/ sábado 11 de septiembre de 2021

[Fotos] Esta es la historia de los comercios que dieron identidad al CH | Los tiempos idos

El corazón de la capital poblana era sede de las mejores tiendas de la Angelópolis, las personas se trasladaban al centro para surtirse de ropa y artículos de toda clase

Décadas atrás, el corazón de la capital poblana era sede de las mejores tiendas de la Angelópolis, las personas se trasladaban al centro para surtirse de ropa y artículos de toda clase. “Al Puerto de Veracruz”, era conocido por las exclusivas marcas de ropa que vendía; para comprar zapatos escolares, el lugar indicado era zapaterías “El Carmen”, que aún existen.

Se establecieron comercios que al correr de los años dieron identidad a Puebla, la mayoría de ellos, fundados por inmigrantes que arribaron a la ciudad en busca de un mejor futuro. Algunos cerraron sus puertas, pero otros se mantienen firmes. Hoy recordamos comercios que merecen una mención especial por lo que han significado en la vida de los poblanos.

DEPORTES NÚÑEZ

El 2 de noviembre de 1942, Saturnino Núñez Pérez y Luis Núñez Gargallo, padre e hijo, fundaron la que sería una de las más importantes tiendas de deportes de la capital Poblana: Deportes Núñez, en la 2 norte 408.

Deportes Núñez fue fundada por Saturnino Pérez Núñez y Luis Núñez Gargallo en 1942 / Foto: Manolo Núñez Bretón

La idea de poner la tienda fue de mi mamá, Guadalupe Bretón Heredia, ella trabajaba en la tienda de deportes del señor Sobero, que también tenía una tienda de ultramarinos que se llamaba Casa Sobero, en la que trabajaba mi papá; las dos estaban una junto a la otra ahí en la 5 de mayo. Le dijo a mi papá: ´oye Luis yo veo que esto es buen negocio´, y así pusieron la tienda en la que mi abuelo fue socio capitalista”, explica Manolo Núñez Bretón, hijo de ambos.

Así como su lema lo dictaba, “En la casa del deportista”, podías encontrar las mejores marcas relacionadas con el deporte, nacional e internacional, porque aquí se hacían importaciones directas; también se hacían uniformes y fue la primera fábrica de trofeos en Puebla.

“Los trofeos eran en su mayoría deportivos, pero a mi papá le encargaron el de ´El Heraldo de México´ los fabricamos desde que inició la premiación hasta que se dejó de hacer”, asegura.

Luis Núñez Gargallo entregando un trofeo; junto a él su hermano Remigio cargando a su sobrino Luis / Foto: Manolo Núñez Bretón

“También fuimos los primeros en vender boletos para asistir a los partidos de futbol en el Parque El Mirador (hoy Parque España), los vendimos por muchos años. De hecho mi abuelo Saturnino, fue socio fundador del equipo de futbol Puebla F.C., muchos aportaron dinero y todos eran españoles”, expone.

Deportes Núñez patrocinó muchos equipos deportivos, pero también tenía los propios en diferentes disciplinas y todos se llamaban Galgos Núñez. Durante 40 años, tuvo un equipo de béisbol que participó en la Liga Inter Obrera de Béisbol, cuyo entrenador era el señor Pineda; su equipo de futbol, participó en la Liga Española y su equipo de basquetbol, fue campeón estatal.

Empleados y propietarios al interior de Deportes Núñez, año 1950 / Foto: Manolo Núñez Bretón

Manolo refiere que la relación con los empleados de la tienda era de mucha confianza, “tuvimos un empleado que duró 35 años y otros veintitantos, se quedaban varios años con nosotros, era gente muy valiosa. Cuando era cumpleaños de alguno le dábamos el día libre y un bono. Yo trabajé en la tienda de 1984 hasta el 30 de octubre de 2000 que se cerró”, concluye.

LA PRINCESA

El restaurante La Princesa que estuvo ubicado en los portales por más de medio siglo, fue referencia obligada para propios y extraños de la comida tradicional poblana; mantuvo sus puertas abiertas, al mando de Marcos Fernández Tamez y Carmen Allende de Fernández.

Carmen Allende en un evento especial en La Princesa / Foto: Carmina Fernández Allende

“La comida que se vendía era mexicana y española, los platos eran abundantes y se daba a buen precio. La verdad es que siempre había mucha gente para desayunar, comer o cenar porque la comida estaba rica y se trabajaba los 365 días del año”, expone Carmina, la mayor de las hijas del matrimonio Fernández Allende.

Mis papás eran asturianos, los dos, y se conocieron en Ciudad de México. Mi papá llegó a los 16 años a vivir con unos tíos, trabajó vendiendo telas y en otra época material eléctrico, después conoció a mi mamá quien había emigrado a Venezuela y se vino a México. Aquí se conocieron, pero se fueron a casar a Covadonga, Asturias”, comenta.

Marcos Fernández Tamez y Carmen Allende de Fernández, con Galdino, el capitán de mesero en La Princesa / Foto: Carmina Fernández Allende

Ellos regresaron a vivir a Ciudad de México y unos diez años después, ya con sus dos hijas, Carmina y Marisol, se vinieron a vivir a Puebla. Fue entonces que Fernando Sobrecueva Alonso, le traspasó La Princesa a su papá en 1976; anteriormente fue de José Manuel Montes (1965-1969). El local se le arrendaba a la familia Cue y, así estuvieron hasta el 18 de mayo de 2007, que cerró sus puertas.

EDIFICIO ALLES

El primer edificio que representó modernidad en el Centro Histórico de la ciudad fue el edificio Alles, propiedad de la familia Caso Menendez.

“Se inauguró en 1962 y fue bautizado como Alles, porque así se llama el pueblo de Asturias (España) donde nació mi abuelo paterno, Máximo Caso Corral. Él llegó como migrante y se casó con mi abuela Pilar Menendez”, explica José Ignacio Caso Bernat, cuarta generación de la familia.

Relata que el matrimonio vivía en Puebla pero iba por temporadas a Huamantla porque su bisabuelo materno, Ignacio, tenía dos ranchos lecheros allá, en los que también sembraban maíz y alfalfa para mantener la alimentación del ganado. Paralelamente, el bisabuelo compró muchas propiedades en el centro histórico de Puebla.

Foto 7: El edificio Alles fue inaugurado en 1962 y es propiedad de la familia Caso Menendez / Foto: F. Zeron página de Facebook Puebla de Antaño

El proyecto del edificio Alles fue financiado por sus abuelos, Máximo y Pilar, pero su abuelo falleció antes de que se terminara de construir el edificio y la responsabilidad de supervisar la obra fue de su papá, Ignacio, quien es el hijo mayor del matrimonio.

“Cuando se inauguró el edificio, el local de abajo se le rentó a Woolworth y, después, el local de junto se le rentó a la tienda departamental Scala. En el primer piso estaba la cafetería Rococó y todo lo demás eran oficinas, muchos años estuvo ahí la HR”, asegura.

A pesar de ser muy niño cuando se inauguró el edificio, recuerda que era tradición ir al caballito de Woolworth y comprar palomitas, ahí mismo. Hoy en el edificio Alles, se sigue arrendando a oficinas y a la empresa minorista.

PAPELERÍAS: PUEBLA Y SANTANDER

Juan Ignacio y Gerardo López del Villar, eran dos hermanos provenientes de Santander, España, que con gran esfuerzo y dedicación forjaron un patrimonio para sus familias ofreciendo lo mejor en artículos escolares, de oficina y para las artes gráficas, en sus dos papelerías: Papelería Santander, en 2 norte 606 y Papelería Puebla, en 4 oriente 10.

Juan Ignacio López del Villar compró la Papelería Santander en 1964 / Foto: Familia López Caso / Foto reproducción: Bibiana Díaz

La Papelería Santander era de José Gómez Roldan y se la vendió a mi papá en 1964, porque regresó a España. Alrededor de 1985, Pedro del Castillo y los Díaz Cid, les ofrecieron la Papelería Puebla, se arreglaron en el precio y se las compraron porque era un buen mostrador en el centro de la ciudad”, expone José Luis López Caso.

José Luis explica que su papá Juan Ignacio, conoció a su mamá en una romería en España, allá se hicieron novios y luego se vino a casar a Puebla en 1964. La papelería se las regaló su suegro José Caso Guerra, importante empresario que tenía fábricas de textiles en Tlaxcala.

Detalla que su tío Gerardo, hermano de su papá, se vino a Puebla como 2 o 3 años después de que él ya se había establecido. Entonces se enamoró de la hermana de su mamá, es decir, de su cuñada, y se casaron, “fueron dos hermanos españoles que se casaron con dos hermanas poblanas, las dos familias somos López Caso”, subraya.

Los hermanos López del Villar, ofrecieron lo mejor en artículos escolares, de oficina y para las artes gráficas, en sus dos papelerías / Foto: Familia López Caso / Foto reproducción: Bibiana Díaz

Los hermanos se hicieron socios porque Gerardo, aportó capital a la papelería. Así empezaron a trabajar juntos y eran inseparables, “cuando llegaba algún proveedor con un regalo para mi papá, le decía: si no traes dos, llévatelo, o viceversa, tenían una relación de hermanos muy entrañable”, apunta José Luis.

En esta zona había muchos comercios, estaba La Perfecta, los Almacenes 5-10-15 que vendían juguetes y un poco de todo, eran de don Felipe Haddad de Teziutlán; la calle de los dulces, había ferreterías, la papelería La Tarjeta que era de don Javier Sánchez, y muchos comercios más. Para comer estaba Nevados Hermilo, el original en la 2 oriente, ya luego abrieron otras sucursales”, concluye.

CASA YITANI

Uno de los comercios más longevos del Centro Histórico que le ha dado renombre a Puebla, dentro y fuera del país, es Casa Yitani, que fue fundada en 1917 por Jorge Yitani Yamin, quien salió de Líbano huyendo de la opresión turca y en busca de un mejor futuro, en 1911.

“Mi abuelo llegó a Puebla recién casado y sin recursos económicos para establecerse, entonces se iba a los pueblos a vender ropa y otras mercancías, la mayoría lo vendía en abonos. Cuando fundó Casa Yitani, empezó en un zahuancito en la 5 de mayo 205 y solo vendía mercería: cierres, hilos, botones, etcétera”, expone José Yitani Maccise, tercera generación y heredero de la tradición familiar.

Relata que su papá, Emilio Yitani Checa, era el mayor de tres hermanos, y un tío se lo llevó a vivir con él un tiempo a Marsella (Francia) donde aprendió mucho de innovación de moda.

Emilio Yitani Checa logró la expansión de Casa Yitani y la convirtió en una de las tres tiendas más importantes en su ramo, a nivel República / Foto: José Yitani Maccise

“Cuando regresó a Puebla dijo: al que nos viene a comprar hilo, cierres y todo lo necesario para coser y confeccionar, le vamos a vender la tela, entonces agrandó la tienda con venta de telas, ahí mismo junto al zahuancito, en 1935. Para 1980 llegó a tener 14 sucursales y fue una de las tres tiendas más importantes en su ramo a nivel República”, asegura.

Dice que frente a la tienda, en el número 202, había un restaurante de chinos que se llamaba Loncheria Chainaton y era el mejor café con leche para desayunar y tenían muy buena comida. Su papá tenía un convenio con ellos y les pagaba la comida a los empleados que vivían lejos o los que se querían quedar a comer.

“A los empleados se les respetaba mucho. Yo recuerdo los cumpleaños de mi mamá, todo el personal le llevaba las mañanitas a la casa y había tamales, porque vivíamos arriba de la tienda. Mi papá fue de mucha convivencia con su gente porque decía que ellos formaban una parte muy importante de la empresa. Casa Yitani se hizo a través del esfuerzo y del trabajo, y así ha sobrevivido más de 100 años”, concluye.

Fundada en 1917, Casi Yitani le ha dado renombre a Puebla, dentro y fuera del país / Foto: El Sol de Puebla

Décadas atrás, el corazón de la capital poblana era sede de las mejores tiendas de la Angelópolis, las personas se trasladaban al centro para surtirse de ropa y artículos de toda clase. “Al Puerto de Veracruz”, era conocido por las exclusivas marcas de ropa que vendía; para comprar zapatos escolares, el lugar indicado era zapaterías “El Carmen”, que aún existen.

Se establecieron comercios que al correr de los años dieron identidad a Puebla, la mayoría de ellos, fundados por inmigrantes que arribaron a la ciudad en busca de un mejor futuro. Algunos cerraron sus puertas, pero otros se mantienen firmes. Hoy recordamos comercios que merecen una mención especial por lo que han significado en la vida de los poblanos.

DEPORTES NÚÑEZ

El 2 de noviembre de 1942, Saturnino Núñez Pérez y Luis Núñez Gargallo, padre e hijo, fundaron la que sería una de las más importantes tiendas de deportes de la capital Poblana: Deportes Núñez, en la 2 norte 408.

Deportes Núñez fue fundada por Saturnino Pérez Núñez y Luis Núñez Gargallo en 1942 / Foto: Manolo Núñez Bretón

La idea de poner la tienda fue de mi mamá, Guadalupe Bretón Heredia, ella trabajaba en la tienda de deportes del señor Sobero, que también tenía una tienda de ultramarinos que se llamaba Casa Sobero, en la que trabajaba mi papá; las dos estaban una junto a la otra ahí en la 5 de mayo. Le dijo a mi papá: ´oye Luis yo veo que esto es buen negocio´, y así pusieron la tienda en la que mi abuelo fue socio capitalista”, explica Manolo Núñez Bretón, hijo de ambos.

Así como su lema lo dictaba, “En la casa del deportista”, podías encontrar las mejores marcas relacionadas con el deporte, nacional e internacional, porque aquí se hacían importaciones directas; también se hacían uniformes y fue la primera fábrica de trofeos en Puebla.

“Los trofeos eran en su mayoría deportivos, pero a mi papá le encargaron el de ´El Heraldo de México´ los fabricamos desde que inició la premiación hasta que se dejó de hacer”, asegura.

Luis Núñez Gargallo entregando un trofeo; junto a él su hermano Remigio cargando a su sobrino Luis / Foto: Manolo Núñez Bretón

“También fuimos los primeros en vender boletos para asistir a los partidos de futbol en el Parque El Mirador (hoy Parque España), los vendimos por muchos años. De hecho mi abuelo Saturnino, fue socio fundador del equipo de futbol Puebla F.C., muchos aportaron dinero y todos eran españoles”, expone.

Deportes Núñez patrocinó muchos equipos deportivos, pero también tenía los propios en diferentes disciplinas y todos se llamaban Galgos Núñez. Durante 40 años, tuvo un equipo de béisbol que participó en la Liga Inter Obrera de Béisbol, cuyo entrenador era el señor Pineda; su equipo de futbol, participó en la Liga Española y su equipo de basquetbol, fue campeón estatal.

Empleados y propietarios al interior de Deportes Núñez, año 1950 / Foto: Manolo Núñez Bretón

Manolo refiere que la relación con los empleados de la tienda era de mucha confianza, “tuvimos un empleado que duró 35 años y otros veintitantos, se quedaban varios años con nosotros, era gente muy valiosa. Cuando era cumpleaños de alguno le dábamos el día libre y un bono. Yo trabajé en la tienda de 1984 hasta el 30 de octubre de 2000 que se cerró”, concluye.

LA PRINCESA

El restaurante La Princesa que estuvo ubicado en los portales por más de medio siglo, fue referencia obligada para propios y extraños de la comida tradicional poblana; mantuvo sus puertas abiertas, al mando de Marcos Fernández Tamez y Carmen Allende de Fernández.

Carmen Allende en un evento especial en La Princesa / Foto: Carmina Fernández Allende

“La comida que se vendía era mexicana y española, los platos eran abundantes y se daba a buen precio. La verdad es que siempre había mucha gente para desayunar, comer o cenar porque la comida estaba rica y se trabajaba los 365 días del año”, expone Carmina, la mayor de las hijas del matrimonio Fernández Allende.

Mis papás eran asturianos, los dos, y se conocieron en Ciudad de México. Mi papá llegó a los 16 años a vivir con unos tíos, trabajó vendiendo telas y en otra época material eléctrico, después conoció a mi mamá quien había emigrado a Venezuela y se vino a México. Aquí se conocieron, pero se fueron a casar a Covadonga, Asturias”, comenta.

Marcos Fernández Tamez y Carmen Allende de Fernández, con Galdino, el capitán de mesero en La Princesa / Foto: Carmina Fernández Allende

Ellos regresaron a vivir a Ciudad de México y unos diez años después, ya con sus dos hijas, Carmina y Marisol, se vinieron a vivir a Puebla. Fue entonces que Fernando Sobrecueva Alonso, le traspasó La Princesa a su papá en 1976; anteriormente fue de José Manuel Montes (1965-1969). El local se le arrendaba a la familia Cue y, así estuvieron hasta el 18 de mayo de 2007, que cerró sus puertas.

EDIFICIO ALLES

El primer edificio que representó modernidad en el Centro Histórico de la ciudad fue el edificio Alles, propiedad de la familia Caso Menendez.

“Se inauguró en 1962 y fue bautizado como Alles, porque así se llama el pueblo de Asturias (España) donde nació mi abuelo paterno, Máximo Caso Corral. Él llegó como migrante y se casó con mi abuela Pilar Menendez”, explica José Ignacio Caso Bernat, cuarta generación de la familia.

Relata que el matrimonio vivía en Puebla pero iba por temporadas a Huamantla porque su bisabuelo materno, Ignacio, tenía dos ranchos lecheros allá, en los que también sembraban maíz y alfalfa para mantener la alimentación del ganado. Paralelamente, el bisabuelo compró muchas propiedades en el centro histórico de Puebla.

Foto 7: El edificio Alles fue inaugurado en 1962 y es propiedad de la familia Caso Menendez / Foto: F. Zeron página de Facebook Puebla de Antaño

El proyecto del edificio Alles fue financiado por sus abuelos, Máximo y Pilar, pero su abuelo falleció antes de que se terminara de construir el edificio y la responsabilidad de supervisar la obra fue de su papá, Ignacio, quien es el hijo mayor del matrimonio.

“Cuando se inauguró el edificio, el local de abajo se le rentó a Woolworth y, después, el local de junto se le rentó a la tienda departamental Scala. En el primer piso estaba la cafetería Rococó y todo lo demás eran oficinas, muchos años estuvo ahí la HR”, asegura.

A pesar de ser muy niño cuando se inauguró el edificio, recuerda que era tradición ir al caballito de Woolworth y comprar palomitas, ahí mismo. Hoy en el edificio Alles, se sigue arrendando a oficinas y a la empresa minorista.

PAPELERÍAS: PUEBLA Y SANTANDER

Juan Ignacio y Gerardo López del Villar, eran dos hermanos provenientes de Santander, España, que con gran esfuerzo y dedicación forjaron un patrimonio para sus familias ofreciendo lo mejor en artículos escolares, de oficina y para las artes gráficas, en sus dos papelerías: Papelería Santander, en 2 norte 606 y Papelería Puebla, en 4 oriente 10.

Juan Ignacio López del Villar compró la Papelería Santander en 1964 / Foto: Familia López Caso / Foto reproducción: Bibiana Díaz

La Papelería Santander era de José Gómez Roldan y se la vendió a mi papá en 1964, porque regresó a España. Alrededor de 1985, Pedro del Castillo y los Díaz Cid, les ofrecieron la Papelería Puebla, se arreglaron en el precio y se las compraron porque era un buen mostrador en el centro de la ciudad”, expone José Luis López Caso.

José Luis explica que su papá Juan Ignacio, conoció a su mamá en una romería en España, allá se hicieron novios y luego se vino a casar a Puebla en 1964. La papelería se las regaló su suegro José Caso Guerra, importante empresario que tenía fábricas de textiles en Tlaxcala.

Detalla que su tío Gerardo, hermano de su papá, se vino a Puebla como 2 o 3 años después de que él ya se había establecido. Entonces se enamoró de la hermana de su mamá, es decir, de su cuñada, y se casaron, “fueron dos hermanos españoles que se casaron con dos hermanas poblanas, las dos familias somos López Caso”, subraya.

Los hermanos López del Villar, ofrecieron lo mejor en artículos escolares, de oficina y para las artes gráficas, en sus dos papelerías / Foto: Familia López Caso / Foto reproducción: Bibiana Díaz

Los hermanos se hicieron socios porque Gerardo, aportó capital a la papelería. Así empezaron a trabajar juntos y eran inseparables, “cuando llegaba algún proveedor con un regalo para mi papá, le decía: si no traes dos, llévatelo, o viceversa, tenían una relación de hermanos muy entrañable”, apunta José Luis.

En esta zona había muchos comercios, estaba La Perfecta, los Almacenes 5-10-15 que vendían juguetes y un poco de todo, eran de don Felipe Haddad de Teziutlán; la calle de los dulces, había ferreterías, la papelería La Tarjeta que era de don Javier Sánchez, y muchos comercios más. Para comer estaba Nevados Hermilo, el original en la 2 oriente, ya luego abrieron otras sucursales”, concluye.

CASA YITANI

Uno de los comercios más longevos del Centro Histórico que le ha dado renombre a Puebla, dentro y fuera del país, es Casa Yitani, que fue fundada en 1917 por Jorge Yitani Yamin, quien salió de Líbano huyendo de la opresión turca y en busca de un mejor futuro, en 1911.

“Mi abuelo llegó a Puebla recién casado y sin recursos económicos para establecerse, entonces se iba a los pueblos a vender ropa y otras mercancías, la mayoría lo vendía en abonos. Cuando fundó Casa Yitani, empezó en un zahuancito en la 5 de mayo 205 y solo vendía mercería: cierres, hilos, botones, etcétera”, expone José Yitani Maccise, tercera generación y heredero de la tradición familiar.

Relata que su papá, Emilio Yitani Checa, era el mayor de tres hermanos, y un tío se lo llevó a vivir con él un tiempo a Marsella (Francia) donde aprendió mucho de innovación de moda.

Emilio Yitani Checa logró la expansión de Casa Yitani y la convirtió en una de las tres tiendas más importantes en su ramo, a nivel República / Foto: José Yitani Maccise

“Cuando regresó a Puebla dijo: al que nos viene a comprar hilo, cierres y todo lo necesario para coser y confeccionar, le vamos a vender la tela, entonces agrandó la tienda con venta de telas, ahí mismo junto al zahuancito, en 1935. Para 1980 llegó a tener 14 sucursales y fue una de las tres tiendas más importantes en su ramo a nivel República”, asegura.

Dice que frente a la tienda, en el número 202, había un restaurante de chinos que se llamaba Loncheria Chainaton y era el mejor café con leche para desayunar y tenían muy buena comida. Su papá tenía un convenio con ellos y les pagaba la comida a los empleados que vivían lejos o los que se querían quedar a comer.

“A los empleados se les respetaba mucho. Yo recuerdo los cumpleaños de mi mamá, todo el personal le llevaba las mañanitas a la casa y había tamales, porque vivíamos arriba de la tienda. Mi papá fue de mucha convivencia con su gente porque decía que ellos formaban una parte muy importante de la empresa. Casa Yitani se hizo a través del esfuerzo y del trabajo, y así ha sobrevivido más de 100 años”, concluye.

Fundada en 1917, Casi Yitani le ha dado renombre a Puebla, dentro y fuera del país / Foto: El Sol de Puebla

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