/ jueves 15 de agosto de 2019

No hay mayor felicidad que estar en casa, hagamos del mundo la casa de todos

Era una mañana nublada del 13 agosto de 1961, como de costumbre Herman abordó el autobús en punto de las 7 de la mañana para llegar a su trabajo; a la mitad del camino, a él y al resto de los pasajeros les pidieron bajar del camión, sólo para ser testigos de un hecho que marcó la historia del Siglo XX en el mundo; durante la madrugada, habían comenzado a construir el Muro de Berlín.

Abrumado por lo que veía corrió con uno de los guardias a preguntar ¿qué significaba la enorme brecha con tantos y tantos kilómetros de separación? ¿Quién había dado la orden? ¿Cuál era el significado? ¿Por qué dividir con piedras la grandeza de una nación?

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, Alemania había quedado divida política, social y económicamente, decisiones que concluyeron con la distinción de dos Alemanias, diferencias políticas que trascendieron en la vida del mundo.

Fue la construcción de un muro, kilómetros de cemento y piedras cimentadas en un mensaje de odio.

Cuarenta años después, Catheryn salió de casa para dejar a sus dos hijos en la escuela, se encaminó al trabajo; cuatro cuadras antes de llegar a su oficina, escuchó el crujir del metal contra la roca y una nube de humo enrareció por completo la ciudad de Nueva York, era un 11 de septiembre de 2001, un avión acababa de colapsar las Torres Gemelas.

El mundo se detuvo por un momento, las miradas de la humanidad enfocaron tan terrible acontecimiento, la memoria las vistió de luto, comenzaron las especulaciones. ¿Quién mandó derrumbar los edificios más emblemáticos de la gran ciudad y la nación? ¿Fue un accidente o un ataque? ¿Por qué acabar con la vida de tantas personas que se encontraban trabajando ahí?

El mensaje del presidente de los Estados Unidos, George W. Busch fue de horror, se trataba de un atentado terrorista. “El mundo está con nosotros o contra nosotros”, palabras que nuevamente dividieron al mundo en dos, cimentadas por una acción de odio que puso a todos en alerta y sembró miedo para siempre.

Fue un 4 de agosto de 2019, un domingo como cualquier otro, uno más, donde las familias acuden a los centros comerciales a observar aparadores y a distraerse un poco, cuando un ataque artero con armas de fuego sembró nuevamente el terror en El Paso, Texas. Un joven de tan sólo 21 años había disparado para arrebatar la vida a 20 personas, entre ellos, 8 ciudadanos mexicanos. ¿Qué le motivó cometer tal infamia?

Se entregó voluntariamente con la policía, todo indica que tras los duros discursos del actual presidente de los Estados Unidos contra los migrantes y los mexicanos, el mensaje de odio fue lo que le impulsó a cometer el crimen colectivo.

Los años pasan, que tristeza, parece que el mundo no aprende; las divisiones políticas impregnadas de coraje, envidia y odio sólo han separado naciones, generado miedo y acabado con la vida de miles de personas.

En una ocasión fueron piedras y cemento, en otra el derrumbe de dos edificios, esta última balas directas contra seres humanos. ¿Es el mundo que queremos heredar a las próximas generaciones? ¿Será que el odio nos ha vencido?

Lo correcto no es siempre lo que grita el más fuerte, sino lo que de fondo ayuda a la gente. La verdadera batalla es contra aquellas cosas que no nos permiten ser con dignidad y libertad.

No hay mayor felicidad que el estar en casa, hagamos de este mundo la casa de todos.

Era una mañana nublada del 13 agosto de 1961, como de costumbre Herman abordó el autobús en punto de las 7 de la mañana para llegar a su trabajo; a la mitad del camino, a él y al resto de los pasajeros les pidieron bajar del camión, sólo para ser testigos de un hecho que marcó la historia del Siglo XX en el mundo; durante la madrugada, habían comenzado a construir el Muro de Berlín.

Abrumado por lo que veía corrió con uno de los guardias a preguntar ¿qué significaba la enorme brecha con tantos y tantos kilómetros de separación? ¿Quién había dado la orden? ¿Cuál era el significado? ¿Por qué dividir con piedras la grandeza de una nación?

Posterior a la Segunda Guerra Mundial, Alemania había quedado divida política, social y económicamente, decisiones que concluyeron con la distinción de dos Alemanias, diferencias políticas que trascendieron en la vida del mundo.

Fue la construcción de un muro, kilómetros de cemento y piedras cimentadas en un mensaje de odio.

Cuarenta años después, Catheryn salió de casa para dejar a sus dos hijos en la escuela, se encaminó al trabajo; cuatro cuadras antes de llegar a su oficina, escuchó el crujir del metal contra la roca y una nube de humo enrareció por completo la ciudad de Nueva York, era un 11 de septiembre de 2001, un avión acababa de colapsar las Torres Gemelas.

El mundo se detuvo por un momento, las miradas de la humanidad enfocaron tan terrible acontecimiento, la memoria las vistió de luto, comenzaron las especulaciones. ¿Quién mandó derrumbar los edificios más emblemáticos de la gran ciudad y la nación? ¿Fue un accidente o un ataque? ¿Por qué acabar con la vida de tantas personas que se encontraban trabajando ahí?

El mensaje del presidente de los Estados Unidos, George W. Busch fue de horror, se trataba de un atentado terrorista. “El mundo está con nosotros o contra nosotros”, palabras que nuevamente dividieron al mundo en dos, cimentadas por una acción de odio que puso a todos en alerta y sembró miedo para siempre.

Fue un 4 de agosto de 2019, un domingo como cualquier otro, uno más, donde las familias acuden a los centros comerciales a observar aparadores y a distraerse un poco, cuando un ataque artero con armas de fuego sembró nuevamente el terror en El Paso, Texas. Un joven de tan sólo 21 años había disparado para arrebatar la vida a 20 personas, entre ellos, 8 ciudadanos mexicanos. ¿Qué le motivó cometer tal infamia?

Se entregó voluntariamente con la policía, todo indica que tras los duros discursos del actual presidente de los Estados Unidos contra los migrantes y los mexicanos, el mensaje de odio fue lo que le impulsó a cometer el crimen colectivo.

Los años pasan, que tristeza, parece que el mundo no aprende; las divisiones políticas impregnadas de coraje, envidia y odio sólo han separado naciones, generado miedo y acabado con la vida de miles de personas.

En una ocasión fueron piedras y cemento, en otra el derrumbe de dos edificios, esta última balas directas contra seres humanos. ¿Es el mundo que queremos heredar a las próximas generaciones? ¿Será que el odio nos ha vencido?

Lo correcto no es siempre lo que grita el más fuerte, sino lo que de fondo ayuda a la gente. La verdadera batalla es contra aquellas cosas que no nos permiten ser con dignidad y libertad.

No hay mayor felicidad que el estar en casa, hagamos de este mundo la casa de todos.