/ miércoles 19 de septiembre de 2018

"Todavía tengo miedo, a veces despierto en las noches": Valeria de 9 añitos | A un año del 19S

Pese al tiempo que ha pasado recuerda que algunos salones de su escuela se vinieron abajo, apenas unos cuantos pasos detrás de ella

Las pesadillas y la destrucción impiden a Valeria, una pequeña de nueve años de edad, que aún despierta espantada por las noches, y a doña Marcelina, una mujer casi desterrada de su propia casa, olvidar el terremoto.

A un año del sismo, en la junta auxiliar San Pedro Atlixco de este municipio acostumbrado a movimientos telúricos menores, producidos por las explosiones del volcán Popocatépetl, la gente todavía no se sobrepone a la tragedia del año pasado, los restos de las bardas colapsadas y los recuerdos de la gente mantienen viva la experiencia de aquella violenta sacudida.

Pese al tiempo que ha pasado, Valeria no ha dejado de pensar en cómo se movió el suelo que pisaba y cómo, en cuestión de segundos, salones de clases de su escuela, la Primaria "Aquiles Serdán", se vinieron abajo, apenas unos cuantos pasos detrás de ella.

Y aunque es una niña como cualquier otra, a la que agota ir a la escuela, hacer tareas y ayudar en casa, algunas noches sus sueños más profundos son interrumpidos, "todavía tengo miedo, a veces en las noches despierto porque siento que está temblando", confiesa.

Pero no sólo los pequeños sufrieron el trauma, adultos como Marcelina Cortés Torres, a sus 66 años de edad, tampoco se ha repuesto del susto de aquella fecha.

Foto: Javier Pérez

Difícilmente podrá olvidarlo, explica, porque todos los días ve los restos de la habitación de adobe que por 40 años, desde que se casó con don Benito González y en los últimos años compartió con dos nietos, fue su hogar.

Cuando llegó a su casa después del sismo, recuerda, vio el cuarto en el que vivía con cuarteaduras tan grandes que podía saber lo que sucedía del otro lado y sintió cómo las paredes se balanceaban.

Desde esa noche, continúa y hasta el mes de febrero, no tuvieron más remedio que acomodarse en un pequeño cuarto cercano, cocina de su nuera, y poco tiempo después, con los 15 mil pesos que recibió de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), adaptó un cuarto más, que era el lugar de sus animales, para vivir en él, "el gallinero le digo yo", añade.

Las pesadillas y la destrucción impiden a Valeria, una pequeña de nueve años de edad, que aún despierta espantada por las noches, y a doña Marcelina, una mujer casi desterrada de su propia casa, olvidar el terremoto.

A un año del sismo, en la junta auxiliar San Pedro Atlixco de este municipio acostumbrado a movimientos telúricos menores, producidos por las explosiones del volcán Popocatépetl, la gente todavía no se sobrepone a la tragedia del año pasado, los restos de las bardas colapsadas y los recuerdos de la gente mantienen viva la experiencia de aquella violenta sacudida.

Pese al tiempo que ha pasado, Valeria no ha dejado de pensar en cómo se movió el suelo que pisaba y cómo, en cuestión de segundos, salones de clases de su escuela, la Primaria "Aquiles Serdán", se vinieron abajo, apenas unos cuantos pasos detrás de ella.

Y aunque es una niña como cualquier otra, a la que agota ir a la escuela, hacer tareas y ayudar en casa, algunas noches sus sueños más profundos son interrumpidos, "todavía tengo miedo, a veces en las noches despierto porque siento que está temblando", confiesa.

Pero no sólo los pequeños sufrieron el trauma, adultos como Marcelina Cortés Torres, a sus 66 años de edad, tampoco se ha repuesto del susto de aquella fecha.

Foto: Javier Pérez

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