/ domingo 10 de noviembre de 2019

Sípirili (Segunda parte)

La odisea del día de la fiesta empieza antes de entrar. En el estacionamiento hay lugares todavía, pero por política del salón Sípirili se ofrece un generoso servicio de valet parking voluntarioobligatorio de cien pesos, a pagarse por adelantado, más lo que uno guste dejar de propina, por supuesto. Eso o dejar el coche en una de las solitarias calles aledañas donde los autos se convierten en fantasmas. Al bajar uno se encuentra con la fila de familias felices que asisten a la gala: niños que ensuciaron el pequeño trajecito de lino antes de la fiesta, mamás -emperifolladas como para la fashion week de Milán- que compiten con furtivas miradas por el envoltorio de regalo más apantallante, papás crudos averiguando en qué página de internet podrán ver el partido de los Pumas que está por empezar.

Ya adentro viene la retahíla de saludos. Saludar al primo, a la tía, al abuelo, al otro tío, a la otra prima, al otro abuelo. A la tía que en la última ocasión que saludaste aún no caminabas con fluidez: Sí te acuerdas de ella, ¿verdad, hijo? Y luego de una sonrisa incómoda: ¿De veras no te acuerdas? Déjalo, responde la tía, es que estaba bien chiquito, pero míralo ahora tan grandote, qué guapo mijo, y le estampa un besote baboso en la mejilla. Saludar al nuevo primo -siempre surge un nuevo familiar en estas fiestas-: Él es tu primo, hijo, es sobrino de tu tío Manuel, el que se fue a vivir a Kazajistán antes de que nacieras y jamás has visto; es tu primo, salúdalo. Decir mucho gusto a los nuevos novios de las primas y sentarse a convivir. Donde convivir se escribe como eufemismo de poner sonrisa fingida y esperar a que todo acabe.

Sin ánimo, los primos preguntan cómo va todo en la vida y uno responde con la misma enjundia. Los señores hablan del tráfico, la ruta que tomaron para llegar, el fútbol… Cualquier cosa que dé la finta de que sostienen una plática, que disfrace su condición de sandios. Algo del gobierno, la situación económica, la inseguridad… Las tías son las únicas que disfrutan del momento actualizando el inventario de noticias familiares, preguntando por la tienda de la que provienen unos tacones, lo barato que salió el delineado permanente de cejas, repasando la lista de invitados: Leti seguro no viene porque se peleó con Lupita.

Con el buffet llega un ligero entusiasmo. La gente tiene un pretexto para escapar de su mesa y luego para dejar de hablar. Los niños le gritan a sus papás desde el octavo piso de los juegos para presumir una acrobacia y el DJ de Sípirili pone en marcha su exquisita selección musical: Barney es un dinosaurio que habita en nuestra mente/ y cuando se hace grande… El chicharrón verde pica mucho, los tacos de tinga manchan la ropa, pero preferible a tener que convivir. Es una ofensa sacar el teléfono al llegar, pero después de la comida un pacto implícito entre los invitados autoriza que las parejitas de novios vuelvan al coqueteo, que los papás se emboben con el partido mientras algún inteligente se escapa de la fiesta sin que lo noten.

El recreo dura poco. Los animadores de Sípirili han llegado para amenizar la tarde. Los lidera Tammy con su voz alegre -fingida hasta el extremo de la pedantería-, que salta como en clase de zumba, moviendo sus coletas de Tatiana. Hola, ¿cómo están? ¿Cómo están todos? Nosotros somos el equipo de Sípirili, y hemos trabajado mucho para traerles a todos ustedes este show. Y vaya show el que se avecina…porque hoy es un día muy especial, hoy es el cumpleaños de una personita muy especial, y su Mamita y su Papito han preparado esta fiesta para la pequeña Sofi y para todos ustedes, así que vamos a darle un fuerte aplausos a Mamita y Papito y vamos a echarle una fuerte porra que dice: ¡chiquitibún a la bim bom ba! Y la gente responde: ¡chiquitibún a la bim bom ba! Pero Tammy quiere más: ¡Más fuerte! Los papitos lo intentan de nuevo: ¡chiquitibún a la bim bom ba! ¡A la bio! ¡A la bao! ¡A la bim bom ba! ¡Sofi! ¡Sofi! ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra! Pero ninguna deidad solar aparece para salvarnos del martirio…

Para animar el pachangón Tammy pide que Mamita -con Sofi en brazos- y Papito pasen al frente: Sofi, ¡muchísimas felicidades, hermosa! Ya que estás aquí presente con nosotros… (Sofi solo quiere regresar a la alberca de pelotas)… déjame decirte Sofi que te tengo dos sorpresas, ¿quieres saber de qué se tratan tus sorpresas, Sofi? ¿Sí? Como Sofi no voltea Tammy se responde: Fíjate, Sofi, que la primera es por parte de Sípirili sucursal aeropuerto… Y Tammy voltea a ver a los papitos y mamitas para explicarles: Esta tarde le trajimos un regalo muy especial a nuestra pequeña Sofi, ¡uno de los personajes de Sípirili! ¡Este es para ti, Sofi! Las tías gritan ¡Bravo! Tammy sigue: ¡Fuerte el aplauso para Sofi! Pero no ha terminado: La segunda sorpresa, Sofi, no va por parte del salón Sípirili, ¿qué crees, Sofi? Va por parte de Papito y Mamita… (lo dice en serio) … porque ellos estuvieron viniendo a ensayar desde hace como dos semanas unas bonitas palabras para Sofi y para el público que nos acompaña…Y aquí uno ya no sabe si la linda sorpresa es para Sofi o para los invitados. Mamita, voy a comenzar con usted, acuérdese de todo lo que ensayó que hasta mí me hizo chillar. Venga Mami… Todavía no es el turno de Papito pero se nota la ruborización exacerbada. Muchas gracias por ser parte de la vida de Sofi y porque de cada uno todos los días se aprende algo. No sabemos qué hemos aprendido aquí, pero con suerte Papito nos lo explicará: Bueno, primero que nada, gracias por estar aquí, gracias por acompañarnos. Y en espera de lo segundo la gente suspira esperando que acabe el momento de pena ajena.

Para este momento uno está convencido de que ya fue suficiente. Mamita y Papito han pagado para que alguien se burle de ellos en público, la festejada no tiene permitido abrir sus regalos, los invitados se aprietan los ojos. No importa, Tammy es perseverante. Ahora pide que pasen tres tres mujeres llamadas por Mamita y tres varones elegidos por Papito. Mamita convoca a una prima materna y la abuela grita de felicidad, pero cuando llama a la pista a una cuñada sobreviene el silencio. Listos los equipos, Tammy los obliga a ponerles nombres tan ridículos como los del salón sucursal aeropuerto. El primer juego consiste en atestiguar la travesía de cada uno de los atletas por la intrincada jungla de los juegos infantiles, incluido ver cómo Mamita se pega al aventarse por la resbaladilla gigante, cómo la prima se cae porque le quitaron una silla cuando paró la música, y cerrar los ojos porque uno de los amigos de Papito se empecina en pasar por la mini tirolesa, a pesar del anuncio que prohíbe el paso a todo peso superior a cien kilogramos (los cuales, a decir por la panza que asoma debajo de la camisa desfajada, claramente rebasa).

En el itinerario de Tammy hay otros dos juegos, pero como el tiempo de la fiesta se acaba, decide apresurar el final. La última dinámica se llama consiste en bailar… Tammy -como todo buen economista- sabe que si quiere más entusiasmo necesita incentivos: Fíjense muy bien, voy a poner una canción. Cada equipo va a seleccionar un miembro para que baile la canción. Cuando termine la canción le voy a pedir al público que los califique con sus aplausos. El equipo que gane se va a llevar una botella de Bacardí (que Tammy muestra en la mano derecha para motivarlos, antes de dejar sobre la mesa de regalos). La música empieza: La vaca, mu/ La vaca, mu/ La vaca, mu/ La misma vaca, mu… Las mujeres eligen democráticamente a Mamita como su representante y del lado de los hombres el tío Pepito da un paso al frente sin consultar a sus colegas (está seguro de poder salir airoso). Puiri/ puiri papidodo papidodo… En el primer round el tío Pepito mueve las pompas e intenta hacerse el chistoso, pero su carisma no es suficiente. Cuando Tammy pide el aplauso del público, la afinidad sigue estando del lado de Mamita. El tío Pepito no puede dejarlo así, hay un ron en juego: Tengo una vaca lechera una vaca de velda/ Tengo una vaca lechera una vaca de velda/ No la vendo ni la cambio si me la quiere comprar/ No la vendo ni la cambio si me la quiere comprar… Esta vez el tío Pepito ha decido mostrar todas su habilidades artísticas: con una caja de cartón en la cabeza, se lanza al suelo panza arriba, con las piernas levantadas, y pide a Papito que le dé vueltas jalándolo de los pies, en un espectáculo que semeja más la torpeza de un hipopótamo bebé que un fallido intento de break dance…Para el público entre más vergonzoso mejor (para eso se organizan estas fiestas, a estas alturas debería estar claro), así que el tío Pepito tiene su recompensa, pero parece que lo han defraudado: luego de declararlo ganador Tammy manda a todos a sentar sin entregar el premio, y la botella ha desaparecido de la mesa de regalos. Pobre tío Pepito y pobres invitados: el primero se ha humillado para nada y los segundos se vuelven a acordar del evento en el que están… Puiri/ puiri papidodo papidodo…

De lo que sucede a lo anterior no hace falta entrar en detalles. Se paran los primeros a despedirse y Mamita les pide que se queden al pastel, Sofi llora y la prima dice que se pegó en los juegos, pero Sofi asegura que la prima la pellizcó para quitarle el regalo de Sípirili. El pastel es enorme, vistoso y malo (como todos los pasteles de fiestas infantiles), pero mientras uno se lo come Papito -ufano de su inversión- pasa mesa por mesa a checar que todo esté bien y los invitados no pueden más que elogiar el pastel (hay quien le pregunta dónde lo compro, para nunca ir a esa tienda). De súbito la tía Leti llega y se hace un silencio en la mitad de la fiesta. Leti se sienta con sus hijos en el extremo opuesto a Lupita y después de unos minutos varios primos se paran a saludarla (no vaya a ser que se enoje con ellos también). Apenas han pasado tres horas desde que estalló jolgorio, pero Tammy -que hace una hora era toda alegría y besos a la hermosa Sofi, Mamita y Papito- pone una sonrisa mustia cuando toma el micrófono para pedirle a todos los invitados que terminen su pastel pronto, porque Sípirili le tiene preparada una sorpresa muy especial a Juanito, cuya fiesta empieza en treinta minutos, así que es hora de desalojar.

Afuera del salón todo es quégustoverte y hayquevernospronto. Las mamás se dan abrazos, los padres agradecen que sea hora de irse, lo niños siguen compitiendo en guerras de vaqueros y burbujas. Los anfitriones se quedan hasta el final con unos pocos amigos. A Mamita le duelen los pies por usar tacones tanto tiempo y le pide a su esposo que se vayan. Se acercan al carro para subir los regalos pero la tía Leti los interrumpe gritando: cuando llegó a la fiesta, un joven que dijo ser del valet parking del salón se ofreció a estacionar el coche. Ella le dio las llaves sin pedir boleto de recibo y se metió a felicitar a Sofi. El carro no está en el estacionamiento, los del valet parking dicen no conocer al joven que la tía Leti describe y, ahora que lo recuerda, el joven no tenía ningún uniforme de valet…

La odisea del día de la fiesta empieza antes de entrar. En el estacionamiento hay lugares todavía, pero por política del salón Sípirili se ofrece un generoso servicio de valet parking voluntarioobligatorio de cien pesos, a pagarse por adelantado, más lo que uno guste dejar de propina, por supuesto. Eso o dejar el coche en una de las solitarias calles aledañas donde los autos se convierten en fantasmas. Al bajar uno se encuentra con la fila de familias felices que asisten a la gala: niños que ensuciaron el pequeño trajecito de lino antes de la fiesta, mamás -emperifolladas como para la fashion week de Milán- que compiten con furtivas miradas por el envoltorio de regalo más apantallante, papás crudos averiguando en qué página de internet podrán ver el partido de los Pumas que está por empezar.

Ya adentro viene la retahíla de saludos. Saludar al primo, a la tía, al abuelo, al otro tío, a la otra prima, al otro abuelo. A la tía que en la última ocasión que saludaste aún no caminabas con fluidez: Sí te acuerdas de ella, ¿verdad, hijo? Y luego de una sonrisa incómoda: ¿De veras no te acuerdas? Déjalo, responde la tía, es que estaba bien chiquito, pero míralo ahora tan grandote, qué guapo mijo, y le estampa un besote baboso en la mejilla. Saludar al nuevo primo -siempre surge un nuevo familiar en estas fiestas-: Él es tu primo, hijo, es sobrino de tu tío Manuel, el que se fue a vivir a Kazajistán antes de que nacieras y jamás has visto; es tu primo, salúdalo. Decir mucho gusto a los nuevos novios de las primas y sentarse a convivir. Donde convivir se escribe como eufemismo de poner sonrisa fingida y esperar a que todo acabe.

Sin ánimo, los primos preguntan cómo va todo en la vida y uno responde con la misma enjundia. Los señores hablan del tráfico, la ruta que tomaron para llegar, el fútbol… Cualquier cosa que dé la finta de que sostienen una plática, que disfrace su condición de sandios. Algo del gobierno, la situación económica, la inseguridad… Las tías son las únicas que disfrutan del momento actualizando el inventario de noticias familiares, preguntando por la tienda de la que provienen unos tacones, lo barato que salió el delineado permanente de cejas, repasando la lista de invitados: Leti seguro no viene porque se peleó con Lupita.

Con el buffet llega un ligero entusiasmo. La gente tiene un pretexto para escapar de su mesa y luego para dejar de hablar. Los niños le gritan a sus papás desde el octavo piso de los juegos para presumir una acrobacia y el DJ de Sípirili pone en marcha su exquisita selección musical: Barney es un dinosaurio que habita en nuestra mente/ y cuando se hace grande… El chicharrón verde pica mucho, los tacos de tinga manchan la ropa, pero preferible a tener que convivir. Es una ofensa sacar el teléfono al llegar, pero después de la comida un pacto implícito entre los invitados autoriza que las parejitas de novios vuelvan al coqueteo, que los papás se emboben con el partido mientras algún inteligente se escapa de la fiesta sin que lo noten.

El recreo dura poco. Los animadores de Sípirili han llegado para amenizar la tarde. Los lidera Tammy con su voz alegre -fingida hasta el extremo de la pedantería-, que salta como en clase de zumba, moviendo sus coletas de Tatiana. Hola, ¿cómo están? ¿Cómo están todos? Nosotros somos el equipo de Sípirili, y hemos trabajado mucho para traerles a todos ustedes este show. Y vaya show el que se avecina…porque hoy es un día muy especial, hoy es el cumpleaños de una personita muy especial, y su Mamita y su Papito han preparado esta fiesta para la pequeña Sofi y para todos ustedes, así que vamos a darle un fuerte aplausos a Mamita y Papito y vamos a echarle una fuerte porra que dice: ¡chiquitibún a la bim bom ba! Y la gente responde: ¡chiquitibún a la bim bom ba! Pero Tammy quiere más: ¡Más fuerte! Los papitos lo intentan de nuevo: ¡chiquitibún a la bim bom ba! ¡A la bio! ¡A la bao! ¡A la bim bom ba! ¡Sofi! ¡Sofi! ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra! Pero ninguna deidad solar aparece para salvarnos del martirio…

Para animar el pachangón Tammy pide que Mamita -con Sofi en brazos- y Papito pasen al frente: Sofi, ¡muchísimas felicidades, hermosa! Ya que estás aquí presente con nosotros… (Sofi solo quiere regresar a la alberca de pelotas)… déjame decirte Sofi que te tengo dos sorpresas, ¿quieres saber de qué se tratan tus sorpresas, Sofi? ¿Sí? Como Sofi no voltea Tammy se responde: Fíjate, Sofi, que la primera es por parte de Sípirili sucursal aeropuerto… Y Tammy voltea a ver a los papitos y mamitas para explicarles: Esta tarde le trajimos un regalo muy especial a nuestra pequeña Sofi, ¡uno de los personajes de Sípirili! ¡Este es para ti, Sofi! Las tías gritan ¡Bravo! Tammy sigue: ¡Fuerte el aplauso para Sofi! Pero no ha terminado: La segunda sorpresa, Sofi, no va por parte del salón Sípirili, ¿qué crees, Sofi? Va por parte de Papito y Mamita… (lo dice en serio) … porque ellos estuvieron viniendo a ensayar desde hace como dos semanas unas bonitas palabras para Sofi y para el público que nos acompaña…Y aquí uno ya no sabe si la linda sorpresa es para Sofi o para los invitados. Mamita, voy a comenzar con usted, acuérdese de todo lo que ensayó que hasta mí me hizo chillar. Venga Mami… Todavía no es el turno de Papito pero se nota la ruborización exacerbada. Muchas gracias por ser parte de la vida de Sofi y porque de cada uno todos los días se aprende algo. No sabemos qué hemos aprendido aquí, pero con suerte Papito nos lo explicará: Bueno, primero que nada, gracias por estar aquí, gracias por acompañarnos. Y en espera de lo segundo la gente suspira esperando que acabe el momento de pena ajena.

Para este momento uno está convencido de que ya fue suficiente. Mamita y Papito han pagado para que alguien se burle de ellos en público, la festejada no tiene permitido abrir sus regalos, los invitados se aprietan los ojos. No importa, Tammy es perseverante. Ahora pide que pasen tres tres mujeres llamadas por Mamita y tres varones elegidos por Papito. Mamita convoca a una prima materna y la abuela grita de felicidad, pero cuando llama a la pista a una cuñada sobreviene el silencio. Listos los equipos, Tammy los obliga a ponerles nombres tan ridículos como los del salón sucursal aeropuerto. El primer juego consiste en atestiguar la travesía de cada uno de los atletas por la intrincada jungla de los juegos infantiles, incluido ver cómo Mamita se pega al aventarse por la resbaladilla gigante, cómo la prima se cae porque le quitaron una silla cuando paró la música, y cerrar los ojos porque uno de los amigos de Papito se empecina en pasar por la mini tirolesa, a pesar del anuncio que prohíbe el paso a todo peso superior a cien kilogramos (los cuales, a decir por la panza que asoma debajo de la camisa desfajada, claramente rebasa).

En el itinerario de Tammy hay otros dos juegos, pero como el tiempo de la fiesta se acaba, decide apresurar el final. La última dinámica se llama consiste en bailar… Tammy -como todo buen economista- sabe que si quiere más entusiasmo necesita incentivos: Fíjense muy bien, voy a poner una canción. Cada equipo va a seleccionar un miembro para que baile la canción. Cuando termine la canción le voy a pedir al público que los califique con sus aplausos. El equipo que gane se va a llevar una botella de Bacardí (que Tammy muestra en la mano derecha para motivarlos, antes de dejar sobre la mesa de regalos). La música empieza: La vaca, mu/ La vaca, mu/ La vaca, mu/ La misma vaca, mu… Las mujeres eligen democráticamente a Mamita como su representante y del lado de los hombres el tío Pepito da un paso al frente sin consultar a sus colegas (está seguro de poder salir airoso). Puiri/ puiri papidodo papidodo… En el primer round el tío Pepito mueve las pompas e intenta hacerse el chistoso, pero su carisma no es suficiente. Cuando Tammy pide el aplauso del público, la afinidad sigue estando del lado de Mamita. El tío Pepito no puede dejarlo así, hay un ron en juego: Tengo una vaca lechera una vaca de velda/ Tengo una vaca lechera una vaca de velda/ No la vendo ni la cambio si me la quiere comprar/ No la vendo ni la cambio si me la quiere comprar… Esta vez el tío Pepito ha decido mostrar todas su habilidades artísticas: con una caja de cartón en la cabeza, se lanza al suelo panza arriba, con las piernas levantadas, y pide a Papito que le dé vueltas jalándolo de los pies, en un espectáculo que semeja más la torpeza de un hipopótamo bebé que un fallido intento de break dance…Para el público entre más vergonzoso mejor (para eso se organizan estas fiestas, a estas alturas debería estar claro), así que el tío Pepito tiene su recompensa, pero parece que lo han defraudado: luego de declararlo ganador Tammy manda a todos a sentar sin entregar el premio, y la botella ha desaparecido de la mesa de regalos. Pobre tío Pepito y pobres invitados: el primero se ha humillado para nada y los segundos se vuelven a acordar del evento en el que están… Puiri/ puiri papidodo papidodo…

De lo que sucede a lo anterior no hace falta entrar en detalles. Se paran los primeros a despedirse y Mamita les pide que se queden al pastel, Sofi llora y la prima dice que se pegó en los juegos, pero Sofi asegura que la prima la pellizcó para quitarle el regalo de Sípirili. El pastel es enorme, vistoso y malo (como todos los pasteles de fiestas infantiles), pero mientras uno se lo come Papito -ufano de su inversión- pasa mesa por mesa a checar que todo esté bien y los invitados no pueden más que elogiar el pastel (hay quien le pregunta dónde lo compro, para nunca ir a esa tienda). De súbito la tía Leti llega y se hace un silencio en la mitad de la fiesta. Leti se sienta con sus hijos en el extremo opuesto a Lupita y después de unos minutos varios primos se paran a saludarla (no vaya a ser que se enoje con ellos también). Apenas han pasado tres horas desde que estalló jolgorio, pero Tammy -que hace una hora era toda alegría y besos a la hermosa Sofi, Mamita y Papito- pone una sonrisa mustia cuando toma el micrófono para pedirle a todos los invitados que terminen su pastel pronto, porque Sípirili le tiene preparada una sorpresa muy especial a Juanito, cuya fiesta empieza en treinta minutos, así que es hora de desalojar.

Afuera del salón todo es quégustoverte y hayquevernospronto. Las mamás se dan abrazos, los padres agradecen que sea hora de irse, lo niños siguen compitiendo en guerras de vaqueros y burbujas. Los anfitriones se quedan hasta el final con unos pocos amigos. A Mamita le duelen los pies por usar tacones tanto tiempo y le pide a su esposo que se vayan. Se acercan al carro para subir los regalos pero la tía Leti los interrumpe gritando: cuando llegó a la fiesta, un joven que dijo ser del valet parking del salón se ofreció a estacionar el coche. Ella le dio las llaves sin pedir boleto de recibo y se metió a felicitar a Sofi. El carro no está en el estacionamiento, los del valet parking dicen no conocer al joven que la tía Leti describe y, ahora que lo recuerda, el joven no tenía ningún uniforme de valet…