/ martes 28 de abril de 2020

"¡Me tocó viajar en tiempos de pandemia!", con miedo regresó Fidel de Uruguay

En el país charrúa, el 13 de marzo decretaron encierro; por su cultura, no hubo compras de pánico ni pérdida de empleos, explica el joven

Un viaje de más 15 horas, paradas en Argentina y Ecuador, excesivos protocolos de sanidad, aeropuertos totalmente vacíos, comida “chatarra” como alimento, además de una responsiva de confinamiento que de violarla y contagiar a alguien de Covid-19 derivará una sanción penal, son algunos de los aspectos que vivió José Fidel Sánchez Juárez, de 29 años de edad, en su retorno de Uruguay a su natal Puebla.

Fidel Sánchez partió el 5 de marzo de este año a Montevideo, la capital de Uruguay, para continuar con el cuarto semestre en la maestría en Desarrollo y Cooperación Internacional. Su investigación está trunca y decidió retornar a la ciudad de Puebla, pues de prolongarse la cuarentena, no tendría los recursos suficientes para subsistir.

A dos semanas de su regreso, relata la travesía que fue conseguir un vuelo y regresar de Uruguay a México junto con más de 260 connacionales que estaban varados en Ecuador y Argentina.

“Me tocó viajar en tiempos de pandemia, ver un Aeropuerto Internacional vacío y es una experiencia que se me va a quedar para siempre, y el miedo de sentir: chin y ¿si ahorita me contagio?”.

“PERDÍ LA NOCIÓN DEL TIEMPO”

Fidel Sánchez planeó una estancia en Uruguay para estar lejos de casa, porque sus reuniones laborales así estaban programadas. No obstante, su vida se volvió un enigma con la pandemia, su habitación pequeña y la ventana diminuta le hicieron perder la noción del tiempo.

Sus horas de confinamiento fueron de su escritorio, la alimentación y la cama: “Trataba de acatar las reglas porque no era mi país y veía que la gente si respetaba las reglas, tenía miedo de faltarles al respeto (…) allá todas las casas tienen ventanas muy chiquitas, al mediodía yo perdía los rayos del sol y llegó el momento donde perdía la noción del tiempo, total, no es metáfora”, comentó.

Fidel Sánchez no veía el sol, dormía cuando tenía sueño y pasaba las madrugadas trabajando. Para ir de compras, por su condición, fue agotador.

Además, tenía incertidumbre de lo que pasaba y toma de decisiones, debido a que en Uruguay las autoridades solo presentaban un informe técnico general de Covid-19. En su corta estancia no conoció a nadie enfermo por el virus.

“LA GENTE VE MAL SALIR A LA CALLE”

En Uruguay, el 13 de marzo decretaron el confinamiento y el cierre de actividades escolares, en particular de las universidades.

Antes de esa fecha, las actividades se realizaron de manera normal, había transporte público, exposiciones de arte, de cine, incluso, uno de los últimos eventos masivos fue la marcha para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo.

Después, por la cultura de los uruguayos, se notó la disciplina y educación para quedarse en casa: “Ahí la gente te ve mal si sales a la calle o las tiendas grandes, todo se vació hasta las playas”.

No hubo compras de pánico y se hicieron con las medidas de sanidad, además de que los pagos se realizan con sistema de pago bancario. De 7 a 8 am se decretó la atención para personas de la tercera edad y el cierre de establecimientos a las 9 de la noche.

El teletrabajo (conocido como trabajo en casa) fue adecuado apropiadamente y para los menores de edad, existen ventajas tecnológicas debido a que en 2015 se aplicó una modalidad de educación en línea y se entregaron a los menores una computadora con internet.

Asimismo, explica Sánchez, el sistema de gobierno de izquierda permitió combatir de una manera más adecuada la pandemia: “no tienen problemas con los respiradores en ni cuidados intensivos de los hospitales, en Uruguay no hay déficit de camas ni de pruebas para coronavirus”.

Mientras en empleo, Sánchez destaca que el 85 por ciento de la población tiene un empleo formal, en empresas y del estado, que están en servicios como la energía y agua, por lo que su trabajo está garantizado, además que no se pueden efectuar despidos, pero sí descuentos salariales para conservarlos. Mientras, hay una bolsa de seguridad para personas con desempleo o condición de pobreza. Los indigentes son apoyados por organizaciones civiles y además tienen refugios de vivienda.

“La gente que mendiga en Uruguay me sorprende que no huelan mal, se visten como pobres, pero no sucios y están lucidos. Aquí, los indigentes están vestidos con harapos, sucios y algunos no puedes conversar con ellos porque consumen drogas”.

Foto: Cortesía Fidel Sánchez

SIN BECA CONACYT Y DEUDAS

La primera quincena de abril fue dada a conocer que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) eliminaría las “becas de movilidad”, lo que dejaría a los estudiantes que se fueron en el primer trimestre del 2020 al extranjero con aprietos financieros y otros más con deudas.

Fidel Sánchez explicó que cada año, hay quienes adelantan su estancia a otro país para seguir con sus proyectos o tesis y que, para lograrlo, muchos piden dinero a la familia o instituciones bancarias, por lo que tendrán un déficit económico.

“Es un problema nacional, toda la gente que ya se había ido en enero o como en mi caso en marzo, en la que no había ninguna alerta. Ahora dicen en abril que no habrá una beca, a todos ya nos metieron en una broncota. Yo conozco a mucha gente que se fue muy endeudada y que para pagar tendrá que vender su coche; es terrible para los que pidieron al banco (…) con la beca ya nos endeudamos con el avión, la estadía, las comidas”.

El estudiante de maestría confió en que con lo que tiene en general de la beca Conacyt logre solventar sus deudas a mediano plazo y aclaró que el panorama es más difícil para sus compañeros de generación que viajaron a países de Europa.

“Tenemos ese pendiente, en mi generación son 37 estudiantes, en su mayoría que se fueron aEuropa a Francia e Italia; el vuelo ya se perdió y si quieren salir tienen que comprar un boleto nuevo, y cuando se reactiven superarán los 30 mil pesos”, agregó.

REGRESO A MÉXICO

El trámite de vuelo para el retorno en México se hizo en menos de una semana. La cita fue el domingo 12 de abril a las 4 de la mañana en el aeropuerto de Montevideo.

“Llegamos al aeropuerto y todo estaba solo. Todos los mexicanos estábamos ahí sentaditos, éramos como 35 y entra la delegación de salud de Uruguay, llegan con el equipo como de zombis. Se sentía una tensión de que realmente había un virus y te podrías contagiar”.

Después, varios formularios tuvieron que llenarse; unos eran de salud y otros más sobre las responsabilidades que tenían: “Nos decían que tenemos que guardar la cuarentena, una dirección exacta, el número tuyo y de una persona en tu casa (…) me comprometí a que si no guardo la cuarentena se puede procesar penalmente en contra de mí”.

“De Montevideo salimos en un avión militar de la fuerza aérea uruguaya, como de película, era cortito y gordito. Adentro no tenía forro, las paredes eran el metal del avión. Para el equipaje se subió por la cola, los asientos eran de tela y se podían despegar. Se sentían los frenones y cosas que nunca se sienten en un vuelo”.

Luego, hubo un primer descenso en Buenos Aires, Argentina. Las autoridades de la embajada les otorgaron un “lunch”, que consistía en galletas y chocolates: “Nos dijeron que no podíamos salir de ahí y nos quedamos 24 horas ahí, sentados. Había agua ilimitada y el baño limpio. Fue interesante ver el aeropuerto internacional de Buenos Aires totalmente vacío. Un guardia y cada cinco horas, alguien limpiando la zona con cloro”.

A las 5 de la mañana del otro día, se retomó el siguiente vuelo con chilenos y mexicanos. La unidad era de la Fuerza Área Mexicana y se hizo una parada en Chile para descender pasajeros. En Guayaquil, Ecuador, la llegada del vuelo fue para cargar gasolina.

“Nos dieron una hora para ir al baño. Nos dieron dos alimentos, igual a base de carbohidratos y azucares procesadas y nos dijeron: cuídenlo porque es para todo el viaje y ahí si fue gacho porque nos dieron únicamente dos botellas de agua”.

La tensión por la protección de los militares y la distribución cada hora de gel anti bacterial generaba el miedo. Hubo distribución de guantes y muchos cambiaron constantemente esta prenda de látex.

Al llegar a México, tuvo contacto con su padre, quien trabaja en esta ciudad y regresaba a Puebla para establecer, al igual que él, la cuarentena porque un compañero de la oficina resultó positivo en un contagio de Covid-19.

Este 20 de abril, Fidel Sánchez cumplió el periodo de resguardo y está feliz por estar con su familia con las medidas pertinentes en su casa en San Ramón, aunque le preocupa que su hermano está varado en Argentina.

Por toda su travesía, hace un llamado a la ciudadanía para que se mantenga informada adecuadamente y con criterio, reaccione, se cuide y no se propague más el Covid-19.

Un viaje de más 15 horas, paradas en Argentina y Ecuador, excesivos protocolos de sanidad, aeropuertos totalmente vacíos, comida “chatarra” como alimento, además de una responsiva de confinamiento que de violarla y contagiar a alguien de Covid-19 derivará una sanción penal, son algunos de los aspectos que vivió José Fidel Sánchez Juárez, de 29 años de edad, en su retorno de Uruguay a su natal Puebla.

Fidel Sánchez partió el 5 de marzo de este año a Montevideo, la capital de Uruguay, para continuar con el cuarto semestre en la maestría en Desarrollo y Cooperación Internacional. Su investigación está trunca y decidió retornar a la ciudad de Puebla, pues de prolongarse la cuarentena, no tendría los recursos suficientes para subsistir.

A dos semanas de su regreso, relata la travesía que fue conseguir un vuelo y regresar de Uruguay a México junto con más de 260 connacionales que estaban varados en Ecuador y Argentina.

“Me tocó viajar en tiempos de pandemia, ver un Aeropuerto Internacional vacío y es una experiencia que se me va a quedar para siempre, y el miedo de sentir: chin y ¿si ahorita me contagio?”.

“PERDÍ LA NOCIÓN DEL TIEMPO”

Fidel Sánchez planeó una estancia en Uruguay para estar lejos de casa, porque sus reuniones laborales así estaban programadas. No obstante, su vida se volvió un enigma con la pandemia, su habitación pequeña y la ventana diminuta le hicieron perder la noción del tiempo.

Sus horas de confinamiento fueron de su escritorio, la alimentación y la cama: “Trataba de acatar las reglas porque no era mi país y veía que la gente si respetaba las reglas, tenía miedo de faltarles al respeto (…) allá todas las casas tienen ventanas muy chiquitas, al mediodía yo perdía los rayos del sol y llegó el momento donde perdía la noción del tiempo, total, no es metáfora”, comentó.

Fidel Sánchez no veía el sol, dormía cuando tenía sueño y pasaba las madrugadas trabajando. Para ir de compras, por su condición, fue agotador.

Además, tenía incertidumbre de lo que pasaba y toma de decisiones, debido a que en Uruguay las autoridades solo presentaban un informe técnico general de Covid-19. En su corta estancia no conoció a nadie enfermo por el virus.

“LA GENTE VE MAL SALIR A LA CALLE”

En Uruguay, el 13 de marzo decretaron el confinamiento y el cierre de actividades escolares, en particular de las universidades.

Antes de esa fecha, las actividades se realizaron de manera normal, había transporte público, exposiciones de arte, de cine, incluso, uno de los últimos eventos masivos fue la marcha para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo.

Después, por la cultura de los uruguayos, se notó la disciplina y educación para quedarse en casa: “Ahí la gente te ve mal si sales a la calle o las tiendas grandes, todo se vació hasta las playas”.

No hubo compras de pánico y se hicieron con las medidas de sanidad, además de que los pagos se realizan con sistema de pago bancario. De 7 a 8 am se decretó la atención para personas de la tercera edad y el cierre de establecimientos a las 9 de la noche.

El teletrabajo (conocido como trabajo en casa) fue adecuado apropiadamente y para los menores de edad, existen ventajas tecnológicas debido a que en 2015 se aplicó una modalidad de educación en línea y se entregaron a los menores una computadora con internet.

Asimismo, explica Sánchez, el sistema de gobierno de izquierda permitió combatir de una manera más adecuada la pandemia: “no tienen problemas con los respiradores en ni cuidados intensivos de los hospitales, en Uruguay no hay déficit de camas ni de pruebas para coronavirus”.

Mientras en empleo, Sánchez destaca que el 85 por ciento de la población tiene un empleo formal, en empresas y del estado, que están en servicios como la energía y agua, por lo que su trabajo está garantizado, además que no se pueden efectuar despidos, pero sí descuentos salariales para conservarlos. Mientras, hay una bolsa de seguridad para personas con desempleo o condición de pobreza. Los indigentes son apoyados por organizaciones civiles y además tienen refugios de vivienda.

“La gente que mendiga en Uruguay me sorprende que no huelan mal, se visten como pobres, pero no sucios y están lucidos. Aquí, los indigentes están vestidos con harapos, sucios y algunos no puedes conversar con ellos porque consumen drogas”.

Foto: Cortesía Fidel Sánchez

SIN BECA CONACYT Y DEUDAS

La primera quincena de abril fue dada a conocer que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) eliminaría las “becas de movilidad”, lo que dejaría a los estudiantes que se fueron en el primer trimestre del 2020 al extranjero con aprietos financieros y otros más con deudas.

Fidel Sánchez explicó que cada año, hay quienes adelantan su estancia a otro país para seguir con sus proyectos o tesis y que, para lograrlo, muchos piden dinero a la familia o instituciones bancarias, por lo que tendrán un déficit económico.

“Es un problema nacional, toda la gente que ya se había ido en enero o como en mi caso en marzo, en la que no había ninguna alerta. Ahora dicen en abril que no habrá una beca, a todos ya nos metieron en una broncota. Yo conozco a mucha gente que se fue muy endeudada y que para pagar tendrá que vender su coche; es terrible para los que pidieron al banco (…) con la beca ya nos endeudamos con el avión, la estadía, las comidas”.

El estudiante de maestría confió en que con lo que tiene en general de la beca Conacyt logre solventar sus deudas a mediano plazo y aclaró que el panorama es más difícil para sus compañeros de generación que viajaron a países de Europa.

“Tenemos ese pendiente, en mi generación son 37 estudiantes, en su mayoría que se fueron aEuropa a Francia e Italia; el vuelo ya se perdió y si quieren salir tienen que comprar un boleto nuevo, y cuando se reactiven superarán los 30 mil pesos”, agregó.

REGRESO A MÉXICO

El trámite de vuelo para el retorno en México se hizo en menos de una semana. La cita fue el domingo 12 de abril a las 4 de la mañana en el aeropuerto de Montevideo.

“Llegamos al aeropuerto y todo estaba solo. Todos los mexicanos estábamos ahí sentaditos, éramos como 35 y entra la delegación de salud de Uruguay, llegan con el equipo como de zombis. Se sentía una tensión de que realmente había un virus y te podrías contagiar”.

Después, varios formularios tuvieron que llenarse; unos eran de salud y otros más sobre las responsabilidades que tenían: “Nos decían que tenemos que guardar la cuarentena, una dirección exacta, el número tuyo y de una persona en tu casa (…) me comprometí a que si no guardo la cuarentena se puede procesar penalmente en contra de mí”.

“De Montevideo salimos en un avión militar de la fuerza aérea uruguaya, como de película, era cortito y gordito. Adentro no tenía forro, las paredes eran el metal del avión. Para el equipaje se subió por la cola, los asientos eran de tela y se podían despegar. Se sentían los frenones y cosas que nunca se sienten en un vuelo”.

Luego, hubo un primer descenso en Buenos Aires, Argentina. Las autoridades de la embajada les otorgaron un “lunch”, que consistía en galletas y chocolates: “Nos dijeron que no podíamos salir de ahí y nos quedamos 24 horas ahí, sentados. Había agua ilimitada y el baño limpio. Fue interesante ver el aeropuerto internacional de Buenos Aires totalmente vacío. Un guardia y cada cinco horas, alguien limpiando la zona con cloro”.

A las 5 de la mañana del otro día, se retomó el siguiente vuelo con chilenos y mexicanos. La unidad era de la Fuerza Área Mexicana y se hizo una parada en Chile para descender pasajeros. En Guayaquil, Ecuador, la llegada del vuelo fue para cargar gasolina.

“Nos dieron una hora para ir al baño. Nos dieron dos alimentos, igual a base de carbohidratos y azucares procesadas y nos dijeron: cuídenlo porque es para todo el viaje y ahí si fue gacho porque nos dieron únicamente dos botellas de agua”.

La tensión por la protección de los militares y la distribución cada hora de gel anti bacterial generaba el miedo. Hubo distribución de guantes y muchos cambiaron constantemente esta prenda de látex.

Al llegar a México, tuvo contacto con su padre, quien trabaja en esta ciudad y regresaba a Puebla para establecer, al igual que él, la cuarentena porque un compañero de la oficina resultó positivo en un contagio de Covid-19.

Este 20 de abril, Fidel Sánchez cumplió el periodo de resguardo y está feliz por estar con su familia con las medidas pertinentes en su casa en San Ramón, aunque le preocupa que su hermano está varado en Argentina.

Por toda su travesía, hace un llamado a la ciudadanía para que se mantenga informada adecuadamente y con criterio, reaccione, se cuide y no se propague más el Covid-19.

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