/ martes 13 de marzo de 2018

Para que nos alcance la lana

La economía, junto con la inseguridad y el combate a la corrupción, es una de las grandes preocupaciones de la población. Los datos macroeconómicos dan pocos motivos para el optimismo. El Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un crecimiento del 1.4% en 2013; de 2.2% en 2014; de 2.5% en 2015; y de 2.3% en 2016. Un desempeño muy pobre. En 2012, el tipo de cambio era de 13.1 pesos por dólar, y desde entonces y hasta el año pasado y lo que va de este, ha aumentado de manera constante hasta ubicarse en 18.9 pesos por dólar, aproximadamente. La inflación, que en 2015 fue de 2.16%, aumentó hasta llegar, en 2017, a un acumulado de 6.63%.

Lo que ningún tecnócrata o vocero del gobierno federal ha podido explicar es por qué cuando en los mercados internacionales los precios de los combustibles bajan, en México suben o se quedan igual y, lo más importante, cómo este hecho, desde la perspectiva del gobierno, resulta positivo para nuestra economía y en beneficio de los sectores populares de nuestra sociedad. Uno de los elementos más preocupantes y que más dañan a la economía familiar es la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y de sus familias.

El empleo en Puebla es uno de los peor pagados del país. De acuerdo a cifras del Informe Laboral de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, publicado en este mes, los poblanos ganan casi mil pesos mensuales menos que el promedio nacional; es decir, un trabajador poblano gana mensualmente 4 mil 500 pesos aproximadamente; mientras que el trabajador promedio en el país gana 5 mil 869 pesos. Por si esto fuera poco, en 2017 Puebla fue uno de los estados con mayor inflación, lo que provoca que la canasta básica en nuestro estado sea más cara que en el resto del país. Más preocupante aún es el hecho de que solo el 36.8% de la población ocupada tienen registro ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Esto significa que el 63.2% de los poblanos trabaja en la informalidad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en Puebla al cuarto semestre de 2016 había 595 mil 502 poblanos recibiendo ingresos menores a un salario mínimo, por lo que casi una cuarta parte de la población activa laboralmente tiene dificultades para cubrir los gastos alimenticios. ¿Cuál es la conclusión elemental de todos estos datos? Simple: al poblano promedio no le alcanza para sobrevivir. Cifras de CONEVAL establecen que 47.6% de los poblanos no tienen ni para cubrir la canasta básica.

Estos son algunos de los datos que ilustran la realidad que viven miles de familias y al mismo tiempo implica un enorme desafío. Por culpa de gobiernos corruptos e ineficientes, la economía está estancada y los recursos desviados o al servicio de proyectos personales. Urge terminar con la corrupción e impulsar un nuevo proyecto económico que permita a las familias tener ingresos dignos para satisfacer sus necesidades básicas. Esta es la realidad de nuestro estado y no la visión de prosperidad que se quiso imponer desde el poder y desde un proyecto personal y familiar.

TWITTER: @MBarbosaMX

La economía, junto con la inseguridad y el combate a la corrupción, es una de las grandes preocupaciones de la población. Los datos macroeconómicos dan pocos motivos para el optimismo. El Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un crecimiento del 1.4% en 2013; de 2.2% en 2014; de 2.5% en 2015; y de 2.3% en 2016. Un desempeño muy pobre. En 2012, el tipo de cambio era de 13.1 pesos por dólar, y desde entonces y hasta el año pasado y lo que va de este, ha aumentado de manera constante hasta ubicarse en 18.9 pesos por dólar, aproximadamente. La inflación, que en 2015 fue de 2.16%, aumentó hasta llegar, en 2017, a un acumulado de 6.63%.

Lo que ningún tecnócrata o vocero del gobierno federal ha podido explicar es por qué cuando en los mercados internacionales los precios de los combustibles bajan, en México suben o se quedan igual y, lo más importante, cómo este hecho, desde la perspectiva del gobierno, resulta positivo para nuestra economía y en beneficio de los sectores populares de nuestra sociedad. Uno de los elementos más preocupantes y que más dañan a la economía familiar es la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y de sus familias.

El empleo en Puebla es uno de los peor pagados del país. De acuerdo a cifras del Informe Laboral de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, publicado en este mes, los poblanos ganan casi mil pesos mensuales menos que el promedio nacional; es decir, un trabajador poblano gana mensualmente 4 mil 500 pesos aproximadamente; mientras que el trabajador promedio en el país gana 5 mil 869 pesos. Por si esto fuera poco, en 2017 Puebla fue uno de los estados con mayor inflación, lo que provoca que la canasta básica en nuestro estado sea más cara que en el resto del país. Más preocupante aún es el hecho de que solo el 36.8% de la población ocupada tienen registro ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Esto significa que el 63.2% de los poblanos trabaja en la informalidad.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en Puebla al cuarto semestre de 2016 había 595 mil 502 poblanos recibiendo ingresos menores a un salario mínimo, por lo que casi una cuarta parte de la población activa laboralmente tiene dificultades para cubrir los gastos alimenticios. ¿Cuál es la conclusión elemental de todos estos datos? Simple: al poblano promedio no le alcanza para sobrevivir. Cifras de CONEVAL establecen que 47.6% de los poblanos no tienen ni para cubrir la canasta básica.

Estos son algunos de los datos que ilustran la realidad que viven miles de familias y al mismo tiempo implica un enorme desafío. Por culpa de gobiernos corruptos e ineficientes, la economía está estancada y los recursos desviados o al servicio de proyectos personales. Urge terminar con la corrupción e impulsar un nuevo proyecto económico que permita a las familias tener ingresos dignos para satisfacer sus necesidades básicas. Esta es la realidad de nuestro estado y no la visión de prosperidad que se quiso imponer desde el poder y desde un proyecto personal y familiar.

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