/ sábado 3 de junio de 2023

Puebla, importante promotor de las ciencias espaciales a nivel nacional

Las ciencias relacionadas al espacio y la aeronáutica se consolidan rápidamente en el contexto global, lo que coloca a Puebla en un sitio privilegiado

En la última década Puebla se ha posicionado como un importante promotor de las ciencias espaciales a nivel nacional, graduando decenas de expertos en carreras como Astrofísica e Ingeniería Aeroespacial, que hoy contribuyen, en México y el mundo, al esfuerzo humano por entender los fenómenos del universo, desde y fuera del planeta Tierra.

Para los estudiantes poblanos que sueñan con estudiar el cosmos, desarrollar satélites, componentes y naves espaciales, e incluso contribuir al conocimiento global desde las principales agencias espaciales del mundo, hay por lo menos tres instituciones en la entidad, dos de ellas públicas, encargadas de formarlos académicamente para esta tarea.

El Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), nodo regional de investigación encargado de administrar la herramienta tecnológica más importante de la ciencia espacial mexicana: el Gran Telescopio Milimétrico (GTM); así como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), que puso en órbita su primer nanosatélite, son las academias más importantes en la entidad para estudiar Física, Astrofísica e Ingeniería Aeronáutica, todas ellas incluidas en el andamiaje cognitivo para el entendimiento del cosmos.

Lo anterior, de acuerdo con diversos estudios, como Times Higher Education y QS World University Rankings, así como información del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt).

Puebla puede proveer los especialistas que México demanda

Después de haber liderado y contribuido por más de una década en la Oficina de Naciones Unidas (ONU) para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, que es la dependencia diplomática de mayor relevancia a nivel mundial para el tema espacial, Sergio Camacho Lara, doctor en Ciencias Aeroespaciales por la Universidad de Michigan, Estados Unidos, llegó a Puebla para formar a los próximos especialistas en Ciencias Espaciales del país.

Desde el INAOE, que tiene su sede en Santa María Tonantzintla, junta auxiliar de San Andrés Cholula, el doctor Camacho Lara, quien ha participado en la elaboración y edición de decenas de artículos académicos en todo el mundo, imparte clases del posgrado en Ciencia y Tecnología del Espacio, programa único en su tipo, que fundó el profesor junto a otros colegas suyos en 2014.

En entrevista con El Sol de Puebla, el investigador reconoce que las características de este posgrado lo convierten en una de las llamadas ciencias de frontera. En otras palabras, es el conocimiento más reciente con el que cuenta la humanidad hasta el momento.

“Es una de las ciencias de frontera que más rápido está avanzando, y en México no había un posgrado en Ciencias del Espacio. Existen algunas maestrías que son Ciencia y Tecnología Aeronáutica, pero no Espacial. Entonces, viendo las capacidades de distintos colegas, pensamos en iniciar el posgrado en Ciencia y Tecnología del Espacio en 2014”, apunta.

El Gran Telescopio Milimétrico (GTM) es la herramienta tecnológica más importante de la ciencia espacial mexicana. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Camacho Lara ve que las ciencias relacionadas al espacio y la aeronáutica se consolidan rápidamente en el contexto global con mayor crecimiento. Por esa razón considera que Puebla es una entidad privilegiada al contar con dicha oferta académica.

El académico refiere que, a nivel nacional, los estados que han tenido un auge importante en el desempeño de las ciencias espaciales en los últimos años, especialmente en ámbitos prácticos, son Querétaro, Sonora y Baja California.

Aunque Puebla no figura todavía en ese listado, los avances académicos e industriales de la entidad la colocan en una posición de especial relevancia, pues se espera que en próximos años empresas del sector automotriz, como Volkswagen o Audi, que poseen gran importancia en el estado, incursionen en el desarrollo aeronáutico, precisa el doctor.

Aunado a ello, refiere que el mundo, y en particular México, demandan con urgencia más especialistas con vocación de estudiar el cosmos y producir herramientas que permitan mejorar la calidad de vida en la Tierra, dentro y fuera del planeta, especialmente ante los inminentes riesgos que provocan alteraciones planetarias, como el calentamiento global.

“Los egresados pueden llegar, obviamente, a la academia, pero también a las agencias espaciales, o algo por el estilo; hay mucha gente interesada en este tipo de cuestiones (...) otros saldrán al sector público y, ojo, a la industria [aeroespacial] en México, que ya despegó, y muy fuerte”, defiende el profesor.

Los maestros y científicos buscan que el talento pueda quedarse como desarrollarse en el país. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Puebla es punta de lanza para astrofísicos

Conceptualmente, la Astrofísica, según el Conacyt, “busca explicar los fenómenos del universo utilizando los conocimientos de la Física y otras ciencias afines”. En otras palabras, esta disciplina busca conocer el origen y evolución de diversos cuerpos celestes.

De acuerdo con datos del gobierno federal, en México sólo siete instituciones cuentan con un departamento académico destinado al estudio del espacio. Una de ellas es el INAOE.

A decir del doctor Camacho Lara, el posgrado de Astrofísica que se imparte en dicha institución se asimila en complejidad y contenido al de otros programas académicos de universidades de otras partes del mundo, como en países donde las ciencias espaciales reciben más apoyo de los gobiernos para desarrollarse.

A propósito, el académico sostiene que México lleva poco más de medio siglo con carencias en el desarrollo de ciencias relacionadas al análisis del cosmos.

“No hemos hecho inversión en ciencia y tecnología durante muchos años, entonces, en cualquiera de las ciencias estamos rezagados. Hay algunos aspectos, como la Ciencia y Tecnología del Espacio y Astrofísica, donde sí estamos muy bien, y estamos al nivel del mundo”, sostiene.

De hecho, comparte que fue en la década de 1950 cuando el país tuvo un importante auge en el estudio del universo, pero tiempo después decreció paulatinamente ese desarrollo hasta nuestros días, donde muy poco se ha hecho por incentivar en masa la generación de conocimiento en este rubro.

“Desde 1950 aquí se estaba haciendo una ciencia de frontera, igual que en otros países del mundo (...) Estábamos relativamente bien porque invertimos mucho en la parte de satélites, pero era en la adquisición y entonces en esa parte de uso humano, o aplicación de la tecnología, tenemos experiencia”, relata.

Aunque hoy critica la ausencia de estímulos para el desarrollo de las ciencias espaciales, el académico opina que México tiene un alto potencial para promover y formar especialistas en estas áreas, especialmente porque, pese a las condiciones que describe, expertos siguen graduándose y poniendo en alto al país en otras partes del mundo.

Por ejemplo, el doctor Camacho Lara señala que, hasta las últimas tres décadas del siglo pasado, el país se mantuvo en una política de incursión espacial, pero lo hizo solamente para adquirir satélites de comunicación, mismos que fueron comprados y diseñados, en buena medida, por empresas y especialistas extranjeros.

No obstante, el profesor universitario y exfuncionario de la ONU refiere que México tiene todo el potencial humano para llevar a cabo la elaboración de satélites, e incluso naves espaciales propias, entre otros artefactos, con capital humano nacional.

Las ciencias relacionadas al espacio y la aeronáutica se consolidan rápidamente en el contexto global con mayor crecimiento. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Mejorar la vida en la Tierra desde el espacio

Originario del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, André González Reyes llegó a Puebla hace más de cuatro años para construir el andamiaje de sus sueños y convertirse en el primer científico de su familia.

El joven actualmente estudia Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Sin siquiera haberse graduado todavía, el estudiante ya desarrolló varias herramientas científicas, como una sonda de observación volcánica, y actualmente contribuye en un esfuerzo mundial para construir nanosatélites.

Estar lejos de casa, por ahora, es un reto y a la vez una motivación para André. Antes de siquiera iniciar la carrera ya soñaba con las estrellas y el espacio, y buscaba que su pasión lo ayudara a mejorar la vida de su comunidad. Es así como eligió su camino en la ciencia.

Su intención es que, mediante el uso de tecnologías satelitales, los campesinos y habitantes del Istmo puedan mejorar su calidad de vida.

“Algo que me motivó fue ver que con esta tecnología espacial se puede predecir o analizar, hasta cierto punto, situaciones, como por ejemplo, los deslaves de cerros, inundaciones, que es algo que ocurre mucho en Oaxaca. Se pueden monitorear todas estas condiciones ambientales y meteorológicas que, al final del día, benefician a la sociedad”, comparte el joven estudiante.

Recientemente la UPAEP firmó un convenio con la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (Jaxa, por sus siglas en el idioma nipón), la cual, a su vez, pactó con diversas instituciones de educación superior alrededor del mundo.

El objetivo de este proyecto, en el que André está involucrado, consiste en la elaboración de un nanosatélite con el cual se podrán analizar las condiciones físicas y químicas de diversos volcanes alrededor del mundo.

Este artefacto, que actualmente se construye en Puebla, será puesto en órbita desde la Estación Espacial Internacional (EEI) en próximos meses.

“Lo que nos da [Jaxa] es el lanzador, para ponerlo en órbita y liberarlo con el Kibo, así se llama el brazo que lo libera, que está en la EEI. Empezamos con trabajo práctico a partir de mediados del año pasado (...) Debemos tenerlo listo este año y después, para lanzarlo, depende de Japón”, explica.

Puebla logró ser partícipe del proyecto de telescopio espacial James Webb por medio del Gran Telescopio Milimétrico (GTM). Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Identificando oportunidades

José Abel Juárez González, licenciado en Física Aplicada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), hasta hace algunos años veía como un sueño irrealizable la posibilidad de llegar al espacio, o al menos contribuir en la creación de cohetes.

Con nostalgia, recuerda que, al ingresar a la universidad, por sus venas corría la sangre de un aventurero y soñador. Como muchos jóvenes, Abel eligió la carrera de Física porque esa era la disciplina más cercana a su deseo de indagar el infinito estudio del universo.

Aunque al inicio tuvo dudas sobre si dicha licenciatura lo acercaría o no al estudio de planetas y otros cuerpos celestes, Abel comprendió tiempo después que la incursión en las ciencias espaciales no sucede de un día para otro, pues para involucrarse en el estudio del cosmos es necesario seguir un andamiaje específico de conocimientos.

En otras palabras, una sola licenciatura no te prepara enteramente para tener las bases cognitivas para estudiar el cosmos. En el INAOE, por ejemplo, para estudiar cualquiera de los tres programas directamente relacionados al espacio, Astrofísica, Óptica, y Ciencia y Tecnología del Espacio, un estudiante requiere, según sea el caso, contar con una maestría o doctorado en una carrera afín.

Para Abel hoy resulta fundamental contribuir al desarrollo tecnológico de México. Entre sus planes a corto y mediano plazo se encuentran la elaboración de herramientas satelitales que permitan a dependencias como la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tener mayor vigilancia sobre el territorio mexicano.

“Las aplicaciones tecnológicas espaciales no solamente es necesario ir al espacio para poder insertarse en el área espacial, sino que se pueden usar las tecnologías para beneficio de la agricultura, el urbanismo y hasta del mismo Ejército Mexicano, en la búsqueda y combate al narcotráfico”, indica.

Aunado a ello, tiene como objetivo irremplazable hacer que este tipo de conocimientos sean tangibles para más estudiantes, principalmente poblanos. Es decir, busca contribuir a la enseñanza de estas ciencias, así como la vinculación universitaria con otros organismos internacionales.

“Me apasiona aplicar la Ciencia y Tecnología del Espacio para [buscar] el desarrollo, o mejor dicho, el desarrollo sustentable de nosotros como sociedad, y también la parte de cuidar el medio ambiente (...) Mi motivación principalmente siempre fue el desarrollo y el uso de la ciencia espacial para México”, admite.

Por su parte, la maestra en Ingeniería por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Elvia Patricia Barrón, quien busca concluir la carrera de Maestría en Ciencia y Tecnología del Espacio, comparte que su objetivo es contribuir a la programación de estos artefactos.

“Me interesan mucho los fenómenos en el clima espacial. Estudio el impacto que tiene el sol con la Tierra a través de los campos magnéticos del plasma que fluye de las partículas que llegan a la Tierra de los rayos cósmicos que recibimos del más allá”, señala.

Regularmente el INAOE recibe hasta 400 solicitudes por año para ingresar a alguno de estos programas. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Las opciones

En 2019 la UPAEP se convirtió en referente nacional gracias al proyecto que desarrolló conjuntamente con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), y la Agencia Espacial Mexicana (AEM), luego de que lanzó su primer nanosatélite, el cual fue denominado AztechSat-1.

Ricardo Iván Álvarez Tamayo, director de la Ingeniería en Aeroespacial de la UPAEP y doctor en Física Aplicada por la BUAP, comenta que, aunque el artefacto fue lanzado en 2019 a través de una misión de la empresa SpaceX, fue desplegado hasta 2020.

“El proyecto con la NASA fue nuestro primer proyecto. Teníamos la misión de hacer el diseño de un cubesat, un satélite pequeño, que tuviera la capacidad de ponerse en órbita y generar comunicación con una estación terrena. Todo esto se dice rápido, pero las implicaciones son muchas, hay muchas regulaciones y mucha normativa que está incluida en este proceso”, comenta.

Aunado a ello explica que en próximos meses se presentará el inicio de un nuevo proyecto, AztechSat-2, sólo que en este caso el objetivo será construir una flota de nanosatélites. También resalta la colaboración que tendrá UPAEP con Jaxa.

“El proyecto que hay con la Agencia Espacial Japonesa fue una de las de las virtudes de haber generado el conocimiento en el AztechSat-1 (...) [Jaxa] dijo, bueno, este es el satélite que vamos a apoyar para que se ponga en órbita”, precisa.

Al respecto, el estudiante de décimo semestre de Ingeniería Aeroespacial de UPAEP, Hero Sebastián Becerra-Acosta Rodríguez, quien participó en la misión del AztechSat-1, relata que haber trabajado con la NASA fue sólo el primer paso para encaminar su sueño.

“Recuerdo mucho una visita, tuve la oportunidad de ir al Kennedy Space Center, en Texas, y pues ver el museo y los cohetes, así, gigantes, es monumental. Yo dije, ‘yo quiero algún día construir algo así. Quiero ser inventor’”, comparte.

Y agrega: “Cuando se iba a lanzar el AztechSat-1 me tocó formar parte de la estación terrena. Ahí empecé a permearme de la información y los métodos de trabajo de la NASA (...) No creía que estaba formando parte de algo que de verdad se iba a hacer. Es muy impresionante”.

A la vanguardia

En todo el país, según el Conacyt, hay tres observatorios astronómicos de alta relevancia, uno de ellos es el Gran Telescopio Milimétrico (GTM), situado en la cima del volcán Sierra Negra, en Puebla, que es administrado por el INAOE y la Universidad de Massachusetts en Amherst y utilizado por sus estudiantes y docentes para realizar investigación permanente.

Esto es importante porque gracias a este artefacto Puebla logró ser partícipe del proyecto de telescopio espacial James Webb, un esfuerzo mundial con el cual se obtuvo la fotografía más nítida de un agujero negro hasta nuestros días, entre otro tipo de representaciones gráficas.

Desde Tonantzintla, el doctor en Astrofísica, Daniel Rosas González, se encarga de formar a múltiples expertos en las ciencias espaciales, además de liderar investigaciones para conocer las condiciones de otros planetas.

“Aquí estudiamos nuestra galaxia, en lo que llamamos estudios galácticos, como estudios de objetos extragalácticos, que son básicamente objetos que no pertenecen a la Vía Láctea, sino que están fuera de ella. También hacemos cosmología, que es un poco la evolución del universo a grandes rasgos, no enfocado tanto en una galaxia en particular, sino en todo”, asevera.

El académico comenta que, desde la creación del posgrado en Astrofísica se han graduado 84 personas únicamente. De ellas, el 50 por ciento de ellos labora en México en múltiples instituciones públicas y privadas, principalmente, en la investigación y academia. Por su parte, la otra mitad trabaja fuera del país, y generalmente lo hacen en agencias espaciales, telescopios y universidades.

Francisco Javier Renero Carrillo, doctor en Física Aplicada por la Universidad de Osaka, Japón, y director de Formación Académica del INAOE, explica que los posgrados relacionados al espacio se han posicionado como algunos de los más solicitados por la comunidad universitaria.

“Recibimos unas 350 o 400 solicitudes para ingresar a las maestrías, de las cuales sólo se quedan entre 100 y 120 estudiantes. En los doctorados la demanda es un poco menor, se reciben, en promedio, unas 60 y se aceptan a unos 30. El número de egresos promedio por año oscila entre los 100 y 120, pero hemos tenido picos de 130 egresados”, comparte el académico.

Regularmente el INAOE recibe hasta 400 solicitudes por año para ingresar a alguno de estos programas.

Ante esta situación, el doctor Rosas González subraya que el capital más importante del INAOE son sus egresados. Con total seguridad, el académico señala que hay especialistas graduados de este instituto en todo el mundo. Por ejemplo, muchos trabajan en universidades, pero también en centros de observación, e incluso algunas agencias espaciales.

Sin límites

Ana Paola Ayala Terrón, alumna de sexto semestre de Ingeniería en Aeroespacial en la UPAEP, se veía a sí misma como cosmonauta, o inventora para agencias como la NASA.

“Me nace la curiosidad de entrar a esta carrera porque, desde que tengo memoria, he tenido mucha curiosidad por conocer y explorar el mundo, para mí era impresionante. Desde chiquita recuerdo alzar la mirada y ver en el cielo un avión volar. Para mí era algo impresionante, yo decía, ‘¿cómo es que el humano logra eso?’. Cuando llega mi momento, supe que esto me apasiona. Tuve una gran intriga por querer conocer más, no solo dentro de nuestra Tierra, sino más allá”, relata.

A sus 21 años ya trabaja en el diseño de un nanosatélite que será enviado al espacio por Jaxa próximamente. Para llegar a este punto, relata motivada, fue necesario romper varias barreras y complementar obstáculos.

“Uno de los proyectos que me emociona bastante, y por el cual también estoy involucrada aquí, es el Shiba, [de Jaxa]. Me gustaría ver realmente este nanosatélite, que estamos haciendo en conjunto, ya en órbita. Ese es mi objetivo, ver algo en lo que colaboré y puse un granito de arena”, indica.

Finalmente, Ayala Terrón señaló que es importante que las nuevas generaciones de científicos espaciales le apuesten a que el conocimiento se quede principalmente en México, pues, aunque es importante que haya expertos mundiales preparados en el país, es fundamental que las herramientas cognitivas se reproduzcan y compartan en masa.

En la última década Puebla se ha posicionado como un importante promotor de las ciencias espaciales a nivel nacional, graduando decenas de expertos en carreras como Astrofísica e Ingeniería Aeroespacial, que hoy contribuyen, en México y el mundo, al esfuerzo humano por entender los fenómenos del universo, desde y fuera del planeta Tierra.

Para los estudiantes poblanos que sueñan con estudiar el cosmos, desarrollar satélites, componentes y naves espaciales, e incluso contribuir al conocimiento global desde las principales agencias espaciales del mundo, hay por lo menos tres instituciones en la entidad, dos de ellas públicas, encargadas de formarlos académicamente para esta tarea.

El Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), nodo regional de investigación encargado de administrar la herramienta tecnológica más importante de la ciencia espacial mexicana: el Gran Telescopio Milimétrico (GTM); así como la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), que puso en órbita su primer nanosatélite, son las academias más importantes en la entidad para estudiar Física, Astrofísica e Ingeniería Aeronáutica, todas ellas incluidas en el andamiaje cognitivo para el entendimiento del cosmos.

Lo anterior, de acuerdo con diversos estudios, como Times Higher Education y QS World University Rankings, así como información del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt).

Puebla puede proveer los especialistas que México demanda

Después de haber liderado y contribuido por más de una década en la Oficina de Naciones Unidas (ONU) para Asuntos del Espacio Ultraterrestre, que es la dependencia diplomática de mayor relevancia a nivel mundial para el tema espacial, Sergio Camacho Lara, doctor en Ciencias Aeroespaciales por la Universidad de Michigan, Estados Unidos, llegó a Puebla para formar a los próximos especialistas en Ciencias Espaciales del país.

Desde el INAOE, que tiene su sede en Santa María Tonantzintla, junta auxiliar de San Andrés Cholula, el doctor Camacho Lara, quien ha participado en la elaboración y edición de decenas de artículos académicos en todo el mundo, imparte clases del posgrado en Ciencia y Tecnología del Espacio, programa único en su tipo, que fundó el profesor junto a otros colegas suyos en 2014.

En entrevista con El Sol de Puebla, el investigador reconoce que las características de este posgrado lo convierten en una de las llamadas ciencias de frontera. En otras palabras, es el conocimiento más reciente con el que cuenta la humanidad hasta el momento.

“Es una de las ciencias de frontera que más rápido está avanzando, y en México no había un posgrado en Ciencias del Espacio. Existen algunas maestrías que son Ciencia y Tecnología Aeronáutica, pero no Espacial. Entonces, viendo las capacidades de distintos colegas, pensamos en iniciar el posgrado en Ciencia y Tecnología del Espacio en 2014”, apunta.

El Gran Telescopio Milimétrico (GTM) es la herramienta tecnológica más importante de la ciencia espacial mexicana. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Camacho Lara ve que las ciencias relacionadas al espacio y la aeronáutica se consolidan rápidamente en el contexto global con mayor crecimiento. Por esa razón considera que Puebla es una entidad privilegiada al contar con dicha oferta académica.

El académico refiere que, a nivel nacional, los estados que han tenido un auge importante en el desempeño de las ciencias espaciales en los últimos años, especialmente en ámbitos prácticos, son Querétaro, Sonora y Baja California.

Aunque Puebla no figura todavía en ese listado, los avances académicos e industriales de la entidad la colocan en una posición de especial relevancia, pues se espera que en próximos años empresas del sector automotriz, como Volkswagen o Audi, que poseen gran importancia en el estado, incursionen en el desarrollo aeronáutico, precisa el doctor.

Aunado a ello, refiere que el mundo, y en particular México, demandan con urgencia más especialistas con vocación de estudiar el cosmos y producir herramientas que permitan mejorar la calidad de vida en la Tierra, dentro y fuera del planeta, especialmente ante los inminentes riesgos que provocan alteraciones planetarias, como el calentamiento global.

“Los egresados pueden llegar, obviamente, a la academia, pero también a las agencias espaciales, o algo por el estilo; hay mucha gente interesada en este tipo de cuestiones (...) otros saldrán al sector público y, ojo, a la industria [aeroespacial] en México, que ya despegó, y muy fuerte”, defiende el profesor.

Los maestros y científicos buscan que el talento pueda quedarse como desarrollarse en el país. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Puebla es punta de lanza para astrofísicos

Conceptualmente, la Astrofísica, según el Conacyt, “busca explicar los fenómenos del universo utilizando los conocimientos de la Física y otras ciencias afines”. En otras palabras, esta disciplina busca conocer el origen y evolución de diversos cuerpos celestes.

De acuerdo con datos del gobierno federal, en México sólo siete instituciones cuentan con un departamento académico destinado al estudio del espacio. Una de ellas es el INAOE.

A decir del doctor Camacho Lara, el posgrado de Astrofísica que se imparte en dicha institución se asimila en complejidad y contenido al de otros programas académicos de universidades de otras partes del mundo, como en países donde las ciencias espaciales reciben más apoyo de los gobiernos para desarrollarse.

A propósito, el académico sostiene que México lleva poco más de medio siglo con carencias en el desarrollo de ciencias relacionadas al análisis del cosmos.

“No hemos hecho inversión en ciencia y tecnología durante muchos años, entonces, en cualquiera de las ciencias estamos rezagados. Hay algunos aspectos, como la Ciencia y Tecnología del Espacio y Astrofísica, donde sí estamos muy bien, y estamos al nivel del mundo”, sostiene.

De hecho, comparte que fue en la década de 1950 cuando el país tuvo un importante auge en el estudio del universo, pero tiempo después decreció paulatinamente ese desarrollo hasta nuestros días, donde muy poco se ha hecho por incentivar en masa la generación de conocimiento en este rubro.

“Desde 1950 aquí se estaba haciendo una ciencia de frontera, igual que en otros países del mundo (...) Estábamos relativamente bien porque invertimos mucho en la parte de satélites, pero era en la adquisición y entonces en esa parte de uso humano, o aplicación de la tecnología, tenemos experiencia”, relata.

Aunque hoy critica la ausencia de estímulos para el desarrollo de las ciencias espaciales, el académico opina que México tiene un alto potencial para promover y formar especialistas en estas áreas, especialmente porque, pese a las condiciones que describe, expertos siguen graduándose y poniendo en alto al país en otras partes del mundo.

Por ejemplo, el doctor Camacho Lara señala que, hasta las últimas tres décadas del siglo pasado, el país se mantuvo en una política de incursión espacial, pero lo hizo solamente para adquirir satélites de comunicación, mismos que fueron comprados y diseñados, en buena medida, por empresas y especialistas extranjeros.

No obstante, el profesor universitario y exfuncionario de la ONU refiere que México tiene todo el potencial humano para llevar a cabo la elaboración de satélites, e incluso naves espaciales propias, entre otros artefactos, con capital humano nacional.

Las ciencias relacionadas al espacio y la aeronáutica se consolidan rápidamente en el contexto global con mayor crecimiento. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Mejorar la vida en la Tierra desde el espacio

Originario del Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, André González Reyes llegó a Puebla hace más de cuatro años para construir el andamiaje de sus sueños y convertirse en el primer científico de su familia.

El joven actualmente estudia Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Sin siquiera haberse graduado todavía, el estudiante ya desarrolló varias herramientas científicas, como una sonda de observación volcánica, y actualmente contribuye en un esfuerzo mundial para construir nanosatélites.

Estar lejos de casa, por ahora, es un reto y a la vez una motivación para André. Antes de siquiera iniciar la carrera ya soñaba con las estrellas y el espacio, y buscaba que su pasión lo ayudara a mejorar la vida de su comunidad. Es así como eligió su camino en la ciencia.

Su intención es que, mediante el uso de tecnologías satelitales, los campesinos y habitantes del Istmo puedan mejorar su calidad de vida.

“Algo que me motivó fue ver que con esta tecnología espacial se puede predecir o analizar, hasta cierto punto, situaciones, como por ejemplo, los deslaves de cerros, inundaciones, que es algo que ocurre mucho en Oaxaca. Se pueden monitorear todas estas condiciones ambientales y meteorológicas que, al final del día, benefician a la sociedad”, comparte el joven estudiante.

Recientemente la UPAEP firmó un convenio con la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (Jaxa, por sus siglas en el idioma nipón), la cual, a su vez, pactó con diversas instituciones de educación superior alrededor del mundo.

El objetivo de este proyecto, en el que André está involucrado, consiste en la elaboración de un nanosatélite con el cual se podrán analizar las condiciones físicas y químicas de diversos volcanes alrededor del mundo.

Este artefacto, que actualmente se construye en Puebla, será puesto en órbita desde la Estación Espacial Internacional (EEI) en próximos meses.

“Lo que nos da [Jaxa] es el lanzador, para ponerlo en órbita y liberarlo con el Kibo, así se llama el brazo que lo libera, que está en la EEI. Empezamos con trabajo práctico a partir de mediados del año pasado (...) Debemos tenerlo listo este año y después, para lanzarlo, depende de Japón”, explica.

Puebla logró ser partícipe del proyecto de telescopio espacial James Webb por medio del Gran Telescopio Milimétrico (GTM). Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Identificando oportunidades

José Abel Juárez González, licenciado en Física Aplicada por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), hasta hace algunos años veía como un sueño irrealizable la posibilidad de llegar al espacio, o al menos contribuir en la creación de cohetes.

Con nostalgia, recuerda que, al ingresar a la universidad, por sus venas corría la sangre de un aventurero y soñador. Como muchos jóvenes, Abel eligió la carrera de Física porque esa era la disciplina más cercana a su deseo de indagar el infinito estudio del universo.

Aunque al inicio tuvo dudas sobre si dicha licenciatura lo acercaría o no al estudio de planetas y otros cuerpos celestes, Abel comprendió tiempo después que la incursión en las ciencias espaciales no sucede de un día para otro, pues para involucrarse en el estudio del cosmos es necesario seguir un andamiaje específico de conocimientos.

En otras palabras, una sola licenciatura no te prepara enteramente para tener las bases cognitivas para estudiar el cosmos. En el INAOE, por ejemplo, para estudiar cualquiera de los tres programas directamente relacionados al espacio, Astrofísica, Óptica, y Ciencia y Tecnología del Espacio, un estudiante requiere, según sea el caso, contar con una maestría o doctorado en una carrera afín.

Para Abel hoy resulta fundamental contribuir al desarrollo tecnológico de México. Entre sus planes a corto y mediano plazo se encuentran la elaboración de herramientas satelitales que permitan a dependencias como la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) tener mayor vigilancia sobre el territorio mexicano.

“Las aplicaciones tecnológicas espaciales no solamente es necesario ir al espacio para poder insertarse en el área espacial, sino que se pueden usar las tecnologías para beneficio de la agricultura, el urbanismo y hasta del mismo Ejército Mexicano, en la búsqueda y combate al narcotráfico”, indica.

Aunado a ello, tiene como objetivo irremplazable hacer que este tipo de conocimientos sean tangibles para más estudiantes, principalmente poblanos. Es decir, busca contribuir a la enseñanza de estas ciencias, así como la vinculación universitaria con otros organismos internacionales.

“Me apasiona aplicar la Ciencia y Tecnología del Espacio para [buscar] el desarrollo, o mejor dicho, el desarrollo sustentable de nosotros como sociedad, y también la parte de cuidar el medio ambiente (...) Mi motivación principalmente siempre fue el desarrollo y el uso de la ciencia espacial para México”, admite.

Por su parte, la maestra en Ingeniería por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Elvia Patricia Barrón, quien busca concluir la carrera de Maestría en Ciencia y Tecnología del Espacio, comparte que su objetivo es contribuir a la programación de estos artefactos.

“Me interesan mucho los fenómenos en el clima espacial. Estudio el impacto que tiene el sol con la Tierra a través de los campos magnéticos del plasma que fluye de las partículas que llegan a la Tierra de los rayos cósmicos que recibimos del más allá”, señala.

Regularmente el INAOE recibe hasta 400 solicitudes por año para ingresar a alguno de estos programas. Foto: Erik Guzmán | El Sol de Puebla

Las opciones

En 2019 la UPAEP se convirtió en referente nacional gracias al proyecto que desarrolló conjuntamente con la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), y la Agencia Espacial Mexicana (AEM), luego de que lanzó su primer nanosatélite, el cual fue denominado AztechSat-1.

Ricardo Iván Álvarez Tamayo, director de la Ingeniería en Aeroespacial de la UPAEP y doctor en Física Aplicada por la BUAP, comenta que, aunque el artefacto fue lanzado en 2019 a través de una misión de la empresa SpaceX, fue desplegado hasta 2020.

“El proyecto con la NASA fue nuestro primer proyecto. Teníamos la misión de hacer el diseño de un cubesat, un satélite pequeño, que tuviera la capacidad de ponerse en órbita y generar comunicación con una estación terrena. Todo esto se dice rápido, pero las implicaciones son muchas, hay muchas regulaciones y mucha normativa que está incluida en este proceso”, comenta.

Aunado a ello explica que en próximos meses se presentará el inicio de un nuevo proyecto, AztechSat-2, sólo que en este caso el objetivo será construir una flota de nanosatélites. También resalta la colaboración que tendrá UPAEP con Jaxa.

“El proyecto que hay con la Agencia Espacial Japonesa fue una de las de las virtudes de haber generado el conocimiento en el AztechSat-1 (...) [Jaxa] dijo, bueno, este es el satélite que vamos a apoyar para que se ponga en órbita”, precisa.

Al respecto, el estudiante de décimo semestre de Ingeniería Aeroespacial de UPAEP, Hero Sebastián Becerra-Acosta Rodríguez, quien participó en la misión del AztechSat-1, relata que haber trabajado con la NASA fue sólo el primer paso para encaminar su sueño.

“Recuerdo mucho una visita, tuve la oportunidad de ir al Kennedy Space Center, en Texas, y pues ver el museo y los cohetes, así, gigantes, es monumental. Yo dije, ‘yo quiero algún día construir algo así. Quiero ser inventor’”, comparte.

Y agrega: “Cuando se iba a lanzar el AztechSat-1 me tocó formar parte de la estación terrena. Ahí empecé a permearme de la información y los métodos de trabajo de la NASA (...) No creía que estaba formando parte de algo que de verdad se iba a hacer. Es muy impresionante”.

A la vanguardia

En todo el país, según el Conacyt, hay tres observatorios astronómicos de alta relevancia, uno de ellos es el Gran Telescopio Milimétrico (GTM), situado en la cima del volcán Sierra Negra, en Puebla, que es administrado por el INAOE y la Universidad de Massachusetts en Amherst y utilizado por sus estudiantes y docentes para realizar investigación permanente.

Esto es importante porque gracias a este artefacto Puebla logró ser partícipe del proyecto de telescopio espacial James Webb, un esfuerzo mundial con el cual se obtuvo la fotografía más nítida de un agujero negro hasta nuestros días, entre otro tipo de representaciones gráficas.

Desde Tonantzintla, el doctor en Astrofísica, Daniel Rosas González, se encarga de formar a múltiples expertos en las ciencias espaciales, además de liderar investigaciones para conocer las condiciones de otros planetas.

“Aquí estudiamos nuestra galaxia, en lo que llamamos estudios galácticos, como estudios de objetos extragalácticos, que son básicamente objetos que no pertenecen a la Vía Láctea, sino que están fuera de ella. También hacemos cosmología, que es un poco la evolución del universo a grandes rasgos, no enfocado tanto en una galaxia en particular, sino en todo”, asevera.

El académico comenta que, desde la creación del posgrado en Astrofísica se han graduado 84 personas únicamente. De ellas, el 50 por ciento de ellos labora en México en múltiples instituciones públicas y privadas, principalmente, en la investigación y academia. Por su parte, la otra mitad trabaja fuera del país, y generalmente lo hacen en agencias espaciales, telescopios y universidades.

Francisco Javier Renero Carrillo, doctor en Física Aplicada por la Universidad de Osaka, Japón, y director de Formación Académica del INAOE, explica que los posgrados relacionados al espacio se han posicionado como algunos de los más solicitados por la comunidad universitaria.

“Recibimos unas 350 o 400 solicitudes para ingresar a las maestrías, de las cuales sólo se quedan entre 100 y 120 estudiantes. En los doctorados la demanda es un poco menor, se reciben, en promedio, unas 60 y se aceptan a unos 30. El número de egresos promedio por año oscila entre los 100 y 120, pero hemos tenido picos de 130 egresados”, comparte el académico.

Regularmente el INAOE recibe hasta 400 solicitudes por año para ingresar a alguno de estos programas.

Ante esta situación, el doctor Rosas González subraya que el capital más importante del INAOE son sus egresados. Con total seguridad, el académico señala que hay especialistas graduados de este instituto en todo el mundo. Por ejemplo, muchos trabajan en universidades, pero también en centros de observación, e incluso algunas agencias espaciales.

Sin límites

Ana Paola Ayala Terrón, alumna de sexto semestre de Ingeniería en Aeroespacial en la UPAEP, se veía a sí misma como cosmonauta, o inventora para agencias como la NASA.

“Me nace la curiosidad de entrar a esta carrera porque, desde que tengo memoria, he tenido mucha curiosidad por conocer y explorar el mundo, para mí era impresionante. Desde chiquita recuerdo alzar la mirada y ver en el cielo un avión volar. Para mí era algo impresionante, yo decía, ‘¿cómo es que el humano logra eso?’. Cuando llega mi momento, supe que esto me apasiona. Tuve una gran intriga por querer conocer más, no solo dentro de nuestra Tierra, sino más allá”, relata.

A sus 21 años ya trabaja en el diseño de un nanosatélite que será enviado al espacio por Jaxa próximamente. Para llegar a este punto, relata motivada, fue necesario romper varias barreras y complementar obstáculos.

“Uno de los proyectos que me emociona bastante, y por el cual también estoy involucrada aquí, es el Shiba, [de Jaxa]. Me gustaría ver realmente este nanosatélite, que estamos haciendo en conjunto, ya en órbita. Ese es mi objetivo, ver algo en lo que colaboré y puse un granito de arena”, indica.

Finalmente, Ayala Terrón señaló que es importante que las nuevas generaciones de científicos espaciales le apuesten a que el conocimiento se quede principalmente en México, pues, aunque es importante que haya expertos mundiales preparados en el país, es fundamental que las herramientas cognitivas se reproduzcan y compartan en masa.

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