/ miércoles 22 de marzo de 2023

Humedal de Valsequillo, una gran 'planta tratadora natural de aguas'

El humedal de Valsequillo se ubica en la superficie y periferias de la presa Manuel Ávila Camacho y es reconocido como un sitio de relevancia global

“Esperanzador” y “resiliente" es como los científicos definen al humedal de Valsequillo, uno de los ecosistemas más diversos e importantes de Puebla. Es hogar para más de 200 especies endémicas y migratorias de fauna, varias incluso en peligro de extinción; y su flora heterogénea, como el lirio acuático, puede depurar la toxicidad de los ríos Atoyac, Xochiac y Alseseca, cuyas aguas desembocan en la presa Manuel Ávila Camacho y sirven para regar decenas de cultivos del Valle de Tecamachalco. Sin un plan de manejo integral sobre su flora acuática es imposible descontaminar el embalse de esa manera, señalan especialistas.

El doctor en Ciencias por el Instituto Politécnico Nacional (IPN) e investigador conocido por haber descubierto el origen del socavón de Santa María Zacatepec en 2021, Pedro Francisco Rodríguez Espinosa, concibe al humedal como una gran “planta tratadora natural de aguas” que ha compensado gran parte del impacto de la contaminación que recibe la presa ante la degradación provocada por descargas furtivas, así como la falta de rigidez en las leyes federales, entre otros factores.

Está situado sobre la superficie y periferias de la presa Manuel Ávila Camacho y es reconocido como un sitio de relevancia global por la convención Ramsar, que es el órgano colegiado más importante en la clasificación de estos hábitats en el mundo. Su preservación, sin embargo, está amenazada debido a la creciente contaminación y estrés hídrico a la que es sometida permanentemente la cuenca del Alto Atoyac.

“Una de las condiciones más importantes de los sitios Ramsar es, obviamente, que estén bien conservados, observados y que no haya descargas de aguas residuales (...) Aquí hay una fuerte contaminación que estamos recibiendo”, precisa el doctor, en entrevista con El Sol de Puebla.

Rodríguez Espinosa define a los humedales como espacios repletos de agua capaces de desarrollar y mantener flora y fauna sobre ellos y en su alrededor. Puebla sólo cuenta con dos espacios así, en Valsequillo y la presa Necaxa.

“Hoy más que nunca debemos cuidar los cuerpos de agua, y aunque este cuerpo de agua funciona sobre una estructura de captación de agua de riego, está cumpliendo varias otras funciones, por ejemplo como trampa de contaminantes en los sedimentos y algunos otros que no las hemos podido observar en su totalidad”, advierte.

Origen del humedal

El humedal de Valsequillo tiene una superficie de 23 mil 612 hectáreas, que es casi ocho veces mayor a la de la propia presa, que mide 2 mil 832 hectáreas. Esto significa que la biodiversidad impactada por este lugar se extiende a más de 20 mil hectáreas del perímetro del embalse, indica el doctor en Ciencias por el IPN, Jacobo Tabla Hernández.

El investigador explica que este lugar se originó tras la instalación de la presa, que fue construida entre 1939 y 1946. Le tomó varios años establecerse y, aunque el mismo se fundó a partir de procesos antropogénicos, todas sus funciones ecosistémicas son iguales a las de un humedal natural.

El ingeniero en Sistemas Ambientales por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), Esaú López Martínez, quien investiga la cartografía y diversidad biológica de la cuenca del Alto Atoyac, expone que este espacio alberga 283 especies de animales de todo tipo, de las cuales el 82 por ciento son aves. Aunado a ello, viven 80 especies de flora.

Animales como el pato cucharón norteño, la rana fisgona, el lagarto alicante, la culebra guardacaminos, el gavilán pecho canela, el águila pecho rojo, el pato de collar mexicano, la cascabel pigmea mexicana, el cacomixtle y el murciélago hociquilargo convergen en este lugar todo el año.

El humedal forma parte del llamado corredor migratorio de América, pues recibe cientos de aves de 97 especies provenientes de otras partes del continente que buscan mejores condiciones climáticas o de entorno durante determinadas épocas del año.

Al paso del tiempo, el sitio se convirtió en ejemplo de resistencia, resiliencia y esperanza, defiende, análogamente, Estefanía Martínez Tavera, doctora en Ciencias por el Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD) y académica de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Según datos del gobierno federal, cada año se riegan más de medio millón de hectáreas agrícolas con el agua almacenada en la presa, esto sin contar que el líquido es igualmente utilizado para alimentar ganado bovino y especies marinas de consumo humano, como son las tilapias. Cada día descienden al embalse varias toneladas de material contaminado, que eventualmente llegan a otros seres vivos, incluidos humanos.

El tesoro perdido de Valsequillo

Una de las particularidades que esconde este espacio es el lirio acuático. Esta peculiar planta lleva años reproduciéndose casi de forma invasiva generando un impacto en el ecosistema acuático. Al mismo tiempo, es una importante herramienta de saneamiento de la cuenca del Alto Atoyac.

En entrevista, el doctor Tabla Hernández explica que el lirio acuático optimiza la depuración de la materia tóxica que desemboca en la presa y afecta el agua que eventualmente llega a los cultivos del Valle de Tecamachalco. A este proceso se le llama fitodepuración, y está contribuyendo de manera indirecta al tratamiento hídrico en el embalse más grande de Puebla.

El problema es que este ejemplar vegetativo se reproduce sin control, afectando incluso la movilidad en la zona e incrementando la presencia de insectos molestos para la población.

Esto se debe a que no existe un plan para optimizar el lirio acuático, lo cual impide que tampoco pueda cumplir su función descontaminante. Actualmente sólo se emplea un cable en el estrecho de San Baltazar Tetela para limitar la propagación del lirio, pero nada más.

Ante ese contexto, Tabla Hernández propone un estructurado designio para sanear este espacio de forma natural. Se trata de un plan de cosecha controlada, retiro responsable y basado en modelos matemáticos, y la reutilización y aprovechamiento de esta planta en diversos usos, como puede ser en combustible, alcohol, abono, etcétera.

Contrario a lo que muchos pudiesen pensar, el lirio ni siquiera es endémico de Valsequillo o México, ya que en realidad es endémico del Amazonas. Su llegada a Puebla es una incógnita, pues, a diferencia de la fauna exótica que arribó en buena medida a causa de las migraciones, el lirio no puede trasladarse por sí mismo.

Según el doctor Tabla Hernandez, entre científicos se dice que, durante la segunda mitad del siglo XIX, la entonces emperatriz mexicana, Carlota, tuvo algunos viajes entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México. En ellos atravesó por tierras poblanas.

Siguiendo el relato, la gobernante de origen belga tuvo el deseo de ver esta peculiar planta acuática a donde fuese, pues, en su etapa de floración, el lirio adquiere majestuosas morfologías. Sus súbditos cumplieron sus deseos y le trajeron esta planta para acompañar sus trayectos. Así nació la plaga.

Esa explicación es imaginativa, pero lo cierto es que el lirio tapiza el humedal de Valsequillo, cubriendo alrededor de 2 mil hectáreas de la presa Manuel Ávila Camacho.

Tabla Hernández comparte que, tras cuatro años de análisis y muestreo, el lirio, una vez cosechado, absorbe contaminantes y se alimenta de algunos de ellos, como es el caso del fósforo y nitrógeno. Cuando esta planta cumple su ciclo de vida debe retirarse, debido a que, cuando muere, esta desprende las sustancias que obtuvo y las mismas se sedimentan.

Por ejemplo, si se cosecharan entre 150 y 274 hectáreas de lirio después de la confluencia de los ríos con la presa, hasta 31 por ciento de sustancias peligrosas para el ecosistema, como microplásticos y hasta metales pesados, serían retirados del embalse en cuestión de meses.

La Demanda Química de Oxígeno (DQO), que es el parámetro que representa la contaminación proveniente de las poblaciones y la industria, podría disminuir hasta en 11 por ciento, según indican estudios desarrollados por el especialista.

Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en 2020 el río Xochiac condujo un DQO de 508.86 miligramos por litro (mg/L), el río Alseseca de 508.86 mg/L, mientras que en el río Atoyac fue de 286.64 mg/L.

Por ello, una reducción así de importante en el DQO de la presa tendría un efecto restaurativo en la flora y fauna del humedal, pero también en el ganado y cultivos que son hidratados con las aguas almacenadas en el embalse.

“Si no fuera por el lirio acuático, tendríamos un problema mayúsculo, sin embargo nuestra Madre Tierra ha hecho lo necesario por adaptarse y por resolver lo que nosotros no hemos hecho”, opina la doctora Martínez Tavera.

El humedal forma parte del llamado corredor migratorio de América, pues recibe cientos de aves de 97 especies provenientes de otras partes del continente. Foto: Julio César Martínez | El Sol de Puebla

Daños colaterales de la imparable contaminación

Eugenio vive en la junta auxiliar de San Baltazar Tetela. Hace casi una década fundó junto con sus familiares un pequeño restaurante en las cercanías de Valsequillo. Beneficiado por el escenario casi costero, Eugenio probó suerte con los mariscos. Algunos de los productos que ofrece a sus comensales los obtiene de la presa.

La pesca en el embalse es una actividad no autorizada, sin embargo, aún persiste, principalmente, por la accesibilidad y bajo costo.

La doctora Martínez Tavera descubrió cómo afecta la contaminación en la presa de Valsequillo a varias especies de fauna que viven en el sitio, las cuales muchas veces son usadas para consumo humano.

Evaluó la concentración de microplásticos y metales pesados, entre otras sustancias, que tenían en su organismo los peces, patos y bovinos que viven y se alimentan de esas aguas. La tilapia, que es consumida hoy en día, resultó afectada por la contaminación.

La investigadora sostiene que las probabilidades de que hoy existan animales libres de contaminantes en la presa es prácticamente nula. En su investigación publicada en la revista Chemosphere, una de las más prestigiosas a nivel mundial, la profesora evidenció que una sola tilapia podría llegar a tener en su interior hasta 139 fibras plásticas de poliamida, poliéster y celulosa, muchas de las cuales provienen de actividades industriales.

Asimismo, averiguó que la concentración de contaminantes no era la misma en el hígado, que en los músculos del pez. El primer órgano, de hecho, fue el más afectado. Esto es importante debido a que la gastronomía mexicana suele aprovechar todas las partes del pescado para hacer diferentes platillos, por lo que los riesgos en la población se agudizan.

En la tilapia se observó la presencia de plomo y zinc, ambas consideradas riesgosas para la salud humana. Así, la doctora Martinez Tavera resalta que si alguien consume pescado contaminado con metales pesados de forma recurrente, podría llegar a acumular en su organismo ciertas cantidades de estos elementos, causando patologías crónicas.

Hoy se desconoce el impacto real que tiene la contaminación de la presa en la población, sin embargo, se sabe que varias toneladas de hortalizas y cientos de animales de ganado requieren de sus aguas para sobrevivir.

Actualmente la académica de la UPAEP se planteó identificar las rutas de migración de los contaminantes que fluyen por las aguas de la presa y el humedal, y que a su vez están asociadas a problemas de salud en la población. No obstante, la investigación no ha concluido todavía.

Problemas futuros

La maestra en Ciencias por el CIIEMAD, dedicada al estudio de los llamados Elementos de Tierras Raras (ETR), que fungen como “huellas” de procesos ambientales del pasado, Karen Mineli Ochoa Guerrero, expone que los mantos acuíferos, es decir, las aguas subterráneas, peligran ante la contaminación de ríos. Esto debido a la extracción intensiva del agua subterránea frente a la poca o nula disponibilidad del agua superficial, situación provocada en buena medida por los altos grados de contaminación.

En entrevista, la especialista sostiene que es necesario concretar un plan de gestión integral de la cuenca, que regule la extracción hídrica, así como su contaminación. Lo anterior con el objetivo de evitar que la toxicidad llegue al punto más profundo de la cuenca, y el daño al sistema hidrológico sea irremediable.

“No hemos corroborado que en las aguas subterráneas haya contaminantes antropogénicos todavía (...) [quizá] en unos años el agua superficial empiece a tener impacto sobre la subterránea. No estamos diciendo que no exista, sin embargo, en lo que hemos analizado, la contaminación no ha llegado a esta parte (...) Lamentablemente remediar cuesta mucho más, es más difícil, y nunca vamos a tener agua de la calidad que la que pudiéramos haber tenido”, advierte la especialista.

Precisa que uno de los principales problemas es la perforación de pozos clandestinos, así como la falta de actualización y transparencia en el otorgamiento de concesiones para uso de aguas subterráneas.

Indica que la contaminación también contribuye al calentamiento global, que, entre otras cosas, agudiza la sequía de la represa y eventualmente impacta a miles de campesinos y ganaderos, así como a la menor recarga de agua a los acuíferos. Esto explica en buena medida por qué en el año 2022 el embalse tuvo su registro mínimo histórico de capacidad, al presentar niveles inferiores al 20 por ciento del llenado total, apunta.

De dónde proviene la toxicidad

El estado de conservación del humedal es crítico, pero investigadores como el maestro en Ciencias por el IPN y académico de la ENCB, Aquileo Gabriel Hernández Ramírez, aún creen que su restauración, y la de la propia cuenca, es posible. No obstante, resalta que, al prolongar la inacción se pierde tiempo valioso y se agudiza la pérdida significativa de biodiversidad.

Sabe que su deseo es poco optimista, empero, decide plasmar sus esperanzas en la ciencia. Luego de estudiar rigurosamente la concentración de componentes tóxicos en la cuenca del Alto Atoyac en 2016, determinó patrones temporales y espaciales, así como anomalías entre sustancias y elementos. Con ello identificó la procedencia de las descargas furtivas en la cuenca.

Aunque la hipótesis siempre fue clara, los datos evidenciaron algo preocupante. El resultado fue que los ríos eran afectados por descargas, no sólo de los usuarios registrados ante la Conagua para verter aguas residuales, sino también por conexiones ilegales y hogares sin conexión al drenaje municipal.

Sin embargo, Hernández Ramírez persiguió la procedencia de 170 tipos de contaminantes, como pesticidas, colorantes y metales pesados. Así demostró que existen industrias que no están haciendo la labor de tratar su agua o un tratamiento deficiente.

Concretamente identificó a las diversas industrias textiles y automotrices asentadas en el norte de la zona metropolitana de Puebla capital, así como a los complejos petroquímicos, farmacéuticos, alimenticios, curtidores, metalmecánicos, agrícolas y de pinturas instalados en Huejotzingo, San Martín Texmelucan y Cuautlancingo. Así, demostró que las aguas residuales de dichos giros son las mismas que llegan a Valsequillo y terminan eventualmente en hortalizas y animales consumidos por la población.

A propósito, el ingeniero López Martínez sostiene que gran parte de la problemática tiene su origen en el desmedido crecimiento urbano que se agudizó en las últimas décadas del siglo pasado, principalmente tras la detonación de fábricas automotrices, alimenticias, textiles y químicas.

Ello aumentó, además, la demanda inmobiliaria y de servicios. El problema ha sido que los planes de ordenamiento territorial han sido escasamente planificados conforme a las necesidades futuras y el contexto de la región. Esto explica el por qué existen –y siguen creciendo– asentamientos tan cercanos a la zona de conservación Ramsar, y siguen desplazando especies.

En 2022 la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) dio un paso importante en la actualización regulatoria de descargas de agua residual tratada, al modificar sus parámetros de verificación de plantas tratadoras. Mediante una reforma, la dependencia federal fortaleció los lineamientos, para estipular la realización de visitas espontáneas a los establecimientos. Aunado a ello, la Conagua deberá inspeccionar las tomas mediante unidades verificadoras, lo que ayudará a aminorar el rezago de personal de la dependencia.

El humedal de Valsequillo surgió a consecuencia de una acción humana y hoy su devastación está amenazada por esa misma razón. Cuidar este espacio mediante el manejo del lirio acuático para garantizar un servicio de saneamiento natural, es sólo una opción frente a la problemática masiva que se contrapone como un reto más ante la inseguridad hídrica y alimentaria del estado.

Controlar el crecimiento de esta planta no es la única forma de contrarrestar el problema por completo, sin embargo, darle mayor atención y cuidados a este espacio que históricamente ha sido el cárcamo de los ríos más contaminados de Puebla, será un alivio no sólo para la biodiversidad, sino también para las miles de personas que viven, literalmente, del agua que libera cada año la Conagua hacia cultivos y granjas del Valle de Tecamachalco.

Según la Semarnat, el distrito de riego de Valsequillo, que es beneficiario directo de las aguas almacenadas en la presa, permitió producir en 2020 un total de 506 mil 012 toneladas de alimentos como maíz, frijol, sorgo, alfalfa y chile, sembrados en los municipios de Atoyatempan, Cuapiaxtla, Huitziltepec, Molcaxac, Huixcolotla, Miahuatlán, Hueyotlipan, Tecali, Tecamachalco, Tehuacán, Tepanco de López, Tepeyahualco, Tlacotepec, Tlanepantla, Tochtepec, Xochitlán y Yehualtepec. El impacto económico de la actividad agrícola fue de 940 millones 183 mil 248 pesos, pero el alcance humano es incuantificable, pues algunos productores incluso envían sus cosechas fuera de Puebla.

No es casualidad que científicos focalicen sus esfuerzos en la recuperación del humedal y ofrezcan a las autoridades la oportunidad de crear mecanismos funcionales para salvar este “esperanzador” y “resiliente espacio”. Futuras publicaciones científicas realizadas por este grupo de trabajo, basado en medición de la calidad de agua en la pandemia, demuestran que es posible la reversibilidad del impacto de la contaminación en el Río Atoyac. No obstante, todas las fuentes consultadas para este trabajo coincidieron en que se requiere voluntad para materializar dichas acciones.

Finalmente, cabe mencionar que esta casa editorial buscó reiteradamente a la secretaria de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial (Smadsot), Beatriz Manrique Guevara, a través de su enlace de prensa, con el objetivo de conocer las acciones que el gobierno del estado ha emprendido para preservar el humedal, sin embargo, nunca se obtuvo respuesta alguna.


“Esperanzador” y “resiliente" es como los científicos definen al humedal de Valsequillo, uno de los ecosistemas más diversos e importantes de Puebla. Es hogar para más de 200 especies endémicas y migratorias de fauna, varias incluso en peligro de extinción; y su flora heterogénea, como el lirio acuático, puede depurar la toxicidad de los ríos Atoyac, Xochiac y Alseseca, cuyas aguas desembocan en la presa Manuel Ávila Camacho y sirven para regar decenas de cultivos del Valle de Tecamachalco. Sin un plan de manejo integral sobre su flora acuática es imposible descontaminar el embalse de esa manera, señalan especialistas.

El doctor en Ciencias por el Instituto Politécnico Nacional (IPN) e investigador conocido por haber descubierto el origen del socavón de Santa María Zacatepec en 2021, Pedro Francisco Rodríguez Espinosa, concibe al humedal como una gran “planta tratadora natural de aguas” que ha compensado gran parte del impacto de la contaminación que recibe la presa ante la degradación provocada por descargas furtivas, así como la falta de rigidez en las leyes federales, entre otros factores.

Está situado sobre la superficie y periferias de la presa Manuel Ávila Camacho y es reconocido como un sitio de relevancia global por la convención Ramsar, que es el órgano colegiado más importante en la clasificación de estos hábitats en el mundo. Su preservación, sin embargo, está amenazada debido a la creciente contaminación y estrés hídrico a la que es sometida permanentemente la cuenca del Alto Atoyac.

“Una de las condiciones más importantes de los sitios Ramsar es, obviamente, que estén bien conservados, observados y que no haya descargas de aguas residuales (...) Aquí hay una fuerte contaminación que estamos recibiendo”, precisa el doctor, en entrevista con El Sol de Puebla.

Rodríguez Espinosa define a los humedales como espacios repletos de agua capaces de desarrollar y mantener flora y fauna sobre ellos y en su alrededor. Puebla sólo cuenta con dos espacios así, en Valsequillo y la presa Necaxa.

“Hoy más que nunca debemos cuidar los cuerpos de agua, y aunque este cuerpo de agua funciona sobre una estructura de captación de agua de riego, está cumpliendo varias otras funciones, por ejemplo como trampa de contaminantes en los sedimentos y algunos otros que no las hemos podido observar en su totalidad”, advierte.

Origen del humedal

El humedal de Valsequillo tiene una superficie de 23 mil 612 hectáreas, que es casi ocho veces mayor a la de la propia presa, que mide 2 mil 832 hectáreas. Esto significa que la biodiversidad impactada por este lugar se extiende a más de 20 mil hectáreas del perímetro del embalse, indica el doctor en Ciencias por el IPN, Jacobo Tabla Hernández.

El investigador explica que este lugar se originó tras la instalación de la presa, que fue construida entre 1939 y 1946. Le tomó varios años establecerse y, aunque el mismo se fundó a partir de procesos antropogénicos, todas sus funciones ecosistémicas son iguales a las de un humedal natural.

El ingeniero en Sistemas Ambientales por la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB), Esaú López Martínez, quien investiga la cartografía y diversidad biológica de la cuenca del Alto Atoyac, expone que este espacio alberga 283 especies de animales de todo tipo, de las cuales el 82 por ciento son aves. Aunado a ello, viven 80 especies de flora.

Animales como el pato cucharón norteño, la rana fisgona, el lagarto alicante, la culebra guardacaminos, el gavilán pecho canela, el águila pecho rojo, el pato de collar mexicano, la cascabel pigmea mexicana, el cacomixtle y el murciélago hociquilargo convergen en este lugar todo el año.

El humedal forma parte del llamado corredor migratorio de América, pues recibe cientos de aves de 97 especies provenientes de otras partes del continente que buscan mejores condiciones climáticas o de entorno durante determinadas épocas del año.

Al paso del tiempo, el sitio se convirtió en ejemplo de resistencia, resiliencia y esperanza, defiende, análogamente, Estefanía Martínez Tavera, doctora en Ciencias por el Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD) y académica de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Según datos del gobierno federal, cada año se riegan más de medio millón de hectáreas agrícolas con el agua almacenada en la presa, esto sin contar que el líquido es igualmente utilizado para alimentar ganado bovino y especies marinas de consumo humano, como son las tilapias. Cada día descienden al embalse varias toneladas de material contaminado, que eventualmente llegan a otros seres vivos, incluidos humanos.

El tesoro perdido de Valsequillo

Una de las particularidades que esconde este espacio es el lirio acuático. Esta peculiar planta lleva años reproduciéndose casi de forma invasiva generando un impacto en el ecosistema acuático. Al mismo tiempo, es una importante herramienta de saneamiento de la cuenca del Alto Atoyac.

En entrevista, el doctor Tabla Hernández explica que el lirio acuático optimiza la depuración de la materia tóxica que desemboca en la presa y afecta el agua que eventualmente llega a los cultivos del Valle de Tecamachalco. A este proceso se le llama fitodepuración, y está contribuyendo de manera indirecta al tratamiento hídrico en el embalse más grande de Puebla.

El problema es que este ejemplar vegetativo se reproduce sin control, afectando incluso la movilidad en la zona e incrementando la presencia de insectos molestos para la población.

Esto se debe a que no existe un plan para optimizar el lirio acuático, lo cual impide que tampoco pueda cumplir su función descontaminante. Actualmente sólo se emplea un cable en el estrecho de San Baltazar Tetela para limitar la propagación del lirio, pero nada más.

Ante ese contexto, Tabla Hernández propone un estructurado designio para sanear este espacio de forma natural. Se trata de un plan de cosecha controlada, retiro responsable y basado en modelos matemáticos, y la reutilización y aprovechamiento de esta planta en diversos usos, como puede ser en combustible, alcohol, abono, etcétera.

Contrario a lo que muchos pudiesen pensar, el lirio ni siquiera es endémico de Valsequillo o México, ya que en realidad es endémico del Amazonas. Su llegada a Puebla es una incógnita, pues, a diferencia de la fauna exótica que arribó en buena medida a causa de las migraciones, el lirio no puede trasladarse por sí mismo.

Según el doctor Tabla Hernandez, entre científicos se dice que, durante la segunda mitad del siglo XIX, la entonces emperatriz mexicana, Carlota, tuvo algunos viajes entre el puerto de Veracruz y la Ciudad de México. En ellos atravesó por tierras poblanas.

Siguiendo el relato, la gobernante de origen belga tuvo el deseo de ver esta peculiar planta acuática a donde fuese, pues, en su etapa de floración, el lirio adquiere majestuosas morfologías. Sus súbditos cumplieron sus deseos y le trajeron esta planta para acompañar sus trayectos. Así nació la plaga.

Esa explicación es imaginativa, pero lo cierto es que el lirio tapiza el humedal de Valsequillo, cubriendo alrededor de 2 mil hectáreas de la presa Manuel Ávila Camacho.

Tabla Hernández comparte que, tras cuatro años de análisis y muestreo, el lirio, una vez cosechado, absorbe contaminantes y se alimenta de algunos de ellos, como es el caso del fósforo y nitrógeno. Cuando esta planta cumple su ciclo de vida debe retirarse, debido a que, cuando muere, esta desprende las sustancias que obtuvo y las mismas se sedimentan.

Por ejemplo, si se cosecharan entre 150 y 274 hectáreas de lirio después de la confluencia de los ríos con la presa, hasta 31 por ciento de sustancias peligrosas para el ecosistema, como microplásticos y hasta metales pesados, serían retirados del embalse en cuestión de meses.

La Demanda Química de Oxígeno (DQO), que es el parámetro que representa la contaminación proveniente de las poblaciones y la industria, podría disminuir hasta en 11 por ciento, según indican estudios desarrollados por el especialista.

Según la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en 2020 el río Xochiac condujo un DQO de 508.86 miligramos por litro (mg/L), el río Alseseca de 508.86 mg/L, mientras que en el río Atoyac fue de 286.64 mg/L.

Por ello, una reducción así de importante en el DQO de la presa tendría un efecto restaurativo en la flora y fauna del humedal, pero también en el ganado y cultivos que son hidratados con las aguas almacenadas en el embalse.

“Si no fuera por el lirio acuático, tendríamos un problema mayúsculo, sin embargo nuestra Madre Tierra ha hecho lo necesario por adaptarse y por resolver lo que nosotros no hemos hecho”, opina la doctora Martínez Tavera.

El humedal forma parte del llamado corredor migratorio de América, pues recibe cientos de aves de 97 especies provenientes de otras partes del continente. Foto: Julio César Martínez | El Sol de Puebla

Daños colaterales de la imparable contaminación

Eugenio vive en la junta auxiliar de San Baltazar Tetela. Hace casi una década fundó junto con sus familiares un pequeño restaurante en las cercanías de Valsequillo. Beneficiado por el escenario casi costero, Eugenio probó suerte con los mariscos. Algunos de los productos que ofrece a sus comensales los obtiene de la presa.

La pesca en el embalse es una actividad no autorizada, sin embargo, aún persiste, principalmente, por la accesibilidad y bajo costo.

La doctora Martínez Tavera descubrió cómo afecta la contaminación en la presa de Valsequillo a varias especies de fauna que viven en el sitio, las cuales muchas veces son usadas para consumo humano.

Evaluó la concentración de microplásticos y metales pesados, entre otras sustancias, que tenían en su organismo los peces, patos y bovinos que viven y se alimentan de esas aguas. La tilapia, que es consumida hoy en día, resultó afectada por la contaminación.

La investigadora sostiene que las probabilidades de que hoy existan animales libres de contaminantes en la presa es prácticamente nula. En su investigación publicada en la revista Chemosphere, una de las más prestigiosas a nivel mundial, la profesora evidenció que una sola tilapia podría llegar a tener en su interior hasta 139 fibras plásticas de poliamida, poliéster y celulosa, muchas de las cuales provienen de actividades industriales.

Asimismo, averiguó que la concentración de contaminantes no era la misma en el hígado, que en los músculos del pez. El primer órgano, de hecho, fue el más afectado. Esto es importante debido a que la gastronomía mexicana suele aprovechar todas las partes del pescado para hacer diferentes platillos, por lo que los riesgos en la población se agudizan.

En la tilapia se observó la presencia de plomo y zinc, ambas consideradas riesgosas para la salud humana. Así, la doctora Martinez Tavera resalta que si alguien consume pescado contaminado con metales pesados de forma recurrente, podría llegar a acumular en su organismo ciertas cantidades de estos elementos, causando patologías crónicas.

Hoy se desconoce el impacto real que tiene la contaminación de la presa en la población, sin embargo, se sabe que varias toneladas de hortalizas y cientos de animales de ganado requieren de sus aguas para sobrevivir.

Actualmente la académica de la UPAEP se planteó identificar las rutas de migración de los contaminantes que fluyen por las aguas de la presa y el humedal, y que a su vez están asociadas a problemas de salud en la población. No obstante, la investigación no ha concluido todavía.

Problemas futuros

La maestra en Ciencias por el CIIEMAD, dedicada al estudio de los llamados Elementos de Tierras Raras (ETR), que fungen como “huellas” de procesos ambientales del pasado, Karen Mineli Ochoa Guerrero, expone que los mantos acuíferos, es decir, las aguas subterráneas, peligran ante la contaminación de ríos. Esto debido a la extracción intensiva del agua subterránea frente a la poca o nula disponibilidad del agua superficial, situación provocada en buena medida por los altos grados de contaminación.

En entrevista, la especialista sostiene que es necesario concretar un plan de gestión integral de la cuenca, que regule la extracción hídrica, así como su contaminación. Lo anterior con el objetivo de evitar que la toxicidad llegue al punto más profundo de la cuenca, y el daño al sistema hidrológico sea irremediable.

“No hemos corroborado que en las aguas subterráneas haya contaminantes antropogénicos todavía (...) [quizá] en unos años el agua superficial empiece a tener impacto sobre la subterránea. No estamos diciendo que no exista, sin embargo, en lo que hemos analizado, la contaminación no ha llegado a esta parte (...) Lamentablemente remediar cuesta mucho más, es más difícil, y nunca vamos a tener agua de la calidad que la que pudiéramos haber tenido”, advierte la especialista.

Precisa que uno de los principales problemas es la perforación de pozos clandestinos, así como la falta de actualización y transparencia en el otorgamiento de concesiones para uso de aguas subterráneas.

Indica que la contaminación también contribuye al calentamiento global, que, entre otras cosas, agudiza la sequía de la represa y eventualmente impacta a miles de campesinos y ganaderos, así como a la menor recarga de agua a los acuíferos. Esto explica en buena medida por qué en el año 2022 el embalse tuvo su registro mínimo histórico de capacidad, al presentar niveles inferiores al 20 por ciento del llenado total, apunta.

De dónde proviene la toxicidad

El estado de conservación del humedal es crítico, pero investigadores como el maestro en Ciencias por el IPN y académico de la ENCB, Aquileo Gabriel Hernández Ramírez, aún creen que su restauración, y la de la propia cuenca, es posible. No obstante, resalta que, al prolongar la inacción se pierde tiempo valioso y se agudiza la pérdida significativa de biodiversidad.

Sabe que su deseo es poco optimista, empero, decide plasmar sus esperanzas en la ciencia. Luego de estudiar rigurosamente la concentración de componentes tóxicos en la cuenca del Alto Atoyac en 2016, determinó patrones temporales y espaciales, así como anomalías entre sustancias y elementos. Con ello identificó la procedencia de las descargas furtivas en la cuenca.

Aunque la hipótesis siempre fue clara, los datos evidenciaron algo preocupante. El resultado fue que los ríos eran afectados por descargas, no sólo de los usuarios registrados ante la Conagua para verter aguas residuales, sino también por conexiones ilegales y hogares sin conexión al drenaje municipal.

Sin embargo, Hernández Ramírez persiguió la procedencia de 170 tipos de contaminantes, como pesticidas, colorantes y metales pesados. Así demostró que existen industrias que no están haciendo la labor de tratar su agua o un tratamiento deficiente.

Concretamente identificó a las diversas industrias textiles y automotrices asentadas en el norte de la zona metropolitana de Puebla capital, así como a los complejos petroquímicos, farmacéuticos, alimenticios, curtidores, metalmecánicos, agrícolas y de pinturas instalados en Huejotzingo, San Martín Texmelucan y Cuautlancingo. Así, demostró que las aguas residuales de dichos giros son las mismas que llegan a Valsequillo y terminan eventualmente en hortalizas y animales consumidos por la población.

A propósito, el ingeniero López Martínez sostiene que gran parte de la problemática tiene su origen en el desmedido crecimiento urbano que se agudizó en las últimas décadas del siglo pasado, principalmente tras la detonación de fábricas automotrices, alimenticias, textiles y químicas.

Ello aumentó, además, la demanda inmobiliaria y de servicios. El problema ha sido que los planes de ordenamiento territorial han sido escasamente planificados conforme a las necesidades futuras y el contexto de la región. Esto explica el por qué existen –y siguen creciendo– asentamientos tan cercanos a la zona de conservación Ramsar, y siguen desplazando especies.

En 2022 la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) dio un paso importante en la actualización regulatoria de descargas de agua residual tratada, al modificar sus parámetros de verificación de plantas tratadoras. Mediante una reforma, la dependencia federal fortaleció los lineamientos, para estipular la realización de visitas espontáneas a los establecimientos. Aunado a ello, la Conagua deberá inspeccionar las tomas mediante unidades verificadoras, lo que ayudará a aminorar el rezago de personal de la dependencia.

El humedal de Valsequillo surgió a consecuencia de una acción humana y hoy su devastación está amenazada por esa misma razón. Cuidar este espacio mediante el manejo del lirio acuático para garantizar un servicio de saneamiento natural, es sólo una opción frente a la problemática masiva que se contrapone como un reto más ante la inseguridad hídrica y alimentaria del estado.

Controlar el crecimiento de esta planta no es la única forma de contrarrestar el problema por completo, sin embargo, darle mayor atención y cuidados a este espacio que históricamente ha sido el cárcamo de los ríos más contaminados de Puebla, será un alivio no sólo para la biodiversidad, sino también para las miles de personas que viven, literalmente, del agua que libera cada año la Conagua hacia cultivos y granjas del Valle de Tecamachalco.

Según la Semarnat, el distrito de riego de Valsequillo, que es beneficiario directo de las aguas almacenadas en la presa, permitió producir en 2020 un total de 506 mil 012 toneladas de alimentos como maíz, frijol, sorgo, alfalfa y chile, sembrados en los municipios de Atoyatempan, Cuapiaxtla, Huitziltepec, Molcaxac, Huixcolotla, Miahuatlán, Hueyotlipan, Tecali, Tecamachalco, Tehuacán, Tepanco de López, Tepeyahualco, Tlacotepec, Tlanepantla, Tochtepec, Xochitlán y Yehualtepec. El impacto económico de la actividad agrícola fue de 940 millones 183 mil 248 pesos, pero el alcance humano es incuantificable, pues algunos productores incluso envían sus cosechas fuera de Puebla.

No es casualidad que científicos focalicen sus esfuerzos en la recuperación del humedal y ofrezcan a las autoridades la oportunidad de crear mecanismos funcionales para salvar este “esperanzador” y “resiliente espacio”. Futuras publicaciones científicas realizadas por este grupo de trabajo, basado en medición de la calidad de agua en la pandemia, demuestran que es posible la reversibilidad del impacto de la contaminación en el Río Atoyac. No obstante, todas las fuentes consultadas para este trabajo coincidieron en que se requiere voluntad para materializar dichas acciones.

Finalmente, cabe mencionar que esta casa editorial buscó reiteradamente a la secretaria de Medio Ambiente, Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial (Smadsot), Beatriz Manrique Guevara, a través de su enlace de prensa, con el objetivo de conocer las acciones que el gobierno del estado ha emprendido para preservar el humedal, sin embargo, nunca se obtuvo respuesta alguna.


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