“Es momento de hacer lo que más nos gusta” | Día del Abuelo

Esta es la historia de Alejandro Castillo quien vivió las mieles del éxito durante su etapa junto a los Astros de Houston

Maricarmen Hernández

  · viernes 23 de agosto de 2019

Cosechar más éxitos junto a los Astros de Houston o dejarlo todo para disfrutar del amor de su familia; ese fue uno de los dilemas más grandes a los que se tuvo que enfrentar Luis Alejandro Castillo Emert, exjugador profesional de béisbol quien durante 18 años disfrutó las mieles de este deporte mediante viajes, giras, triunfos y aplausos, pero, aún con las glorias que su profesión le brindaba, había algo que le faltaba en su vida: la cercanía de su hija.

El originario de Los Mochis, Sinaloa, comparte con alegría algunos de los mejores momentos de su juventud en las grandes ligas, mismos que se enlazan a los significativos logros que a sus 69 años sigue sumando.

Su historia se remonta cuando tenía la edad de 18 años, es decir, en la década de los 50, cuando una de sus primas lo motivó a viajar a Estados Unidos, un sueño que había deseado desde hace tiempo.

Con su ayuda logró conseguir una beca para estudiar en la Universidad de Houston y especializarse en el área psicoterapeuta. La beca, recuerda, solo era al 50 por ciento, pero su ánimo por concluir sus estudios lo llevó a hacer labores extra curriculares dentro del instituto para cubrir el resto de sus gastos.

Aunque en un principio la medicina era el objetivo a cumplir, su vida dio un giro inesperado con la llegada los famosos "caza talentos", visita que cambiaría el rumbo de su vida.

Me di cuenta de que allá, las escuelas eran visitadas por scouts, es decir, buscadores de talento profesional, los cuales elegían a los jóvenes con aptitudes suficientes para desarrollar un deporte

A pesar de que todos tenían la misma posibilidad de ser elegidos por los scouts, los chicos nacidos en Estados Unidos les hacían bullying a los mexicanos pues recuerda, "no querían que nos mezcláramos con ellos, que sobresaliéramos o que estuviéramos por encima".

Para sorpresa de todos, en uno de los castings, los buscadores se fijaron en Alex Castillo para formar parte, nada más y nada menos, que, del equipo de los Astros de Houston, oportunidad con la que daría inicio su aventura en las grandes ligas.

Aquellos compañeros que se burlaban de él, que lo demeritaban y que le tiraban de una patada las bolsas en las que apilaba las pelotas de futbol, fueron los mismos que se quedaron con la boca abierta al ver que ninguno de ellos fue elegido, y que, por el contrario, el mexicano que tenía que trabajar horas extras en la escuela, había sorprendido a los buscadores por su talento con el bate.

Así, enlistado en el equipo de los grandes profesionales, llegaron los home run, los interminables batazos, las carreras brillantes, las giras, las ovaciones, los viajes, el dinero ... pero también los strikes.

El golpe más duro durante toda su carrera, comparte, no lo recibió de una pelota de béisbol, sino de las palabras recibidas por su hija, quien con gran ilusión le pidió un regalo: que estuviera presente en su anhelada fiesta de XV años, pero su padre no logró llegar en la fecha indicada.

Recuerdo que le dije, `allá voy a estar hija no te preocupes´, pero lamentablemente llegué con dos días de diferencia. Yo iba muy amoroso con todos sus regalos que le había comprado y cuando me vio, su respuesta fue `ni te hubieras molestado, ni falta me hiciste

Esas palabras cimbraron su alma y fue cuando decidió hacer una pausa en su carrera profesional para darle el tiempo de calidad a su hija.

Fue así que Alejandro Castillo alistó su regresó a México, pero el béisbol lo seguía. Durante un tiempo estuvo con los Acereros de Monclova, pero un accidente le dejó lastimada la pierna, lo que le haría reflexionar nuevamente el rumbo de su destino.

Con valor, se alejó del deporte y viajó junto con su hija a Puebla junto donde se instalaron para disfrutar ambos de su nueva etapa.

Hoy a sus 69 años, no se imagina inactivo y sin hacer nada. Su entusiasmo y alegría por la vida lo mantiene firme, aplicando sus conocimientos de psicoterapeuta para motivar a personas de la tercera edad y ayudarles a darse cuenta de que aún tienen mucho por hacer.

La tercera edad es un momento para hacer lo que más nos gusta, ya no estamos para pedir permiso. Yo les digo, hagan lo que tengan que hacer y si ya se decidieron a vivir, vivan su vida de la mejor manera

A la fecha el señor Castillo coordina algunas actividades de teatro en un instituto para adultos mayores, lugar donde ha hecho una segunda familia gracias a la convivencia y conocimientos que uno con otro comparten: "uno nunca debería dejar de aprender y mucho menos dejar de disfrutar la vida".