Ella Eusebia, una abuelita de 100 años y sus ganas de vivir siguen presentes

Ella es oriunda de San Bernardino Tlaxcalancingo, una junta auxiliar del municipio de San Andrés Cholula

Martha Cuaya | El Sol de Puebla

  · sábado 28 de agosto de 2021

Foto: Eduardo Ocampo | El Sol de Puebla

Con 100 años de vida, Eusebia Mixcoatl Popoca oriunda de San Bernardino Tlaxcalancingo, una junta auxiliar del municipio de San Andrés Cholula ha dejado una gran enseñanza a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, la lección de siempre levantarse ante los obstáculos que existan y salir adelante sin dejarse vencer.

Sonriente y con el cabello trenzado Eusebia ha vivido un centenario en esta tierra, para su sorpresa no padece enfermedades crónicas y las ganas de seguir su vida como si no hubieran pasado los años siguen más que presentes.

Lo que es un orgullo para ella y sus familiares, no ha sido fácil, pues desde niña aguantó grandes carencias como la ausencia de su madre quien falleció al momento del parto en el año de 1921, desde ahí quedó huérfana junto con su hermano, quienes fueron adoptados por sus abuelos.

Si bien en un principio no notaba las necesidades que padecían, fue el paso del tiempo que le hizo ver la pobreza a la que se atenían a diario, pues mientras su abuela iba a vender, a ella la prestaban a las familias para que les ayudara en lo que pudiera y con ello ganar unos centavos para la casa.

Desde cuidar borregos, vacas, niños y hasta hacer el quehacer, Eusebia tenía que trabajar a muy corta edad para contribuir con los ingresos de su familia, los cuales eran muy pocos.

En Náhuatl y con una sonrisa bien marcada, relató que a ella le enseñaron a ir a “quelitear”, leñar y recoger moñiga (excremento de los caballos, toros, vacas y otros animales), pues todo eso era lo que podían vender para obtener ingresos.

Foto: Julio C. Martínez | El Sol de Puebla

Envejecer no depende de nosotros, de eso se encarga la naturaleza, lo que sí podemos hacer es transformar la manera en que envejecemos. Foto: Bibiana Díaz | El Sol de Puebla

Casi todos los días acudían al campo a buscar chipiles, quelites, así como otras hierbas comestibles, pues algunas eran para comer y otras más para manojearlas y venderlas en el mercado La Victoria, mismo que era muy distinto al que es ahora.

Al paso del tiempo, con 15 años de edad, un capataz se casó con ella, sin embargo, lo que pareció ser una oportunidad para una mejor vida, fue lo contrario, pues a su esposo le gustaba el licor, por ello buscó la manera de salir adelante, pues a los 16 ella ya tenía a su primer hijo.

Con los pies descalzos Eusebia caminaba más de 16 kilómetros para poder llegar al mercado La Victoria a vender sus quelites que había juntado un día anterior, mientras que cuando podía lavaba ropa ajena.

Ella nunca se ha quedado de brazos cruzados, ella siempre buscó salir adelante hasta sus 70 años de edad que fue cuando dejó de ir a vender, pues una de sus ocho hijos se hizo cargo de ella, Margarita quien también se dedicó a vender en un mercado tal y como le enseñó su madre.

Su hija orgullosa de que el pasado 14 de agosto su madre haya cumplido 100 años, aseguró que es una bendición, pero al mismo tiempo una tristeza, ya que se ha acostumbrado tanto a ella que no sabe qué hará el día que le falte.

Me siento orgullosa y a la vez triste, ella ha sido mi mano derecha siempre, me siento muy orgullosa porque son muy pocos quienes llegan a esa edad, le doy gracias a Dios que mi madrecita con esta edad todavía la tengo acá, pero a la vez me siento triste, porque si un día se va no sé qué voy a hacer”.

Sin embargo, comentó que a su mamá no le gusta que la ayuden a hacer las cosas, pues tiene una silla de ruedas porque ya camina muy lento y no la usa, le han hecho un bastón y prefiere una vara cualquiera.

Le gusta cuidar a sus gansos, lavar los trastes y cuando puede esconde su ropa para que ella sola la lave y tienda, a Eusebia simplemente le gusta ser independiente y aunque aún tiene las ganas de ir al campo, no la dejan debido a que a su edad ya es complicado.

Con el cabello blanco por el paso del tiempo, un babero, sus trenzas y las marcas que le ha dejado en la piel el arduo trabajo que realizó desde pequeña, ella sonríe y espera durar hasta que Dios así lo quiera, mientras tanto disfruta de su familia y de la salud de la que goza, pues le he permitido celebrar un día más de los abuelos.

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