentar momentos difíciles de su vida

“En mi trabajo se fijan en mis capacidades, no en mi discapacidad”, es la reflexión que con gran madurez y cabalidad Cristóbal Carmona hace de sí mismo y de la empresa que lo contrató para desempeñarse con eficacia como supervisor de unidades de transporte público.

Cristóbal Carmona ha sacado adelante a una familia de seis integrantes: dos hijas, dos hijos, su esposa y él. Como cualquier persona, las dificultades económicas y laborales no han sido ajenas a su vida, situación a la que tuvo que sumar la discriminación económica por su condición física: Cristóbal perdió sus dos piernas en un accidente laboral, circunstancia que lo llevó a moverse con prótesis y silla de ruedas desde los 19 años de edad.

“Era muy complicado conseguir trabajo. Me contrataban por una semana y cuando era el día de mi paga me decían, ‘solamente te voy a pagar 100 pesos porque eres discapacitado y ya no quiero que vengas’ pero mientras ya me habían hecho trabajar toda la semana. Así me sucedió como en cinco o seis trabajos”, recordó.

Así fue durante varios años, pero darse por vencido no era una opción para él. Ahora tenía que responder por su pequeña hija Ana Karen -de dos años de edad-, y por su esposa Patricia Hernández, quien en ese tiempo estaba a punto de dar a luz a su segunda hija, María del Carmen.

“Yo soy originario de Chignahutla, y una ocasión le comenté a una conocida que andaba buscando trabajo, ella me dijo que su esposo tenía una maquiladora de productos escolares, pero aquí en Puebla, así que me vine, busqué una casa para rentar y me entrevisté con el señor”.

Tras platicar con el dueño le dijo que le daría oportunidad de estar de dos a tres días de prueba, y dependiendo de su desempeño considerarían su contratación. Cristóbal no duró tres días de prueba, sino ocho años por su desempeño y dedicación.

“Yo me sentía muy feliz porque en mis primeras dos semanas gané entre 400 y 500 pesos, en ese tiempo para mí era mucho dinero, tomando en cuenta que en los anteriores trabajos no me pagaban”.

Las responsabilidades laborales y familiares también empezaron a incrementar, situación que lo obligó a suspender una de sus grandes pasiones: el básquetbol adaptado.

Y es que, tras su accidente, había momentos en los que la depresión se hacía presente, sin embargo, fue el amor incondicional de su esposa el que le dio la fuerza para salir adelante, así como el deporte, donde encontró un ámbito para desarrollar sus nuevas habilidades, trasformando así su circunstancia de vida en una oportunidad de éxito.

Hoy, Cristóbal a sus 50 años de edad, se describe como un hombre fuerte y pleno que ha sabido hacer frente a la situación que le tocó vivir, y agradece que empresas como la Red Urbana de Transporte Articulada (RUTA) lo haya considerado como un perfil para desarrollarse laboralmente, donde sus colegas, compañeros y jefe inmediato, lo han hecho sentir como lo que es: un hombre capaz de desarrollarse en un ámbito laboral como cualquier persona.

Me contrataban por una semana y me decían, solamente te voy a pagar 100 pesos. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

“Es una gran oportunidad porque aquí no ven mi discapacidad, se fijan en lo que yo hago, es decir, en mi capacidad para desempeñar mi trabajo”, aseguró.

La historia de Cristóbal es tan grande como sus metas. Él también es atleta paralímpico en la disciplina de atletismo adaptado, deporte en el que ha representado a Puebla en diversas competiciones a nivel nacional donde se ha alzado como ganador; triunfos que también desea llevarlos al plano internacional, sin embargo, el logro más grande es poder inspirar a otros y demostrar que, cuando uno se lo propone, no hay obstáculos.

“AÚN CON SU DISCAPACIDAD, FUE UN HOMBRE QUE LOGRÓ TRASCENDER”

La vida nos puede arrebatar muchas cosas, pero jamás el ímpetu de luchar por lo que uno quiere. Esto lo tenía muy claro el maestro Agustín Ugarte Bazán, quien a pesar de su discapacidad visual logró destacar en el plano profesional, social, deportivo y familiar.

Desde muy joven perdió el sentido de la vista, situación que lejos de abatirlo le permitió desarrollar una habilidad muy grande con el sentido del oído, de ahí que la radio se convirtiera en su refugio y su más grande pasión, misma que lo llevó a fundar una de las escuelas de Comunicación más importante del estado y también del país: la Escuela de Comunicación y Ciencias Humanas (ECCH).

En voz de su esposa y actual rectora de la universidad, Oliva Contreras Benítez, destaca que el maestro Agustín tenía un espíritu inquebrantable de lucha, el cual, siempre transmitió a sus alumnos a través del ejemplo.


Agustín Ugarte Bazán, se graduó como licenciado de la primera generación de Comunicación en la Ibero. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Su trayectoria profesional fue muy amplia: se graduó como licenciado de la primera generación de Comunicación en la Universidad Iberoamericana; se alzó ganador de una medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Seúl de 1988; estuvo al frente de la subdirección del Sistema DIF Estatal; produjo y operó diversos programas de radio; participó activamente como conductor en el noticiario “Buenos Días con López Díaz; y fundó el Bachillerato con carrera Técnica en Comunicación; esto, por mencionar solo algunos de sus tantos logros.

A pesar de su interminable lista de éxitos, lo más importante para él fue haber tenido la dicha de compartir parte de sus logros junto a su esposa y sus pequeñas hijas: Lía y Elizabeth. Y es que, estar al frente de una escuela de nivel superior, un bachillerato y ser jefe de familia de cuatro integrantes, es algo que su esposa no deja de admirarle a 10 años de su fallecimiento.

“Recordando la memoria de Agustín Ugarte Bazán debemos destacar que, él que era una persona que no podía ver, fue capaz de estudiar una licenciatura, hacer una maestría, y fundar una universidad ¿por qué nosotros no? ¿qué nos detiene?, ¿qué nos limita? muchas veces la pereza, la flojera y los miedos … y eso es lo yo quiero que recuerden nuestros alumnos y exalumnos, que sepan que no hay límites para alcanzar lo que uno se propone”, compartió.

Además de sus logros en el plano profesional, también dio lo mejor de sí en el ámbito familiar. “Agustín era un ser humano excepcional, increíblemente amoroso y un padre increíble. Recuerdo que en una ocasión estábamos en un parque, y Lía - nuestra hija mayor- tenía miedo de brincar desde una tarima. Agustín me preguntó discretamente la altura que había entre la tarima y el suelo, y le dije que un poco más de medio metro. Entonces, tomó a mi hija de la mano, le dijo que no tuviera miedo y se aventaron ¿Tú sabes lo que significa para una persona invidente brincar desde esa altura?”, ¿y por qué nosotros no atrevernos por nuestros sueños?, recordó su esposa con gran admiración.

Retomando las palabras que el maestro Agustín compartía en vida, la directora destaca que, una de las frases recurrentes que él utilizaba era que ´las limitantes se las pone uno mismo, pero cuando estas se eliminan de la mente, podemos descubrir nuestros alcances como seres humanos´.

Fue precisamente su discapacidad visual la que, paradójicamente, le dio la visión de ver más allá del aspecto físico o material. Al ser una persona desprendida de lo material, valoraba la esencia y virtudes de las personas, así como sus talentos.

“Él llevaba muchas cosas de control escolar ¡en el Excel!, hacía sus macros para sacar las calificaciones, la base de pagos; en verdad era increíble. Reitero, si él que era una persona que no podría ver, lo hacía, nosotros que tenemos nuestros sentidos al cien, imagínate lo que seríamos capaces de hacer”, destacó.

Es por ello que, a pesar de que el camino tampoco ha sido fácil para ella, actualmente mantiene el legado del maestro Agustín Ugarte Bazán. “Yo diría que Agustín, además de un ser humano increíble, fue un hombre con una gran luz que logró trascender en todos los ámbitos”, finalizó.

“En mi trabajo se fijan en mis capacidades, no en mi discapacidad”, es la reflexión que con gran madurez y cabalidad Cristóbal Carmona hace de sí mismo y de la empresa que lo contrató para desempeñarse con eficacia como supervisor de unidades de transporte público.

Cristóbal Carmona ha sacado adelante a una familia de seis integrantes: dos hijas, dos hijos, su esposa y él. Como cualquier persona, las dificultades económicas y laborales no han sido ajenas a su vida, situación a la que tuvo que sumar la discriminación económica por su condición física: Cristóbal perdió sus dos piernas en un accidente laboral, circunstancia que lo llevó a moverse con prótesis y silla de ruedas desde los 19 años de edad.

“Era muy complicado conseguir trabajo. Me contrataban por una semana y cuando era el día de mi paga me decían, ‘solamente te voy a pagar 100 pesos porque eres discapacitado y ya no quiero que vengas’ pero mientras ya me habían hecho trabajar toda la semana. Así me sucedió como en cinco o seis trabajos”, recordó.

Así fue durante varios años, pero darse por vencido no era una opción para él. Ahora tenía que responder por su pequeña hija Ana Karen -de dos años de edad-, y por su esposa Patricia Hernández, quien en ese tiempo estaba a punto de dar a luz a su segunda hija, María del Carmen.

“Yo soy originario de Chignahutla, y una ocasión le comenté a una conocida que andaba buscando trabajo, ella me dijo que su esposo tenía una maquiladora de productos escolares, pero aquí en Puebla, así que me vine, busqué una casa para rentar y me entrevisté con el señor”.

Tras platicar con el dueño le dijo que le daría oportunidad de estar de dos a tres días de prueba, y dependiendo de su desempeño considerarían su contratación. Cristóbal no duró tres días de prueba, sino ocho años por su desempeño y dedicación.

“Yo me sentía muy feliz porque en mis primeras dos semanas gané entre 400 y 500 pesos, en ese tiempo para mí era mucho dinero, tomando en cuenta que en los anteriores trabajos no me pagaban”.

Las responsabilidades laborales y familiares también empezaron a incrementar, situación que lo obligó a suspender una de sus grandes pasiones: el básquetbol adaptado.

Y es que, tras su accidente, había momentos en los que la depresión se hacía presente, sin embargo, fue el amor incondicional de su esposa el que le dio la fuerza para salir adelante, así como el deporte, donde encontró un ámbito para desarrollar sus nuevas habilidades, trasformando así su circunstancia de vida en una oportunidad de éxito.

Hoy, Cristóbal a sus 50 años de edad, se describe como un hombre fuerte y pleno que ha sabido hacer frente a la situación que le tocó vivir, y agradece que empresas como la Red Urbana de Transporte Articulada (RUTA) lo haya considerado como un perfil para desarrollarse laboralmente, donde sus colegas, compañeros y jefe inmediato, lo han hecho sentir como lo que es: un hombre capaz de desarrollarse en un ámbito laboral como cualquier persona.

Me contrataban por una semana y me decían, solamente te voy a pagar 100 pesos. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

“Es una gran oportunidad porque aquí no ven mi discapacidad, se fijan en lo que yo hago, es decir, en mi capacidad para desempeñar mi trabajo”, aseguró.

La historia de Cristóbal es tan grande como sus metas. Él también es atleta paralímpico en la disciplina de atletismo adaptado, deporte en el que ha representado a Puebla en diversas competiciones a nivel nacional donde se ha alzado como ganador; triunfos que también desea llevarlos al plano internacional, sin embargo, el logro más grande es poder inspirar a otros y demostrar que, cuando uno se lo propone, no hay obstáculos.

“AÚN CON SU DISCAPACIDAD, FUE UN HOMBRE QUE LOGRÓ TRASCENDER”

La vida nos puede arrebatar muchas cosas, pero jamás el ímpetu de luchar por lo que uno quiere. Esto lo tenía muy claro el maestro Agustín Ugarte Bazán, quien a pesar de su discapacidad visual logró destacar en el plano profesional, social, deportivo y familiar.

Desde muy joven perdió el sentido de la vista, situación que lejos de abatirlo le permitió desarrollar una habilidad muy grande con el sentido del oído, de ahí que la radio se convirtiera en su refugio y su más grande pasión, misma que lo llevó a fundar una de las escuelas de Comunicación más importante del estado y también del país: la Escuela de Comunicación y Ciencias Humanas (ECCH).

En voz de su esposa y actual rectora de la universidad, Oliva Contreras Benítez, destaca que el maestro Agustín tenía un espíritu inquebrantable de lucha, el cual, siempre transmitió a sus alumnos a través del ejemplo.


Agustín Ugarte Bazán, se graduó como licenciado de la primera generación de Comunicación en la Ibero. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Su trayectoria profesional fue muy amplia: se graduó como licenciado de la primera generación de Comunicación en la Universidad Iberoamericana; se alzó ganador de una medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Seúl de 1988; estuvo al frente de la subdirección del Sistema DIF Estatal; produjo y operó diversos programas de radio; participó activamente como conductor en el noticiario “Buenos Días con López Díaz; y fundó el Bachillerato con carrera Técnica en Comunicación; esto, por mencionar solo algunos de sus tantos logros.

A pesar de su interminable lista de éxitos, lo más importante para él fue haber tenido la dicha de compartir parte de sus logros junto a su esposa y sus pequeñas hijas: Lía y Elizabeth. Y es que, estar al frente de una escuela de nivel superior, un bachillerato y ser jefe de familia de cuatro integrantes, es algo que su esposa no deja de admirarle a 10 años de su fallecimiento.

“Recordando la memoria de Agustín Ugarte Bazán debemos destacar que, él que era una persona que no podía ver, fue capaz de estudiar una licenciatura, hacer una maestría, y fundar una universidad ¿por qué nosotros no? ¿qué nos detiene?, ¿qué nos limita? muchas veces la pereza, la flojera y los miedos … y eso es lo yo quiero que recuerden nuestros alumnos y exalumnos, que sepan que no hay límites para alcanzar lo que uno se propone”, compartió.

Además de sus logros en el plano profesional, también dio lo mejor de sí en el ámbito familiar. “Agustín era un ser humano excepcional, increíblemente amoroso y un padre increíble. Recuerdo que en una ocasión estábamos en un parque, y Lía - nuestra hija mayor- tenía miedo de brincar desde una tarima. Agustín me preguntó discretamente la altura que había entre la tarima y el suelo, y le dije que un poco más de medio metro. Entonces, tomó a mi hija de la mano, le dijo que no tuviera miedo y se aventaron ¿Tú sabes lo que significa para una persona invidente brincar desde esa altura?”, ¿y por qué nosotros no atrevernos por nuestros sueños?, recordó su esposa con gran admiración.

Retomando las palabras que el maestro Agustín compartía en vida, la directora destaca que, una de las frases recurrentes que él utilizaba era que ´las limitantes se las pone uno mismo, pero cuando estas se eliminan de la mente, podemos descubrir nuestros alcances como seres humanos´.

Fue precisamente su discapacidad visual la que, paradójicamente, le dio la visión de ver más allá del aspecto físico o material. Al ser una persona desprendida de lo material, valoraba la esencia y virtudes de las personas, así como sus talentos.

“Él llevaba muchas cosas de control escolar ¡en el Excel!, hacía sus macros para sacar las calificaciones, la base de pagos; en verdad era increíble. Reitero, si él que era una persona que no podría ver, lo hacía, nosotros que tenemos nuestros sentidos al cien, imagínate lo que seríamos capaces de hacer”, destacó.

Es por ello que, a pesar de que el camino tampoco ha sido fácil para ella, actualmente mantiene el legado del maestro Agustín Ugarte Bazán. “Yo diría que Agustín, además de un ser humano increíble, fue un hombre con una gran luz que logró trascender en todos los ámbitos”, finalizó.

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