/ viernes 13 de diciembre de 2019

¡Feliz Navidad y próspero año 2020!

Este es mi último artículo de este año y quiero dedicarlo a todos mis lectores, deseándoles una feliz Navidad y un próspero año 2020. Hemos llegado hasta aquí con alegría e ilusiones pese a las dificultades cotidianas. Sé muy bien que las circunstancias que nos rodean no son las óptimas y a veces ni siquiera las medianas; nuestra economía está detenida y escasea en nuestro bolsillo; por otra parte, la delincuencia aumenta y el miedo se apodera de la mayoría…pero ¡se acerca la Navidad!, y hay que detenernos un poco haciendo a un lado los pensamientos frustrantes y negativos. Esta es una época propicia para la reflexión, para experimentar el amor, la alegría, la solidaridad y la paz. La mayor parte del tiempo nos la pasamos corriendo, compitiendo, trabajando, buscando nuestra realidad y nuestro futuro, por nosotros, por nuestra familia, por nuestros seres queridos; y a menudo por esas circunstancias sacrificamos tiempo y calidad de vida, y por ello, muchas veces, nuestra compulsión al consumo y al derroche es veladamente el pago de nuestras culpas y nuestra lejanía.

Por ello, por la familia que en verdad es lo más importante que tenemos, o por nosotros, si estamos solos y nos damos cuenta que somos lo más valioso, hagamos un alto en este camino y reflexionemos sobre el verdadero significado de la Navidad y lo que representa el fin de un año de trabajo, de estudio o de vida.

La Navidad es la conmemoración religiosa del nacimiento de Cristo Jesús. El Dios hecho hombre para nuestra salvación final. Cristo vino al mundo para perdonarnos y enseñarnos la religión del amor, resumida en el primer mandamiento. Por lo tanto, el amor y todas sus derivaciones se hacen presentes en estas fechas y se manifiestan en abrazos, en felicitaciones, comidas, cenas, regalos y ornamentos. Jolgorio en todas partes, seamos pobres

o ricos, grandes o pequeños, creyentes o no.

Y es tiempo de perdonar. De perdonarnos a nosotros mismos y de iniciar la reconciliación con nuestros hermanos, con nuestros padres o nuestros hijos si estamos distanciados. Es tiempo de sepultar la soberbia porque la Navidad significa también humildad. Es tiempo de iluminar nuestro interior, así como iluminamos la casa o el árbol, y despejar nuestras sombras y nuestras dudas. Es tiempo de entender que no estamos separados, que estamos unidos todos en un entramado universal, con los animales, con las plantas y los árboles, con la naturaleza entera y con el Universo. Es tiempo de abrir nuestra conciencia y proponernos un cambio, partiendo de un sentido de trascendencia, que no tan solo nos beneficie, sino que aproveche a los que nos rodean.

Como dijera la madre Teresa de Calcuta: “Es Navidad cada vez que sonríes a un hermano y le tiendes la mano. Cuando estás en silencio para escuchar al otro, es Navidad; o cuando esperas con aquellos que desesperan con la pobreza física o espiritual. Es Navidad cada vez que reconoces con humildad tus límites o tu debilidad; o bien cuando permites al Señor renacer dentro de ti, para darte a los demás.”

Gracias por estar conmigo este año. Que en el próximo te propongas ya no cumplir años, sino sueños. Que nos vaya mejor a todos, partiendo de que estemos mejor por dentro, en paz, en amor y en justicia, para que también afuera la haya. Y que en todo caso demostremos en las urnas de la democracia nuestras inconformidades, pero no litiguemos nuestro futuro en las redes sociales. Un primer año de gobierno “no hace verano”. Lo que necesitamos con urgencia es unirnos, por la paz y por el progreso de nosotros y sobre todo de nuestros hijos. Recuerda: ¡NAVIDAD ES TIEMPO DE RECONCILIACIÓN!

Gracias Puebla, nos volveremos a encontrar en este espacio el próximo 10 de Enero, si Dios lo permite; mientras tanto te recuerdo que “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

Este es mi último artículo de este año y quiero dedicarlo a todos mis lectores, deseándoles una feliz Navidad y un próspero año 2020. Hemos llegado hasta aquí con alegría e ilusiones pese a las dificultades cotidianas. Sé muy bien que las circunstancias que nos rodean no son las óptimas y a veces ni siquiera las medianas; nuestra economía está detenida y escasea en nuestro bolsillo; por otra parte, la delincuencia aumenta y el miedo se apodera de la mayoría…pero ¡se acerca la Navidad!, y hay que detenernos un poco haciendo a un lado los pensamientos frustrantes y negativos. Esta es una época propicia para la reflexión, para experimentar el amor, la alegría, la solidaridad y la paz. La mayor parte del tiempo nos la pasamos corriendo, compitiendo, trabajando, buscando nuestra realidad y nuestro futuro, por nosotros, por nuestra familia, por nuestros seres queridos; y a menudo por esas circunstancias sacrificamos tiempo y calidad de vida, y por ello, muchas veces, nuestra compulsión al consumo y al derroche es veladamente el pago de nuestras culpas y nuestra lejanía.

Por ello, por la familia que en verdad es lo más importante que tenemos, o por nosotros, si estamos solos y nos damos cuenta que somos lo más valioso, hagamos un alto en este camino y reflexionemos sobre el verdadero significado de la Navidad y lo que representa el fin de un año de trabajo, de estudio o de vida.

La Navidad es la conmemoración religiosa del nacimiento de Cristo Jesús. El Dios hecho hombre para nuestra salvación final. Cristo vino al mundo para perdonarnos y enseñarnos la religión del amor, resumida en el primer mandamiento. Por lo tanto, el amor y todas sus derivaciones se hacen presentes en estas fechas y se manifiestan en abrazos, en felicitaciones, comidas, cenas, regalos y ornamentos. Jolgorio en todas partes, seamos pobres

o ricos, grandes o pequeños, creyentes o no.

Y es tiempo de perdonar. De perdonarnos a nosotros mismos y de iniciar la reconciliación con nuestros hermanos, con nuestros padres o nuestros hijos si estamos distanciados. Es tiempo de sepultar la soberbia porque la Navidad significa también humildad. Es tiempo de iluminar nuestro interior, así como iluminamos la casa o el árbol, y despejar nuestras sombras y nuestras dudas. Es tiempo de entender que no estamos separados, que estamos unidos todos en un entramado universal, con los animales, con las plantas y los árboles, con la naturaleza entera y con el Universo. Es tiempo de abrir nuestra conciencia y proponernos un cambio, partiendo de un sentido de trascendencia, que no tan solo nos beneficie, sino que aproveche a los que nos rodean.

Como dijera la madre Teresa de Calcuta: “Es Navidad cada vez que sonríes a un hermano y le tiendes la mano. Cuando estás en silencio para escuchar al otro, es Navidad; o cuando esperas con aquellos que desesperan con la pobreza física o espiritual. Es Navidad cada vez que reconoces con humildad tus límites o tu debilidad; o bien cuando permites al Señor renacer dentro de ti, para darte a los demás.”

Gracias por estar conmigo este año. Que en el próximo te propongas ya no cumplir años, sino sueños. Que nos vaya mejor a todos, partiendo de que estemos mejor por dentro, en paz, en amor y en justicia, para que también afuera la haya. Y que en todo caso demostremos en las urnas de la democracia nuestras inconformidades, pero no litiguemos nuestro futuro en las redes sociales. Un primer año de gobierno “no hace verano”. Lo que necesitamos con urgencia es unirnos, por la paz y por el progreso de nosotros y sobre todo de nuestros hijos. Recuerda: ¡NAVIDAD ES TIEMPO DE RECONCILIACIÓN!

Gracias Puebla, nos volveremos a encontrar en este espacio el próximo 10 de Enero, si Dios lo permite; mientras tanto te recuerdo que “LO QUE CUESTA DINERO VALE POCO”

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