/ sábado 16 de marzo de 2024

Estanque de los Pescaditos, el paraje boscoso donde se fundó Puebla | Los tiempos idos

El sitio fue la huerta de uno de los primeros vecinos de la ciudad. A través de los siglos, pasó de huerta a parque recreativo y después a corredor industrial

El Estanque de los Pescaditos era un paraje boscoso en el que se unían el Río San Francisco y el Arroyo Xonaca, ahí se formaba una hondonada que era alimentada por un manantial del que emanaba agua dulce y cristalina. Esto motivó a los franciscanos a establecer su monasterio junto a este paraje, e incluso, se dice que fue en una loma del mismo, en donde se llevó a cabo la fundación de la ciudad en 1531.

El sitio se convirtió en una hermosa huerta y para finales del siglo XIX, la zona se volvió un parque de recreación en donde, a inicios del siglo XX, se estableció el primer corredor industrial de Puebla.


En 1996, inició el proyecto de salvamento del Paseo de San Francisco, que culminó en el siglo XXI con importantes hallazgos arqueológicos, algunos de los cuales están exhibidos al público.

Esta es la zona que comprendía el paraje boscoso del Estanque de los Pescaditos. Plano de Medina de 1754, así se veía el monasterio y el Estanque de los Pescaditos (arriba del convento). Foto: Cortesía David Ramírez Huitrón


Un sitio sagrado dedicado al dios del agua

Una de las razones principales por las que el valle de Cuetlaxcoapan fue el sitio elegido para fundar la antigua Ciudad de los Ángeles, en 1531, fue la abundancia de agua. El líquido vital era indispensable no solo para su consumo, también para el desarrollo salubre de la ciudad y como fuente de energía hidráulica para los molinos.

El valle era atravesado por tres ríos (Atoyac, Alseseca y San Francisco) y en la parte oriente del río Almoloyan, nombre con el que los naturales llamaban al de San Francisco, había bosques con manantiales de agua dulce. Algunos de ellos se encontraban en el paraje conocido por los indígenas como Hutizilapan, que significa “aves sobre el agua”, y es el área que hoy ocupa el Paseo de San Francisco.

“El Estanque de los Pescaditos era un paraje boscoso donde los manantiales de agua dulce hacían proliferar la vegetación. Este lugar era considerado sagrado y en él se realizaban rituales dedicados al agua”, expone el arqueólogo e investigador, Arnulfo Allende Carrera, quien colaboró en el proyecto de salvamento arqueológico del Paseo de San Francisco, en sus dos etapas, de 1996 a 2005.


Los cuatro hallazgos más relevantes que se obtuvieron durante las exploraciones del Proyecto San Francisco, refiere Allende, fueron los vestigios encontrados de la época prehispánica y del convento de San Francisco, así como de las casas de los fundadores de la ciudad y de las fábricas de la Colonia Industrial que se estableció ahí a finales del siglo XIX.

Señala que, efectivamente, Puebla se fundó en un paraje totalmente vacío, pero las piezas arqueológicas encontradas arrojaron una fecha de ocupación del valle más antigua, lo que quiere decir que miles de años antes de que llegaran los españoles al sitio, el valle de Cuetlaxcoapan estuvo habitado.

ABAJO A LA IZQUIERDA SE APRECIA UN TECHO DE TEJA QUE ERA EL BAÑADERO DE CABALLOS. ATRÁS SE APRECIA LA MONTAÑA RUSA. FOTO: CORTESÍA DAVID RAMÍREZ HUITRÓN


La fundación y el estanque

Se cree que fray Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía”, realizó la misa fundacional de la antigua Ciudad de los Ángeles en una loma al oriente del río Almoloyan, formaba parte del paraje boscoso del Estanque de los Pescaditos y es el sitio que hoy ocupa la capilla de Santa Elena.

El repartimiento de solares que se hizo a los primeros 34 vecinos de la ciudad fue en la zona del Estanque de los Pescaditos. Estaba justamente donde se unían el Río San Francisco y el Arroyo XonacaSe hacía una especie de pantanito y ahí mismo brotaba agua limpia, por eso los franciscanos decidieron construir a un lado su convento”, expone el investigador David Ramírez Huitrón.


“Lo que hicieron los franciscanos para aprovechar esa agua fue construir un tanque de almacenamiento donde el agua, por decantación, pasaba a través de unos muros con agujeros; ahí se filtraba, de un lado quedaban los elementos más pesados como piedritas y arena, y el agua limpia pasaba hacia el estanque. De ahí los frailes tomaban el agua para su huerto y los vecinos iban a llenar sus recipientes para llevarse el agua a su casa”, agrega.

La ciudad se fundó en la primavera, el 16 de abril de 1531, pero al llegar la temporada de lluvias el río creció tanto que desbordó su cauce y la inundó. Entonces hubo que trasladarse al lado poniente del río, lugar en el que la ciudad se estableció de forma definitiva, en 1532.

Se ven tendidas al sol varias pieles. En ese entonces ya había desaparecido el bañadero de caballos y montaña rusa. Foto: Cortesía David Ramírez Huitrón



“Todos se pasaron menos García de Aguilar (uno de los primeros vecinos de Puebla), el prefirió quedarse ahí con su huerta porque estaba junto a los franciscanos y tenía acceso directo al agua. Cuando el falleció la propiedad pasó a manos de su yerno”, dice.

García de Aguilar recibió sus tierras en merced por haber servido a la Corona Española durante la Conquista. Sus descendientes tuvieron en propiedad la huerta hasta el siglo XVII, cuando su nieto estableció una curtiduría.

“El manantial quedó al cuidado de los franciscanos y años después estos construyeron un tanque para criar peces de colores, por eso le llamaron el Estanque de los Pescaditos. Estuvo en manos de los frailes hasta la Guerra de Reforma, cuando el gobierno les quitó el convento para convertirlo en hospital militar y el estanque en bañadero de caballos”, advierte.

Ramírez Huitrón comenta que el estanque se descuidó. El agua se empezó a derramar y se hizo una laguna. Entonces el bañadero de caballos se convirtió en Tívoli, una especie de parque recreativo al que iba la gente para ir a pasear en lancha y hacer su picnic, más o menos de 1878 a 1890.

Además del Tívoli en la zona había una montaña rusa, una plaza de toros y también se construyeron los Baños Neptuno..

Los Baños Neptuno, estaban en la entrada del Callejón de Los Pescaditos, por el atrio de San Francisco, fueron mitad baño y mitad balneario, eran muy famosos pero cerraron pronto.

“Después vino un periodo de decadencia porque la gente comenzó a preferir otro tipo de entretenimientos y quedó abandonado”, asegura.

En 1880, el torero Benigno Gabiño había instalado la Plaza de Toros de San Francisco, en la zona del Estanque de los Pescaditos. Pero hacia principios del siglo XX desapareció, porque ya se habían comenzado a instalar las fábricas textiles.


Los Baños Neptuno estuvieron ubicados en la entrada del Callejón de los Pescaditos. Foto: Cortesía David Ramírez Huitrón

La industrialización del siglo XX

La “Fábrica de Aguas Minerales y Bebidas de Sabores”, es el primer antecedente de la industria refresquera en Puebla. Se ubicaba en el Callejón de Los Pescaditos, actual 10 Norte 604, donde hoy se encuentra el hotel La Purificadora. Fue fundada en 1884 por José Esteban Latisnere.

Hacia 1899, Latisnere, vendió la fábrica a los hermanos García Cano, quienes mantuvieron la producción bajo el nombre “Manantial de Aguas Minerales”. Más tarde, se asociaron con el señor Ernesto Naude y fundaron la “Fábrica de Refrescos La Superior”, que envasó los refrescos Coca Nola, Squeeze, Squirt y la sidra Champan Superior.


“Latisnere entubó el manantial para producir las gaseosas, encausó el agua para embotellarla, en vez de que se descargar en el campo. También se estableció La Piel de Tigre, una curtiduría que trabajaba todo tipo de piel y fue la primera fábrica que pasó del proceso antiguo al proceso de vapor para el tratamiento de pieles. En la zona se empezaron a establecer más fábricas, principalmente textiles, así se creó el primer corredor industrial que tuvo Puebla, entre finales del siglo XIX y principios del XX”, puntualiza Ramírez Huitrón.

En 1884, aparece la primera embotelladora de refrescos en Puebla, fundada por el joven José Esteban Latisnere. Se ubicaba en el Callejón de Los Pescaditos, donde hoy se encuentra el hotel La Purificadora. Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler


Rescate del Paseo de San Francisco

El proyecto de salvamento arquitectónico del Paseo de San Francisco tuvo su origen en el Proyecto Angelópolis de la administración del gobernador Manuel Bartlett. El área que se intervino se encontraba dentro de la zona monumental histórica, declarada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. El área comprendía de la avenida 14 a la 2 Oriente, y de la calle 6 a las 12 Norte.


“Dentro de esas 6 manzana había varios edificios que por su antigüedad, sus características arquitectónicas y estilísticas, ya estaban catalogados dentro del inventario de monumentos históricos del INAH. Las obras que el gobierno proponía, iban a incidir directamente y de manera muy fuerte en el subsuelo de la zona. Por eso se decidió hacer una intervención de salvamente arqueológico para recuperar el patrimonio. Fue la primera vez que en Puebla se hizo una exploración de salvamento arqueológico metodológicamente bien dirigida”, advierte el arqueólogo e investigador, Arnulfo Allende Carrera.

Refiere que el Centro INAH Puebla comisionó al arqueólogo Carlos Cedillo Ortega, como responsable de la obra, y la misma dependencia, pero a nivel federal, al arqueólogo Miguel Hernández Pérez, quien en ese momento era investigador en la dirección de Salvamento Arqueológico del INAH en la ciudad de México, y fue quien invitó a participar en el proyecto a Arnulfo Allende.

Ellos fueron los responsables del proyecto en su primera etapa que comenzó a mediados de 1996 y terminó en 1998. La segundo etapa fue del 2003 a 2005, pero ya coordinada por un equipo de salvamento arqueológico en el que también participó Allende Carrera

Durante el desarrollo del proyecto se realizaron hallazgos importantes acerca de la ocupación más antigua en el valle de Cuetlaxcoapan, del monasterio de los franciscanos, de las casas de los primeros vecinos de la ciudad y de arqueología industrial.

Documento sobre volúmenes de venta y precios de la curtiduría “La Piel de Tigre”. Foto: Archivo General Municipal de Puebla


Hallazgos prehispánicos y fundacionales

El primer hallazgo arqueológico se localizó en la zona del antiguo Estanque de los Pescaditos, que fue un pequeño pantano de poca profundidad que se alimentaba de uno de los manantiales de agua dulce que se encontraban en ese lado de la ciudad. Ahora es el Jardín de La Violeta, atrás del Centro de Convenciones y del Centro Comercial.

“Hallamos una serie de piezas arqueológicas muy antiguas, vasijas de la época prehispánica fechadas entre el año 1200 y el 800 aC, es decir, la época en que la cultura Olmeca estaba floreciendo en Tabasco y Veracruz. Las vasijas están completas, también algunas navajillas de obsidiana y cuentitas de piedra verde. Se encontraron justamente en la parte donde el manantial surtía de agua a este pantano”, detalla.


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La interpretación arqueológica que le dio el equipo de salvamento fue que eran ofrendas dedicadas a los dioses relacionados con el agua, porque se encontraron ahí en el Estanque de los Pescaditos. En la segunda etapa, en el 2004, se localizó otra vasija preclásica en la parte donde estaba el Hospital de Bubas, en lo que fue durante siglos el arroyo Xonaca, y también era una ofrenda al agua.

“Ya teníamos una fecha de ocupación del valle muy antigua. Esto fue muy interesante porque en el siglo XX hubo una polémica acerca de que si la ciudad estaba ocupada o no por indígenas cuando se fundó. La evidencia arqueológica indicó que sí hubo ocupación humana en el valle en la época prehispánica, pero muchos siglos antes de que llegaran los españoles”, advierte.

Vasijas de la época prehispánica halladas durante el proyecto de salvamento del Paseo de San Francisco, fechadas entre el año 1200 y el 800 A.C., utilizadas como ofrenda para los dioses del agua. Foto: Cortesía Arnulfo Allende Carrera


Otro hallazgo arqueológico interesante fue que debajo de las estructuras de las fábricas que se instalaron en el corredor industrial entre el siglo XIX y XX, se localizaron una serie de claustros del convento de San Francisco.

“De hecho tuvimos la visita de frailes franciscanos de la ciudad de México, los mismísimos historiadores de la orden vinieron a visitar las exploraciones y estaban maravillados porque ni siquiera ellos sabían o tenían idea de que su convento en Puebla hubiese sido tan grande. Nosotros tuvimos evidencia de 9 claustros, era una cosa enorme. Prácticamente abarcaba la mitad de las 6 manzanas que incluyó el proyecto”, detalla.

Como parte del proyecto de salvamento, dos de esos claustros se intervinieron y ahora están abiertos al público.

“Es por donde se puede pasear en la parte de atrás de la Secretaría de Economía, que antiguamente fue la fábrica La Oriental. Los otros claustros no están bien conservados y por eso no están expuestos”, dice el arqueólogo.

De igual forma, durante el desarrollo del proyecto se encontraron vestigios de la huerta de García Aguilar.

“En el Callejón de Los Pescaditos, que es el de la 6 Oriente, donde está La Purificadora, donde hay una escultura del hombre azul se descubrió una serie de muros, pisos de tabique rojo y un pozo de agua. Las fuentes históricas refieren que ese terreno desde la época de fundación se le cedió a García de Aguilar que era un soldado español que vino con Hernán Cortés y que como privilegio de conquistador se le dieron esas tierras. Fue uno de primeros vecinos de la ciudad”, asegura.

Otro hallazgo por demás importante, fue que debajo de una nave industrial de 1960 que se retiró se encontraron restos de las casas más antiguas que se tienen registradas hasta el momento.

“Las casas son de la fase fundacional de Puebla, estamos hablando de alrededor de 1535 y 1540. Se encontraron restos de muros, mantas de piso y un pozo”, dice.

Base de caldera para maquinaria de vapor y chacuaco reconstruido en el predio de León Armenta. Foto: Cortesía Arnulfo Allende Carrera


Vestigios de la Colonia Industrial

Con las leyes de desamortización de bienes eclesiásticos promulgadas durante la segunda mitad del siglo XIX, la zona del Estanque de los Pescaditos sufrió destrucción e intervenciones que no dejaron mucha evidencia de la zona.

“En donde ahora está La Purificadora, se pudo registrar la evidencia de un manantial de agua dulce del que extraían el agua para hacer los refrescos de Latisnere y luego de La Superior. También se encontraron muchas botellas, matraces de laboratorio donde hacían las pruebas de sabores, etcétera. Hubo muy buena evidencia de los orígenes de la industria refresquera poblana”, asegura.

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Aprovechando los manantiales de agua dulce, en el siglo XVII, el nieto de García de Aguilar, Felipe Ramírez de Arellano, quien era propietario de la huerta, estableció una curtiduría.

“La curtiduría tenía un funcionamiento medieval europeo muy antiguo, eran procedimientos muy artesanales. No se tienen registros de la misma durante el siglo XVIII. Pero durante el siglo XIX, León Armenta, compró los terrenos y le da continuidad a la curtiduría bajo el nombre de La Piel del Tigre. Se producían pieles de varios animales para comercio local e incluso internacional, llegaban al caribe y al sur de Estados Unidos, Centro América y todo México”, detalla.

Antiguamente la maquinaria de la industria se movía a través de la fuerza hidráulica generada por los ríos. Por eso los molinos y fábricas se establecieron en la ribera de los mismos.

“Encontramos evidencia de la primera industria en Puebla que utilizó una caldera de vapor tipo inglés y fue la curtiduría de León Armenta. La caldera no la encontramos, pero en la fábrica textil La Pastora había una de esas calderas abandonada, era un modelo muy parecido. La rescatamos y ahora está en la plazuela que está frente de Casareyna”, comenta.

Refiere que la superficie que ocupaba La Piel de Tigre abarcaba todo el centro comercial y el Centro de Convenciones. Sus vestigios de ladrillo y un chacuaco se pueden observar en una techumbre de vidrio que está en el jardín.

También se tienen registros de que hubo una fábrica de cerillos, de tenis, otra de pastas para sopa, camas de latón, pero la mayoría fueron textiles

“Todos esos hallazgos se registraron, pero solo se dejaron expuesto los elementos que estaban completos o mejor conservados. Hay unos hornos de ladrillo y cerámica que están sobre las 12 Norte; también una construcción con arcos que era la parte última del convento; en el jardín también se dejaron los vestigios de García de Aguilar, desafortunadamente las malas administraciones del consorcio comercial le fueron encimando cactus, palmeras, y ahora no se ve”, lamenta.

Otra cosa de la que se dejó evidencia, fue un complejo hidráulico. Un estanque con una serie de muros y de construcción redondeada que era un filtro. Esa construcción conducía y filtraba agua a ese estanque para que del agua de los manantiales suministrara de agua potable a la gente. No es el Estanque de los Pescaditos, es un complejo hidráulico ya construido en la época del convento, son los franciscanos que lo construyeron.

“Hace treinta y tantos años se hizo el proyecto San Francisco y en todos estos años no ha habido más investigación en el sitio. Da la impresión de que todo lo que hicimos en aquellos años es toda la historia de San Francisco y definitivamente no, registro seguro hay, pero no se ha continuado la investigación. Hay que profundizar en todos los aspectos”, concluye el arqueólogo.


El Estanque de los Pescaditos era un paraje boscoso en el que se unían el Río San Francisco y el Arroyo Xonaca, ahí se formaba una hondonada que era alimentada por un manantial del que emanaba agua dulce y cristalina. Esto motivó a los franciscanos a establecer su monasterio junto a este paraje, e incluso, se dice que fue en una loma del mismo, en donde se llevó a cabo la fundación de la ciudad en 1531.

El sitio se convirtió en una hermosa huerta y para finales del siglo XIX, la zona se volvió un parque de recreación en donde, a inicios del siglo XX, se estableció el primer corredor industrial de Puebla.


En 1996, inició el proyecto de salvamento del Paseo de San Francisco, que culminó en el siglo XXI con importantes hallazgos arqueológicos, algunos de los cuales están exhibidos al público.

Esta es la zona que comprendía el paraje boscoso del Estanque de los Pescaditos. Plano de Medina de 1754, así se veía el monasterio y el Estanque de los Pescaditos (arriba del convento). Foto: Cortesía David Ramírez Huitrón


Un sitio sagrado dedicado al dios del agua

Una de las razones principales por las que el valle de Cuetlaxcoapan fue el sitio elegido para fundar la antigua Ciudad de los Ángeles, en 1531, fue la abundancia de agua. El líquido vital era indispensable no solo para su consumo, también para el desarrollo salubre de la ciudad y como fuente de energía hidráulica para los molinos.

El valle era atravesado por tres ríos (Atoyac, Alseseca y San Francisco) y en la parte oriente del río Almoloyan, nombre con el que los naturales llamaban al de San Francisco, había bosques con manantiales de agua dulce. Algunos de ellos se encontraban en el paraje conocido por los indígenas como Hutizilapan, que significa “aves sobre el agua”, y es el área que hoy ocupa el Paseo de San Francisco.

“El Estanque de los Pescaditos era un paraje boscoso donde los manantiales de agua dulce hacían proliferar la vegetación. Este lugar era considerado sagrado y en él se realizaban rituales dedicados al agua”, expone el arqueólogo e investigador, Arnulfo Allende Carrera, quien colaboró en el proyecto de salvamento arqueológico del Paseo de San Francisco, en sus dos etapas, de 1996 a 2005.


Los cuatro hallazgos más relevantes que se obtuvieron durante las exploraciones del Proyecto San Francisco, refiere Allende, fueron los vestigios encontrados de la época prehispánica y del convento de San Francisco, así como de las casas de los fundadores de la ciudad y de las fábricas de la Colonia Industrial que se estableció ahí a finales del siglo XIX.

Señala que, efectivamente, Puebla se fundó en un paraje totalmente vacío, pero las piezas arqueológicas encontradas arrojaron una fecha de ocupación del valle más antigua, lo que quiere decir que miles de años antes de que llegaran los españoles al sitio, el valle de Cuetlaxcoapan estuvo habitado.

ABAJO A LA IZQUIERDA SE APRECIA UN TECHO DE TEJA QUE ERA EL BAÑADERO DE CABALLOS. ATRÁS SE APRECIA LA MONTAÑA RUSA. FOTO: CORTESÍA DAVID RAMÍREZ HUITRÓN


La fundación y el estanque

Se cree que fray Toribio de Benavente, mejor conocido como “Motolinía”, realizó la misa fundacional de la antigua Ciudad de los Ángeles en una loma al oriente del río Almoloyan, formaba parte del paraje boscoso del Estanque de los Pescaditos y es el sitio que hoy ocupa la capilla de Santa Elena.

El repartimiento de solares que se hizo a los primeros 34 vecinos de la ciudad fue en la zona del Estanque de los Pescaditos. Estaba justamente donde se unían el Río San Francisco y el Arroyo XonacaSe hacía una especie de pantanito y ahí mismo brotaba agua limpia, por eso los franciscanos decidieron construir a un lado su convento”, expone el investigador David Ramírez Huitrón.


“Lo que hicieron los franciscanos para aprovechar esa agua fue construir un tanque de almacenamiento donde el agua, por decantación, pasaba a través de unos muros con agujeros; ahí se filtraba, de un lado quedaban los elementos más pesados como piedritas y arena, y el agua limpia pasaba hacia el estanque. De ahí los frailes tomaban el agua para su huerto y los vecinos iban a llenar sus recipientes para llevarse el agua a su casa”, agrega.

La ciudad se fundó en la primavera, el 16 de abril de 1531, pero al llegar la temporada de lluvias el río creció tanto que desbordó su cauce y la inundó. Entonces hubo que trasladarse al lado poniente del río, lugar en el que la ciudad se estableció de forma definitiva, en 1532.

Se ven tendidas al sol varias pieles. En ese entonces ya había desaparecido el bañadero de caballos y montaña rusa. Foto: Cortesía David Ramírez Huitrón



“Todos se pasaron menos García de Aguilar (uno de los primeros vecinos de Puebla), el prefirió quedarse ahí con su huerta porque estaba junto a los franciscanos y tenía acceso directo al agua. Cuando el falleció la propiedad pasó a manos de su yerno”, dice.

García de Aguilar recibió sus tierras en merced por haber servido a la Corona Española durante la Conquista. Sus descendientes tuvieron en propiedad la huerta hasta el siglo XVII, cuando su nieto estableció una curtiduría.

“El manantial quedó al cuidado de los franciscanos y años después estos construyeron un tanque para criar peces de colores, por eso le llamaron el Estanque de los Pescaditos. Estuvo en manos de los frailes hasta la Guerra de Reforma, cuando el gobierno les quitó el convento para convertirlo en hospital militar y el estanque en bañadero de caballos”, advierte.

Ramírez Huitrón comenta que el estanque se descuidó. El agua se empezó a derramar y se hizo una laguna. Entonces el bañadero de caballos se convirtió en Tívoli, una especie de parque recreativo al que iba la gente para ir a pasear en lancha y hacer su picnic, más o menos de 1878 a 1890.

Además del Tívoli en la zona había una montaña rusa, una plaza de toros y también se construyeron los Baños Neptuno..

Los Baños Neptuno, estaban en la entrada del Callejón de Los Pescaditos, por el atrio de San Francisco, fueron mitad baño y mitad balneario, eran muy famosos pero cerraron pronto.

“Después vino un periodo de decadencia porque la gente comenzó a preferir otro tipo de entretenimientos y quedó abandonado”, asegura.

En 1880, el torero Benigno Gabiño había instalado la Plaza de Toros de San Francisco, en la zona del Estanque de los Pescaditos. Pero hacia principios del siglo XX desapareció, porque ya se habían comenzado a instalar las fábricas textiles.


Los Baños Neptuno estuvieron ubicados en la entrada del Callejón de los Pescaditos. Foto: Cortesía David Ramírez Huitrón

La industrialización del siglo XX

La “Fábrica de Aguas Minerales y Bebidas de Sabores”, es el primer antecedente de la industria refresquera en Puebla. Se ubicaba en el Callejón de Los Pescaditos, actual 10 Norte 604, donde hoy se encuentra el hotel La Purificadora. Fue fundada en 1884 por José Esteban Latisnere.

Hacia 1899, Latisnere, vendió la fábrica a los hermanos García Cano, quienes mantuvieron la producción bajo el nombre “Manantial de Aguas Minerales”. Más tarde, se asociaron con el señor Ernesto Naude y fundaron la “Fábrica de Refrescos La Superior”, que envasó los refrescos Coca Nola, Squeeze, Squirt y la sidra Champan Superior.


“Latisnere entubó el manantial para producir las gaseosas, encausó el agua para embotellarla, en vez de que se descargar en el campo. También se estableció La Piel de Tigre, una curtiduría que trabajaba todo tipo de piel y fue la primera fábrica que pasó del proceso antiguo al proceso de vapor para el tratamiento de pieles. En la zona se empezaron a establecer más fábricas, principalmente textiles, así se creó el primer corredor industrial que tuvo Puebla, entre finales del siglo XIX y principios del XX”, puntualiza Ramírez Huitrón.

En 1884, aparece la primera embotelladora de refrescos en Puebla, fundada por el joven José Esteban Latisnere. Se ubicaba en el Callejón de Los Pescaditos, donde hoy se encuentra el hotel La Purificadora. Foto: Colección Gustavo Velarde Tritschler


Rescate del Paseo de San Francisco

El proyecto de salvamento arquitectónico del Paseo de San Francisco tuvo su origen en el Proyecto Angelópolis de la administración del gobernador Manuel Bartlett. El área que se intervino se encontraba dentro de la zona monumental histórica, declarada por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. El área comprendía de la avenida 14 a la 2 Oriente, y de la calle 6 a las 12 Norte.


“Dentro de esas 6 manzana había varios edificios que por su antigüedad, sus características arquitectónicas y estilísticas, ya estaban catalogados dentro del inventario de monumentos históricos del INAH. Las obras que el gobierno proponía, iban a incidir directamente y de manera muy fuerte en el subsuelo de la zona. Por eso se decidió hacer una intervención de salvamente arqueológico para recuperar el patrimonio. Fue la primera vez que en Puebla se hizo una exploración de salvamento arqueológico metodológicamente bien dirigida”, advierte el arqueólogo e investigador, Arnulfo Allende Carrera.

Refiere que el Centro INAH Puebla comisionó al arqueólogo Carlos Cedillo Ortega, como responsable de la obra, y la misma dependencia, pero a nivel federal, al arqueólogo Miguel Hernández Pérez, quien en ese momento era investigador en la dirección de Salvamento Arqueológico del INAH en la ciudad de México, y fue quien invitó a participar en el proyecto a Arnulfo Allende.

Ellos fueron los responsables del proyecto en su primera etapa que comenzó a mediados de 1996 y terminó en 1998. La segundo etapa fue del 2003 a 2005, pero ya coordinada por un equipo de salvamento arqueológico en el que también participó Allende Carrera

Durante el desarrollo del proyecto se realizaron hallazgos importantes acerca de la ocupación más antigua en el valle de Cuetlaxcoapan, del monasterio de los franciscanos, de las casas de los primeros vecinos de la ciudad y de arqueología industrial.

Documento sobre volúmenes de venta y precios de la curtiduría “La Piel de Tigre”. Foto: Archivo General Municipal de Puebla


Hallazgos prehispánicos y fundacionales

El primer hallazgo arqueológico se localizó en la zona del antiguo Estanque de los Pescaditos, que fue un pequeño pantano de poca profundidad que se alimentaba de uno de los manantiales de agua dulce que se encontraban en ese lado de la ciudad. Ahora es el Jardín de La Violeta, atrás del Centro de Convenciones y del Centro Comercial.

“Hallamos una serie de piezas arqueológicas muy antiguas, vasijas de la época prehispánica fechadas entre el año 1200 y el 800 aC, es decir, la época en que la cultura Olmeca estaba floreciendo en Tabasco y Veracruz. Las vasijas están completas, también algunas navajillas de obsidiana y cuentitas de piedra verde. Se encontraron justamente en la parte donde el manantial surtía de agua a este pantano”, detalla.


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La interpretación arqueológica que le dio el equipo de salvamento fue que eran ofrendas dedicadas a los dioses relacionados con el agua, porque se encontraron ahí en el Estanque de los Pescaditos. En la segunda etapa, en el 2004, se localizó otra vasija preclásica en la parte donde estaba el Hospital de Bubas, en lo que fue durante siglos el arroyo Xonaca, y también era una ofrenda al agua.

“Ya teníamos una fecha de ocupación del valle muy antigua. Esto fue muy interesante porque en el siglo XX hubo una polémica acerca de que si la ciudad estaba ocupada o no por indígenas cuando se fundó. La evidencia arqueológica indicó que sí hubo ocupación humana en el valle en la época prehispánica, pero muchos siglos antes de que llegaran los españoles”, advierte.

Vasijas de la época prehispánica halladas durante el proyecto de salvamento del Paseo de San Francisco, fechadas entre el año 1200 y el 800 A.C., utilizadas como ofrenda para los dioses del agua. Foto: Cortesía Arnulfo Allende Carrera


Otro hallazgo arqueológico interesante fue que debajo de las estructuras de las fábricas que se instalaron en el corredor industrial entre el siglo XIX y XX, se localizaron una serie de claustros del convento de San Francisco.

“De hecho tuvimos la visita de frailes franciscanos de la ciudad de México, los mismísimos historiadores de la orden vinieron a visitar las exploraciones y estaban maravillados porque ni siquiera ellos sabían o tenían idea de que su convento en Puebla hubiese sido tan grande. Nosotros tuvimos evidencia de 9 claustros, era una cosa enorme. Prácticamente abarcaba la mitad de las 6 manzanas que incluyó el proyecto”, detalla.

Como parte del proyecto de salvamento, dos de esos claustros se intervinieron y ahora están abiertos al público.

“Es por donde se puede pasear en la parte de atrás de la Secretaría de Economía, que antiguamente fue la fábrica La Oriental. Los otros claustros no están bien conservados y por eso no están expuestos”, dice el arqueólogo.

De igual forma, durante el desarrollo del proyecto se encontraron vestigios de la huerta de García Aguilar.

“En el Callejón de Los Pescaditos, que es el de la 6 Oriente, donde está La Purificadora, donde hay una escultura del hombre azul se descubrió una serie de muros, pisos de tabique rojo y un pozo de agua. Las fuentes históricas refieren que ese terreno desde la época de fundación se le cedió a García de Aguilar que era un soldado español que vino con Hernán Cortés y que como privilegio de conquistador se le dieron esas tierras. Fue uno de primeros vecinos de la ciudad”, asegura.

Otro hallazgo por demás importante, fue que debajo de una nave industrial de 1960 que se retiró se encontraron restos de las casas más antiguas que se tienen registradas hasta el momento.

“Las casas son de la fase fundacional de Puebla, estamos hablando de alrededor de 1535 y 1540. Se encontraron restos de muros, mantas de piso y un pozo”, dice.

Base de caldera para maquinaria de vapor y chacuaco reconstruido en el predio de León Armenta. Foto: Cortesía Arnulfo Allende Carrera


Vestigios de la Colonia Industrial

Con las leyes de desamortización de bienes eclesiásticos promulgadas durante la segunda mitad del siglo XIX, la zona del Estanque de los Pescaditos sufrió destrucción e intervenciones que no dejaron mucha evidencia de la zona.

“En donde ahora está La Purificadora, se pudo registrar la evidencia de un manantial de agua dulce del que extraían el agua para hacer los refrescos de Latisnere y luego de La Superior. También se encontraron muchas botellas, matraces de laboratorio donde hacían las pruebas de sabores, etcétera. Hubo muy buena evidencia de los orígenes de la industria refresquera poblana”, asegura.

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Aprovechando los manantiales de agua dulce, en el siglo XVII, el nieto de García de Aguilar, Felipe Ramírez de Arellano, quien era propietario de la huerta, estableció una curtiduría.

“La curtiduría tenía un funcionamiento medieval europeo muy antiguo, eran procedimientos muy artesanales. No se tienen registros de la misma durante el siglo XVIII. Pero durante el siglo XIX, León Armenta, compró los terrenos y le da continuidad a la curtiduría bajo el nombre de La Piel del Tigre. Se producían pieles de varios animales para comercio local e incluso internacional, llegaban al caribe y al sur de Estados Unidos, Centro América y todo México”, detalla.

Antiguamente la maquinaria de la industria se movía a través de la fuerza hidráulica generada por los ríos. Por eso los molinos y fábricas se establecieron en la ribera de los mismos.

“Encontramos evidencia de la primera industria en Puebla que utilizó una caldera de vapor tipo inglés y fue la curtiduría de León Armenta. La caldera no la encontramos, pero en la fábrica textil La Pastora había una de esas calderas abandonada, era un modelo muy parecido. La rescatamos y ahora está en la plazuela que está frente de Casareyna”, comenta.

Refiere que la superficie que ocupaba La Piel de Tigre abarcaba todo el centro comercial y el Centro de Convenciones. Sus vestigios de ladrillo y un chacuaco se pueden observar en una techumbre de vidrio que está en el jardín.

También se tienen registros de que hubo una fábrica de cerillos, de tenis, otra de pastas para sopa, camas de latón, pero la mayoría fueron textiles

“Todos esos hallazgos se registraron, pero solo se dejaron expuesto los elementos que estaban completos o mejor conservados. Hay unos hornos de ladrillo y cerámica que están sobre las 12 Norte; también una construcción con arcos que era la parte última del convento; en el jardín también se dejaron los vestigios de García de Aguilar, desafortunadamente las malas administraciones del consorcio comercial le fueron encimando cactus, palmeras, y ahora no se ve”, lamenta.

Otra cosa de la que se dejó evidencia, fue un complejo hidráulico. Un estanque con una serie de muros y de construcción redondeada que era un filtro. Esa construcción conducía y filtraba agua a ese estanque para que del agua de los manantiales suministrara de agua potable a la gente. No es el Estanque de los Pescaditos, es un complejo hidráulico ya construido en la época del convento, son los franciscanos que lo construyeron.

“Hace treinta y tantos años se hizo el proyecto San Francisco y en todos estos años no ha habido más investigación en el sitio. Da la impresión de que todo lo que hicimos en aquellos años es toda la historia de San Francisco y definitivamente no, registro seguro hay, pero no se ha continuado la investigación. Hay que profundizar en todos los aspectos”, concluye el arqueólogo.


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