/ domingo 2 de abril de 2017

Don Félix descubre su oficio de panadero a los 60 años de edad

Como barrendero, repartidor de refresco, obrero textil yvendedor de raspados se desempeñó José Félix Antonio OrtegaTerán desde los 13 años de edad, ahora que tiene 68 siguetrabajando como panadero, pues estar ocupado en cualquier oficio,aunque sin estudios, siempre fue su ambición en la vida.

Portando una cofia, lentes de seguridad, un mandil y las manosllenas de masa para la elaboración de la diversidad de piezas quevenden en la Casa del Abue, está seguro de que estar empleadosiempre es una buena inversión de vida para el cuerpo y para lamente y, sobre todo, los jóvenes deben tener un oficio, pues nuncasaben cuándo lo van a necesitar.

Nació en San Miguel del Milagro, Tlaxcala, donde tuvo una vidahumilde. En aquella época se acostumbraba que los niñosanduvieran solo en ropa interior, por lo que sus padres tampocotuvieron la oportunidad de darle estudios ya que la familia fue tangrande –son 13 hermanos vivos; además, su madre tuvo dos abortosy dos hijos más murieron de pequeños-.

De don Toño, como lo conocen todos, destaca su amor por estaractivo, pues en sus propias palabras “no le gusta estar nada másde ocioso en la casa”, porque así lo educaron y sus actividades,aun de niño, empezaron en el campo como segador, hasta que alcomenzar su adolescencia decidió trasladarse a la ciudad dePuebla, para buscar su primer trabajo.

Fábricas como El Refugio o El Ángel, Centenario e IndustriasArra, donde laboró durante 32 años, fueron las textileras que ledieron la oportunidad de trabajo y también la despedida, pues deesta última salió al llegar el proceso de jubilación.

En pocas palabras, a los 13 años de edad comenzó a trabajarcomo barrendero en la fábrica de textiles El Refugio, donde susueldo era de 20 pesos y cuando solicitó un aumento se lo negaronpor lo que inició sus labores en El Ángel, donde se incluyó comoestirador, pega hebra y velocero.

Debido a que no le dieron un aumento de sueldo, que tambiénsolicitaba -pues las necesidades económicas así lo demandaban-decidió renunciar y se fue a la Ciudad de México, donde encontrótrabajo como repartidor en una fábrica refresquera durante unos 15meses y luego entró a otra fábrica donde laboró durante 32 añoscomo ingeniero textil, hasta que la empresa cerró por dificultadesque tuvo el patrón y despidió a todos los empleados,incluyéndolo a él.

En ese entonces, tenía poco más de 50 años de edad, con treshijas y una esposa, por lo que comenzó a buscar empleo en otrasfábricas sin éxito. Desesperado por no encontrar un trabajo,pensó en irse de su casa y abandonar a su familia; sin embargo, laseñora de la casa le brindó una nueva esperanza al proponerlevender los famosos raspados de hielo.

“Al segundo día que me dijo que podíamos hacer eso fui acomprar mi diablito, fui a comprar mi hielo y enfrente de la casavendía yo mis raspaditos, ahí hice las famosas banderas, lasnovias, los diablitos e infinidad de cosas que salían”, recordóy durante algún tiempo afuera de su casa ofreció esteproducto.

No obstante, quería una labor que le brindara mayorsatisfacción y también más remuneraciones económicas, por loque un día su cuñado le ofreció trabajar en Industrias Arra comorebabeador de tornillos, engranes, bobinas.

Por fin, a los 60 años de edad, dejó de laborar porque sepresentó el periodo de pensión a pesar de que él teníaintenciones de seguir trabajando.

Al terminar este periodo y sin la oportunidad de trabajar enotro lugar, llegó a la Casa del Abue del Sistema Estatal DIF(SEDIF) cuando esta apenas iniciaba. Ahí se interesó por dostalleres: panadería y carpintería, los cuales cursósatisfactoriamente.

Un día, por un programa del gobierno estatal, se decidióampliar la panadería –luego de mes y medio de aprendizaje- locontrataron, y  desde hace ocho años se desempeña en esta áreaen un horario de trabajo de 8:00 a 15:00 horas.

Al salir de su horario de trabajo se va a su casa, con su esposay normalmente se dedica a arreglar su jardín o, de vez en cuando,disfrutar de la compañía de sus cinco nietos o de alguna de sustres hijas.

NECESARIO APRENDER UNOFICIO

Basado en su propia experiencia, don Toño consideró que aunadoa los estudios los jóvenes siempre deben aprender un oficio y queno desaprovechen el tiempo, lo cual tampoco quiere decir que dejende divertirse, pero consideró que “nunca sabe cuándo llegaráel fin”.

“Yo les diría a los jóvenes que si tienen estudio que loprovechen, apártense de las drogas, no les digo que no se tomenuna chela, hay que aprender a beber y date a ti mismo a respetar,porque no es bueno ni para ti, ni para tu familia”, expresó.

Añadió que hay tiempo para divertirse, pero tomar en serio lavida. “Si están estudiando, órale, que aprendan otra cosa,cualquier oficio es bueno, nunca sabemos cuándo lo vamos anecesitar”, concluyó.

Como barrendero, repartidor de refresco, obrero textil yvendedor de raspados se desempeñó José Félix Antonio OrtegaTerán desde los 13 años de edad, ahora que tiene 68 siguetrabajando como panadero, pues estar ocupado en cualquier oficio,aunque sin estudios, siempre fue su ambición en la vida.

Portando una cofia, lentes de seguridad, un mandil y las manosllenas de masa para la elaboración de la diversidad de piezas quevenden en la Casa del Abue, está seguro de que estar empleadosiempre es una buena inversión de vida para el cuerpo y para lamente y, sobre todo, los jóvenes deben tener un oficio, pues nuncasaben cuándo lo van a necesitar.

Nació en San Miguel del Milagro, Tlaxcala, donde tuvo una vidahumilde. En aquella época se acostumbraba que los niñosanduvieran solo en ropa interior, por lo que sus padres tampocotuvieron la oportunidad de darle estudios ya que la familia fue tangrande –son 13 hermanos vivos; además, su madre tuvo dos abortosy dos hijos más murieron de pequeños-.

De don Toño, como lo conocen todos, destaca su amor por estaractivo, pues en sus propias palabras “no le gusta estar nada másde ocioso en la casa”, porque así lo educaron y sus actividades,aun de niño, empezaron en el campo como segador, hasta que alcomenzar su adolescencia decidió trasladarse a la ciudad dePuebla, para buscar su primer trabajo.

Fábricas como El Refugio o El Ángel, Centenario e IndustriasArra, donde laboró durante 32 años, fueron las textileras que ledieron la oportunidad de trabajo y también la despedida, pues deesta última salió al llegar el proceso de jubilación.

En pocas palabras, a los 13 años de edad comenzó a trabajarcomo barrendero en la fábrica de textiles El Refugio, donde susueldo era de 20 pesos y cuando solicitó un aumento se lo negaronpor lo que inició sus labores en El Ángel, donde se incluyó comoestirador, pega hebra y velocero.

Debido a que no le dieron un aumento de sueldo, que tambiénsolicitaba -pues las necesidades económicas así lo demandaban-decidió renunciar y se fue a la Ciudad de México, donde encontrótrabajo como repartidor en una fábrica refresquera durante unos 15meses y luego entró a otra fábrica donde laboró durante 32 añoscomo ingeniero textil, hasta que la empresa cerró por dificultadesque tuvo el patrón y despidió a todos los empleados,incluyéndolo a él.

En ese entonces, tenía poco más de 50 años de edad, con treshijas y una esposa, por lo que comenzó a buscar empleo en otrasfábricas sin éxito. Desesperado por no encontrar un trabajo,pensó en irse de su casa y abandonar a su familia; sin embargo, laseñora de la casa le brindó una nueva esperanza al proponerlevender los famosos raspados de hielo.

“Al segundo día que me dijo que podíamos hacer eso fui acomprar mi diablito, fui a comprar mi hielo y enfrente de la casavendía yo mis raspaditos, ahí hice las famosas banderas, lasnovias, los diablitos e infinidad de cosas que salían”, recordóy durante algún tiempo afuera de su casa ofreció esteproducto.

No obstante, quería una labor que le brindara mayorsatisfacción y también más remuneraciones económicas, por loque un día su cuñado le ofreció trabajar en Industrias Arra comorebabeador de tornillos, engranes, bobinas.

Por fin, a los 60 años de edad, dejó de laborar porque sepresentó el periodo de pensión a pesar de que él teníaintenciones de seguir trabajando.

Al terminar este periodo y sin la oportunidad de trabajar enotro lugar, llegó a la Casa del Abue del Sistema Estatal DIF(SEDIF) cuando esta apenas iniciaba. Ahí se interesó por dostalleres: panadería y carpintería, los cuales cursósatisfactoriamente.

Un día, por un programa del gobierno estatal, se decidióampliar la panadería –luego de mes y medio de aprendizaje- locontrataron, y  desde hace ocho años se desempeña en esta áreaen un horario de trabajo de 8:00 a 15:00 horas.

Al salir de su horario de trabajo se va a su casa, con su esposay normalmente se dedica a arreglar su jardín o, de vez en cuando,disfrutar de la compañía de sus cinco nietos o de alguna de sustres hijas.

NECESARIO APRENDER UNOFICIO

Basado en su propia experiencia, don Toño consideró que aunadoa los estudios los jóvenes siempre deben aprender un oficio y queno desaprovechen el tiempo, lo cual tampoco quiere decir que dejende divertirse, pero consideró que “nunca sabe cuándo llegaráel fin”.

“Yo les diría a los jóvenes que si tienen estudio que loprovechen, apártense de las drogas, no les digo que no se tomenuna chela, hay que aprender a beber y date a ti mismo a respetar,porque no es bueno ni para ti, ni para tu familia”, expresó.

Añadió que hay tiempo para divertirse, pero tomar en serio lavida. “Si están estudiando, órale, que aprendan otra cosa,cualquier oficio es bueno, nunca sabemos cuándo lo vamos anecesitar”, concluyó.

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