/ jueves 11 de abril de 2024

Jarciería Casa Pedro Ruiz: Más de 100 años en el Centro Histórico de Puebla | Clásicos Poblanos

El fundador de la jarciería fue Pedro Ruiz Castro, un emprendedor originario de Huamantla, Tlaxcala, cuyos padres eran españoles

La jarciería Casa Pedro Ruiz, ubicada en el Centro Histórico de Puebla, es un establecimiento con una rica historia que se remonta a su fundación en 1920. A lo largo de más de un siglo, ha mantenido su presencia en la ciudad, ofreciendo una amplia variedad de productos como algodón, fibra natural, henequén, plástico polipropileno y algunos artículos de limpieza.

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El fundador de la jarciería fue Pedro Ruiz Castro, un emprendedor originario de Huamantla, Tlaxcala, cuyos padres eran españoles, que decidió establecerse en Puebla para continuar el negocio familiar. Los familiares piensan que esa fue la razón para mudarse.

Se estableció estratégicamente en la 3 Norte 802, cerca de lo que era el Mercado La Victoria, lo que le permitió atraer a una clientela diversa, especialmente a personas provenientes del campo de municipios cercanos a la capital.

La jarciería es un concepto ya desconocido para las nuevas generaciones, pero era todo lo relacionado con la cordelería, con la que se izaban las velas de los barcos, a lo que se llamaba ‘jarcia’, cómo han cambiado los tiempos´”, comenta Pedro Ruiz, nieto del fundador y quien está a cargo del establecimiento desde hace más de 30 años.

La jarciería enfrentó un desafío cuando el Mercado La Victoria cerró sus puertas. Foto: Cultura

El “oro verde”

Uno de los productos estrella de la jarcería fue y es hasta la fecha el henequén, conocido como "el oro verde", obtenido exclusivamente de Yucatán, y que está compuesto a base de un maguey, según la historia en México. En 1950 el henequén obtuvo tal apodo, ya que era bastante lo que se encontró en esa zona de la República Mexicana. Existían 10 haciendas henequeneras que abastecían a todo el país, pero a la fecha solo hay una en México, con la que actualmente trabaja Casa Pedro Ruiz, siendo de las pocas que lo ofertan, afirma el familiar.

Esta fibra natural encontró numerosos usos en el hogar y en el campo, como sostener cortinas, “bailar” juguetes como el trompo, detener a los animales, así como la sujeción de cajas de carga. A pesar de la simplicidad de estos usos, la gente acudía a las jarcerías en busca de estos productos esenciales.

Alberto Ruiz

A medida que el negocio creció, Pedro Ruiz pasó la estafeta a su hijo mayor, Alberto Ruiz Martínez, quien continuó operando el establecimiento en la 3 Norte. Pedro, por su parte, abrió otras dos tiendas del mismo giro en el Centro Histórico de Puebla, que serían heredadas para sus otros hijos.

Como mi papá era el mayor de los hijos, mi abuelo le dijo ‘aquí está el negocio, te lo dejo y yo me voy a abrir otro más´, se fue, y los otros negocios se los dio a los otros hijos, para que no hubiera problemas entre ellos, lamentablemente o por cosas de la vida después cambiaron de giro y terminaron cerrando, esta es la única que queda”, señala Pedro.

Alberto se convirtió en una figura reconocida en la calle, dedicando su vida al mostrador y construyendo relaciones personales con los clientes. Su compromiso con el negocio era tan fuerte que prefería que su familia disfrutara de las vacaciones mientras él se encargaba de atender el establecimiento.

Durante la estancia de Alberto había mucha competencia en la zona, ya que eran distintos los negocios que se dedicaban al mismo giro. Sin embargo, eso no fue impedimento para que continuara con el éxito, ya que se señala había mucha “lealtad” tanto de clientes como de los comerciantes:

Ante todo era bastante leal la gente, tanto de los mismos jarcieros como de los compradores, no había revancha, nos echábamos la mano, nos recomendábamos, no como ahora, si uno no tenía el producto se le aventaba, recuerdo a los señores Rosas, señores Ramírez, todos ellos ya fallecieron, pero eran jarcieros, lamentablemente para ellos no hubo herederos y se acabó el negocio”.

La jarciería Casa Pedro Ruiz es un establecimiento con una rica historia. Foto Erik Guzmán / El Sol de Puebla

Cierre de la victoria

Sin embargo, la jarciería enfrentó un desafío cuando el Mercado La Victoria cerró sus puertas. Esta situación afectó las ventas, ya que muchos de sus clientes habituales dejaron de acudir al área. A pesar de las dificultades, la jarcería continuó operando, adaptándose a las circunstancias cambiantes.

Comercialmente sí afectó, por lo mismo la clientela dejó de venir, empezó a diversificarse, empezaron a irse a otros mercados, fue un dolor de cabeza, eso es obvio, pero nos supimos adaptar (…) gracias al mercado fue que existió este negocio”, afirma el nieto del fundador.

Estructuralmente igual

Con el paso del tiempo, el negocio fue transferido al hijo de Alberto, quien ha estado al frente de la jarcería durante más de 30 años. Aunque el establecimiento se mantiene estructuralmente igual, ya que se le ha pedido que no realice modificaciones en su apariencia, lo que preserva su esencia histórica.

Siempre ha sido así desde hace 100 años, desde el mostrador hasta las puertas de la entrada, ya que la familia siempre lo indicó, pidiendo que no cambiara nada, ya que la clientela era de campo y si veían algún cambio ya no querrían comprarles, porque pensaban que nos estábamos modernizando, son creencias, pero que he hecho caso y han funcionado”, explica Pedro, quien agrega que aún llegan clientes de municipios como Tepeaca, Cuautlancingo, San Andrés y San Pedro Cholula, por mencionar algunos.

Los nuevos clientes

Aunque algunos podrían considerar que la jarcieria Casa Pedro Ruiz ya no es un negocio próspero, sigue desempeñando un papel significativo en la comunidad. Actualmente, muchas mujeres artesanas acuden al establecimiento para adquirir henequén y utilizarlo en la creación de diversas artesanías. Esta preferencia por lo natural refleja la apreciación por los productos auténticos, en contraste con los artificiales que se encuentran en la mayoría de los negocios actuales.

Vienen muchas mujeres, es bonito ver cómo se continúa consumiendo, nosotros también vendemos el plástico, pero ellas prefieren el producto natural, eso nos da mucha alegría porque se le sigue dando uso”, expresa Pedro.

La Jarcería Pedro Ruiz encarna la tradición y la resiliencia, habiendo superado los desafíos a lo largo de los años y adaptándose a los cambios en el entorno comercial. Su preservación de la historia y su oferta de productos únicos le otorgan un lugar especial en el Centro Histórico de Puebla.

Al fin y al cabo me prepararon y educaron para estar aquí, cuando tuve que venir a cuidar al negocio me costó mucho trabajo poderme adaptar, es difícil estar en un mostrador durante 12 horas, pero hoy en día lo digo con sinceridad, no me arrepiento, espero que mis herederos continúen con el negocio”, finaliza Pedro Ruiz, nieto del fundador.


La jarciería Casa Pedro Ruiz, ubicada en el Centro Histórico de Puebla, es un establecimiento con una rica historia que se remonta a su fundación en 1920. A lo largo de más de un siglo, ha mantenido su presencia en la ciudad, ofreciendo una amplia variedad de productos como algodón, fibra natural, henequén, plástico polipropileno y algunos artículos de limpieza.

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El fundador de la jarciería fue Pedro Ruiz Castro, un emprendedor originario de Huamantla, Tlaxcala, cuyos padres eran españoles, que decidió establecerse en Puebla para continuar el negocio familiar. Los familiares piensan que esa fue la razón para mudarse.

Se estableció estratégicamente en la 3 Norte 802, cerca de lo que era el Mercado La Victoria, lo que le permitió atraer a una clientela diversa, especialmente a personas provenientes del campo de municipios cercanos a la capital.

La jarciería es un concepto ya desconocido para las nuevas generaciones, pero era todo lo relacionado con la cordelería, con la que se izaban las velas de los barcos, a lo que se llamaba ‘jarcia’, cómo han cambiado los tiempos´”, comenta Pedro Ruiz, nieto del fundador y quien está a cargo del establecimiento desde hace más de 30 años.

La jarciería enfrentó un desafío cuando el Mercado La Victoria cerró sus puertas. Foto: Cultura

El “oro verde”

Uno de los productos estrella de la jarcería fue y es hasta la fecha el henequén, conocido como "el oro verde", obtenido exclusivamente de Yucatán, y que está compuesto a base de un maguey, según la historia en México. En 1950 el henequén obtuvo tal apodo, ya que era bastante lo que se encontró en esa zona de la República Mexicana. Existían 10 haciendas henequeneras que abastecían a todo el país, pero a la fecha solo hay una en México, con la que actualmente trabaja Casa Pedro Ruiz, siendo de las pocas que lo ofertan, afirma el familiar.

Esta fibra natural encontró numerosos usos en el hogar y en el campo, como sostener cortinas, “bailar” juguetes como el trompo, detener a los animales, así como la sujeción de cajas de carga. A pesar de la simplicidad de estos usos, la gente acudía a las jarcerías en busca de estos productos esenciales.

Alberto Ruiz

A medida que el negocio creció, Pedro Ruiz pasó la estafeta a su hijo mayor, Alberto Ruiz Martínez, quien continuó operando el establecimiento en la 3 Norte. Pedro, por su parte, abrió otras dos tiendas del mismo giro en el Centro Histórico de Puebla, que serían heredadas para sus otros hijos.

Como mi papá era el mayor de los hijos, mi abuelo le dijo ‘aquí está el negocio, te lo dejo y yo me voy a abrir otro más´, se fue, y los otros negocios se los dio a los otros hijos, para que no hubiera problemas entre ellos, lamentablemente o por cosas de la vida después cambiaron de giro y terminaron cerrando, esta es la única que queda”, señala Pedro.

Alberto se convirtió en una figura reconocida en la calle, dedicando su vida al mostrador y construyendo relaciones personales con los clientes. Su compromiso con el negocio era tan fuerte que prefería que su familia disfrutara de las vacaciones mientras él se encargaba de atender el establecimiento.

Durante la estancia de Alberto había mucha competencia en la zona, ya que eran distintos los negocios que se dedicaban al mismo giro. Sin embargo, eso no fue impedimento para que continuara con el éxito, ya que se señala había mucha “lealtad” tanto de clientes como de los comerciantes:

Ante todo era bastante leal la gente, tanto de los mismos jarcieros como de los compradores, no había revancha, nos echábamos la mano, nos recomendábamos, no como ahora, si uno no tenía el producto se le aventaba, recuerdo a los señores Rosas, señores Ramírez, todos ellos ya fallecieron, pero eran jarcieros, lamentablemente para ellos no hubo herederos y se acabó el negocio”.

La jarciería Casa Pedro Ruiz es un establecimiento con una rica historia. Foto Erik Guzmán / El Sol de Puebla

Cierre de la victoria

Sin embargo, la jarciería enfrentó un desafío cuando el Mercado La Victoria cerró sus puertas. Esta situación afectó las ventas, ya que muchos de sus clientes habituales dejaron de acudir al área. A pesar de las dificultades, la jarcería continuó operando, adaptándose a las circunstancias cambiantes.

Comercialmente sí afectó, por lo mismo la clientela dejó de venir, empezó a diversificarse, empezaron a irse a otros mercados, fue un dolor de cabeza, eso es obvio, pero nos supimos adaptar (…) gracias al mercado fue que existió este negocio”, afirma el nieto del fundador.

Estructuralmente igual

Con el paso del tiempo, el negocio fue transferido al hijo de Alberto, quien ha estado al frente de la jarcería durante más de 30 años. Aunque el establecimiento se mantiene estructuralmente igual, ya que se le ha pedido que no realice modificaciones en su apariencia, lo que preserva su esencia histórica.

Siempre ha sido así desde hace 100 años, desde el mostrador hasta las puertas de la entrada, ya que la familia siempre lo indicó, pidiendo que no cambiara nada, ya que la clientela era de campo y si veían algún cambio ya no querrían comprarles, porque pensaban que nos estábamos modernizando, son creencias, pero que he hecho caso y han funcionado”, explica Pedro, quien agrega que aún llegan clientes de municipios como Tepeaca, Cuautlancingo, San Andrés y San Pedro Cholula, por mencionar algunos.

Los nuevos clientes

Aunque algunos podrían considerar que la jarcieria Casa Pedro Ruiz ya no es un negocio próspero, sigue desempeñando un papel significativo en la comunidad. Actualmente, muchas mujeres artesanas acuden al establecimiento para adquirir henequén y utilizarlo en la creación de diversas artesanías. Esta preferencia por lo natural refleja la apreciación por los productos auténticos, en contraste con los artificiales que se encuentran en la mayoría de los negocios actuales.

Vienen muchas mujeres, es bonito ver cómo se continúa consumiendo, nosotros también vendemos el plástico, pero ellas prefieren el producto natural, eso nos da mucha alegría porque se le sigue dando uso”, expresa Pedro.

La Jarcería Pedro Ruiz encarna la tradición y la resiliencia, habiendo superado los desafíos a lo largo de los años y adaptándose a los cambios en el entorno comercial. Su preservación de la historia y su oferta de productos únicos le otorgan un lugar especial en el Centro Histórico de Puebla.

Al fin y al cabo me prepararon y educaron para estar aquí, cuando tuve que venir a cuidar al negocio me costó mucho trabajo poderme adaptar, es difícil estar en un mostrador durante 12 horas, pero hoy en día lo digo con sinceridad, no me arrepiento, espero que mis herederos continúen con el negocio”, finaliza Pedro Ruiz, nieto del fundador.


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