/ lunes 19 de septiembre de 2022

Sismo 19-S: 'Hay imágenes de caos que jamás se nos van a olvidar'

Mario Alberto Ramírez Mauleón, encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja, no olvida la tensión e impotencia que vivió en el sismo de 2017 

“Para quienes vivimos en el Centro de la ciudad de Puebla, hay imágenes de caos que jamás se nos van a olvidar, y como paramédico, es inolvidable esa tensión e impotencia de no poder llegar con prontitud a los lugares que nos requerían, me tocó sólo llegar a confirmar la muerte de una persona, fue un caos que nos dejó enseñanzas sobre reforzar en la gente la educación en materia de Protección Civil”, de esta forma es como un paramédico de 60 años de edad y 37 en activo, recuerda lo vivido durante el terremoto de 7.1 grados ocurrido el 19 de septiembre de 2017, en el que murieron 46 personas y 18 municipios de la entidad poblana registraron diversos daños.

Mario Alberto Ramírez Mauleón, encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja Mexicana, ha vivido y ayudado en dos terremotos importantes, los ocurridos los 19 de septiembre de 1985 así como de 2017.

Para el socorrista, la experiencia en ambos casos fue distinta, sin embargo, en los dos eventos, su vida también estuvo en riesgo, en mayor medida, en 1985 cuando, resaltó, no existían protocolos de Protección Civil.

“Hay una diferencia entre uno y otro, porque en el primer terremoto no había protocolos de Protección Civil, no existían como tal, y el sismo del 85 fue el detonante para que se diera la Protección Civil, y para 2017 ya había varios protocolos, planes de evacuación, y la gente participó en simulacros y eso pudo haber hecho la diferencia, ambos casos fueron muy intensos. En el 85 fue una situación complicada y catastrófica, mucha gente atrapada, edificios derrumbados, las labores de rescate fueron muy fuertes e improvisadas porque no había la tecnología que hoy ya hay”, narró el entrevistado.

Sin embargo, esta tragedia, aseveró, generó un cambio y para 2017 ya se contaba con planeación, herramientas, personas más preparadas en el rescate de estructuras colapsadas, en la detección y rescate de personas atrapadas.

Socorristas están preparados para enfrentar ese tipo de situaciones. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Pese a las dificultades técnicas y tecnológicas, Mario Alberto Ramírez Mauleón señaló que su principal satisfacción ha sido ayudar en eventos tan lamentables, pues como paramédicos deben tener la convicción de “ayudar a alguien en el momento más complicado de sus vidas, ayudar a una persona porque se le cayó parte de la vivienda encima, que quedó atrapada al intentar salir de un edificio y este se cayó, es algo para lo que nos preparamos en esta noble labor”, comentó.

A la par destacó que como socorristas están preparados para enfrentar ese tipo de situaciones pues incluso recuerda cómo en el terremoto del 85 en la Ciudad de México, le tocó entrar a un edificio en la colonia Narvarte, donde el hueco de entrada era de 90 centímetros de alto por 50 de ancho, de tal forma que tenían que entrar a gatas o arrastrándose para poder llegar a un cuarto nivel en un edificio de 12 pisos.

“Los espacios eran muy reducidos, no había luz, no habían condiciones para poder ubicarte y te guiabas con lo poco que te decían afuera del edificio, del cual logramos salir y era muy complicado, son momentos de incertidumbre, hubo una réplica y gente de nosotros que estaba dentro, tuvo que evacuar por el movimiento que hubo en ese momento y prácticamente estás con el Jesús en la boca de saber si sales o no sales con vida en medio de apuntalamientos improvisados, pero con toda la actitud de poder sacar a la gente y poder salvar a las personas que se pudiera”, relató.

Estaban en el sótano de un hospital de 10 pisos cuando tembló; al salir todo era caos

El 19 de septiembre de 2017, para el encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja Mexicana, el día empezó con un macrosimulacro organizado por el municipio de Puebla; después de dicho ejercicio llegó la evaluación de la actividad, por lo que Mario Alberto junto con una paramédico de Cruz Roja y otros representantes de diversas corporaciones y cuerpos de auxilio se reunieron en una sala de juntas, ubicada en el sótano de un hospital ubicado al sur de Puebla, pero ese día, mientras analizaban cómo se había llevado a cabo el simulacro, vino un terremoto de 7.1 grados en escala de Richter que sacudió a Puebla y otros estados aledaños.

“Cuando empezó el temblor después de la 1 de la tarde, no nos dio tiempo de salir, nos quedamos adentro, no había señal en los celulares y no escuchamos la alerta sísmica, en ese hospital se fue la luz y no se veía nada, iba una paramédico conmigo y ella se quería ir, pero le dije que se esperara, los médicos se resguardaron debajo de las mesas en la sala de juntas, algunos salieron corriendo, pero a los diez metros se quedó todo obscuro, esperamos debajo de un marco a que pasara el sismo, obviamente pensando que teníamos un edificio de más de diez pisos, eran momentos de mucha angustia, la obscuridad y un lugar totalmente desconocido, te impone”, recordó el declarante.

Paramédicos deben sobreponerse a la ansiedad. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Una vez que todo pasó y salieron del sótano, vieron lo sucedido, tuvieron que ayudar a gente del mismo hospital y después atender muchas llamadas de auxilio para atender a varias personas en diversos puntos de la ciudad.

“Por el radio empezamos a recibir llamadas de que querían ayuda en el Centro, en San Francisco, la 11 Sur y 13 Poniente, una preparatoria de la 8 Oriente de la Buap, que es a donde fui asignado; tuvimos que atender a algunas personas del hospital donde estábamos, porque las puertas se rompieron y la gente entró en pánico e histeria y tuvimos que evacuar pero nos tuvimos que ir para prestar ayuda, cuando salimos del lugar para adentrarnos a la ciudad por la Vía Atlixcáyotl, todo era un caos, todo mundo quería salir para todos lados”, siguió contando Ramírez Mauleón.

Debido a la situación anterior, un trayecto de 15 minutos con sirena abierta, ese día, tuvo que esperar 45 minutos para poder llegar a una preparatoria ubicada en la avenida 8 Oriente, donde se cayeron cornisas del patio central y un trozo de concretó golpeó a un hombre que le quitó la vida.

“Ya no pudimos hacer nada por él y ahí fue cuando entendí la magnitud de lo que estábamos viviendo, había caos, histeria, desorganización, muchas llamadas por todos lados, y el tráfico obstaculizaba el paso a los servicios de emergencia. Compañeros de la Cruz Roja pedían ayuda para trasladar a personas, a una le cayó parte de la cruz de hierro que se encontraba en la cúpula de la iglesia de San Francisco, tuvieron que trasladar a las personas en camilla, caminando debido a los tiempos de respuesta por la saturación de tráfico en la ciudad y trayectos muy largos”, compartió el especialista en la medicina, quien recordó otros caso más como el de madre e hija que murieron abrazadas luego de que les cayera una losa que se desprendió de la escuela Héroes de la Reforma.

“Para muchas de las personas que vivimos en la ciudad de Puebla, va a haber imágenes que nunca vamos a olvidar de toda la vida, de lo complicado que era y de los difícil que eran los lugares para poder atender a todos los lesionados que había, después de eso hicimos un ejercicio para saber las áreas de oportunidad que teníamos para ocasiones futuras, y llegamos a la conclusión de que debemos ayudar a la gente a manejar los protocolos de Protección Civil, de evacuación de edificios, cuándo sí y cuándo no evacuar, educar a los niños que ya puedan entenderlo, a que sepan cómo salir de una casa o de una escuela”, opinó el entrevistado.

El representante de Cruz Roja Mexicana consideró que es importante guardar la calma pues hay cosas que se quieren resolver y no se pueden resolver, pues en esos momentos hay mucha gente que quiere llegar a su casa, a la escuela de sus hijos y realmente no se puede hacer nada, por lo que insistió en que se debe trabajar en mantener la calma, no querer resolver cosas que no se pueden en ese momento y educar a los menores, además de hacer planeaciones de cómo evacuar los hogares, estudiar en qué partes resguardarse y contar con una maleta de botiquín, así como papeles o documentos organizados, a la mano.

Mario Alberto Ramírez Mauleón, encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja, no olvida la tensión e impotencia que vivió en el sismo de 2017. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Paramédicos deben sobreponerse a la ansiedad

Finalmente, el paramédico con más de tres décadas de experiencia, confesó que un paramédico, como cualquier ser humano en una situación de desastre se ve amenazado por la ansiedad, el miedo y la angustia, ya sea porque su vida o la de sus familiares está en peligro, pero al final, con la preparación, los años y la ayuda de la gente más experimentada, dejan a un lado esas emociones para poder enfocarse en ayudar a quienes los necesite, sin importar que sean jornadas de uno, dos, tres días o incluso meses.

“Recuerdo que la paramédico que ese día iba conmigo pues tenía hijos en edad escolar, los dejaba encargados y estaban a punto de salir de la escuela y le entró la ansiedad de saber qué había pasado con sus hijos, si su escuela estaba bien o no; en mi caso afortunadamente entró un mensaje de mi hija que estaba bien y eso me dio un poco de tranquilidad, fue un momento de suerte y bueno, pude enfocarme a lo que tenía que hacer que era ayudar a la población, pero la paramédico sobrepuso todo para poder atender la situación, y estar concentrada para manejar en un momento crítico, tenemos que echarnos la mano, y después de una hora le dijeron que sus hijos estaban bien”, explicó.

En ese sentido agregó que paramédicos, rescatistas y todo personal de auxilio sabe perfectamente bien que cuando se registran desastres como los sismos con grandes afectaciones, llegan días pesados de trabajo, donde la delegación o un lugar se vuelve su casa, sin poder ver a su familia en muchas horas o días.

“Después de la intensa jornada en Puebla, nos pidieron ayuda para Izúcar de Matamoros, la Ciudad de México y se convocó a voluntarios, evaluadores de daños, especialistas en estructuras colapsadas, mucho recurso humano; en este tipo de cosas, los voluntarios, por convicción, sin importar nada, acuden y en un día yo ya tenía disponibles a 80 personas. Hay quienes no regresaron a casa después de ocho días y después el trabajo con la entrega de despensas, cargar tráileres para Oaxaca, Izúcar y varios lugares se volvieron jornadas de 24 horas entre turnos, por tres meses”, finalizó no sin antes, dejar un mensaje para sus colegas.

Sismo 19-S: 'Hay imágenes de caos que jamás se nos van a olvidar'. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Al respecto, el representante de Cruz Roja Mexicana, delegación Puebla, pidió a sus colegas sobreponer su pasión por esta actividad, recordar que están preparados de forma sicológica y técnica y que se debe tener la mente fría para poder enfocarse al trabajo, simplemente sacar a relucir esa convicción de amor por la labor, sobre lo que se está viviendo.

“Para quienes vivimos en el Centro de la ciudad de Puebla, hay imágenes de caos que jamás se nos van a olvidar, y como paramédico, es inolvidable esa tensión e impotencia de no poder llegar con prontitud a los lugares que nos requerían, me tocó sólo llegar a confirmar la muerte de una persona, fue un caos que nos dejó enseñanzas sobre reforzar en la gente la educación en materia de Protección Civil”, de esta forma es como un paramédico de 60 años de edad y 37 en activo, recuerda lo vivido durante el terremoto de 7.1 grados ocurrido el 19 de septiembre de 2017, en el que murieron 46 personas y 18 municipios de la entidad poblana registraron diversos daños.

Mario Alberto Ramírez Mauleón, encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja Mexicana, ha vivido y ayudado en dos terremotos importantes, los ocurridos los 19 de septiembre de 1985 así como de 2017.

Para el socorrista, la experiencia en ambos casos fue distinta, sin embargo, en los dos eventos, su vida también estuvo en riesgo, en mayor medida, en 1985 cuando, resaltó, no existían protocolos de Protección Civil.

“Hay una diferencia entre uno y otro, porque en el primer terremoto no había protocolos de Protección Civil, no existían como tal, y el sismo del 85 fue el detonante para que se diera la Protección Civil, y para 2017 ya había varios protocolos, planes de evacuación, y la gente participó en simulacros y eso pudo haber hecho la diferencia, ambos casos fueron muy intensos. En el 85 fue una situación complicada y catastrófica, mucha gente atrapada, edificios derrumbados, las labores de rescate fueron muy fuertes e improvisadas porque no había la tecnología que hoy ya hay”, narró el entrevistado.

Sin embargo, esta tragedia, aseveró, generó un cambio y para 2017 ya se contaba con planeación, herramientas, personas más preparadas en el rescate de estructuras colapsadas, en la detección y rescate de personas atrapadas.

Socorristas están preparados para enfrentar ese tipo de situaciones. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Pese a las dificultades técnicas y tecnológicas, Mario Alberto Ramírez Mauleón señaló que su principal satisfacción ha sido ayudar en eventos tan lamentables, pues como paramédicos deben tener la convicción de “ayudar a alguien en el momento más complicado de sus vidas, ayudar a una persona porque se le cayó parte de la vivienda encima, que quedó atrapada al intentar salir de un edificio y este se cayó, es algo para lo que nos preparamos en esta noble labor”, comentó.

A la par destacó que como socorristas están preparados para enfrentar ese tipo de situaciones pues incluso recuerda cómo en el terremoto del 85 en la Ciudad de México, le tocó entrar a un edificio en la colonia Narvarte, donde el hueco de entrada era de 90 centímetros de alto por 50 de ancho, de tal forma que tenían que entrar a gatas o arrastrándose para poder llegar a un cuarto nivel en un edificio de 12 pisos.

“Los espacios eran muy reducidos, no había luz, no habían condiciones para poder ubicarte y te guiabas con lo poco que te decían afuera del edificio, del cual logramos salir y era muy complicado, son momentos de incertidumbre, hubo una réplica y gente de nosotros que estaba dentro, tuvo que evacuar por el movimiento que hubo en ese momento y prácticamente estás con el Jesús en la boca de saber si sales o no sales con vida en medio de apuntalamientos improvisados, pero con toda la actitud de poder sacar a la gente y poder salvar a las personas que se pudiera”, relató.

Estaban en el sótano de un hospital de 10 pisos cuando tembló; al salir todo era caos

El 19 de septiembre de 2017, para el encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja Mexicana, el día empezó con un macrosimulacro organizado por el municipio de Puebla; después de dicho ejercicio llegó la evaluación de la actividad, por lo que Mario Alberto junto con una paramédico de Cruz Roja y otros representantes de diversas corporaciones y cuerpos de auxilio se reunieron en una sala de juntas, ubicada en el sótano de un hospital ubicado al sur de Puebla, pero ese día, mientras analizaban cómo se había llevado a cabo el simulacro, vino un terremoto de 7.1 grados en escala de Richter que sacudió a Puebla y otros estados aledaños.

“Cuando empezó el temblor después de la 1 de la tarde, no nos dio tiempo de salir, nos quedamos adentro, no había señal en los celulares y no escuchamos la alerta sísmica, en ese hospital se fue la luz y no se veía nada, iba una paramédico conmigo y ella se quería ir, pero le dije que se esperara, los médicos se resguardaron debajo de las mesas en la sala de juntas, algunos salieron corriendo, pero a los diez metros se quedó todo obscuro, esperamos debajo de un marco a que pasara el sismo, obviamente pensando que teníamos un edificio de más de diez pisos, eran momentos de mucha angustia, la obscuridad y un lugar totalmente desconocido, te impone”, recordó el declarante.

Paramédicos deben sobreponerse a la ansiedad. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Una vez que todo pasó y salieron del sótano, vieron lo sucedido, tuvieron que ayudar a gente del mismo hospital y después atender muchas llamadas de auxilio para atender a varias personas en diversos puntos de la ciudad.

“Por el radio empezamos a recibir llamadas de que querían ayuda en el Centro, en San Francisco, la 11 Sur y 13 Poniente, una preparatoria de la 8 Oriente de la Buap, que es a donde fui asignado; tuvimos que atender a algunas personas del hospital donde estábamos, porque las puertas se rompieron y la gente entró en pánico e histeria y tuvimos que evacuar pero nos tuvimos que ir para prestar ayuda, cuando salimos del lugar para adentrarnos a la ciudad por la Vía Atlixcáyotl, todo era un caos, todo mundo quería salir para todos lados”, siguió contando Ramírez Mauleón.

Debido a la situación anterior, un trayecto de 15 minutos con sirena abierta, ese día, tuvo que esperar 45 minutos para poder llegar a una preparatoria ubicada en la avenida 8 Oriente, donde se cayeron cornisas del patio central y un trozo de concretó golpeó a un hombre que le quitó la vida.

“Ya no pudimos hacer nada por él y ahí fue cuando entendí la magnitud de lo que estábamos viviendo, había caos, histeria, desorganización, muchas llamadas por todos lados, y el tráfico obstaculizaba el paso a los servicios de emergencia. Compañeros de la Cruz Roja pedían ayuda para trasladar a personas, a una le cayó parte de la cruz de hierro que se encontraba en la cúpula de la iglesia de San Francisco, tuvieron que trasladar a las personas en camilla, caminando debido a los tiempos de respuesta por la saturación de tráfico en la ciudad y trayectos muy largos”, compartió el especialista en la medicina, quien recordó otros caso más como el de madre e hija que murieron abrazadas luego de que les cayera una losa que se desprendió de la escuela Héroes de la Reforma.

“Para muchas de las personas que vivimos en la ciudad de Puebla, va a haber imágenes que nunca vamos a olvidar de toda la vida, de lo complicado que era y de los difícil que eran los lugares para poder atender a todos los lesionados que había, después de eso hicimos un ejercicio para saber las áreas de oportunidad que teníamos para ocasiones futuras, y llegamos a la conclusión de que debemos ayudar a la gente a manejar los protocolos de Protección Civil, de evacuación de edificios, cuándo sí y cuándo no evacuar, educar a los niños que ya puedan entenderlo, a que sepan cómo salir de una casa o de una escuela”, opinó el entrevistado.

El representante de Cruz Roja Mexicana consideró que es importante guardar la calma pues hay cosas que se quieren resolver y no se pueden resolver, pues en esos momentos hay mucha gente que quiere llegar a su casa, a la escuela de sus hijos y realmente no se puede hacer nada, por lo que insistió en que se debe trabajar en mantener la calma, no querer resolver cosas que no se pueden en ese momento y educar a los menores, además de hacer planeaciones de cómo evacuar los hogares, estudiar en qué partes resguardarse y contar con una maleta de botiquín, así como papeles o documentos organizados, a la mano.

Mario Alberto Ramírez Mauleón, encargado de la Coordinación Estatal de Socorros de Cruz Roja, no olvida la tensión e impotencia que vivió en el sismo de 2017. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Paramédicos deben sobreponerse a la ansiedad

Finalmente, el paramédico con más de tres décadas de experiencia, confesó que un paramédico, como cualquier ser humano en una situación de desastre se ve amenazado por la ansiedad, el miedo y la angustia, ya sea porque su vida o la de sus familiares está en peligro, pero al final, con la preparación, los años y la ayuda de la gente más experimentada, dejan a un lado esas emociones para poder enfocarse en ayudar a quienes los necesite, sin importar que sean jornadas de uno, dos, tres días o incluso meses.

“Recuerdo que la paramédico que ese día iba conmigo pues tenía hijos en edad escolar, los dejaba encargados y estaban a punto de salir de la escuela y le entró la ansiedad de saber qué había pasado con sus hijos, si su escuela estaba bien o no; en mi caso afortunadamente entró un mensaje de mi hija que estaba bien y eso me dio un poco de tranquilidad, fue un momento de suerte y bueno, pude enfocarme a lo que tenía que hacer que era ayudar a la población, pero la paramédico sobrepuso todo para poder atender la situación, y estar concentrada para manejar en un momento crítico, tenemos que echarnos la mano, y después de una hora le dijeron que sus hijos estaban bien”, explicó.

En ese sentido agregó que paramédicos, rescatistas y todo personal de auxilio sabe perfectamente bien que cuando se registran desastres como los sismos con grandes afectaciones, llegan días pesados de trabajo, donde la delegación o un lugar se vuelve su casa, sin poder ver a su familia en muchas horas o días.

“Después de la intensa jornada en Puebla, nos pidieron ayuda para Izúcar de Matamoros, la Ciudad de México y se convocó a voluntarios, evaluadores de daños, especialistas en estructuras colapsadas, mucho recurso humano; en este tipo de cosas, los voluntarios, por convicción, sin importar nada, acuden y en un día yo ya tenía disponibles a 80 personas. Hay quienes no regresaron a casa después de ocho días y después el trabajo con la entrega de despensas, cargar tráileres para Oaxaca, Izúcar y varios lugares se volvieron jornadas de 24 horas entre turnos, por tres meses”, finalizó no sin antes, dejar un mensaje para sus colegas.

Sismo 19-S: 'Hay imágenes de caos que jamás se nos van a olvidar'. Foto: Archivo El Sol de Puebla

Al respecto, el representante de Cruz Roja Mexicana, delegación Puebla, pidió a sus colegas sobreponer su pasión por esta actividad, recordar que están preparados de forma sicológica y técnica y que se debe tener la mente fría para poder enfocarse al trabajo, simplemente sacar a relucir esa convicción de amor por la labor, sobre lo que se está viviendo.

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