/ jueves 24 de junio de 2021

Desde niño Mario tenía la vocación de ayudar, ahora es coordinador de socorros de Cruz Roja

Comparte las experiencias que ha vivido a través de 45 años de trayectoria, 36 de ellos en la Cruz Roja, y más de 10 mil servicios para atender los llamados de auxilio

“Ser paramédico significa todo, ser resiliente, tener responsabilidad, saber controlar tus emociones, pero sobre todo, honestidad y tener mucha pasión por lo que estás haciendo, porque el mundo real es distinto a lo que te enseñan en las aulas”, son las palabras de Mario Alberto Ramírez Mauleon, coordinador de Socorros de la Cruz Roja en la ciudad de Puebla, quien cuenta con 45 años de trayectoria y 36 dentro de la Benemérita Institución, donde ha atendido más de diez mil servicios en ambulancia y rescate.

En ocasión del Día Internacional del Paramédico, conocido en México como Día del Socorrista que se celebra hoy, el especialista en atención prehospitalaria y rescate, de 59 años de edad, contó que ser paramédico es un gusto que lleva desde muy chico, ya que a los 15 años de edad estuvo en una corporación que se llamaba Rescate y Primeros Auxilio de Puebla, pero también en el Estado Mayor Presidencial en la Ciudad de México y posteriormente el camino lo llevó a Cruz Roja Mexicana.

“Se trata de una afición, un hobby que he tenido de toda la vida, incluso los fines de semana en lugar de descansar, me venía a Cruz Roja para cubrir 12 ó 16 horas, las que fueran necesarias. Mi familia me ha apoyado de manera total en todo, me conoció con esta actividad y para mí es una satisfacción personal ayudar a la gente. Navidades que incluso es mi cumpleaños, Años Nuevos, todas esas fechas las paso aquí, aquí los celebro y algunos por ahí dicen que esto es un sacrificio, pero no, para mí es una forma de seguir tus ideales”, expresó el entrevistado, quien aseguró que él está en la referida institución por ayudar a la gente, por convicción.

Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla

Tal es al apoyo que ha tenido de su familia, que su hija más chica decidió seguir sus pasos, por lo que intentó entrar a la unidad de socorros, sin embargo, un accidente la hizo desistir, no obstante, desde hace dos años y hasta la actualidad, colabora en otra área de la misma institución.

Es así como Mario Alberto ha continuado su camino dentro del mundo de las emergencias y atención prehospitalaria, donde atravesó por al menos dos experiencias, que lo dejaron marcado, en uno de los casos por la muerte de una menor.

“Hay dos servicios que nunca voy a olvidar, en el año 1986 ó 1987, en un 24 de diciembre atendí un accidente automovilístico en la autopista Puebla- Orizaba, en el kilómetro 164 y ahí encontramos una patrulla, el policía nos dijo que tenía un herido, sacó a una niña de aproximadamente 7 años y me la puso en la brazos, a la hora que recibí la menor, prácticamente estaba ya sin signos vitales y el instante del desvanecimiento del cuerpo, es algo que me dejó marcado, no teníamos el valor de decirle a su mamá que la niña había fallecido”, recuerda Ramírez Mauleon.

Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla

El socorrista también hizo hincapié a la experiencia que tuvo en el Sismo de 1985 en la ciudad de México, donde recuerda haber intervenido en el rescate de víctimas que tenían entre 8 y 12 horas atrapadas, situaciones que requerían de más de 72 horas de trabajo.

“Soy una persona a cierto modo claustrofóbica y tener que bajar en esas condiciones de profundidad, de polvo, tierra y el temor de que te caigan encima toneladas de escombro es muy impactante”, narra el especialista.

Mario Alberto, para quien su mayor logro como paramédico ha sido brindar ayuda a más de diez mil personas, considera que esta profesión no es para cualquier persona, pues debe tener carácter, temple y la convicción de ayudar a la gente.

“Ayudar a una persona en una camilla definitivamente cambia mucho las cosas porque te vas a enfrentar a situaciones que para algunos pueden ser grotescas, vas a tener que atender a gente que tal vez se esté muriendo y debes tener el temple, yo digo que esto no está hecho para cualquiera, porque debes tener la convicción, el gusto y el aguante para lo que se ve en una ambulancia. No solo es subir al paciente y llevarlo a un hospital”, finalizó el declarante, quien reiteró que ser paramédico no es un sacrificio sino un gusto de ayudar a quien lo requiera, sin importar dejar reuniones o convivencias.

“Ser paramédico significa todo, ser resiliente, tener responsabilidad, saber controlar tus emociones, pero sobre todo, honestidad y tener mucha pasión por lo que estás haciendo, porque el mundo real es distinto a lo que te enseñan en las aulas”, son las palabras de Mario Alberto Ramírez Mauleon, coordinador de Socorros de la Cruz Roja en la ciudad de Puebla, quien cuenta con 45 años de trayectoria y 36 dentro de la Benemérita Institución, donde ha atendido más de diez mil servicios en ambulancia y rescate.

En ocasión del Día Internacional del Paramédico, conocido en México como Día del Socorrista que se celebra hoy, el especialista en atención prehospitalaria y rescate, de 59 años de edad, contó que ser paramédico es un gusto que lleva desde muy chico, ya que a los 15 años de edad estuvo en una corporación que se llamaba Rescate y Primeros Auxilio de Puebla, pero también en el Estado Mayor Presidencial en la Ciudad de México y posteriormente el camino lo llevó a Cruz Roja Mexicana.

“Se trata de una afición, un hobby que he tenido de toda la vida, incluso los fines de semana en lugar de descansar, me venía a Cruz Roja para cubrir 12 ó 16 horas, las que fueran necesarias. Mi familia me ha apoyado de manera total en todo, me conoció con esta actividad y para mí es una satisfacción personal ayudar a la gente. Navidades que incluso es mi cumpleaños, Años Nuevos, todas esas fechas las paso aquí, aquí los celebro y algunos por ahí dicen que esto es un sacrificio, pero no, para mí es una forma de seguir tus ideales”, expresó el entrevistado, quien aseguró que él está en la referida institución por ayudar a la gente, por convicción.

Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla

Tal es al apoyo que ha tenido de su familia, que su hija más chica decidió seguir sus pasos, por lo que intentó entrar a la unidad de socorros, sin embargo, un accidente la hizo desistir, no obstante, desde hace dos años y hasta la actualidad, colabora en otra área de la misma institución.

Es así como Mario Alberto ha continuado su camino dentro del mundo de las emergencias y atención prehospitalaria, donde atravesó por al menos dos experiencias, que lo dejaron marcado, en uno de los casos por la muerte de una menor.

“Hay dos servicios que nunca voy a olvidar, en el año 1986 ó 1987, en un 24 de diciembre atendí un accidente automovilístico en la autopista Puebla- Orizaba, en el kilómetro 164 y ahí encontramos una patrulla, el policía nos dijo que tenía un herido, sacó a una niña de aproximadamente 7 años y me la puso en la brazos, a la hora que recibí la menor, prácticamente estaba ya sin signos vitales y el instante del desvanecimiento del cuerpo, es algo que me dejó marcado, no teníamos el valor de decirle a su mamá que la niña había fallecido”, recuerda Ramírez Mauleon.

Foto: Paulina Gómez | El Sol de Puebla

El socorrista también hizo hincapié a la experiencia que tuvo en el Sismo de 1985 en la ciudad de México, donde recuerda haber intervenido en el rescate de víctimas que tenían entre 8 y 12 horas atrapadas, situaciones que requerían de más de 72 horas de trabajo.

“Soy una persona a cierto modo claustrofóbica y tener que bajar en esas condiciones de profundidad, de polvo, tierra y el temor de que te caigan encima toneladas de escombro es muy impactante”, narra el especialista.

Mario Alberto, para quien su mayor logro como paramédico ha sido brindar ayuda a más de diez mil personas, considera que esta profesión no es para cualquier persona, pues debe tener carácter, temple y la convicción de ayudar a la gente.

“Ayudar a una persona en una camilla definitivamente cambia mucho las cosas porque te vas a enfrentar a situaciones que para algunos pueden ser grotescas, vas a tener que atender a gente que tal vez se esté muriendo y debes tener el temple, yo digo que esto no está hecho para cualquiera, porque debes tener la convicción, el gusto y el aguante para lo que se ve en una ambulancia. No solo es subir al paciente y llevarlo a un hospital”, finalizó el declarante, quien reiteró que ser paramédico no es un sacrificio sino un gusto de ayudar a quien lo requiera, sin importar dejar reuniones o convivencias.

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