/ martes 27 de agosto de 2019

Los cazadores del patrimonio perdido | TURISTEANDO CON EL BARÓN ROJO

Un paseo por los recuerdos de un buen número de puentes, que quedaron en el olvido

Hola queridos lectores, como cada domingo, su servidor Eduardo Zamora pasando lista de presente en la calidad y la calidez de sus hogares. En esta entrega voy a comenzar una serie de notas acerca de uno de los momentos más importantes que vivió nuestra ciudad: el entubamiento del río San Francisco, la obra de infraestructura que fue un parteaguas en nuestra ciudad, marcando un antes de la pérdida del patrimonio poblano, y un después de la pérdida del patrimonio poblano, o lo que es lo mismo, de todos modos Juan te llamas; comencemos.

Los orígenes de esta obra se remontan hasta el año de 1945, cuando aparece en la primera plana de El Sol de Puebla la idea de darle una solución rápida a los graves problemas de contaminación que presentaba el drenaje más importante de la ciudad, el otrora río san Francisco, fuente de vida que vio nacer a la ciudad de Puebla, convertido en el drenaje abierto más grande de la ciudad.

Esto, más otras muchas cosas, motivaron a las autoridades de la época a darle a la ciudadanía una solución rápida, y como estamos en la década de los sesentas, la década más triste para el patrimonio poblano, y como el río fue usado toda la vida como drenaje, en lugar de salvarlo, lo sepultaron. Así es, la decisión se tomó en agosto de 1946 y se iniciaron las obras veinte años después.

Ustedes pensarán queridos lectores, ¿y por qué tardaron tanto en iniciar las obras?, ¿desidia, desinterés, falta de presupuesto, planeación?, pues no, esto tuvo su motivo de ser: esos 20 años se utilizaron para preparar el terreno de lo que sería la sepultura de la Puebla colonial, entre otros planes, se deroga la ley de monumentos coloniales, se inician nuevos fraccionamientos, se destruyen casas para dar paso a modernos edificios de departamentos, hoteles, oficinas, y después de todo esto, en 1963 se le vuelve a dar vida a la ley derogada, protegiendo, ahora sí, lo poco que quedó de la Puebla colonial.

En 1964 se da inicio a lo que ahora sí será la nueva Avenida San Francisco, llamada así antes de que la conociéramos como el actual Boulevard 5 de Mayo. Pero no paró la destrucción patrimonial, para esta obra se destruyen más de 8 puentes coloniales que cruzaban el río San Francisco, entre otros el Puente de Bubas, que actualmente yace sepultado bajo el asfalto, en el cruce de la Avenida 2 Oriente y boulevard.

Trasladándonos hasta nuestros días, en el año de 2017 se realizan obras de rescate para recuperar algo de lo perdido, y es así que, movido por la curiosidad, me dirigí a visitar este sitio y grata fue mi sorpresa que me encontré con un buen trabajo, bueno, de lo perdido, lo recuperado es ganancia.

La entrada a este, llamémosle bajopuente, es por la acera sur, en lo que fueron las ruinas de la casa colindante con el río San Francisco, enfrente de la también ya desaparecida Casa Villa Flora, actualmente un hotel de lujo.

El acceso es un poco lúgubre, nos recibe un penetrante olor a azufre producto de las filtraciones del drenaje de lo que fue el río. Es un recorrido de aproximadamente 17 metros, iluminado de una manera muy tétrica para darle una ambientación acorde; al final de este recorrido se encuentra lo que fue la única pieza rescatada del puente: un escudo heráldico tallado en piedra que, cuenta la leyenda, coronaba la parte norte de este puente, y doblando a la derecha está la salida hacia la acera norte de la calle.

Es una tristeza el ver lo mucho que se destruyó, pero es una alegría el ver lo poco que se recuperó, quedando de ejemplo de lo que no debe de hacer una sociedad. No es necesario destruir para construir.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez y nos leemos la próxima semana.

Contacto:

  • WhatsApp: 22 14 15 85 38
  • Facebook: Eduardo Zamora Martínez

Hola queridos lectores, como cada domingo, su servidor Eduardo Zamora pasando lista de presente en la calidad y la calidez de sus hogares. En esta entrega voy a comenzar una serie de notas acerca de uno de los momentos más importantes que vivió nuestra ciudad: el entubamiento del río San Francisco, la obra de infraestructura que fue un parteaguas en nuestra ciudad, marcando un antes de la pérdida del patrimonio poblano, y un después de la pérdida del patrimonio poblano, o lo que es lo mismo, de todos modos Juan te llamas; comencemos.

Los orígenes de esta obra se remontan hasta el año de 1945, cuando aparece en la primera plana de El Sol de Puebla la idea de darle una solución rápida a los graves problemas de contaminación que presentaba el drenaje más importante de la ciudad, el otrora río san Francisco, fuente de vida que vio nacer a la ciudad de Puebla, convertido en el drenaje abierto más grande de la ciudad.

Esto, más otras muchas cosas, motivaron a las autoridades de la época a darle a la ciudadanía una solución rápida, y como estamos en la década de los sesentas, la década más triste para el patrimonio poblano, y como el río fue usado toda la vida como drenaje, en lugar de salvarlo, lo sepultaron. Así es, la decisión se tomó en agosto de 1946 y se iniciaron las obras veinte años después.

Ustedes pensarán queridos lectores, ¿y por qué tardaron tanto en iniciar las obras?, ¿desidia, desinterés, falta de presupuesto, planeación?, pues no, esto tuvo su motivo de ser: esos 20 años se utilizaron para preparar el terreno de lo que sería la sepultura de la Puebla colonial, entre otros planes, se deroga la ley de monumentos coloniales, se inician nuevos fraccionamientos, se destruyen casas para dar paso a modernos edificios de departamentos, hoteles, oficinas, y después de todo esto, en 1963 se le vuelve a dar vida a la ley derogada, protegiendo, ahora sí, lo poco que quedó de la Puebla colonial.

En 1964 se da inicio a lo que ahora sí será la nueva Avenida San Francisco, llamada así antes de que la conociéramos como el actual Boulevard 5 de Mayo. Pero no paró la destrucción patrimonial, para esta obra se destruyen más de 8 puentes coloniales que cruzaban el río San Francisco, entre otros el Puente de Bubas, que actualmente yace sepultado bajo el asfalto, en el cruce de la Avenida 2 Oriente y boulevard.

Trasladándonos hasta nuestros días, en el año de 2017 se realizan obras de rescate para recuperar algo de lo perdido, y es así que, movido por la curiosidad, me dirigí a visitar este sitio y grata fue mi sorpresa que me encontré con un buen trabajo, bueno, de lo perdido, lo recuperado es ganancia.

La entrada a este, llamémosle bajopuente, es por la acera sur, en lo que fueron las ruinas de la casa colindante con el río San Francisco, enfrente de la también ya desaparecida Casa Villa Flora, actualmente un hotel de lujo.

El acceso es un poco lúgubre, nos recibe un penetrante olor a azufre producto de las filtraciones del drenaje de lo que fue el río. Es un recorrido de aproximadamente 17 metros, iluminado de una manera muy tétrica para darle una ambientación acorde; al final de este recorrido se encuentra lo que fue la única pieza rescatada del puente: un escudo heráldico tallado en piedra que, cuenta la leyenda, coronaba la parte norte de este puente, y doblando a la derecha está la salida hacia la acera norte de la calle.

Es una tristeza el ver lo mucho que se destruyó, pero es una alegría el ver lo poco que se recuperó, quedando de ejemplo de lo que no debe de hacer una sociedad. No es necesario destruir para construir.

Soy Jorge Eduardo Zamora Martínez y nos leemos la próxima semana.

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