/ domingo 8 de octubre de 2023

Del trabajo infantil al futuro incierto

Tener un trabajo digno y bien remunerado ha sido un debate que llevó a luchas sin cuartel a mediados del siglo XIX y aún ahora. Pero, el debate tuvo un sobresalto cuando la Organización Internacional del Trabajo, al menos desde el 2000, identificó que en todo el mundo había niños trabajando en lugar de ir a la escuela o jugar, lo propio. Los resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI 2023) publicada en la primera semana de octubre, revela que el año pasado 3.7 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años realizaban trabajo infantil, un aumento de 4.4% respecto de 2015 ¿Quién en su sano juicio considera que un niño deba trabajar?

La clasificación de las formas de trabajo no permitidas incluye quehaceres domésticos no remunerados en sus hogares, en condiciones no adecuadas, con horarios prolongados y condiciones peligrosas o riesgosas, como trabajadores de apoyo en actividades agrícolas, ganaderas, forestales, caza y pesca, recibiendo hasta un salario mínimo como ingreso. ¿Qué futuro les depara a esos niños y niñas? Incertidumbre.

Así que la pobreza laboral sigue en aumento, tuvo un incremento desde la pandemia. Los niños dejaron la escuela para trabajar, las becas no pararon este éxodo de la menos 1.4 millones de estudiantes. De acuerdo con los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval, 2022), Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Guerrero registraron los mayores índices de rezago educativo: 47.3%, 43.3%, 42.2% y 42.2%, respectivamente. Ahora, justo Chiapas registra el mayor número de trabajadores infantiles, 338,349 personas de 5 a 17 años, esto refleja solo la correlación del fenómeno (INEGI, 2023).

Frente a este problema de injusticia social, el 16 de octubre se pretende llevar a la Cámara de Diputados la propuesta sobre la reducción de horarios laborales para ser analizada en un “Parlamento Abierto” y reformar el artículo 123 constitucional, para pasar de 48 a 40 horas de trabajo a la semana, porque somos uno de los países donde al año más horas se trabajan en un avance por mejorar las condiciones laborales de los mexicanos. Si bien las horas de trabajo finalmente no reflejan la eficiencia y eficacia en sus resultados, esa es otra discusión.

Es un contrasentido propio de nuestros tiempos. Pueden hacerse todos los cambios en la letra de nuestras leyes, pero la realidad se revela en estas mediciones, tan necesarias para mejorar y corregir o cambiar. En el caso que nos ocupa, los niños que están trabajando, sin dedicar su tiempo a estudiar, a actividades lúdicas, a convivir con otros, sin comer nutritivamente, sin un hogar acogedor, que no implica ser lujoso.

Los más vulnerables, finalmente son presa de depredadores sociales sin escrúpulos, no sólo son los ignorantes o las personas de la tercera edad, son los infantes que igual son reducto de inocencias truncadas. Está bien avanzar en logros legales, pero también que haya programas o políticas públicas que atiendan estos focos rojos de inmediato. Este problema que se configura, en muchos casos, con la trata de personas, trabajos forzados, esclavitud, un submundo en el que no queremos ver sumidos a los nuestros, a nadie. Aunque, la otra arista es que la pobreza extrema obliga, en un doble castigo, a los que menos tienen para condenar a los menores a tales condiciones. Un círculo vicioso que sólo el Estado está obligado a romper.

Viene un proceso electoral que culminará el 2 de junio del 2024, no es difícil pensar en las necesidades más apremiantes de nuestra sociedad como para elaborar planes de trabajo, con técnica y metodología probada, esas que den certeza.

*Politóloga, profesora-investigadora. Miembro Fundadora de la AMECIP y secretaria de Membresías. Mail: margarita_arguelles@hotmail.com



Tener un trabajo digno y bien remunerado ha sido un debate que llevó a luchas sin cuartel a mediados del siglo XIX y aún ahora. Pero, el debate tuvo un sobresalto cuando la Organización Internacional del Trabajo, al menos desde el 2000, identificó que en todo el mundo había niños trabajando en lugar de ir a la escuela o jugar, lo propio. Los resultados de la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI 2023) publicada en la primera semana de octubre, revela que el año pasado 3.7 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 17 años realizaban trabajo infantil, un aumento de 4.4% respecto de 2015 ¿Quién en su sano juicio considera que un niño deba trabajar?

La clasificación de las formas de trabajo no permitidas incluye quehaceres domésticos no remunerados en sus hogares, en condiciones no adecuadas, con horarios prolongados y condiciones peligrosas o riesgosas, como trabajadores de apoyo en actividades agrícolas, ganaderas, forestales, caza y pesca, recibiendo hasta un salario mínimo como ingreso. ¿Qué futuro les depara a esos niños y niñas? Incertidumbre.

Así que la pobreza laboral sigue en aumento, tuvo un incremento desde la pandemia. Los niños dejaron la escuela para trabajar, las becas no pararon este éxodo de la menos 1.4 millones de estudiantes. De acuerdo con los datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval, 2022), Chiapas, Oaxaca, Michoacán y Guerrero registraron los mayores índices de rezago educativo: 47.3%, 43.3%, 42.2% y 42.2%, respectivamente. Ahora, justo Chiapas registra el mayor número de trabajadores infantiles, 338,349 personas de 5 a 17 años, esto refleja solo la correlación del fenómeno (INEGI, 2023).

Frente a este problema de injusticia social, el 16 de octubre se pretende llevar a la Cámara de Diputados la propuesta sobre la reducción de horarios laborales para ser analizada en un “Parlamento Abierto” y reformar el artículo 123 constitucional, para pasar de 48 a 40 horas de trabajo a la semana, porque somos uno de los países donde al año más horas se trabajan en un avance por mejorar las condiciones laborales de los mexicanos. Si bien las horas de trabajo finalmente no reflejan la eficiencia y eficacia en sus resultados, esa es otra discusión.

Es un contrasentido propio de nuestros tiempos. Pueden hacerse todos los cambios en la letra de nuestras leyes, pero la realidad se revela en estas mediciones, tan necesarias para mejorar y corregir o cambiar. En el caso que nos ocupa, los niños que están trabajando, sin dedicar su tiempo a estudiar, a actividades lúdicas, a convivir con otros, sin comer nutritivamente, sin un hogar acogedor, que no implica ser lujoso.

Los más vulnerables, finalmente son presa de depredadores sociales sin escrúpulos, no sólo son los ignorantes o las personas de la tercera edad, son los infantes que igual son reducto de inocencias truncadas. Está bien avanzar en logros legales, pero también que haya programas o políticas públicas que atiendan estos focos rojos de inmediato. Este problema que se configura, en muchos casos, con la trata de personas, trabajos forzados, esclavitud, un submundo en el que no queremos ver sumidos a los nuestros, a nadie. Aunque, la otra arista es que la pobreza extrema obliga, en un doble castigo, a los que menos tienen para condenar a los menores a tales condiciones. Un círculo vicioso que sólo el Estado está obligado a romper.

Viene un proceso electoral que culminará el 2 de junio del 2024, no es difícil pensar en las necesidades más apremiantes de nuestra sociedad como para elaborar planes de trabajo, con técnica y metodología probada, esas que den certeza.

*Politóloga, profesora-investigadora. Miembro Fundadora de la AMECIP y secretaria de Membresías. Mail: margarita_arguelles@hotmail.com