/ martes 30 de noviembre de 2021

Rafa Moreno Valle, un personaje inolvidable en el beisbol

Un promotor que le entró a todo. En 1970 dio a Puebla futbol de Primera División, y vivió tres etapas diferentes como dueño de Pericos

Rafael Moreno Valle Sánchez, es uno de los personajes que nacieron para dejar huella imborrable en la vida de todos quienes lo conocieron.

Su amor por el deporte, su entrega, su don de gente, su amistad sin condición y su preocupación por los demás, siempre, más allá de su adiós físico, lo mantendrán vigente en el recuerdo de todos los poblanos.

Contador de profesión -y de los buenos-, don Rafa siempre tuvo como su principal pasión el deporte. Desde sus épocas de estudiante en la Universidad Autónoma de Puebla, donde practicaba el basquetbol, mostró siempre el interés por la promoción deportiva.

A sus escasos 32 años, cuando Puebla no contaba todavía con una franquicia de futbol profesional, se dio a la tarea de comenzar un camino para darle a los poblanos lo que deseaban.

Pasó por tercera, segunda hasta lograr el ascenso con el Puebla en 1970, con “El Gordo” González Gatica como técnico, y encabezando la directiva en sociedad con un grupo de empresarios poblanos.

El deseo de Moreno Valle estaba cumplido.

Al poco tiempo, su amistad con don William Budib y Emilio Tame lo trasladó al beisbol. Con el regreso de los Pericos de Puebla en 1972, don Rafa fue invitado al año siguiente a unirse al proyecto, para vender a finales de 1975 la franquicia a don Jaime Pérez Avellá.

Fue así, como comenzó esa pasión por el equipo de sus amores. Trabajó de la mano de Budib y Tame, y allá por 1975 invitaron a Jaime Pérez Avellá para ser parte del grupo.

La terna de empresarios sabía de la pasión de don Jaime, a quien terminaron vendiéndole la franquicia, que al año siguiente convirtió en Ángeles de Puebla.

Don Rafa se alejó un poco del beisbol, pero a la par de su trabajo, continuó promocionando todo lo que fuera deporte.

RAFAEL MORENO SÁNCHEZ REGRESÓ AL BEISBOL

Del beisbol se mantuvo alejado cerca de dos décadas, hasta que en noviembre de 1992 decidió regresar comprando la franquicia de los Cafeteros de Córdoba a su amigo Pepe Toño Mansur. Así terminaba con un ayuno de cinco años sin pelota profesional en Puebla.

Don Rafa encabezó otro grupo de poblanos para revivir a sus Pericos, en una etapa que sólo duró entre 1993 y 1995.

“Fue difícil”, recordaba don Rafa. “Nos costó mucho trabajo levantarla, y preferimos mejor vender”, nos contaba cuando recordaba ese episodio.

“En ese tiempo solo iba la familia, pero siempre nos mantuvimos unidos. Esa fortaleza llevó a mi padre a hacer lo que hizo”, recuerda su hijo Rafita.

En ese mismo lapso, promovió el boxeo, y a principios del nuevo milenio tomó las riendas de los Lobos de la BUAP en la Liga de Ascenso, regresando a sus orígenes: el futbol.

No duró mucho tiempo, porque el gusanillo del beisbol seguía presente.

Con el regreso de los Pericos en el año 2000, cada vez que surgía el rumor de que cambiaban de plaza, aparecía el nombre de Moreno Valle para entrar al rescate.

Eran solo rumores, los cuales se convirtieron en realidad al final de la campaña de 2006, cuando con nuevo gobierno en Puebla, Carlos Peralta, dueño del equipo dijo “no más”. Se llevó a los Tigres a Cancún, y también pensó en deshacerse de Pericos.

El destino de la franquicia se enfilaba hacia Nuevo Laredo, pero allí surgió la figura de Moreno Valle. “Le dije a Carlos, no sea ca…, cómo vas a dejarnos sin beisbol. Reuní a un grupo de poblanos, y le compramos la franquicia”, contaba Moreno Valle.

A partir del 2007, apareció Moreno Valle, encabezando un grupo de inversionistas poblanos, como nuevo dueño de los Pericos.

LA MEJOR ETAPA DE MORENO VALLE SÁNCHEZ

Fue su mejor etapa con sus queridos Pericos. Tomó el mando de la nave y lo primero que hizo fue establecer la entrada gratis a todos los partidos para las personas de la tercera edad.

“Mis viejitos, antes que todo”, decía.

En esos ocho años, Pericos disputó tres finales del Sur; ganó dos de ellas, y llegó a dos finales de Liga Mexicana -2010 y 2014- que se perdieron con Saltillo y Diablos.

Con la ayuda de sus hijos -Rafa. Tony y Juan Carlos, principalmente-, movió las piezas con inteligencia para colocar a los verdes en las alturas.

Reconocía que en el 2012 le había fallado la jugada al traer a Julio Franco, pero nunca se arrepintió de la decisión “porque Julio, además de gran persona, es un gran manager. No salieron las cosas, porque así es el beisbol”, recordaba ese episodio.

En esos tiempos, también armó funciones de lucha libre y algunos otros espectáculos, para seguir con la promoción del deporte sobre el mismo diamante del Hermanos Serdán.

“Me acuerdo que en 2014, el Houston no quería ni a Berroa ni a Willy Taveras; mi papá aguantó a pie firme y mira hasta donde llegamos”, recuerda su hijo Juan Carlos.

Ya para 2014, los tiempos eran complicados, y fue cuando decidió vender la franquicia al grupo Gimsa, con la condición de que se mantuviera en Puebla.

Así fue. Gimsa se mantuvo cuatro años en Puebla, ganó dos títulos del Sur, y en 2016, el ansiado banderín de la Liga Mexicana para acabar con el ayuno de 30 años sin un título de una organización poblana.

Moreno Valle lo disfrutó desde su nuevo palco, a un lado de la zona de prensa, donde disfrutó como ninguno el título.

A partir de entonces acudió al Serdán como aficionado, gozando cada jugada de sus Pericos.

Se adentró en sus negocios, pero su espíritu de promotor jamás lo abandonó. Apoyó a sus hijos en sus nuevos proyectos de Golf dentro de La Vista y se unió a promociones Don Bull, para hacer empresa y presentar las corridas de toros en “El Relicario”, a partir de 2019, hasta el día de su adiós.

“Así era mi padre de apasionado”, recuerda su hijo Tony Moreno Valle, quien vivió inolvidables momentos a su lado, muchos de ellos en esa gran etapa con los Pericos.

Esa tarde de 30 de noviembre de 2020 la noticia de su muerte nos cimbró a todos. Luchó a lo largo de todo noviembre, pero ya no pudo resistir más.

Hoy, se cumple un año de su partida, pero esa huella que dejó don Rafa, lo mantendrán siempre presente en el recuerdo de quienes lo conocieron y algún día compartieron con él.

“Porque mi padre era amigo de todos y a todo mundo saludaba con cariño, aunque no se acordara de él”, rememoró el día de su despedida, Javi, su hijo menor.

Ese era don Rafa.


Rafael Moreno Valle Sánchez, es uno de los personajes que nacieron para dejar huella imborrable en la vida de todos quienes lo conocieron.

Su amor por el deporte, su entrega, su don de gente, su amistad sin condición y su preocupación por los demás, siempre, más allá de su adiós físico, lo mantendrán vigente en el recuerdo de todos los poblanos.

Contador de profesión -y de los buenos-, don Rafa siempre tuvo como su principal pasión el deporte. Desde sus épocas de estudiante en la Universidad Autónoma de Puebla, donde practicaba el basquetbol, mostró siempre el interés por la promoción deportiva.

A sus escasos 32 años, cuando Puebla no contaba todavía con una franquicia de futbol profesional, se dio a la tarea de comenzar un camino para darle a los poblanos lo que deseaban.

Pasó por tercera, segunda hasta lograr el ascenso con el Puebla en 1970, con “El Gordo” González Gatica como técnico, y encabezando la directiva en sociedad con un grupo de empresarios poblanos.

El deseo de Moreno Valle estaba cumplido.

Al poco tiempo, su amistad con don William Budib y Emilio Tame lo trasladó al beisbol. Con el regreso de los Pericos de Puebla en 1972, don Rafa fue invitado al año siguiente a unirse al proyecto, para vender a finales de 1975 la franquicia a don Jaime Pérez Avellá.

Fue así, como comenzó esa pasión por el equipo de sus amores. Trabajó de la mano de Budib y Tame, y allá por 1975 invitaron a Jaime Pérez Avellá para ser parte del grupo.

La terna de empresarios sabía de la pasión de don Jaime, a quien terminaron vendiéndole la franquicia, que al año siguiente convirtió en Ángeles de Puebla.

Don Rafa se alejó un poco del beisbol, pero a la par de su trabajo, continuó promocionando todo lo que fuera deporte.

RAFAEL MORENO SÁNCHEZ REGRESÓ AL BEISBOL

Del beisbol se mantuvo alejado cerca de dos décadas, hasta que en noviembre de 1992 decidió regresar comprando la franquicia de los Cafeteros de Córdoba a su amigo Pepe Toño Mansur. Así terminaba con un ayuno de cinco años sin pelota profesional en Puebla.

Don Rafa encabezó otro grupo de poblanos para revivir a sus Pericos, en una etapa que sólo duró entre 1993 y 1995.

“Fue difícil”, recordaba don Rafa. “Nos costó mucho trabajo levantarla, y preferimos mejor vender”, nos contaba cuando recordaba ese episodio.

“En ese tiempo solo iba la familia, pero siempre nos mantuvimos unidos. Esa fortaleza llevó a mi padre a hacer lo que hizo”, recuerda su hijo Rafita.

En ese mismo lapso, promovió el boxeo, y a principios del nuevo milenio tomó las riendas de los Lobos de la BUAP en la Liga de Ascenso, regresando a sus orígenes: el futbol.

No duró mucho tiempo, porque el gusanillo del beisbol seguía presente.

Con el regreso de los Pericos en el año 2000, cada vez que surgía el rumor de que cambiaban de plaza, aparecía el nombre de Moreno Valle para entrar al rescate.

Eran solo rumores, los cuales se convirtieron en realidad al final de la campaña de 2006, cuando con nuevo gobierno en Puebla, Carlos Peralta, dueño del equipo dijo “no más”. Se llevó a los Tigres a Cancún, y también pensó en deshacerse de Pericos.

El destino de la franquicia se enfilaba hacia Nuevo Laredo, pero allí surgió la figura de Moreno Valle. “Le dije a Carlos, no sea ca…, cómo vas a dejarnos sin beisbol. Reuní a un grupo de poblanos, y le compramos la franquicia”, contaba Moreno Valle.

A partir del 2007, apareció Moreno Valle, encabezando un grupo de inversionistas poblanos, como nuevo dueño de los Pericos.

LA MEJOR ETAPA DE MORENO VALLE SÁNCHEZ

Fue su mejor etapa con sus queridos Pericos. Tomó el mando de la nave y lo primero que hizo fue establecer la entrada gratis a todos los partidos para las personas de la tercera edad.

“Mis viejitos, antes que todo”, decía.

En esos ocho años, Pericos disputó tres finales del Sur; ganó dos de ellas, y llegó a dos finales de Liga Mexicana -2010 y 2014- que se perdieron con Saltillo y Diablos.

Con la ayuda de sus hijos -Rafa. Tony y Juan Carlos, principalmente-, movió las piezas con inteligencia para colocar a los verdes en las alturas.

Reconocía que en el 2012 le había fallado la jugada al traer a Julio Franco, pero nunca se arrepintió de la decisión “porque Julio, además de gran persona, es un gran manager. No salieron las cosas, porque así es el beisbol”, recordaba ese episodio.

En esos tiempos, también armó funciones de lucha libre y algunos otros espectáculos, para seguir con la promoción del deporte sobre el mismo diamante del Hermanos Serdán.

“Me acuerdo que en 2014, el Houston no quería ni a Berroa ni a Willy Taveras; mi papá aguantó a pie firme y mira hasta donde llegamos”, recuerda su hijo Juan Carlos.

Ya para 2014, los tiempos eran complicados, y fue cuando decidió vender la franquicia al grupo Gimsa, con la condición de que se mantuviera en Puebla.

Así fue. Gimsa se mantuvo cuatro años en Puebla, ganó dos títulos del Sur, y en 2016, el ansiado banderín de la Liga Mexicana para acabar con el ayuno de 30 años sin un título de una organización poblana.

Moreno Valle lo disfrutó desde su nuevo palco, a un lado de la zona de prensa, donde disfrutó como ninguno el título.

A partir de entonces acudió al Serdán como aficionado, gozando cada jugada de sus Pericos.

Se adentró en sus negocios, pero su espíritu de promotor jamás lo abandonó. Apoyó a sus hijos en sus nuevos proyectos de Golf dentro de La Vista y se unió a promociones Don Bull, para hacer empresa y presentar las corridas de toros en “El Relicario”, a partir de 2019, hasta el día de su adiós.

“Así era mi padre de apasionado”, recuerda su hijo Tony Moreno Valle, quien vivió inolvidables momentos a su lado, muchos de ellos en esa gran etapa con los Pericos.

Esa tarde de 30 de noviembre de 2020 la noticia de su muerte nos cimbró a todos. Luchó a lo largo de todo noviembre, pero ya no pudo resistir más.

Hoy, se cumple un año de su partida, pero esa huella que dejó don Rafa, lo mantendrán siempre presente en el recuerdo de quienes lo conocieron y algún día compartieron con él.

“Porque mi padre era amigo de todos y a todo mundo saludaba con cariño, aunque no se acordara de él”, rememoró el día de su despedida, Javi, su hijo menor.

Ese era don Rafa.


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